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15 nov 2021

Ted Lasso y el rol del sujeto que enseña



¿Conocen la serie Ted Lasso? ¿La vieron? Es una serie
de televisión creada por Jason Sudeikis, Bill Lawrence, Brendan Hunt y Joe Kelly (y la encuentran, de forma oficial, en Apple TV). 

Esta serie se estrenó en 2020 y cuenta la historia de Ted Lasso, un entrenador de fútbol americano que es contratado por la dueña de un conocido equipo de fútbol inglés para que lo entrene. De este modo, se presenta al personaje de Ted, un hombre que es arrojado al mundo de un deporte que no conoce, en un país cuyas costumbres le son ajenas. Más aún, pronto el espectador descubre que su contrato en el equipo inglés ha sido un engaño de la dueña, quien secretamente anhela que Ted fracase y lleve al equipo a la ruina para, así, fastidiar a su ex esposo (y ex dueño del club). Es decir, varias circunstancias adversas y, en el medio, un entrenador, un sujeto enseñante.

La serie ha ganado varios premios y reconocimientos, y ha recibido una vasta atención en los medios por su originalidad y su construcción del personaje de Ted, un sujeto enseñante atípico dentro de las series de televisión actuales por su alegría, optimismo y modo de abordar el proceso de enseñanza, que de a poco va cambiando la vida de quienes lo rodean. No obstante, no hay todavía, al menos no de forma accesible (o que yo haya logrado encontrar luego de una intensa búsqueda, ustedes me dirán si han hallado algo), análisis que excedan lo cinematográfico y ofrezcan una lectura desde la perspectiva de la educación y sus alcances.

Es por esto que en el marco de la carrera del Profesorado Universitario de la UNSAM, más concretamente en la materia Problemas Socio-Pedagógicos de la Educación, me dediqué a analizar la figura de Ted en su rol como entrenador en el segundo capítulo de la primera temporada, concretamente, buscando comprender su comportamiento como sujeto enseñante y sus acciones a partir de la bibliografía teórica trabajada en esa materia.

No es un trabajo que pretenda ser exhaustivo ni concluyente, por el contrario, el objetivo es pensar algunas cuestiones sobre los modos de Ted que, al menos a mí, me dejaron pensando sobre mi propio ser docente (y, además, totalmente convocada por la serie y su novedosa caracterización). Por eso, pueden continuar leyendo por acá qué es lo que pasa con Ted Lasso como entrenador y sujeto que enseña.

6 abr 2021

LIJ de verano: La música del silencio

El newsletter "LIJ de verano" ha llegado a su fin (¡como el verano!). Fue un camino entretenido, de lectura, diálogos e investigaciones, que deja pistas para seguir y pensar nuevas ideas. Mientras esto se cocina, pueden leer la última entrega (otra vez, sobre la maravillosa poesía), por acá abajo.

¡Gracias por toda la compañía de estos meses!

22 dic 2020

Lo mejor del 2020

Este año nos regaló desafíos a todos: más grandes, más complejos, más dolorosos. En medio de tantas otras cosas, a mí me trajo uno muy complejo: la dificultad para leer. Imagino que habrá sido el encierro, el estar, constantemente, conmigo misma, que hizo difícil leer. Cuando los tiempos del afuera dejan de existir y todo es estar adentro, no es sencillo replegarse aún más para leer. ¿A alguien más le habrá sucedido esto? No pude dejar de preguntármelo todo el año.

No obstante, como con todo, se hizo lo que se pudo. Leí, menos, pero leí. De los 65 libros que anualmente me propongo como objetivo, llegué a los 53 (con el 54 en camino). No es un mal número, pero nunca es sencillo observar la meta no alcanzada. Pero en todas esas lecturas, como siempre, hubo hallazgos que valieron la pena e hicieron que, de a ratos, me olvidara del año y sus sucesos. 

Por eso, sin orden particular, estas son las mejores lecturas del año, más que recomendadas para regalar y regalarse, para leer en el verano y encarar con otro espíritu el futuro año:

1. Como una novela, de Daniel Pennac

No sabía qué esperar de este libro tan conocido, tan mencionado y recomendado, porque a veces las expectativas son crueles y arruinan lecturas antes de que empiecen. Pero Pennac no se dejó aplastar por esas expectativas: su escritura brutalmente clara en esta serie de textos me volvió a poner de frente a mi vínculo con la literatura y a mi experiencia como profesora en cómo acerco lecturas a mis alumnos. Sagaz y filoso, Daniel Pennac se pregunta por qué leemos y recomendamos leer y en qué momento eso se nos va de las manos y matamos la pasión. Además, este libro me regaló una de las frases más bellas: “El tiempo para leer, al igual que el tiempo para amar, dilata el tiempo de vivir”. Delicioso.

20 sept 2020

Y la rueda sigue girando

Por suerte la vida que se detuvo en marzo sigue moviéndose, incluso aunque no parecía que iba a ser así (incluso aunque, en un momento, hasta me abracé a la cama para que nada se moviese y la pesadilla terminara pronto).

En estos meses tuve la enorme suerte de ser entrevistada para una nota de Clarín por nada menos que la genia de Verónica Sukaczer. ¿El tema? Quiénes somos y qué pensamos quienes leemos literatura para chicos. La nota la pueden encontrar y leer haciendo click acá (hay unas recomendaciones deliciosas para leer en este tiempo).

Además, tuve también la gran posibilidad de participar de una de las entregas del Club de Poemas y escribir sobre la poesía, su lugar en las redes sociales (especialmente la que vemos en Instagram) y su vínculo con la adolescencia. Eso lo pueden leer haciendo click acá.

¡Suscríbanse!
(¿No saben qué es el Club de Poemas? Es la magia de la poesía que llega a sus bandejas de entradas todos los martes, organizado por la maravillosa Cata Reggiani. Si quieren saber más y suscribirse, hagan click acá).

Quizás no tuve la posibilidad de leer tanto. La cuarentena nos agarró de donde pudo y a mí me puso algunas piedritas en la lectura. Ahí sigo, tratando de moverlas, buscando libros que me ayuden a sortearlas. Quizás pronto vuelva con alguna reseña, veremos si esa rueda gira.

Y la búsqueda por la escritura continúa. En estos meses tuve la posibilidad de hacer un hermoso taller de poesía con María José Ferrada (de ese ya contaré un poquito más) gracias a la gente de FILBA y acabo de adquirir el seminario de narrativa de Maggie Stiefvater (¿Que quién es? Pues nada menos que la autora de la saga The Raven Cycle. Para mayor data, remito a la reseña que hice de la saga completa, hace ya mucho tiempo. La pueden encontrar haciendo click acá). También participé de JALEO, unas jornadas anuales maravillosas, a las que siempre quise asistir y por motivos de distancia nunca pude. La pandemia, al menos, habilitó eso.

Así que la rueda, descubro, siguió girando y así continuará. Por eso reactivo el blog, para que acá también todo se mueva y continúe siendo un espacio para compartir la literatura, las búsquedas, la vida.

Como siempre, con o sin pandemia, nos seguiremos leyendo.

6 feb 2020

Creatividad: leer mientras se escribe

El año arrancó entre libros, por supuesto. Novelas, cuentos, ficción y poesía. Pero también arrancó entre cuadernos, lapiceras y teclas de computadora: escribiendo. Es tiempo de escritura de una investigación para un posgrado pero, también, de escritura de ficción.

Eso nunca es sencillo. C.G. Drews, autor de dos novelas juveniles, disfruta tuitear sobre el arte de la escritura y, hace poco, escribió:
Que traducido sería: "mirá, la razón por la que ves a los escritores quejarse sobre su escritura en vez de decir que todo va bien es porque las palabras son criaturas volubles y el momento en el que decimos que se están comportando, ellas van a dejar de hacerlo por despecho y van a morderte".

Escribir no es sencillo, no es estar sentado hasta que la musa te rapta y te revela las 365 páginas de una nueva novela. Es trabajo arduo, de cincel y paciencia. Y como no es sencillo, algo que a mí me ayuda un montón es leer cómo hacen otros para trabajar la escritura. 

26 dic 2019

Lo mejor del 2019

Este año termina con mucha lectura, el desafío de Goodreads terminado (unos 68 libros leídos sobre el objetivo original de 65, bastante bien) y varias incursiones a géneros que otros años habían quedado más relegados.

La poesía, por ejemplo, fue un hallazgo, mejor dicho, un nuevo encuentro. En medio de un año con un contexto económico y social pesado, en medio de la vorágine de la vida en la ciudad y de las vueltas intensas de las responsabilidades, la poesía se presentó como lo que realmente es: el modo de respirar y mirar el cielo, de encontrarse con eso que está más allá de lo pesado e intenso, de lo que de a poco devuelve la vida. Así que hubo mucha poesía.

De la mano de esto, y de la Diplomatura que cursé, hubo también mucha lectura crítica sobre poesía, educación y sobre cómo acercamos a los chicos a la lectura. Docencia y ganas de leer combinadas que, además, me llevaron a investigar el despliegue de la poesía en los jóvenes actuales y el rol de la escuela y las redes sociales en esto. Eso, por suerte, seguirá con el trabajo final de la Diplomatura.

Idas y vueltas, hallazgos inesperados y recomendaciones, el año concluye y es el momento de revisar qué lecturas quedaron dando vueltas y cuáles dejaron una marca. Estas son las mejores lecturas del 2019, en el orden que llegaron:

1. La frontera indómita. En torno a la construcción y defensa del espacio poético, de Graciela Montes (Fondo de Cultura Económica)

Visionario y formativo, esas fueron las dos palabras con las que reseñé el libro en enero, cuando terminé de leerlo. Hacía tiempo que quería leer este libro pero siempre me había resultado difícil conseguirlo (me salvó la librería del FCE, finalmente). 

Graciela Montes propone una serie de ensayos definitivos, claros e incisivos sobre la infancia como momento central, momento importante y muy determinado culturalmente, y sobre el rol de la literatura y de la dicotomía fantasía/realidad en ese período.

Así, Montes defiende a capa y espada el espacio poético, porque es allí donde la experiencia humana se despliega con toda su potencialidad, estalla la creatividad y nuestra cultura puede convertirse en experiencia:
"Jugar nos ayudaba a entender la vida, y también el arte nos ayuda a entender la vida. Pero no porque los cuentos 'digan de otra manera' ciertos asuntos o expliquen con ejemplos lo que nos pasa sino por las consecuencias que trae habitarlos, aceptar el juego. Por esa manera de horadar que tiene la ficción. De levantar cosas tapadas. Mirar el otro lado. Fisurar lo que parece liso. Ofrecer grietas por donde colarse. Abonar las desmesuras. Explorar los territorios de frontera, entrar en los caracoles que esconden las personas, los vínculos, las ideas".
Esa es una de las miles de frases que subrayé en este libro que, evidentemente, lanzó mi año por el camino de la poesía y el arte.

12 sept 2019

Adolescentes y poesía: la escuela y las redes

En el marco del Diploma Superior en Lectura, Escritura y Educación que estoy realizando en FLACSO este año, las lecturas y las clases me llevaron a preguntarme por el vínculo de los adolescentes con la poesía. Porque, hoy en día, la poesía gana y recupera espacio y visibilidad en la literatura infantil gracias a diversos premios literarios y a la difusión y publicación de teoría crítica sobre el tema. Pero, frente a esto, es posible preguntarse qué sucede con los jóvenes, la lectura y el encuentro con la poesía en la etapa del secundario. Así surgió este trabajo:

2 ene 2019

Una imagen "espesa" en La composición de Skármeta

La composición de Antonio Skármeta es un libro-álbum maravilloso y muy claro que ojalá hayan tenido oportunidad de cruzarse (recomendadísimo por acá). Porque a través de Pedro y su historia, la narración ilustra una situación social y política difícil, el peso y extensión de una dictadura y sus efectos.

Si bien el libro cuenta con ilustraciones de Alfonso Ruano, la narración de Skármeta es fuerte y visual y permite que la historia cobre vida. Hay una imagen verbal en particular, una especialmente "densa" en su significado, que me quedó grabada luego de la lectura y que tuve que volver a revisar luego.

Se trata del momento en que los militares se llevan al padre de Daniel. Esta imagen está estructurada como una bisagra, con dos partes bien diferenciadas. En la primera, se arma un clima de alegría y emoción infantil gracias al partido de fútbol en el que Pedro hace un gol. Pero esa construcción se ve quebrada por el contraste entre el movimiento de Pedro y la quietud de sus compañeros: “corrió hacia el centro de la cancha esperando el abrazo de sus compañeros. Pero esta vez nadie se movió”. 

El clima entonces se rompe e irrumpe otro, cargado de temor, recelo y silencio, que marca el giro: “Algunas ventanas se abrieron. Se asomó gente con los ojos pendientes de la esquina. Otras puertas, sin embargo, se cerraron de golpe”. Con esta breve descripción de las acciones de los vecinos se enmarca el arresto del padre de Daniel y la situación social de impotencia y desentendimiento. 

A partir de ahí, el foco pasa al diálogo entre Daniel y su padre, y apenas lo acompañan algunas referencias breves y concisas a las acciones de los militares. Esta elección, sumada a lo pragmático y poco emotivo del diálogo (“Cuídame bien el negocio”; “Quería entregarle las llaves al niño”), crean una ilusión de objetividad que no solo impacta más en el lector, quien debe interpretar la escena por sí solo, sino que también obliga a Pedro, el protagonista, a pensar sobre lo que acaba de atestiguar. Esto lo lleva luego a preguntarle a Daniel qué ha pasado y a preguntar qué significa “estar contra la dictadura”, mostrando también el contraste que se produce en el personaje: de una pretensión más infantil de atención en el partido, a una postura más madura, de atención y reflexión, en esta escena.

El estilo aparentemente ascético de Skármeta, de breves descripciones y pocas explicaciones, construye aquí una imagen que parece liviana, una mera descripción de un evento, que, sin embargo, revela el peso de esa dictadura y habilita el desarrollo de la narración, impulsando al protagonista a averiguar y a decidir cómo se comportará él frente a estos sucesos.

Este trabajo narrativo, tan sutil y pensado, marca La composición en este escena y también a lo largo de toda la historia. Un motivo más por el cual este libro es una maravilla.

26 dic 2018

Lo mejor del 2018

Se va otro año con todas sus lecturas. Se va otro desafío de Goodreads completo (para saber más sobre los casi 67 libros de este año, pasen por acá. Goodreads es una magia).

Y como el año ya se acaba, esta es una oportunidad ideal para revisar qué libros de todos los leídos durante estos meses fueron gratas sorpresas y encuentros que me cambiaron algo adentro. Así que, sin ningún orden especial, estos son los ocho libros que marcaron mi camino lector del 2018; los que merecieron cinco estrellas:

1. Quiere a ese perro, Sharon Creech.

Este libro cuenta, a través de poemas, la historia de un niño que debe escribir poesía para el colegio y no entiende cómo ni quiere hacerlo. La historia es un juego constante porque presenta la resistencia del protagonista y sus quejas a través de su propia escritura que, claro, es poesía.

Es un libro que retrata con perfecta claridad cómo la magia de los versos y las estrofas, del juego con el lenguaje y las imágenes, termina siempre filtrándose y encontrándose con la persona. Y, además, cómo siempre se puede descubrir que uno tiene cosas para decir y que la poesía es un camino muy posible para hacerlo.

2. El libro de todas las cosas, Guus Kujier.

Esta novela me partió un poco el corazón y otro poco la cabeza. Cuenta la historia de Tomás, un niño que anota todo lo que ve en su Libro de todas las cosas. Y lo que ve y lo que piensa no es chiste. Con un trabajo impecable en la narración, que es clara, sencilla, llena de humor y también ojo crítico, Kujier aborda temas como la violencia familiar, la religión, el fundamentalismo, la mirada de los otros y hasta la magia con una cintura increíble.

Esta es, realmente, una de las mejores novelas infantiles que leí en mi vida. Para no perdérsela.

12 dic 2018

Once libros para regalar

Se acercan las fiestas y siempre es una buena idea regalar y compartir libros. Este año las lecturas que llegaron hasta mis manos fueron variadas y coloridas, así que, ¿por qué no armar una lista con recomendaciones?

Estos son diez (bueno, once) libros que pueden tenerse en cuenta para regalar y leer en estas fiestas. Hay de todo: libros-álbum, poesía, novelas, cuentos, una variedad para todos los gustos y, también, para todas las edades, porque algunos de estos libros están pensados para los más chicos y, otros, para jóvenes lectores.

Acá están, diez (once) libros que pueden regalarse en estas fiestas:


1. A mi lado
Escrito por Anne Mulpas e ilustrado por Marjorie Pourchet.
Adriana Hidalgo Editora, colección Pípala.

Este libro álbum nos presenta a una niña que, un día, cansada de mirar siempre hacia adelante y de hacer lo que le piden los mayores, elige mirar a su lado y descubrir todo lo que el mundo tiene para ofrecerle.

La sencillez (y complejidad) de la trama en conjunto con las bellísimas ilustraciones crean un ambiente mágico y muy reconfortante que hacen de esta historia un rato de lectura encantador.



2. Alina, maga del mandarino
Escrito por Laura Escudero e ilustrado por Viviana Bilotti.
Editorial SM, colección El Barco de Vapor.

Alina, aburrida de ser siempre la misma, comienza a buscar cómo ser diferente y así se lanza a explorar observando los cambios de su jardín y la naturaleza. Con una hermosa y mágica prosa poética, acompañada por las ilustraciones, la historia de Alina se vuelve una canción, una melodía, que invita a ser parte del secreto, del misterio de la transformación.




25 nov 2018

"Lee el libro que te lee" y "(Auto)biografías apócrifas" - FILBITA

Luego de visitar uno de los paneles del jueves del Filbita, el viernes 23 me acerqué para seguir escuchando y conociendo.

El primer panel fue "Lee el libro que te lee", en el que participaron Daniel Link, María Fernanda Maquieira y Nicolás Schuff, y que fue moderado por Lola Rubio. La idea: compartir y dialogar sobre el encuentro con los libros, con aquellas lecturas que definen, que cambian la vida, y pensar un poco sobre los caminos lectores. Y yo iba con ganas de escuchar a Daniel, porque uno de los mejores recuerdos que tengo de mi carrera son sus clases de Literatura del siglo XX, y me interesaba ver qué tenía para decir (¡y en el marco de un Filbita!).

Entre idas y venidas, fueron surgiendo miradas interesantes y experiencias particulares en relación a la lectura. Por ejemplo, los participantes coincidieron en que la lectura viene a cerrar las heridas, que ella es "una de las formas de la felicidad y un refugio", según palabras de Fernanda.

En la lectura pasan cosas también con el cuerpo, y Nicolás recordó la vez que había visto a una persona sonreír mientras leía en una feria del libro como un momento de descubrimiento impactante. En este sentido, Fernanda se sumó y agregó que sí, que en la quietud de la lectura pueden pasar un montón de cosas físicas que atraviesan el cuerpo, y todo gracias a las palabras.

De izq. a der.: Lola Rubio, Daniel Link,
Ma. Fernanda Maquieira y Nicolás Schuff.

29 oct 2018

Huckleberry Finn y las voces

Las aventuras de Huckleberry Finn es una novela que se puede leer, releer y repensar. Además de la reseña hecha en el blog, y un primer post que se dedicaba a analizar la imagen y el espacio del circo en la novela, se puede pensar también, en cómo, por ejemplo, esta historia presenta una enorme riqueza en las voces de sus personajes.

Leí y trabajé con este relato en inglés, y siempre me resultó muy impactante la variación de registros en las voces. Es, evidentemente, una novela muy difícil de traducir, pero, incluso con esto presente, intentaré hablar un poco sobre la construcción de las voces en esta historia citando algunos pasajes y ofreciendo una traducción para aclararlos.

La novela comienza con esta aclaración del autor que resulta muy relevante para el tema:
“In this book a number of dialects are used, to wit: the Missouri negro dialect; the extremest form of the backwoods South-Western dialect; the ordinary "Pike-County" dialect; and four modified varieties of this last. The shadings have not been done in a hap-hazard fashion, or by guess-work; but painstakingly, and with the trustworthy guidance and support of personal familiarity with these several forms of speech.
I make this explanation for the reason that without it many readers would suppose that all these characters were trying to talk alike and not succeeding. The Author”
Que, en el inicio, dice algo así: “En este libro, se usan varios dialectos, a saber: el dialecto negro de Missouri; la forma más extrema del dialecto del sudoeste de las regiones remotas; el dialecto ordinario del “Condado de Pike”; y cuatro variedades modificadas de esta última”, y que luego aclara que el autor mismo se ha tomado el trabajo de informarse sobre todas estas formas de habla. Es una nota, dice el autor, para que el lector no se confunda y no crea que todos los personajes están tratando de hablar igual y fracasando.

Es una nota curiosa (y bien propia de un Twain mordaz), que muestra la preocupación presente en toda la historia por el trabajo con las voces. Hay un trabajo exhaustivo de parte del autor por construcción los diferentes dialectos y sociolectos con una precisión que bien podría permitir que con sólo escuchar cada diálogo pudiésemos identificar de qué personaje se trata.

22 oct 2018

Huckleberry Finn y el circo: pasiones dobles

Las aventuras de Huckleberry Finn es una novela muy famosa y conocida, leída, analizada y conversada por todo lector entusiasta que se la haya cruzado. Me tocó leerla hace ya un par de años, para la facultad, y en ese momento escribí una reseña acá, en el blog, con algunos primeros comentarios sobre qué me había gustado de ella.

Por suerte, el año pasado tuve la oportunidad de releerla y volver a trabajar con ella. En esa revisión de la historia, el capítulo en el que Huck visita el circo me llamó mucho la atención, por su escritura, por cómo es presentado el espacio del circo y lo que pasa ahí.

Esto sucede en el capítulo 22 donde hay una escena con muchas descripciones que resulta impactante, más aún por el contexto en el que se presenta. La descripción del circo que visita Huck aparece luego de la escena en la que Sherburn ha dado su discurso para evitar que la turba enardecida lo mate. Este antecedente, en mi opinión, ubica al lector en un lugar más cauteloso, atento a esa población de doble cara (que puede llegar a ser violenta), que hace que lo que sucede en el circo cobre otra densidad.

Allí, en cuanto llega, Huck destaca la grandeza y el asombro que le genera lo que ve: “Y cada dama tan fina y todas tan guapas como una pandilla de reinas de verdad, con unos vestidos que costaban millones de dólares y todos llenos de diamantes”. Sus ojos se detienen en las riquezas, en la cantidad innumerable de gente, en la proliferación de elementos: “llegaban todos a caballo de dos en dos, caballeros y damas al lado, los hombres en calzoncillos y camisetas, sin zapatos ni estribos y con las manos apoyadas en los muslos, tan tranquilos y tan cómodos, por lo menos veinte de ellos”.

5 oct 2018

De voces y daemonios

La lectura y discusión de Luces del norte, de Philip Pullman, con otros compañeros de la maestría que cursé este año me permitió prestarle una nueva atención a esta novela que, cuando la leí por primera vez en mi adolescencia, no resultó interesante.

¿Qué recuerdo de esa primera lectura? 

En primer lugar, la incomodidad de la traducción. Venía de la maravillosa experiencia de leer Harry Potter y el misterio del príncipe en inglés (primera gran lectura de un libro en su idioma original) y cruzarme otra vez con ciertos... ¿vicios? de la traducción del inglés me incomodó.

Lo segundo que recuerdo es la lentitud, el aburrimiento. Me había parecido, en aquel entonces, una novela aburrida, con poca acción, poco movimiento. Bueno, venía de Harry Potter.

No obstante, si bien la novela tiene avances y escenas aventureras, su foco no está allí, creo, o por lo menos, su fuerza no radica en eso. Con esta nueva lectura, pude rever cómo Pullman elige presentar el mundo creado y cómo construye los personajes, algo en lo que no me había detenido antes. 

Con mucha claridad, el autor muestra las particularidades de este mundo sin interrumpir la historia con largas explicaciones (por ejemplo, enseña la existencia y rol de los “daemonios” a medida que se desarrolla la historia, sin abrir paréntesis explicativos que detengan la acción) y revela la complejidad y ambigüedad de personajes como Marisa Coulter y Lord Asriel a partir de sus acciones y sus diálogos. Asimismo, pude volver a revisar el personaje de Lyra desde su construcción y su presentación: es una niña temeraria pero astuta, que en su primera escena ya desafía las reglas de los adultos, que juega con otros, es solidaria y, al mismo tiempo, osada y valiente. Es decir, una sólida protagonista de la historia y líder de la búsqueda que se despliega en la historia.

29 sept 2018

Perfil: la poesía de Eduardo Abel Gimenez

Cuando la poesía ofrece la posibilidad de desenganchar la cabeza pero para enganchar el cuerpo, las sensaciones y los modos de percibir que no tienen que ver con entender las cosas, algo nuevo, bastante mágico sucede.

Es eso, justamente, lo que me pasa cuando leo la poesía de Eduardo Abel Gimenez, argentino, escritor, especialista en juegos de ingenio, (gran) tallerista, y, claro, poeta. Sus libros son sencillos, delicados, llenos de imágenes cercanas y, se nota, de mucho disfrute. Por eso, para el que no ha tenido la suerte de cruzarse con sus versos, acá sus libros de poemas:

1. El hilo
Ilustrado por Claudia Degliuomini. Libros Del Eclipse, 2011.
"La lluvia
suena como una ola
que nunca termina de romper"
Pequeños episodios, como ese, acompañados por diferentes ilustraciones en acuarelas, que podrían en sí mismos abrir cada uno una historia diferente pero que no, que se suceden unos a otros, que disparan la imaginación y la dejan latiendo.

Y, en el medio, en otra tipografía, un hilo que atraviesa todo el libro, cada episodio, y que arma otra lectura en medio de la trama que construye la poesía. Para leer, releer, pensar, imaginar, hilar.

2. Justo cuando
Ilustrado por Cecilia Afonso Esteves. Comunicarte, 2016.
"Cuando estás por cruzar la calle
y empieza el otoño. 
Cuando sale el sol
al otro lado de los párpados cerrados. 
Cuando la mancha de luz
te llega a la punta de los pies"
Con frases que se repiten pero que no se vuelven repetitivas, estos poemas rescatan momentos, pequeños, impensados, comunes y muy especiales. Son siempre tres, ubicados en páginas con diferentes colores sólidos, y acompañados del otro lado por una ilustración delicada y geométrica sobre una hoja cuadriculada.

Los colores son parte de esos momentos y colaboran con el clima evocado por cada poema. Hay una propuesta lúdica con la "fe de erratas" final y los stickers (¡sí, stickers!) que trae el libro: tal vez nosotros, lectores, también podemos construir poemas a partir de momentos y formas geométricas.

3. Como agua
Ilustrado por Cecilia Afonso Esteves. Libros Del Eclipse, 2009.

"Como ponerse zapatos,
ponerse nervioso,
ponerse sombrero,
ponerse a resguardo.

Como ponerse de pie
y dejar que una lágrima
lo cambie todo"

Este libro pequeño es prácticamente una manualidad en sí mismo. Inicia y termina con dos páginas transparentes, que, claro, recuerdan la experiencia del agua. Y las ilustraciones, compuestas por una serie de collages hechos con papeles delicados, formando imágenes casi como un juego infantil, completan la sensación de tener en las manos un libro casero, hecho especialmente para uno.

Los poemas, cargados de metáforas, fluyen a lo largo del libro y se derraman a través de unos asteriscos que amplían el juego poético. Nuevamente, se construyen imágenes cercanas y cotidianas, pero llenas de esa sensación que surge cuando alguien puede nombrar algo que nosotros no. Eso me pasó, por ejemplo, con estos versos: "Como la memoria [...] / cuando se tropieza / y te mezcla los sueños".

María Teresa Andruetto escribió una reseña preciosa sobre este libro acá.

4. Tus ojos
Ilustrado por Cecilia Afonso Esteves. Calibroscopio, 2014.
"Tus ojos son
como el dolor de una sonrisa
a destiempo,
como un adiós,
como las hojas secas
que caen hacia el agua"
Tal vez mi favorito, y el favorito de muchos. Con una fórmula sencilla que se repite a lo largo de todo el libro ("tus ojos son como...") las imágenes que se construyen son deliciosas, llenas de color y vida, sumamente cotidianas y cercanas y, al mismo tiempo, extraordinarias.

Las imágenes juegan a la vez con modos diferentes de pensar e imaginar los ojos, en una secuencia de fotografías y pequeñas ilustraciones que alimenta ese juego de las palabras.
"Tus ojos son
como comos,
como comas,
como comienzos,
como cometas"
Es un libro que, en mi experiencia, despierta las ganas de hacer poesía, de también dejar sueltas mano y cabeza para que las palabras salgan y armen nuevas versiones, nuevas ideas sobre cómo son "tus ojos". Es bello de leer, bello de mirar y bello para animar (y animarse) a escribir.


La poesía de Eduardo es para encontrarla, mirarla, leerla, disfrutarla, y volverla a encontrar. También es una poesía para dejar que nos encuentre, porque tiene algo (una honestidad, una humildad, una sencillez) que permite que se nos filtre, y que llegue ahí, justito ahí, donde la poesía puede anidar en nosotros y hacernos olvidar de la cabeza y del entender, y dejarnos sólo disfrutar.

13 sept 2018

Recorridos: lo siniestro

La primera vez que me crucé con la teoría de lo siniestro de Freud quedé muy impactada. Él hablaba sobre la inquietud, la falta de certeza intelectual, la experiencia de un abismo interior que no podía resolverse. "Puede ser verdad que lo unheimlich, lo siniestro, sea lo [..] 'íntimo-hogareño' que ha sido reprimido y ha retornado de la represión", explica. Todas esas ideas y sensaciones me daban vueltas adentro; lo que estaba ahí escrito me resonaba de modos que todavía no comprendía y me dejó pensando, a la espera de algo. 

Esa teoría, luego, me sirvió de base para el análisis de un libro infantil, hace mucho tiempo, mientras cursaba un seminario en la facultad. Fue un trabajo pequeño, poco riguroso, pero iluminador, y la experiencia me dejó inquieta, claro: sentía que había encontrado la pista de algo más grande, que todavía no lograba comprender.

Con eso adentro y sin muchas posibilidades de investigar más o pensar sobre el tema, el año pasado empecé la maestría en literatura infantil de la Universidad de Barcelona. Y, entonces, cuando llegó el momento de pensar y presentar el proyecto para el trabajo final, entendí que eso que había guardado adentro durante tanto tiempo encontraba su oportunidad.

Así, con mucho trabajo, mucha paciencia y también mucho esfuerzo y ayuda de mis tutores, mi trabajo final se centró en analizar la presencia de lo siniestro freudiano en tres novelas juveniles argentinas. ¿Cómo aparece la inquietud en la literatura infantil y juvenil argentina? ¿A qué elementos  presentes en las narraciones responde esa inquietud? ¿De qué modo se presenta el extrañamiento de lo familiar que menciona Freud en esas lecturas?

Había muchas preguntas con las que trabajar y mucho para leer. Pero el esfuerzo dio frutos, y con todo lo que fui descubriendo pude visitar las XVIII Jornadas La literatura y la escuela organizadas por Jitanjáfora, este año, y presentar una primera parte de esta investigación. Esta fue otra experiencia alentadora y muy enriquecedora: hubo preguntas, comentarios y diálogos sobre el tema que trabajaba que me ayudaron.

Finalmente, el trabajo de la maestría estuvo completo, listo, leído y aprobado: “Inquietud e inestabilidad: la presencia de ‘lo siniestro’ en tres novelas juveniles argentinas”. Ese impacto de aquel primer encuentro había encontrado la traducción que hacía tanto tiempo necesitaba. Había logrado entender qué se me había movido adentro y qué respuesta necesitaba.

Y, por supuesto, descubrí que esto no terminaba ahí. 

El trabajo de la maestría fue sólo el puntapié inicial, porque me doy cuenta de que hay todavía más por leer y pensar. Por eso, la semana próxima visitaré el VI Simposio de Literatura Infantil y Juvenil del Mercosur para hablar de otra ruta, que sale de esta: "'Lo siniestro' a partir de la ilustración: una lectura de Los lobos de la pared, de Neil Gaiman y Dave McKean".

Así y todo, estoy segura de que esto sigue siendo el comienzo. Hay más, mucho más, todavía. Espero encontrarlo.

24 jun 2018

La oscuridad de los colores

Dentro de una materia del Máster en Libros y Literatura Infantil y Juvenil nos pidieron que realizáramos una valoración crítica sobre un texto para adolescentes.
Aprovechando la libertad del trabajo y la posibilidad de hacer foco en alguna obra argentina, vi mi oportunidad para hacer una crítica de La oscuridad de los colores, de Martín Blasco. Es una novela que me sigue sorprendiendo (y a mis alumnos también) y que hacía tiempo que tenía ganas de revisar, reseñar y pensar.

Así que, acá, una adaptación de mi trabajo para el Máster, que me permitió sacarme el gusto de mirar bien de cerca esta novela:

La oscuridad de los colores es una novela de Martín Blasco, autor argentino, que fue publicada en 2015 por la editorial Norma, en Buenos Aires, dentro de la colección Zona Libre, que está destinada a un público juvenil.

La portada de la primera edición ofrece una imagen en tonos oscuros que presenta el ojo de una cerradura, marcado por huellas de manos, en un rojo que parece sangre, con un reloj de bolsillo también manchado de sangre y una mariposa. Es una portada sugerente, que rápidamente permite establecer asociaciones con los géneros marcados por el terror y el suspenso. 

La novela se sitúa en 1910, en Buenos Aires, fecha del centenario de la patria, y narra la historia de Alejandro, un periodista, hijo de inmigrantes judíos, que recibe el encargo de investigar la misteriosa reaparición de una mujer que había sido raptada 25 años antes, cuando sólo era una bebé. Ella es una de cinco niños desaparecidos, todos hijos de inmigrantes, en la misma noche de 1885, de quienes nunca se volvió a saber nada hasta ahora, que ella y otro de los niños han reaparecido, sin recordar nada de lo sucedido. Ellos dos se comportan de modo extraño (ella no recuerda nada y el otro no sabe hablar, ni escribir, y ni siquiera presenta un comportamiento humano), y entonces Alejandro es convocado por el padre de la muchacha para investigar y averiguar lo ocurrido.

La novela está estructurada en dos partes, que se intercalan entre sí: una se corresponde a la trama en la que Alejandro es protagonista. Está narrada en tercera persona, desde un punto de vista focalizado en Alejandro, que sigue sus pasos y descubrimientos en el caso y que ofrece una mirada sobre sus pensamientos y reflexiones. La otra parte está conformada por fragmentos del diario íntimo de un tal J. F. Andrew, datados 25 años atrás, que, a medida que la historia de Alejandro se despliega, explican lo sucedido con los cinco niños raptados en 1885, los experimentos a los que fueron sometidos y el rol del propio Andrew y de sus ayudantes en todo esto. 

Esta estructura resulta una novedad y, también, un desafío de lectura para los jóvenes, porque retarda la revelación del misterio mientras hace partícipe al lector de la explicación a la que el protagonista todavía no tiene acceso. Además, despliega la historia en dos momentos históricos (por un lado, un período de 1885 a 1900 y, por el otro, el año 1910) y desde dos perspectivas muy diferentes: la del doctor Andrew, científico con ideas progresistas y cuestionables, que verá el crecimiento y la destrucción de sus experimentos, y la de Alejandro, un periodista joven, con consciencia de clase, muy emprendedor y también un poco ingenuo, que crecerá a lo largo de la historia. El trabajo desde ambas perspectivas permite que el lector comprenda los motivos de uno y otro personaje, sus intereses y decisiones, y que pueda recuperar un panorama más grande no sólo del misterio sino también del clima de época que hubo hacia finales del 1800 en Buenos Aires, Argentina.

Podría decirse que esta estructura remite a lo propuesto por Gemma Luch en “Un nuevo lector juvenil. De Perdidos a Harry Potter, pasando por los foros y el Youtube” en relación a la incidencia de las series de televisión, que proponen estructuras con tramas cruzadas, cambios temporales y protagonismo compartido por varios personajes. La oscuridad de los colores presenta, como algunas de estas series, “una complejidad discursiva que a menudo no encontramos en algunas de las lecturas que se ofrecen en el circuito escolar” (Lluch, 2008:15). La estructura de la novela trabaja el manejo del suspenso porque permite que el lector sea parte de la aparición de las pistas y del descubrimiento de la verdad, y lo involucra y compromete con la historia. Además, el cambio de narrador capítulo a capítulo ralentiza la resolución pero sin perder la construcción de la curiosidad en el lector, como sucede en el desarrollo de la temporada de una serie de televisión. 

La trama, entonces, se desarrolla a través de estas dos historias y poco a poco une los sucesos actuales con los del pasado, revelando quiénes son estos niños, por qué habían sido secuestrados y recibido nombres de colores, quién es J. F. Andrew, por qué Alejandro ha sido incluido en la resolución de este caso y cuál es su rol en él. Así, el final de la novela ofrece un giro inesperado y fuerte en la trama que surge como fruto del trabajo con la historia a través de estas dos perspectivas.

Los vínculos que establece Alejandro con los dos niños que han reaparecido y, más tarde, con un hipnotista a quien pide ayuda, lo van cuestionando y transformando. Su punto de vista y su visión del mundo comienzan a ponerse en duda en los intercambios con estos personajes y con el hallazgo de pistas hasta que, finalmente, su propia vida e historia son alteradas por completo con ese final impactante, que revela verdades sobre él ocultas por largo tiempo. Podría decirse que este crecimiento del protagonista acerca la historia a la tradición de las Bildungsroman y su estructura: la novela presenta, en medio de la trama de la resolución del caso, la historia de Alejandro y su padre, y las transformaciones que sufre ese vínculo a medida que la historia avanza, tanto que, hacia el final, el lector es testigo de una ruptura y un avance del protagonista hacia una forma más adulta y consciente de vida. En este sentido, el personaje de Alejandro, que en gran medida funciona más como una figura de detective que como un personaje tridimensional, no siempre suscita suficiente empatía como para volverse memorable. Sin embargo, esto se equilibra con los cambios que va sufriendo y el proceso de crecimiento que atraviesa, dado que permiten que el personaje sea más accesible y comprensible.

Que la historia esté ubicada en Buenos Aires, en 1910, es una novedad y ofrece todo un espectro de referencias de época (una mención al negocio Gath y Chaves, otra al estado de las calles de tierra, al rol de los diarios en ese entonces, a la hipnosis como “ciencia” novedosa, etc.) y un espacio original para el desarrollo de la trama. La presencia de los conventillos y las referencias a las olas de inmigrantes y a los problemas que tenían cuando llegaban a Buenos Aires son parte de la historia y permiten que este contexto histórico, poco común en la literatura juvenil argentina, se entrelace con el misterio a resolver.

Se puede decir que esta novela es parte de la literatura juvenil homologada, dado que pertenece a una colección pensada para adolescentes. Sin embargo, La oscuridad de los colores cumple con muy pocas de las características propias de esta categoría. Esta novela no presenta un protagonista de edad parecida a la de los lectores adolescentes ni tampoco temas próximos a sus problemáticas o un uso de un lenguaje semejante al que usan los jóvenes. Sin embargo, la historia sí cumple con los criterios de aceptación que propone Colomer: ha tenido muy buena aceptación en el público juvenil y adulto, de modo que la novela ha comenzado a encontrar lugar en los colegios y en las bibliotecas personales de los adolescentes, y fue escrita por un autor con trayectoria en el campo de la narrativa infantil y juvenil, quien ha recibido premios y ha publicado varios libros en editoriales prestigiosas. 

La oscuridad de los colores propone una trama que ofrece, con mucha sencillez, rasgos propios de los relatos policiales negros clásicos: un protagonista que ocupa el rol del detective y se involucra mental y físicamente en el caso, poniendo en riesgo su vida, una serie de víctimas (los cinco niños secuestrados y un par de víctimas de asesinatos imprevistos) y sospechosos moralmente ambiguos, que dificultan la separación entre buenos y malos, el uso de la ciudad como escenario del crimen y de circulación del protagonista, y una serie de revelaciones que denuncian fragilidades sociales e institucionales de aquella época. Además, por el misterio que elige el autor como centro de la trama (el secuestro de cinco bebés que serán sometidos a una serie de crueles experimentos), la atmósfera se vuelve inquietante y se construye la sensación de que la vida del protagonista corre peligro constantemente porque se ha involucrado en un misterio siniestro y peligroso.

Entonces, esta novela retoma la tradición de las series detectivescas clásicas sin demandar lectores que ya hayan leído libros de este subgénero o que conozcan sus rasgos, y ofrece una historia donde el suspenso está trabajado de forma tal que la necesidad de leer para saber qué pasa con los personajes es imperante. Así, la lectura de La oscuridad de los colores resulta entretenida y ávida: muchos de los jóvenes que han reseñado la novela mencionan la imposibilidad de “soltar el libro” y de haberse leído las 240 páginas que presenta la obra en pocos días o, incluso, horas.

Esto puede vincularse con lo propuesto por Jordi Rovira en “La enojosa lentitud de los libros” en relación al “ritmo trepidante” que buscan los jóvenes en sus vidas y en sus modos de entretenimiento, acostumbrados a estar hiperestimulados por los medios y las nuevas tecnologías. La oscuridad de los colores responde a la búsqueda de los jóvenes de estos tiempos: es una novela que construye un ritmo rápido, que convoca y atrapa, que no da respiro en el desarrollo de la trama y en las amenazas constantes que sufre su protagonista, y que presenta capítulos breves, de pocas páginas, que permiten que el lector no se distraiga o aburra ni pierda el interés. Y, al mismo tiempo, la historia no pierde complejidad en la trama y en los vínculos cambiantes entre los personajes, ni se vuelve superficial en su resolución. 

De este modo, la combinación del trabajo con la tradición policial y con la época histórica, sumado al ritmo de lectura convocante, vuelven a La oscuridad de los colores una novela atrayente para ser trabajada en el ámbito educativo, porque ofrece un punto medio entre los intereses de los jóvenes y del docente y los programas escolares.

En lo personal, la lectura de esta novela me sorprendió enormemente: hacía tiempo que no leía una novela juvenil argentina nueva con una estructura tan sólida y una premisa tan poco común. Por un lado, el manejo de la información aportada a través de las perspectivas de los dos personajes y el modo en que ella se va entrelazando para crear el tejido global de la historia me resultaron convincentes y me llevaron hasta la revelación final sin cuestionar ni dudar nada de lo que estaba leyendo. Así y todo, el final igual me resultó una sorpresa, aunque creo que tal vez, para un lector más atento y menos sorprendido, la revelación final puede ser intuida tiempo antes del cierre de la novela. Por otro lado, la época histórica y la rareza del misterio propuesto crearon una atmósfera tensa y perturbadora que le dio un tono ideal a la historia para mantener vigente el suspenso.

Considero que esta novela ofrece con éxito la posibilidad de tomar los intereses no sólo temáticos (muertes, misterios a resolver, casos morbosos y escandalosos, protagonistas que maduran, descubren verdades y se defienden y definen a sí mismos, y el uso del suspenso y de la inquietud como recursos recurrentes) sino también estructurales (capítulos breves, que requieren lapsos reducidos de atención, una trama atrapante que aviva la curiosidad de forma constante y el despliegue de una estructura que complejiza la historia y, eventualmente, revela que su alcance era mucho más grande de lo imaginado al comienzo de la lectura) de los jóvenes actuales y construye una historia compleja, abierta a diferentes enfoques en la lectura, y no tan común en las colecciones juveniles. Me parece que por sus características es una buena opción para trabajar en los ámbitos escolares: sirve como un escalón intermedio entre las series de televisión y los libros que ellos acostumbran ver y leer, y las obras clásicas que se pretende que lean en los últimos años de la educación secundaria.

Creo también que, siguiendo la clasificación de Mireia Manresa en “Lecturas juveniles: el hábito lector dentro y fuera de las aulas”, esta es una novela que puede ser trabajada tanto con lectores encasillados (y así ofrecerles un acercamiento al subgénero policial, que no es actualmente tan popular como en otros tiempos, y, a aquellos acostumbrados a leer solo sagas, una novela stand-alone igual de adictiva), lectores equilibrados y diversificados, así como también con jóvenes sin un hábito lector desarrollado, por la brevedad y sencillez de los capítulos, que sostienen la complejidad de la trama de un modo accesible.

La oscuridad de los colores, en mi opinión, es una historia interesante, bien pensada y estructurada de modo inteligente y efectivo, que ofrece contacto con un subgénero y una época no tan comunes en la literatura juvenil argentina actual, y que por su solidez en la construcción puede ser disfrutada tanto por jóvenes como por un público adulto. 




Referencias bibliográficas
BLASCO, M. (2015). La oscuridad de los colores. Buenos Aires: Norma.
LLUCH, G. (2008): “Un nuevo lector juvenil”. CLIJ, n. 221, diciembre , p. 7-22.
MANRESA, M. (2009) “Lecturas juveniles: el hábito lector dentro y fuera de las aulas”. Textos, 51, julio, agosto septiembre, p. 44-54.
ROVIRA, J. (2007): “La enojosa lentitud de los libros”. Culturas. La Vanguardia, n. 262, p. 2-5.

Anexos (algunas críticas de la novela, tanto por jóvenes como por adultos y especialistas)
- “El caso de los niños robados” (2015, 15 de agosto). Recuperado de https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/11-36362-2015-08-15.html
- AGUSTINA (2017). Universe of books: “Reseña: La oscuridad de los colores de Martín Blasco”. Recuperado de https://universeofbooksblog.blogspot.com.ar/2017/08/resena-la-oscuridad-de-los-colores-de.html
- CORBETTO, M. (2016). Lee, sueña, vuela: “La oscuridad de los colores”. Recuperado de https://leyendo-vuelo.blogspot.com.ar/2016/08/la-oscuridad-de-los-colores.html
- LLUCH, G. (2017). Gemma Lluch: “La oscuridad de los colores”. Recuperado de http://www.gemmalluch.com/esp/la-oscuridad-de-los-colores/
Suárez, Micaela (2015). Aroma a palabras: “Reseña: La oscuridad de los colores, Martín Blasco”. Recuperado en https://www.youtube.com/watch?v=BkrEFQy_vus

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Este trabajo fue realizado como trabajo de una materia del Máster en Libros y Literatura Infantil organizado por la Universitat Autònoma de Barcelona y el Banco del Libro de Venezuela.

2 oct 2016

Prosa que enamora

En mi perfil de Goodreads, lugar donde es posible armar y organizar los "estantes" de la propia biblioteca (etiquetas para organizar los libros leídos o por leer según temas, géneros, etc) como uno desea, hace ya un tiempo habilité uno que se llama "prosa que enamora".

En su momento, no pensé demasiado en el título que le estaba poniendo. Rimaba, se veía bien; listo, eso servía.

Sin embargo, a medida que me fui sumergiendo más en la literatura infantil y, sobre todo, juvenil, me di cuenta de que quizás esa estantería quedaba algo grande. O vacía.

No resultó tan sencillo encontrar libros con prosa que enamorara, con una escritura que resultara cautivante, llena de palabras vivas y vibrantes. La mayoría de los libros que leía estaban centrados en la trama, en el desarrollo de la historia y, sobre todo, en generar siempre suspenso, para seguir atrapando al lector. Si en el medio justo había una oración que sonaba mejor o traía una metáfora interesante, pura suerte.

Así que revisé cómo andaba esa estantería movida por la curiosidad y consideré que podía ofrecer, ahora, una primera selección de las novelas que leí en el último tiempo y que con sus frases me conquistaron los ojos (y gran parte del corazón).

1) La pendiente resbaladiza (Una serie de eventos desafortunados, #10), Lemony Snicket, y La cueva oscura (Una serie de eventos desafortunados, #11), Lemony Snicket.

Ya es de público conocimiento que el estilo de Lemony Snicket me vuelve loca. Toda la saga es una delicia por el trabajo cuidadoso y deliberado que hace el autor para presentar metáforas sencillas y para jugar con el lenguaje desde la figura del narrador. 

Estos dos libros, sin embargo, en su momento me resultaron increíbles. Las reflexiones del narrador y las descripciones de los espacios estaban llenas
de frases impresionantes y, siempre, bien sencillas. Debo recordar que los leí en inglés y que creo que hay algo de la magia de Snicket que a veces se pierde en las traducciones, pero acá acerco una frase de cada libro:
"Si sentís... que la gente leída es menos propensa a ser mala, y que un mundo lleno de gente sentada, tranquila, con buenos libros en sus manos es preferible a un mundo lleno de cismas y sirenas y otras cosas ruidosas y problemáticas, entonces cada vez que entres a una biblioteca podés decirte a vos mismo: 'El mundo es tranquilo acá', como una suerte de promesa que proclama que la lectura es un bien mayor".
"La gente no es ni mala ni noble. Son como las ensaladas del chef, con cosas buenas y malas cortadas y mezcladas juntas en una vinagreta de confusión y conflicto".

2) Los saqueadores de sueños (The Raven Boys, #2), Maggie Stiefvater.

También en su momento había hecho una reseña sobre lo impactante (y raro) que era el estilo de escritura de Maggie Stiefvater. El segundo libro de la saga me dejó con la impresión de que eran las palabras las que hacían respirar a los personajes. No sólo por el modo en el que se los describe sino, y sobre todo, por cómo se encastran sus acciones con frases atípicas y muy particulares, pensadas en detalle para cada personaje.

Un ejemplo (también extraído de su versión en ingles):
"Había muchas versiones de Gansey, pero esta había sido escasa desde la introducción de la presencia domadora de Adam. Era, además, la favorita de Ronan. Era la opuesta al rostro público de Gansey, que era puro control encerrado en una envoltura académica delgada como el papel. Pero esta versión de Gansey era Gansey el chico. Este era el Gansey que compró el Camaro, el Gansey que le pidió a Ronan que le enseñara a pelear, el Gansey que contenía todas las chispas salvajes para que no aparecieran en las otras versiones. ¿Lo había liberado el escudo que estaba en el lago? ¿La bikini naranja de Orla? ¿Los restos destruidos de su Henrietta reconstruida y las identificaciones falsas que habían encontrado? A Ronan no le interesaba. Todo lo que importaba era que algo había prendido el fósforo y Gansey estaba ardiendo". 
3) Algo que domina el mundo, Franco Vaccarini.

Cuando escribí la reseña de este libro, también lo aclaré: la novela tiene la capacidad y el arte para presentar el mundo adolescente y sus complejidades a través de oraciones y párrafos circulares que hablan de pensamientos y sensaciones cruzadas, confundidas, mezcladas y que, sin embargo, dibujan  con claridad el rostro de la juventud.

Una frase del comienzo:
"Odiaba la primavera, también; pero ya no. A veces tengo días buenos, días donde vivir es parecido a soñar; y en ese sueño soy de carne y hueso, puedo tocar las cosas y las cosas me tocan, existo de verdad. Eso es lo importante: ser real, entender que uno tiene el corazón fuerte, que late, late, late, resiste pulso a pulso, sístole a diástole, yo qué sé. Un corazón no es algo fácil de parar".


Hay más libros y hay más frases que eventualmente llegarán a otro post. Por ahora, estos, que valen la pena y que son un viaje fabuloso a mundos bien armados, a personajes autónomos, a ambientes que envuelven. Mientras tanto, la tarea de engrosar esta estantería seguirá presente y sedienta.

28 dic 2015

Una serie de eventos desafortunados: el mundo

Después de mucho tiempo, terminé de leer Una serie de eventos desafortunados.

Completa. Los trece libros. Los ciento setenta capítulos. Y la única forma en la que sé cómo hacer duelo es a través de más palabras.

Es una saga brillante, voy a empezar por ahí. Los temas que elige, la construcción de los personajes, la figura del narrador, la originalidad. Todo. Esto pone en jaque mi objetividad, así que eso queda admitido. Con estas cuestiones fuera del medio, me interesa detallar los aspectos que, en mi opinión, hacen que esta historia sea una maravilla. Así que esta serie de posts de cantidad indeterminada funcionarán a la vez como reseña infinita y análisis de todas las novelas juntas.

Hoy, apenas un principio: la construcción del mundo.

El autor (de quien hablaré otro día, cuando hable también del narrador) explicó en una entrevista que estos libros intentaban sumarse al género gótico.

Las novelas cuadran dentro de la descripción de la narrativa gótica (ambientación romántica, cargada de castillos medievales y tumbas con esqueletos; personajes extraños e insólitos y grandes peligros), pero también se encargan de estirar los límites de esa categorización hasta difuminarlos.

De hecho gran parte de la maravilla del mundo de los Baudelaires radica en la imposibilidad de identificar el espacio geográfico o temporal en el que transcurre la historia, en la pura ambigüedad que rodea los espacios en los que se mueven. Porque la historia abre oscilando entre la mansión destruida de los Baudelaires y el pseudo-castillo de Olaf, tomando elementos bastante góticos (que luego se recuperarán en otros espacios, como el Lago Lacrimoso o el "Grotto" Gorgoniano), pero luego se abre, dejando de lado los rasgos puramente góticos: la ciudad se despliega con lugares comunes, como el Café Salmonella o el 667 de la Avenida Oscura, o con espacios delirantes, como el Hospital Heimlich, la Preparatoria Prufrock o el Carnaval Caligari.

Ninguno de estos lugares presenta referencias que ayuden a una construcción de mundo lógica. Por el contrario, uno de los grandes juegos que presentan las novelas es la dificultad para imaginar todo en un mismo mundo.

Algo similar ocurre con la temporalidad o, en este caso, la atemporalidad, dado que resulta casi imposible determinar en qué punto de la historia de la humanidad tiene lugar el drama de los Baudelaires por la variedad de elementos que presenta. Algunos sugieren que la historia tiene lugar en el siglo XIX (como la comunicación vía telégrafo) mientras que otros la desplazan hasta avanzado el 1900, y todo siempre está acompañado por marcas científicas y tecnológicas anacrónicas y extrañas (hay sistemas de cierre de puertas que involucran un teclado de máquina de escribir mientras que en otros tomos aparecen computadoras avanzadas, que sigue siendo antiguas).


Esta libertad en el tiempo y espacio de la historia generan una constante sensación de extrañamiento y ajenidad que profundiza aún más el efecto gótico. Resulta difícil encuadrar la acción, y las descripciones de los espacios, las vestimentas y los elementos con los que interactúan los personajes son, a veces, tan inverosímiles o desfasados con el escenario que se está proponiendo, que se genera una grieta por donde se filtra una profunda sensación de vértigo extraño (una suerte de siniestro, de horror que entra a través de imágenes familiares, conocidas, comunes pero retorcidas).

Así, sin dar un salto hasta lo puramente fantástico o maravilloso, la saga logra romper con la lógica realista y abrir un vacío indeterminado donde todo es posible (desde la existencia de una serpiente amigable hasta una lucha de espadas con un bebé), donde los límites usuales no existen (lo que colaborará con el drama de la historia) y donde el lector descubre que la única constante es el desconcierto.








22 jul 2015

Matar o morir: la supervivencia en la literatura juvenil

El ser humano está programado para vivir y perpetuarse. Cualquier alteración de ese orden dispara diversos mecanismos de defensa y auto-preservación que pueden alcanzar los extremos más insólitos y perturbadores.

La literatura juvenil, en su incursión hacia las distopías, se ha encargado de probar y experimentar con uno de esos extremos: ¿Qué ocurre cuando la posibilidad de sobrevivir depende de la muerte de otro ser vivo, de otro ser humano?

¿Qué ocurre en el hombre cuando las opciones son sólo dos: matar o morir?

Las respuestas son variadas, algunas más complejas, otras más simples, porque son muchos los libros que han experimentado con esto. Culpa, deshumanización, largas reflexiones sobre la pérdida del alma, animalización, etc. Voy a hacer referencia a tres sagas de ciencia ficción para ver esto, y quizás haya pequeños spoilers, así que, con cuidado.

El primero, el pionero, lo ilustró con crudeza y realismo: en Los juegos del hambre (así como también en Battle Royale) tenemos la perversión de la infancia a manos de una lógica cruel. Hay que matar a otros para sobrevivir y esas muertes tienen como objetivo entretener a otros. Suzanne Collins lleva al extremo el matar o morir y lo transforma en un "pan y circo" (de ahí el nombre Panem, de la expresión latina "panem et circenses"), en un teatro para adormecer a las masas.

Sus efectos en Katniss son devastadores porque el contexto en que todo esto ocurre es pura construcción política. No hay un peligro real. Ella no necesita matar a otros para sobrevivir, no en su vida cotidiana. Pero obligada a hacerlo, en el marco de los juegos, no sólo sufre de culpa por los asesinatos sino que, además, ella misma se vuelve una marioneta más en el circo político que despliega la trilogía. Los síntomas de estrés post traumático se apilan en Katniss, la desarman, y, de a poco, le hacen perder cierta capacidad de vinculación con la realidad.

En Divergente, por otro lado, hay todo un proceso de desarrollo muy interesante en el personaje de Tris. La guerra civil de su sociedad la obliga a matar para sobrevivir y en esa secuencia, ella termina asesinando a uno de sus amigos. Matar o morir: es ella o Will. La culpa se le instala como un agujero negro y se despliega en el personaje un mecanismo de defensa peligroso: alejar a todo el mundo, para que nadie más sufra ese tipo de consecuencias. Hasta que no admite el acto y lo expresar (a la fuerza) frente a sus otros amigos, Tris no puede siquiera pensar en superar ese asesinato. El matar a otro se presenta, para ella, como una vía directa, de la que no hay vuelta atrás, hacia la crueldad absoluta.

La quinta ola, de Rick Yancey, tiene como premisa la imposibilidad de confiar en los demás porque no se sabe quién es y quién no es alienígena. En este libro, el matar o morir es una realidad concreta e ineludible después de la invasión extraterrestre y plantea un resultado difícil: aquel que mata pierde su humanidad, se pierde de quién realmente era.
"¿Cómo se limpia la Tierra de humanos? Arrebatándoles su humanidad".
Así lo experimenta Cassie, la protagonista. Matar significa perder lo que se era, lo que se podía ser; significa transformarse en una cosa manchada de sangre, casi animal, totalmente insensibilizada. La culpa tampoco se registra, resulta imposible hacerlo en un mundo donde seguir respirando depende pura y exclusivamente de ser el primero en apretar el gatillo. Ese mundo ha transformado a los humanos en otra cosa. Los ha deshumanizado.
"A lo mejor el último humano  de la tierra no morirá de hambre ni de exposición a las condiciones climáticas, ni devorado por animales salvajes. A lo mejor el último en morir lo hará a manos del último sobreviviente".
Se arma así una búsqueda de sentido a lo largo del libro: ¿Qué significa ser humano en un mundo donde matar es la primera respuesta, donde la vida ajena no importa?

Matar o morir, una de las experiencias límites del ser humano, recibe respuestas diversas, siempre de la mano de realidades distópicas y extremas. Colapso emocional, culpa y deshumanización. Habrá que ver qué respuestas dan otros libros.



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