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24 jun 2018

La oscuridad de los colores

Dentro de una materia del Máster en Libros y Literatura Infantil y Juvenil nos pidieron que realizáramos una valoración crítica sobre un texto para adolescentes.
Aprovechando la libertad del trabajo y la posibilidad de hacer foco en alguna obra argentina, vi mi oportunidad para hacer una crítica de La oscuridad de los colores, de Martín Blasco. Es una novela que me sigue sorprendiendo (y a mis alumnos también) y que hacía tiempo que tenía ganas de revisar, reseñar y pensar.

Así que, acá, una adaptación de mi trabajo para el Máster, que me permitió sacarme el gusto de mirar bien de cerca esta novela:

La oscuridad de los colores es una novela de Martín Blasco, autor argentino, que fue publicada en 2015 por la editorial Norma, en Buenos Aires, dentro de la colección Zona Libre, que está destinada a un público juvenil.

La portada de la primera edición ofrece una imagen en tonos oscuros que presenta el ojo de una cerradura, marcado por huellas de manos, en un rojo que parece sangre, con un reloj de bolsillo también manchado de sangre y una mariposa. Es una portada sugerente, que rápidamente permite establecer asociaciones con los géneros marcados por el terror y el suspenso. 

La novela se sitúa en 1910, en Buenos Aires, fecha del centenario de la patria, y narra la historia de Alejandro, un periodista, hijo de inmigrantes judíos, que recibe el encargo de investigar la misteriosa reaparición de una mujer que había sido raptada 25 años antes, cuando sólo era una bebé. Ella es una de cinco niños desaparecidos, todos hijos de inmigrantes, en la misma noche de 1885, de quienes nunca se volvió a saber nada hasta ahora, que ella y otro de los niños han reaparecido, sin recordar nada de lo sucedido. Ellos dos se comportan de modo extraño (ella no recuerda nada y el otro no sabe hablar, ni escribir, y ni siquiera presenta un comportamiento humano), y entonces Alejandro es convocado por el padre de la muchacha para investigar y averiguar lo ocurrido.

La novela está estructurada en dos partes, que se intercalan entre sí: una se corresponde a la trama en la que Alejandro es protagonista. Está narrada en tercera persona, desde un punto de vista focalizado en Alejandro, que sigue sus pasos y descubrimientos en el caso y que ofrece una mirada sobre sus pensamientos y reflexiones. La otra parte está conformada por fragmentos del diario íntimo de un tal J. F. Andrew, datados 25 años atrás, que, a medida que la historia de Alejandro se despliega, explican lo sucedido con los cinco niños raptados en 1885, los experimentos a los que fueron sometidos y el rol del propio Andrew y de sus ayudantes en todo esto. 

Esta estructura resulta una novedad y, también, un desafío de lectura para los jóvenes, porque retarda la revelación del misterio mientras hace partícipe al lector de la explicación a la que el protagonista todavía no tiene acceso. Además, despliega la historia en dos momentos históricos (por un lado, un período de 1885 a 1900 y, por el otro, el año 1910) y desde dos perspectivas muy diferentes: la del doctor Andrew, científico con ideas progresistas y cuestionables, que verá el crecimiento y la destrucción de sus experimentos, y la de Alejandro, un periodista joven, con consciencia de clase, muy emprendedor y también un poco ingenuo, que crecerá a lo largo de la historia. El trabajo desde ambas perspectivas permite que el lector comprenda los motivos de uno y otro personaje, sus intereses y decisiones, y que pueda recuperar un panorama más grande no sólo del misterio sino también del clima de época que hubo hacia finales del 1800 en Buenos Aires, Argentina.

Podría decirse que esta estructura remite a lo propuesto por Gemma Luch en “Un nuevo lector juvenil. De Perdidos a Harry Potter, pasando por los foros y el Youtube” en relación a la incidencia de las series de televisión, que proponen estructuras con tramas cruzadas, cambios temporales y protagonismo compartido por varios personajes. La oscuridad de los colores presenta, como algunas de estas series, “una complejidad discursiva que a menudo no encontramos en algunas de las lecturas que se ofrecen en el circuito escolar” (Lluch, 2008:15). La estructura de la novela trabaja el manejo del suspenso porque permite que el lector sea parte de la aparición de las pistas y del descubrimiento de la verdad, y lo involucra y compromete con la historia. Además, el cambio de narrador capítulo a capítulo ralentiza la resolución pero sin perder la construcción de la curiosidad en el lector, como sucede en el desarrollo de la temporada de una serie de televisión. 

La trama, entonces, se desarrolla a través de estas dos historias y poco a poco une los sucesos actuales con los del pasado, revelando quiénes son estos niños, por qué habían sido secuestrados y recibido nombres de colores, quién es J. F. Andrew, por qué Alejandro ha sido incluido en la resolución de este caso y cuál es su rol en él. Así, el final de la novela ofrece un giro inesperado y fuerte en la trama que surge como fruto del trabajo con la historia a través de estas dos perspectivas.

Los vínculos que establece Alejandro con los dos niños que han reaparecido y, más tarde, con un hipnotista a quien pide ayuda, lo van cuestionando y transformando. Su punto de vista y su visión del mundo comienzan a ponerse en duda en los intercambios con estos personajes y con el hallazgo de pistas hasta que, finalmente, su propia vida e historia son alteradas por completo con ese final impactante, que revela verdades sobre él ocultas por largo tiempo. Podría decirse que este crecimiento del protagonista acerca la historia a la tradición de las Bildungsroman y su estructura: la novela presenta, en medio de la trama de la resolución del caso, la historia de Alejandro y su padre, y las transformaciones que sufre ese vínculo a medida que la historia avanza, tanto que, hacia el final, el lector es testigo de una ruptura y un avance del protagonista hacia una forma más adulta y consciente de vida. En este sentido, el personaje de Alejandro, que en gran medida funciona más como una figura de detective que como un personaje tridimensional, no siempre suscita suficiente empatía como para volverse memorable. Sin embargo, esto se equilibra con los cambios que va sufriendo y el proceso de crecimiento que atraviesa, dado que permiten que el personaje sea más accesible y comprensible.

Que la historia esté ubicada en Buenos Aires, en 1910, es una novedad y ofrece todo un espectro de referencias de época (una mención al negocio Gath y Chaves, otra al estado de las calles de tierra, al rol de los diarios en ese entonces, a la hipnosis como “ciencia” novedosa, etc.) y un espacio original para el desarrollo de la trama. La presencia de los conventillos y las referencias a las olas de inmigrantes y a los problemas que tenían cuando llegaban a Buenos Aires son parte de la historia y permiten que este contexto histórico, poco común en la literatura juvenil argentina, se entrelace con el misterio a resolver.

Se puede decir que esta novela es parte de la literatura juvenil homologada, dado que pertenece a una colección pensada para adolescentes. Sin embargo, La oscuridad de los colores cumple con muy pocas de las características propias de esta categoría. Esta novela no presenta un protagonista de edad parecida a la de los lectores adolescentes ni tampoco temas próximos a sus problemáticas o un uso de un lenguaje semejante al que usan los jóvenes. Sin embargo, la historia sí cumple con los criterios de aceptación que propone Colomer: ha tenido muy buena aceptación en el público juvenil y adulto, de modo que la novela ha comenzado a encontrar lugar en los colegios y en las bibliotecas personales de los adolescentes, y fue escrita por un autor con trayectoria en el campo de la narrativa infantil y juvenil, quien ha recibido premios y ha publicado varios libros en editoriales prestigiosas. 

La oscuridad de los colores propone una trama que ofrece, con mucha sencillez, rasgos propios de los relatos policiales negros clásicos: un protagonista que ocupa el rol del detective y se involucra mental y físicamente en el caso, poniendo en riesgo su vida, una serie de víctimas (los cinco niños secuestrados y un par de víctimas de asesinatos imprevistos) y sospechosos moralmente ambiguos, que dificultan la separación entre buenos y malos, el uso de la ciudad como escenario del crimen y de circulación del protagonista, y una serie de revelaciones que denuncian fragilidades sociales e institucionales de aquella época. Además, por el misterio que elige el autor como centro de la trama (el secuestro de cinco bebés que serán sometidos a una serie de crueles experimentos), la atmósfera se vuelve inquietante y se construye la sensación de que la vida del protagonista corre peligro constantemente porque se ha involucrado en un misterio siniestro y peligroso.

Entonces, esta novela retoma la tradición de las series detectivescas clásicas sin demandar lectores que ya hayan leído libros de este subgénero o que conozcan sus rasgos, y ofrece una historia donde el suspenso está trabajado de forma tal que la necesidad de leer para saber qué pasa con los personajes es imperante. Así, la lectura de La oscuridad de los colores resulta entretenida y ávida: muchos de los jóvenes que han reseñado la novela mencionan la imposibilidad de “soltar el libro” y de haberse leído las 240 páginas que presenta la obra en pocos días o, incluso, horas.

Esto puede vincularse con lo propuesto por Jordi Rovira en “La enojosa lentitud de los libros” en relación al “ritmo trepidante” que buscan los jóvenes en sus vidas y en sus modos de entretenimiento, acostumbrados a estar hiperestimulados por los medios y las nuevas tecnologías. La oscuridad de los colores responde a la búsqueda de los jóvenes de estos tiempos: es una novela que construye un ritmo rápido, que convoca y atrapa, que no da respiro en el desarrollo de la trama y en las amenazas constantes que sufre su protagonista, y que presenta capítulos breves, de pocas páginas, que permiten que el lector no se distraiga o aburra ni pierda el interés. Y, al mismo tiempo, la historia no pierde complejidad en la trama y en los vínculos cambiantes entre los personajes, ni se vuelve superficial en su resolución. 

De este modo, la combinación del trabajo con la tradición policial y con la época histórica, sumado al ritmo de lectura convocante, vuelven a La oscuridad de los colores una novela atrayente para ser trabajada en el ámbito educativo, porque ofrece un punto medio entre los intereses de los jóvenes y del docente y los programas escolares.

En lo personal, la lectura de esta novela me sorprendió enormemente: hacía tiempo que no leía una novela juvenil argentina nueva con una estructura tan sólida y una premisa tan poco común. Por un lado, el manejo de la información aportada a través de las perspectivas de los dos personajes y el modo en que ella se va entrelazando para crear el tejido global de la historia me resultaron convincentes y me llevaron hasta la revelación final sin cuestionar ni dudar nada de lo que estaba leyendo. Así y todo, el final igual me resultó una sorpresa, aunque creo que tal vez, para un lector más atento y menos sorprendido, la revelación final puede ser intuida tiempo antes del cierre de la novela. Por otro lado, la época histórica y la rareza del misterio propuesto crearon una atmósfera tensa y perturbadora que le dio un tono ideal a la historia para mantener vigente el suspenso.

Considero que esta novela ofrece con éxito la posibilidad de tomar los intereses no sólo temáticos (muertes, misterios a resolver, casos morbosos y escandalosos, protagonistas que maduran, descubren verdades y se defienden y definen a sí mismos, y el uso del suspenso y de la inquietud como recursos recurrentes) sino también estructurales (capítulos breves, que requieren lapsos reducidos de atención, una trama atrapante que aviva la curiosidad de forma constante y el despliegue de una estructura que complejiza la historia y, eventualmente, revela que su alcance era mucho más grande de lo imaginado al comienzo de la lectura) de los jóvenes actuales y construye una historia compleja, abierta a diferentes enfoques en la lectura, y no tan común en las colecciones juveniles. Me parece que por sus características es una buena opción para trabajar en los ámbitos escolares: sirve como un escalón intermedio entre las series de televisión y los libros que ellos acostumbran ver y leer, y las obras clásicas que se pretende que lean en los últimos años de la educación secundaria.

Creo también que, siguiendo la clasificación de Mireia Manresa en “Lecturas juveniles: el hábito lector dentro y fuera de las aulas”, esta es una novela que puede ser trabajada tanto con lectores encasillados (y así ofrecerles un acercamiento al subgénero policial, que no es actualmente tan popular como en otros tiempos, y, a aquellos acostumbrados a leer solo sagas, una novela stand-alone igual de adictiva), lectores equilibrados y diversificados, así como también con jóvenes sin un hábito lector desarrollado, por la brevedad y sencillez de los capítulos, que sostienen la complejidad de la trama de un modo accesible.

La oscuridad de los colores, en mi opinión, es una historia interesante, bien pensada y estructurada de modo inteligente y efectivo, que ofrece contacto con un subgénero y una época no tan comunes en la literatura juvenil argentina actual, y que por su solidez en la construcción puede ser disfrutada tanto por jóvenes como por un público adulto. 




Referencias bibliográficas
BLASCO, M. (2015). La oscuridad de los colores. Buenos Aires: Norma.
LLUCH, G. (2008): “Un nuevo lector juvenil”. CLIJ, n. 221, diciembre , p. 7-22.
MANRESA, M. (2009) “Lecturas juveniles: el hábito lector dentro y fuera de las aulas”. Textos, 51, julio, agosto septiembre, p. 44-54.
ROVIRA, J. (2007): “La enojosa lentitud de los libros”. Culturas. La Vanguardia, n. 262, p. 2-5.

Anexos (algunas críticas de la novela, tanto por jóvenes como por adultos y especialistas)
- “El caso de los niños robados” (2015, 15 de agosto). Recuperado de https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/11-36362-2015-08-15.html
- AGUSTINA (2017). Universe of books: “Reseña: La oscuridad de los colores de Martín Blasco”. Recuperado de https://universeofbooksblog.blogspot.com.ar/2017/08/resena-la-oscuridad-de-los-colores-de.html
- CORBETTO, M. (2016). Lee, sueña, vuela: “La oscuridad de los colores”. Recuperado de https://leyendo-vuelo.blogspot.com.ar/2016/08/la-oscuridad-de-los-colores.html
- LLUCH, G. (2017). Gemma Lluch: “La oscuridad de los colores”. Recuperado de http://www.gemmalluch.com/esp/la-oscuridad-de-los-colores/
Suárez, Micaela (2015). Aroma a palabras: “Reseña: La oscuridad de los colores, Martín Blasco”. Recuperado en https://www.youtube.com/watch?v=BkrEFQy_vus

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Este trabajo fue realizado como trabajo de una materia del Máster en Libros y Literatura Infantil organizado por la Universitat Autònoma de Barcelona y el Banco del Libro de Venezuela.

18 sept 2017

Siempre hemos vivido en el castillo

Una pequeña reseña, casi una estela de palabras, en medio del silencio de estos meses. Y el libro que lo consiguió fue Siempre hemos vivido en el castillo, de Shirley Jackson. Es una novela breve, pequeña, con una fuerza inesperada.

La trama, tal vez, puede intuirse, hasta incluso, en algún momento, preverse. Pero Shirley Jackson hace un trabajo magistral con su narradora, Mary Katherine "Merricat" Blackwood. Inocente y terriblemente perversa al mismo tiempo, Mary es capaz de pensar a la vez en cuánto le gustaría vivir en la luna y en cuánto desearía que la gente del pueblo se ahogara con sus propias lenguas y muriera. Y es a través de ella que al lector le llega la historia de los Blackwood, la familia condenada al aislamiento.

El registro se mantiene en un límite perfecto, que logra atrapar al lector y convencerlo de confiar en Mary Katherine, pero sin perder nunca de vista el borde filoso del personaje. 

Otro gran logro de la autora es el manejo de las relaciones de poder entre los personajes. Al comienzo de la novela, la construcción de los vínculos entre los Blackwood se presenta de un modo sólido, establecido y determinado y, con mucha sutileza y sin perder la verosimilitud, Shirley Jackson los hace mutar e invertirse. El cambio es muy suave y la transformación final se vuelve como la revelación de un tejido que siempre había estado presente en la historia y que los lectores no habíamos podido ver realmente sino hasta ese momento.

Una familia rota, el odio de un pueblo, una mansión gótica y llena de tazas de té y una narradora dulce y preciosa como un espejo quebrado. Siempre hemos vivido en el castillo es una historia en la que da placer ser el lector. 

27 dic 2013

The Cavendish Home for Boys and Girls

The Cavendish Home for Boys and Girls, Claire Legrand, 2012. Simon & Schuster Books For Young Readers.
Victoria odia el sinsentido. No es necesario cuando tu vida es perfecta. La única mancha en su vida pristina es su mejor amigo Lawrence. Él es un desastre -vago y soñador, con la remera siempre sin acomodar, obsesionado con su tonto piano. Victoria usualmente se pregunta por qué se molesta en ser su amiga (Lawrence también se lo pregunta). 
Pero Lawrence desaparece. Y no es el único. Victoria pronto descubre que el Hogar Cavendish para Niños y Niñas no es lo que parece ser. Los niños entran pero salen... diferentes. O no salen nunca. 
Si alguien puede solucionar esto, ese alguien es Victoria -incluso si eso implica ensuciarse un poco.

Las reseñas de este libro eran fenomenales. Todas se encargaban alabar la escritura inteligente de Claire Legrand. La premisa del libro era muy interesante, la tapa de libro, deliciosa. Realmente había pocas chances de que no me dieran ganas de leer este libro. Y, la verdad, The Cavendish (voy a decirle así para ahorrar letras), es todo eso que dicen y más, porque da miedo. 

No voy a detenerme a reseñar la trama, porque mucho del efecto de este libro reside en la historia y en la posibilidad de desentrañar con Victoria el misterio del Hogar Cavendish. Y, si bien en cierto punto la historia es previsible porque recurre a tópicos usuales, jamás resulta aburrido. Por el contrario, Claire Legrand toma las imágenes comunes de las historias de terror (un orfanato, un pueblo que parece lleno de fantasmas, niñas en camisones, bichos, miles y cientos de insectos) y las tuerce hasta que se deforman por completo y parecen vistas a través de un espejo.

Claire Legrand escribe con inteligencia porque asume que sus lectores son inteligentes. Hay guiños a lo largo de la historia y reflexiones que revelan lo justo y necesario. Su prosa recuerda a Roald Dahl y a Lemony Snicket, pero con muchos rincones llenos de pesadillas y oscuridades envolventes. La historia está plagada de descripciones sin límites ni formas, que crean un ambiente onírico y perturbador.

Victoria es una protagonista digna de esta historia y digna de cobrar vida propia y robar todas las historias que desee. Ella es una nena de doce años, perfecta hasta la punta de los rulos rubios, que se lleva el mundo por delante y lo exprime hasta que responde lo que ella quiere. Su resolución y su confianza ciega en que no hay nada que los buenos modales y un correcto comportamiento no puedan lograr son decididamente encantadores. El miedo no es parte de su vocabulario, porque, ¿qué puede temer una niña que hace todo bien y a quien todos respetan?

La desaparición de Lawrence le abre los ojos a Victoria a un mundo que siempre había estado presente pero que ella nunca había podido ver. El choque de realidades abre una grieta profunda en Victoria que le lleva gran parte de la historia poder conciliar. Porque, ¿cómo se entiende un mundo de magia oscura y pesadillas con una lógica tan adulta y pragmática? El personaje de Victoria, al final de la infancia y al borde de la adolescencia, y su desarrollo y crecimiento es sin duda uno de los grandes logros de este libro (¡y su relación con Lawrence!).

The Cavendish es una pesadilla fina, sutil, pero pesadilla al fin. Las imágenes perturbadoras y las manipulaciones psicológicas abundan en cada capítulo y hacen que los pelos se pongan de punta. No obstante, el miedo nunca sobreabunda ni está porque sí: la historia es el eje que mueve, y los personajes están tan bien anclados que la lectura nunca pierde de vista su objetivo. Es un libro ideal para niños inteligentes y con buen sentido del humor, y para los no tan niños que ansían una buena historia de miedo que, hacia el final, sonríe y tranquiliza (pero sólo un poco).

25 sept 2013

17 & Gone

17 & Gone, Nova Ren Suma, 2013. Dutton Juvenile.

Lauren tiene diecisiete y empezó a tener visiones de chicas que desaparecieron. Todas ellas sólo tienen una cosa en común: tienen diecisiete y desaparecieron sin dejar rastros. Mientras Lauren trata de lidiar con estas pesadillas vivas, preguntas imposibles empiezan a demandar respuestas: ¿Por qué las chicas le hablan a Lauren? ¿Cómo puede ayudarlas? ¿Es ella la próxima? Mientras Lauren busca respuestas, todo comienza a revelarse y, cuando un roce con la muerte la lleva hasta el hospital, una verdad inesperada cambia todo.

Después de leer Imaginary Girls, otro libro de esta misma autora, y de quedar anonadada por las maravillosas y perturbadoras escenas que podía tejer sin ninguna dificultad, me lancé sobre su nuevo libro sin pensarlo dos veces. Pero el resultado no fue lo que esperaba.

La historia comienza y se desarrollo en torno a lo que promete el título y la sinopsis: Lauren, una adolescente común, se ve atraída como un imán a un caso de desaparición de una chica de diecisiete años. Nada parece motivarlo ni nada lo justifica. Ese es sólo el comienzo. Lauren pronto se ve plagada de apariciones y de entre las cenizas surgen más y más chicas que le hablan, le cuentan su historia, le narran sus vidas hasta el momento de su desaparición. Ninguna pide ayuda, ninguna pide favores. Y eso desconcierta.

La trama gira largo rato en torno a estas chicas, a sus casos, a cómo Lauren pierde cada vez más el contacto con la realidad y se encierra en una casa imaginaria con estas chicas. Pero, quizás, son demasiados los giros que se hacen sobre el mismo lugar. La novela supera la mitad y sigue en ahí, estancada. Más de una vez me pregunté qué pasaría, cómo iba a hacer la historia para seguir, porque todo se había vuelto repetitivo.

Lauren no es tampoco una protagonista sólida. Existe, sí, y la novela gira en torno a ella. Pero los espectros que ve son tan poderosos que más de una vez la eclipsan y la hacen funcionar para ellos. La historia no termina de centrarse sobre nadie y quiere abarcar a todos, todas las historias, todas las emociones, todas las posibilidades, todas las moralejas. Y pierde fuerza.

No obstante, sigue siendo un verdadero placer leer escenas donde lo horroroso se mezcla con lo ordinario. En eso Nova Ren Suma sigue siendo insuperable. Pequeñas descripciones de chicas rotas, con ojos perdidos; giros inesperados que hacen que lo siniestro estalle dentro de un ambiente cotidiano; momentos en los que parece que el mundo de los muertos se le cae encima a Lauren: Nova Ren Suma sabe cómo poner los pelos de punta, y lo hace con mucha prolijidad y sutileza.

Pero la historia sigue el mismo curso demasiado tiempo y estos oasis de lectura pierden fuerza. Y cuando ocurre el punto de quiebre, la explicación que da la historia es tan previsible y poco efectiva (especialmente considerando que todo en la novela busca el impacto, el choque de emociones, el miedo crudo), que todo se desarma con una rapidez que desilusiona. Quizás es sólo una impresión mía, pero hubiera preferido otra resolución.

16 & Gone es una novela que apunta alto y se cubre con capas de elementos propios del thriller psicológico y cae con poco: busca combinar dos tramas demasiado densas y complejas y lo único que logra es un hermoso repertorio de escenas espeluznantes. 

25 sept 2012

Unspoken

Unspoken (The Lynburn Legacy, #1), Sarah Rees Brennan, 2012. Random House Books.

Kami tiene un amigo imaginario, un muchacho al cual nunca ha conocido y al que le ha hablado en su cabeza desde que nació. Nunca guardó el secreto de su amigo imaginario durante su infancia, así que Kami siempre fue un poquito diferente al resto de la gente que vive en el tranquilo y apacible pueblo inglés de Sorry-in-the-Vale. Así y todo Kami no ha sufrido demasiado. Tiene una mejor amiga, es la jefa del diario escolar y sólo ocasionalmente la ven hablando consigo misma. Su vida está en orden, de la forma en que ella desea, a pesar de la voz en su cabeza.
Pero todo cambia cuando los Lynburn regresan.
La familia Lynburn ha sido dueña de la espectacular y siniestra mansión que se alza sobre su pueblo durante décadas. Las misteriosas hermanas gemelas que abandonaron su hogar ancestral una generación atrás regresaron, junto con sus hijos adolescentes, Jared y Ash, uno de los cuales le resulta sospechosamente familiar a Kami. Ella no rehúye lo desconocido - de hecho, está determinada a encontrar las respuestas para todas las preguntas que aparecen de pronto en su pueblo. ¿Quién es responsable de los hechos sangrientos en el bosque? ¿Qué oculta su madre? Y más importante aún, ¿qué ocurrirá ahora que su amigo imaginario se ha vuelto un muchacho real? ¿Puede confiar en él?

La premisa de la novela no me había parecido particularmente atrayente. ¿Amigos imaginarios? ¿Voces en la cabeza? Sonaba demasiado paranormal. Sin embargo, cuando comencé a leer, me encontré con una historia que encerraba muchísimo más.

La historia comienza con Kami impulsando un nuevo diario escolar y buscando que su nota central sea el regreso de los Lynburns. Así es como se involucra cada vez más con esta familia y comienza a hacer preguntas incómodas en el pueblo que abren un capítulo en la historia de la población y de la propia familia de Kami que todos tratan de ocultar. Esto, sumado al natural espíritu curioso de Kami y a la aparición de su amigo imaginario, la llevarán a revelar una serie de sucesos y realidades de las que nadie habla pero, parece, que todos saben.

Kami es un personaje sumamente atractivo que atrapa desde la primera línea de diálogo. Narrada en tercera persona, la historia se desenvuelve a su alrededor y desde su punto de vista con adiciones subjetivas exquisitas sobre los sucesos que ocurren. Es una muchacha desenvuelta, descarada y terriblemente graciosa, que no cae en ningún estereotipo femenino (no, no es el típico personaje rebelde, ni la romántica empedernida, ni la dama en apuros). Kami combina todas estas características y las explota de forma rica, convirtiéndose en un personaje muy real y tridimensional. Sarah Rees Brennan obra maravillas con sus personajes porque tanto las amigas de Kami y su familia (especial mención para el padre de Kami y el hermano de Ángela, Rusty, personajes muy secundarios que se roban la escena cada vez que aparecen en la narración) como los Lynburns son personajes muy complejos, multifacéticos y completamente reales.
Hacía tiempo que no me cruzaba con personajes tan entrañables y alejados de los clichés de los estereotipos como éstos.

Mucho de esta interesante construcción se debe, sin duda alguna, a la magnífica capacidad de la autora para escribir diálogos espectaculares. Pocas veces me encontré ansiando y disfrutando tanto los intercambios entre personajes. Son ricos, muy naturales y sumamente graciosos, y esbozan el carácter de los personajes a la perfección. En la sección de citas del libro en Goodreads hay ejemplos fantásticos de esto (x).

Es así como, entonces, la premisa del amigo invisible se vuelve muy natural. Los diálogos inteligentes y rápidos se aplican también al intercambio mental entre Jared y Kami, sin volverlo forzado o incómodo. La historia se construye mucho desde esta perspectiva, y la autora trabaja de forma muy fina al detallar los sentimientos y la forma en que el vínculo funciona con ellos. 

El misterio y el peligro plagan esta novela a medida que los sucesos van revelando verdades perturbadoras. La historia no descansa e introduce escenas de aventura que tensionan el relato y exigen seguir leyendo. El componente paranormal o fantástico se introduce de a poco y de una forma tan sutil y obvia que no rompe en absoluto con la coherencia del relato o, más importante aún, con el carácter real y cotidiano de los personajes. A esto se le suma un componente gótico muy fuerte, presente en la mansión y en los bosques que rodean el pueblo, que le confiere un aura de extrañamiento perfecta a la historia. Se combinan así dos elementos que juegan una polaridad muy importante e interesante en el relato y los personajes: lo conocido y lo extraño (elementos que, en mi opinión, generan el título de la novela).

Unspoken es una novela de esas que necesitan ser releídas. Los diálogos memorables, los personajes cercanos y amigables (cada uno con su propia historia y sus propias luchas), la historia estructurada de forma tal que los eventos se encadenan de forma perfecta, todo pide ser releído y vuelto a disfrutar. Es una historia muy particular que encierra una lectura adictiva y completamente entretenida. Esperar la segunda parte va a resultar una tarea difícil.


Si alguien está interesado en leer la novela, la autora escribió y publicó en formato digital dos historias cortas que funcionan como precuelas de Unspoken y que amplían y completan información (son ideales para quienes nos quedamos con ganas de leer más y sabemos que no vamos a soportar hasta la publicación del próximo libro):
The Spring Before I Met You (#0,25), una historia sobre Jared.
The Summer Before I Met You (#0,50), una historia sobre Kami.



Además, ¿no es precioso el diseño de las tres cubiertas?


31 ago 2012

Paper Towns

Paper Towns, John Green, 2008. Dutton Juvenile.

Todos aman a John Green, ¿verdad? Al menos eso es lo que se lee en prácticamente todas las redes sociales. Su última novela, The Fault in our Stars (traducida en español como Bajo la misma estrella), fue un éxito instantáneo. Decidí, entonces, comenzar por los primeros libros de Green antes de llegar a ésta última novela.

Paper Towns (aún no traducido, aunque el título en español podría ser Ciudades de Papel o Pueblos de Papel), narra el último año de secundaria de Quentin Jacobsen, un muchacho no muy popular y sencillo. Quentin (o Q, como le dicen sus amigos) ha vivido toda su vida enamorado de su vecina, Margo Roth Spiegelman, una joven muy aventurera y temeraria, y, cuando una noche ella aparece en su ventana y le propone la mejor aventura de su vida, él la sigue.
Después de mucha diversión y un encuentro que Quentin deseaba hacía tiempo, la mañana siguiente regresa al colegio para descubrir que Margo ha desaparecido. Ella, que siempre fue un desafío, un rompecabezas a resolver, ahora se ha vuelto un misterio. Pero Q descubre que Margo ha dejado pistas y que se las ha dejado a él. Así comienza entonces una aventura que Q jamás hubiera imaginado y que da vuelta todo lo que él creía saber de Margo y de sí mismo.

Así, con una premisa tan sencilla y compleja como ésta, comienza el libro. La historia no parecería esconder demasiado y, sin embargo, se despliega de forma inesperada por caminos imprevistos. A partir de una desaparición y una búsqueda, Green plantea toda una serie de preguntas sobre cómo vemos a otras personas, cómo podemos hacer para entenderlas y si realmente es posible ponerse en el lugar de otro. Quentin va descubriendo cuál es su imagen de Margo, quién es ella para él y comienza a preguntarse si, en realidad, no está enamorado de una idea.

La novela plantea un camino de autoconocimiento a través de la percepción que se tiene de los otros. Y Green conjuga todo esto de forma monumental con el período de finalización de la secundaria. Fiestas, bailes, la noche de promoción y el día de la graduación se insertan dentro de este proceso de forma magistral, señalando que un adolescente puede cuestionar su vida y su futuro y seguir compartiendo experiencias con sus amigos.

Otra joya de este libro son los personajes. Quentin es un protagonista con el cual es muy fácil identificarse y simpatizar. Un muchacho sencillo, con padres amorosos -y también muy graciosos- y una vida bastante encaminada, que de pronto se ve arrojado a un torbellino de dudas y preguntas y que, desde allí, comienza a reafirmar sus opciones de vida. A Q lo acompañan constantemente sus dos mejores amigos: Radar y Ben, otros dos personajes entrañables y completamente reales. Ellos aportan una cuota de humor muy significativa que reconecta todo lo que van viviendo con la realidad del mundo adolescente. La historia y el mismo Q no serían los mismos sin estos dos personajes. 
Quizás es Margo el único personaje que no terminó de conquistarme por completo, pero eso puede deberse al poco tiempo que está presente en la historia. Realmente ella es una idea que vive a través de los recuerdos de otros.

Finalmente, otro gran logro de esta novela es su capacidad para crear clima. John Green sabe manejar los humores de los personajes y juega con maestría con las descripciones de los lugares. Hay, en particular, un momento en la novela en donde el cambio de clima se produce en un giro tan dramático que, realmente, me puso la piel de gallina (escena que no quiero arruinar para quienes no hayan leído el libro y que, entonces, no voy a mencionar).

El libro me atrapó por completo y hubo capítulos en donde no pude dejar de leer hasta terminarlos.  El libro propone reflexiones y lecciones de vidas sin caer en clichés o momentos absurdos. Historias sencillas que encierran desarrollos mucho más complejos, pero siempre ligados de forma real a la vida cotidiana, y personajes tridimensionales y complejos otorgan a este libro todos los ingredientes para una novela muy entretenida. Si todos los demás libros de John Green siguen esta línea, sé que no me voy a decepcionar.


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