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16 jun 2021

Siempre nos estamos yendo

La nueva novela de Verónica Sukaczer se llama Siempre nos estamos yendo (publicada por Nube de Tinta, de Penguin Random House) y es una historia que también corrió y le escapó con vida a la pandemia hasta poder transformarse en el libro que es hoy.


Tuve el inmenso privilegio de leerla cuando todavía era sólo un archivo digital y, regresar a ella ahora, en papel, con sus páginas marcadas por el paso de Zinnia y Jaz, me hizo burbujas en la memoria y me trajo las mismas sensaciones de hace años, cuando por primera vez conocí a estos personajes. Su historia permanece viva, vibrante.

6 feb 2020

Creatividad: leer mientras se escribe

El año arrancó entre libros, por supuesto. Novelas, cuentos, ficción y poesía. Pero también arrancó entre cuadernos, lapiceras y teclas de computadora: escribiendo. Es tiempo de escritura de una investigación para un posgrado pero, también, de escritura de ficción.

Eso nunca es sencillo. C.G. Drews, autor de dos novelas juveniles, disfruta tuitear sobre el arte de la escritura y, hace poco, escribió:
Que traducido sería: "mirá, la razón por la que ves a los escritores quejarse sobre su escritura en vez de decir que todo va bien es porque las palabras son criaturas volubles y el momento en el que decimos que se están comportando, ellas van a dejar de hacerlo por despecho y van a morderte".

Escribir no es sencillo, no es estar sentado hasta que la musa te rapta y te revela las 365 páginas de una nueva novela. Es trabajo arduo, de cincel y paciencia. Y como no es sencillo, algo que a mí me ayuda un montón es leer cómo hacen otros para trabajar la escritura. 

12 dic 2019

Un latido a la vez

Con este título maravilloso, Un latido a la vez, Sharon Creech presenta la historia de Annie, una niña de doce años atravesada por las circunstancias de su vida: un abuelo que se va quedando sin memoria, una madre embarazada, una familia que crece, la vida escolar y sus trabajos, un amigo que corre.

¿Qué es lo mejor? La novela está escrita en verso. Toda, entera, de principio a fin.

Así, cada capítulo es un poema en sí mismo, de verso libre (pero de esa "libertad condicional" que mencionaba María Teresa Andruetto), que tiene toda una lógica interna y que construye una estructura y un ritmo para toda la novela.

9 nov 2019

Una república sorda y llena de poesía

Estos son tiempos apurados y agotadores que demandan poesía. Porque cuando todo empieza a correr y el cuerpo se pone ansioso la palabra poética se vuelve un ancla. Al menos eso me sucede a mí. En la poesía encuentro esa chispa del disfrute, de lo despreocupado y de lo profundamente relevante que no siempre hallo con tanta rapidez en otras lecturas.

También vengo sumergida en el mundo poético con las investigaciones que me tocaron hacer este año y quizás sólo por eso vengo leyendo tanto, todo puede ser.

El asunto es que comencé a participar del grupo poético de Whatsapp que organizó Cata Reggiani (un grupo en el que sólo se pueden mandar poemas. Cero comentarios, cero emojis o stickers, sólo poemas) y todos los días me despertaba con varios mensajes llenos de poemas, conocidos y muy desconocidos.

¿Por qué no buscar más poesía? ¿Por qué no leer más? La poesía es así, una madriguera sin fondo, un agujero negro que invita a más, que sólo hace crecer en uno las ganas de leer más y conocer nuevos poetas.

El desafío personal que se me ocurrió es este: tratar de leer un libro de poesía por mes. No más reglas que esa, pura variedad, autores consagrados, poetas incipientes, todo vale. El único anhelo es no perder el hilo de la poesía.

Este mes arranqué con un libro nuevo, publicado este año por Graywolf Press que, por supuesto, todavía no tiene traducción (¿alguna vez la tendrá?). Se llama Deaf Republic: Poems y es de Ilya Kaminsky, un muchacho nacido en Odessa que ahora vive en Estados Unidos. Tal vez relevante a la luz de este poemario: Ilya perdió la audición a los cuatro años.

Deaf Republic (República sorda, podríamos llamarlo) es un libro que narra la historia de un país ocupado por soldados en una época de inquietud política. Comienza con un dramatis personae que nos da a conocer a los personajes del relato y luego se abre, como una obra de teatro, en un drama de dos actos, llenos de pura poesía.
Así conocemos a Petya, un niño, que participaba de una protesta en aquel país y que, como era sordo, no escuchó a los soldados que venían a desarmarla. Lo matan y es ese disparo fatal lo último que escuchan los demás pueblerinos. Todos se han quedado sordos. Así comienza el aprendizaje y la coordinación de la protesta social a través de la lengua de señas.

Poesía y lengua de señas, esas son las huellas de este libro. Así, la historia focaliza en la vida de Alfonso y Sonya, un matrimonio joven que esperan a su primera hija, y que se verán en el ojo de la tormenta de la violencia y la represión; en la vida de Momma Galya, una mujer de armas tomar, que instiga a los insurgentes desde su teatro de marionetas, y sus chicas, que se arriesgan por la gente del pueblo.

Los poemas que construyen la historia son honestos en su falta de pretensión y abrazan con tal fuerza las experiencias y las sensaciones que buscan transmitir que, muchas veces, dejan sin aliento.
Observe this moment
—how it convulses—
The body of the boy lies on the asphalt like a paperclip.
The body of the boy lies on the asphalt
like the body of a boy.
I touch the walls, feel the pulse of the house, and I
stare up wordless and do not know why I am alive.
We tiptoe this city,
Sonya and I,
between theaters and gardens and wrought-iron gates—
Be courageous, we say, but no one
is courageous, as a sound we do not hear
lifts the birds off the water.
La crueldad de una guerra que se desata en el propio hogar, de los secuestros y la violencia sin sentido, de la tortura y la muerte, atraviesa toda la historia y, sin embargo, es interrumpida constantemente por las experiencias individuales de amor (la historia de Sonya y Alfonso es conmovedora) y de valentía comunitaria.
At the trial of God, we will ask: why did you allow all this?
And the answer will be an echo: why did you allow all this?
Es una historia actual y relevante narrada de un modo sumamente original. Los poemas son claros, dolorosos y bellos en su juego con las palabras y sonidos. La estructura en dos actos y la división en los poemas (las pequeñas escenas, que siempre son muy vibrantes) transforma la lectura en una experiencia que sumerge por completo al lector. Las marcas de las palabras en lengua de señas son pequeños golpes que le dan ritmo a la lectura. A mí me dieron ganas de que no terminara nunca.

Con esta pequeña joya arranco la búsqueda mensual de un libro de poesía. Ojalá que haya más así.

11 ago 2019

Palabras e ilustraciones: Hermosa soledad

En estos tiempos de lectura en los que las manos se me van a los libros de poesía, llegué hasta Hermosa soledad, un libro ilustrado (¿libro álbum?, ¿libro de imágenes?) de Jimmy Liao, editado por Bárbara Fiore y Calibroscopio. La primera imagen de la portada es sumamente evocativa y pincha la curiosidad: ¿qué puede ofrecer un libro que se llama así y se presenta con la ilustración de dos nadadores en posiciones inverosímiles y, al mismo tiempo, juntos y separados?

Lo primero para saber y enterarse es que este es un libro autobiográfico. Jimmy Liao, un ilustrador que trabajaba en publicidad, se enteró de que estaba enfermo. Leucemia. Estuvo entonces un año internado, tratamientos y medicinas a su alrededor y, sobre todo, la soledad. Así nació este libro, primero en imágenes, luego con palabras, que más tarde se volvió el diario de esos días.
22 de abril     Despejado
El pájaro que yace prisionero en una jaula
jura y perjura que es un ser humano,
amante de la libertad.

Así, leer Hermosa soledad es un poco como dejarse tomar de la mano por Liao y caminar con él por esos días de clima oscuro y melancólico. Es atravesar el bosque de sus pensamientos y sensaciones durante ese año, encontrarse con palabras afiladas, con ilustraciones que parten el corazón, y también con una profundad sed y búsqueda por ir más allá, por encontrarse con uno mismo.
29 de abril    Lluvioso
Su cuerpo está prácticamente desahuciado,
pero de su cabeza brota una mata de hermosas flores.
El viento al pasar mece las flores,
y pasan revoloteando mariposas y también pajaritos.
Ahora, por fin, empieza a valorar la belleza de las rosas
y a creer en los cuentos de hadas y sus príncipes sapos.
Es un libro evocador, con poemas que llevan más allá de sus palabras y con imágenes que conmueven, que incomodad, que enternecen. Hacía tiempo que no tenía una experiencia tan completa de lectura, de palabras e ilustraciones que armaban una red y me hablaban; de poder entender una situación ajena y, sin embargo, universalmente dolorosa.

Hermosa soledad es un libro para tener cerca, en la mesa de luz, en la biblioteca, y no perderlo de vista, porque el recuento de esos días puede decir mucho sobre los propios.
26 de agosto    Despejado
Una hoja está a punto de marchitarse y caer,
y yo soy la única persona del mundo que lo ve.
Aún soy pequeño y no entiendo muchas cosas,
pero le prometo que vivirá siempre en mi corazón.

3 jun 2019

Maternidad, paternidad y caos

Ser padres y madres, para quienes aún no lo somos, se presenta siempre como una idea intimidante y lejana a nuestras posibilidades. Es que tener un hijo pareciera suponer una serie de conocimientos que parecen secretos e inalcanzables: hay que saber cuidar a otra persona, alimentarla, saciar sus necesidades afectivas y emocionales, entretenerlo (pero del modo correcto), cuidar su salud (comida sana, ¿ejercicio?, desarrollo emocional, y más y más).

Todo suena imposible. Y lo peor es que a veces las únicas imágenes de maternidad y paternidad que llegan hasta nosotros (además de las de los propios padres, claro, pero que siempre se ven desde lejos) salían, al menos hasta hace unos años, de películas excesivamente optimistas.

Es decir, la maternidad y la paternidad parecen desafíos titánicos que demandan una perfección de la que nadie es capaz.

Por eso, dos lecturas pueden ayudar a aflojar, a encontrarnos con las verdaderas maternidades y paternidades, las de carne y hueso, humanas y limitadas.

30 may 2019

Violencia y abuso en dos novelas de Siemens y Cinetto

Hay temas que son complejos de abordar y que, por lo tanto, muchas veces quedan desplazados de la LIJ. La violencia contra niños y jóvenes, física y psicológica, y el abuso de todo tipo (más aún el sexual) son temas que durante mucho tiempo fueron considerados tabú en la LIJ. Hallar libros que presentaran de algún modo estos temas era una tarea casi imposible.
Al respecto, Graciela Bialet [1] dice:

10 may 2019

Retratos adolescentes: Radiografía del instante

La adolescencia es puro presente y preocupación, también puro disfrute. Los relatos que trae Radiografía del instante, de Melina Pogorelsky (publicado por SM, en la colección Gran Angular), ponen la mirada en esa etapa de la vida y en lo vertiginosa que puede volverse de un momento a otro.

Son diez relatos, diez fotografías de diferentes instantes, más o menos largos pero igual de impactantes que, además, ofrecen una mirada a diversas realidades de vida y situaciones: escenas en el colegio, encuentros furtivos, amores y desamores, angustia, tristeza; los caminos de los protagonistas de estas historias se abren para todas partes y, así y todo, resuenan con familiaridad porque toda adolescencia tiene un poco de todo eso.

Estos relatos dejan preguntas abiertas y las mías se las acerqué a Melina, para seguir conversando y pensando.

25 abr 2019

De premios y menciones: El Barco de Vapor

El tiempo de la Feria Internacional del Libro, que arranca hoy, es tiempo de encuentros entre autores, editores, ilustradores, lectores, fanáticos grandes y chicos, y es también tiempo de grandes anuncios, presentaciones de libros y premiaciones. 

Ayer se entregó, por ejemplo, en el marco de las Jornadas Profesionales de la Feria, el premio El Barco de Vapor y su mención especial, de la editorial SM. 

¿Qué autores ganaron, qué historias traen, qué queremos leer en estos días?

Premio El Barco de Vapor 2019 (editorial SM): Bombay, de Sandra Siemens, ilustrado por Isol.

21 mar 2019

Poesía y juego: 44 poemas para leer con niños

Hoy es el día mundial de la poesía y nada mejor que mirar, leer y conversar justo hoy sobre 44 poemas para leer con niños, una selección hecha por Mar Benegas y publicada por Litera.

Este es uno de esos libros que da ganas tenerlo en la biblioteca. La edición es preciosa, tapa dura y con diferentes colores de letras y páginas, pero siempre en la línea de un estilo sobrio y cuidado. Y la selección es bellísima.

En primer lugar, el libro tiene un decálogo: "Cómo no leer un poema", escrito por Mar Benegas. Es claro, divertido y muy pero muy certero:

1
Al poema no le gusta que lo interroguemos antes de leerlo. ¡Es tan agradable dejarse llevar por él! Un poema leído con prejuicios es un poema echado a perder. 
2
Al poema no le gusta el "no lo entiendo", ¿acaso intentamos entender la inmensidad del mar o los colores de un cielo encendido al atardecer?

Los diez puntos detallan pistas sobre cómo no leer poesía y ayudan a situarse como lector en un lugar lúdico, de disfrute y apertura. Imagino que trabajar esto con niños y adolescentes debe ser sumamente interesante (y me lo guardo para hacerlo en algún momento de este año con mis alumnos).

13 feb 2019

Te veo en la Luna

“Si ves la Luna, es que todo está bien”
La Luna, las estrellas, los primeros viajes del hombre al espacio, Estados Unidos y la Unión Soviética, y también Argentina, la dictadura, su turbulencia social y política. Y en el medio de todo eso, dos hermanos, que se quieren y se pelean, como buenos hermanos, y que se pierden.

Te veo en la Luna, escrita por Verónica Sukaczer e ilustrada por Poly Bernatene, es una novela que cuenta una historia pequeña en medio de un escenario enorme, de una época del mundo y de Argentina en la que sucedía de todo. Y así, con todo, el foco está puesto en Martín, un niño que, mientras busca a su hermano, nos ofrece su mirada sobre todos esos sucesos históricos que atraviesan su tiempo.

Repleta de referencias a la vida en el campo y de finales de los ’60 (maravillosas, más aún, para todo aquel que haya vivido en ese entonces), la narración de Martín es vivaracha, fresca e irreverente. Sus ideas van, vienen, se entrelazan y van construyendo los sucesos a partir de toda la información que recibe de su entorno: las noticias en la radio sobre los sucesos en Argentina y también en Estados Unidos, las opiniones e ideas de la gente sobre lo que ocurría y, sobre todo, las ideas de su hermano Juan y toda la información que él le cuenta sobre la Luna y la carrera espacial. Así, de un modo muy fluido, la novela ofrece un montón de datos muy interesantes sobre lo ocurrido entre Estados Unidos y la URSS, sobre los animales que enviaron al espacio, sobre las primeras pruebas y los primeros hombres en acercarse a la Luna.

“Nunca hay que olvidarse de los segundos ni de los terceros ni de los que vienen después”, eso le dice Juan a Martín, refiriéndose a los astronautas que acompañan “al primero”: al primero que sale al espacio, al primero que pisa la Luna. Y es también una frase que marca la novela. Es un tiempo histórico enorme, clave para la humanidad, y es un tiempo también para no olvidarse de los segundos ni de los terceros, de las pequeñas historias que construyen ese momento, de los eventos que permiten que la historia avance como lo hizo (y lo sigue haciendo), de las historias mínimas, como la de Juan y Martín, que son parte de todo lo que sucedió y que, de algún modo, y dentro de sus propias búsquedas, llegan también a la Luna. Tal vez no como Armstrong, Aldrin o Collins pero sí de la forma en que ellos necesitan.

Te veo en la Luna es una novela para este año, que se cumplen 50 años del primer alunizaje del hombre. Es también una novela para otros años. Porque es una historia dentro de la Historia y permite contar lo grande desde lo particular, poniendo el foco en un niño, en su mundo y en el vínculo con su hermano. La llegada del hombre a la Luna emociona, pero lo que conmueve en esta historia es la relación entre Martín y Juan, Juan y Martín. Lo que parece pequeño en medio de tanto que sucede termina siendo, claro, lo más importante.

3 feb 2019

Cuerda floja

Lygia Bojunga es una escritora de literatura infantil y juvenil brasileña muy conocida (en 1982 recibió el premio Hans Christian Andersen —¡la primera latinoamericana en recibirlo!— y en 2004 recibió el premio Memorial Astrid Lindgren) especialmente porque en sus historias siempre se anima a tocar temas "peliagudos" con claridad, sencillez, y como parte de la historia que está contando.

Resultado de imagen para lygia bojunga cuerda flojaLygia es una autora sumamente interesante que conocí hace poco (principalmente porque sus libros no se consiguen con tanta sencillez) y a la que empecé a seguirle la pista. Uno de sus libros llegó hasta mis manos gracias a un regalo y, luego de leerlo, se me quedó atravesado adentro. Déjenme contarles sobre esta novela, sobre lo que me pasó leyéndola y sobre cómo el verano que aún permanece puede ser un gran momento para leerla.

Cuerda floja es una novela de 1981 que cuenta la historia de María, una niña que de pronto se ve apartada de Barbuda y Foguiño, dos personas con quienes ha vivido durante mucho tiempo y que la han acompañado en la pasión de su vida: el equilibrio en la cuerda floja.

La novela inicia con esa separación y con un enorme choque: María está regresando después de muchos años a la casa de su abuela, una señora de clase alta, de dinero y caprichos, que ya ha tenido unos cuantos esposos. La transición es brutal, porque del circo y su libertad María debe comenzar a vivir en una casa de muñecas.

Este shock y el proceso de adaptación (y todo lo que nunca logra adaptarse) se ven acompañados por una serie de recuerdos que María empieza a tener sobre su pasado (que es un misterio) y sobre sus padres, de los que el lector no conoce ni sabe nada.

Toda esta historia, que mezcla la introspección de los momentos de recuerdo con la acción del avance de la trama, está maravillosamente narrada. No sé si puedo describir el estilo de Lygia pero parece sumamente despreocupado (a veces empieza con escenas anecdóticas, que parecen ofrecer sólo datos de color; otras veces está lleno de diálogos entrecruzados, que se confunden, que se repiten) hasta que de pronto revela que a través del humor, de los episodios disparatados y hasta mágicos que se presentan y de las situaciones cotidianas está narrando una historia desgarradora. 

Como si la liviandad, el humor y la imaginación desbocada fuesen los únicos modos de narrar lo que es imposible de decir de otro modo.

Cuerda floja se desenvuelve como un recorrido en el que el lector no sabe qué le depara pero entiende que hay una lógica narrativa que no puede entender, que hay muchas cosas de la historia que tampoco puede entender cuando quiere. ¿El secreto, entonces? Dejarse llevar. Y así, a la deriva del mar de esta historia, el lector se encuentra con un relato profundamente conmovedor, que toca fibras interiores difíciles de nombrar pero que están ahí, siempre a la espera de un relato como este, que las vuelva a mover.

A mí la novela me dejo con una sonrisa medio llorosa. Y con un gusto delicioso, porque la lectura fue puro disfrute.

Así que Cuerda floja es una novela para no perderse, para buscarla hasta encontrarla porque lo vale. Y Lygia Bojunga es una escritora para conocer, para leer, ¡para editar en Argentina también! Seguiré en la búsqueda de su obra, pequeños tesoros que ojalá aparezcan por acá.

10 ene 2019

Nöstlinger y los diarios de Susi y Paul

Siempre decimos que los mejores libros para niños no se venden.
Que autores como Nöstlinger, Sendak, Fine, Horvath, Creech salen de catálogo porque no entran en la escuela y casi no tienen circulación.
Mientras libros que consideremos horrendos se venden como pan caliente.
¿Qué es lo que vamos a hacer?

Así inicia el post del blog de Carola Martínez que lanzó la propuesta de leer a estos autores. Inspirada por los movimientos y retos de lectura de la Divina comedia del año pasado y de las obras de Homero y Joyce de este año, la idea en este caso es leer durante un mes entero (hasta el 4 de febrero) a Christine Nöstlinger, cualquiera de sus libros, todos sus libros, y compartir en las redes fotos, frases, reflexiones, lo que la lectura suscite (con su hashtag y todo, #LeeraNöstlinger). Para que se conozca y no se pierda. Para evitar que su creciente ausencia en los catálogos la haga desaparecer.
De la web oficial.

¿Quién es Christine Nöstlinger?

Fue una escritora austríaca, de las más reconocidas en el campo de la literatura infantil y juvenil. Nació en 1936 y murió hace poquito, el año pasado, y en el medio escribió unos cuantos libros. En 1984 ganó el Premio Hans Christian Andersen y en 2001, el Premio Memorial Astrid Lindgren.

¿Qué tiene la escritura de Christine? ¿Cómo son sus libros? ¿Y sus historias? Todas estas son preguntas para este mes. Para descubrir, conversar y disfrutar. Desde acá, me sumo a la propuesta. Y así comienzo:

Diario secreto de Susi, diario secreto de Paul es un libro muy peculiar porque cuenta una historia a través de dos puntos de vista, y para poder leer uno y otro, hay que dar vuelta el libro. Es decir, se puede comenzar por el diario de Susi o el de Paul, porque el libro tiene dos tapas. 

La historia, además, se va conformando a partir de las diversas entradas de ambos niños en sus diarios secretos, íntimos, en las que registran el modo en que los sucesos resuenan en ellos, en cómo se sienten, en lo que piensan.

Este es un libro que no pide permiso para nada y muestra las lecturas infantiles de diversas situaciones de la vida con mucha frescura. Familias complicadas, amistades y enojos, el incipiente aroma del amor y malos entendidos son parte de las experiencias que estos niños atraviesan y se configuran de modos diferentes a través de la escritura de cada uno de ellos.

"Jamás me hubiera imaginado que yo iba a escribir un diario. Pero ¿qué voy a hacer en una tonta casa donde todo está prohibido?", escribe Paul al comienzo, mientras Susi reflexiona en otro momento lo siguiente: "Mamá me dijo: 'Porque los niños tienen muy poco tacto y pueden comportarse de manera muy cruel'. ¡Por favor! Los niños nunca se comportan con tan poco tacto y tanta crueldad como muchos adultos. Porque no son tan autoritarios".

Así, con claridad infantil e irreverencia, inicia la lectura de Nöstlinger.


15 oct 2018

Las Indias

Las Indias, escrito por Juan Lima e ilustrado por Christian Montenegro (Comunicarte, 2018), es una versión poética y gráfica del Diario de a bordo, de Cristobal Colón.

El libro combina cada poema con una página cubierta por ilustraciones en negro, rojo y blanco, hechas en trazos gruesos, de lápiz o crayón o cera, que dan la sensación de que se van a borronear si uno le pasa la mano por encima. Hay algo tosco en esos dibujos que permiten creer por un momento que fueron dibujados por el propio Colón. Estas ilustraciones acompañan armónicamente lo narrado y descrito por cada poema.

Los poemas retoman el corazón del Diario de a bordo de Colón (escrito por Bartolomé de las Casas, en realidad, quien se encargó de resumir el cuaderno de bitácora del explorador), el encuentro entre las dos culturas, los dos mundos, desde la perspectiva del español. Y lo hacen sin perder tampoco el estilo literario de De Las Casas.

En su versión del diario, De Las Casas utilizaba o mantenía una serie de tópicos que aparecían una y otra vez en el relato. Por ejemplo, el tópico de la abundancia: Colón había ido a América a buscar oro y no lo encontró, entonces puso toda su atención en la riqueza de la naturaleza americana. Árboles frondosos, frutos jugosos y coloridos, tierras fértiles y aguas dulces y vivificantes, América se describía como un paraíso en tierra. A falta de oro, que hubiese riquezas de otro tipo.

24 jun 2018

La oscuridad de los colores

Dentro de una materia del Máster en Libros y Literatura Infantil y Juvenil nos pidieron que realizáramos una valoración crítica sobre un texto para adolescentes.
Aprovechando la libertad del trabajo y la posibilidad de hacer foco en alguna obra argentina, vi mi oportunidad para hacer una crítica de La oscuridad de los colores, de Martín Blasco. Es una novela que me sigue sorprendiendo (y a mis alumnos también) y que hacía tiempo que tenía ganas de revisar, reseñar y pensar.

Así que, acá, una adaptación de mi trabajo para el Máster, que me permitió sacarme el gusto de mirar bien de cerca esta novela:

La oscuridad de los colores es una novela de Martín Blasco, autor argentino, que fue publicada en 2015 por la editorial Norma, en Buenos Aires, dentro de la colección Zona Libre, que está destinada a un público juvenil.

La portada de la primera edición ofrece una imagen en tonos oscuros que presenta el ojo de una cerradura, marcado por huellas de manos, en un rojo que parece sangre, con un reloj de bolsillo también manchado de sangre y una mariposa. Es una portada sugerente, que rápidamente permite establecer asociaciones con los géneros marcados por el terror y el suspenso. 

La novela se sitúa en 1910, en Buenos Aires, fecha del centenario de la patria, y narra la historia de Alejandro, un periodista, hijo de inmigrantes judíos, que recibe el encargo de investigar la misteriosa reaparición de una mujer que había sido raptada 25 años antes, cuando sólo era una bebé. Ella es una de cinco niños desaparecidos, todos hijos de inmigrantes, en la misma noche de 1885, de quienes nunca se volvió a saber nada hasta ahora, que ella y otro de los niños han reaparecido, sin recordar nada de lo sucedido. Ellos dos se comportan de modo extraño (ella no recuerda nada y el otro no sabe hablar, ni escribir, y ni siquiera presenta un comportamiento humano), y entonces Alejandro es convocado por el padre de la muchacha para investigar y averiguar lo ocurrido.

La novela está estructurada en dos partes, que se intercalan entre sí: una se corresponde a la trama en la que Alejandro es protagonista. Está narrada en tercera persona, desde un punto de vista focalizado en Alejandro, que sigue sus pasos y descubrimientos en el caso y que ofrece una mirada sobre sus pensamientos y reflexiones. La otra parte está conformada por fragmentos del diario íntimo de un tal J. F. Andrew, datados 25 años atrás, que, a medida que la historia de Alejandro se despliega, explican lo sucedido con los cinco niños raptados en 1885, los experimentos a los que fueron sometidos y el rol del propio Andrew y de sus ayudantes en todo esto. 

Esta estructura resulta una novedad y, también, un desafío de lectura para los jóvenes, porque retarda la revelación del misterio mientras hace partícipe al lector de la explicación a la que el protagonista todavía no tiene acceso. Además, despliega la historia en dos momentos históricos (por un lado, un período de 1885 a 1900 y, por el otro, el año 1910) y desde dos perspectivas muy diferentes: la del doctor Andrew, científico con ideas progresistas y cuestionables, que verá el crecimiento y la destrucción de sus experimentos, y la de Alejandro, un periodista joven, con consciencia de clase, muy emprendedor y también un poco ingenuo, que crecerá a lo largo de la historia. El trabajo desde ambas perspectivas permite que el lector comprenda los motivos de uno y otro personaje, sus intereses y decisiones, y que pueda recuperar un panorama más grande no sólo del misterio sino también del clima de época que hubo hacia finales del 1800 en Buenos Aires, Argentina.

Podría decirse que esta estructura remite a lo propuesto por Gemma Luch en “Un nuevo lector juvenil. De Perdidos a Harry Potter, pasando por los foros y el Youtube” en relación a la incidencia de las series de televisión, que proponen estructuras con tramas cruzadas, cambios temporales y protagonismo compartido por varios personajes. La oscuridad de los colores presenta, como algunas de estas series, “una complejidad discursiva que a menudo no encontramos en algunas de las lecturas que se ofrecen en el circuito escolar” (Lluch, 2008:15). La estructura de la novela trabaja el manejo del suspenso porque permite que el lector sea parte de la aparición de las pistas y del descubrimiento de la verdad, y lo involucra y compromete con la historia. Además, el cambio de narrador capítulo a capítulo ralentiza la resolución pero sin perder la construcción de la curiosidad en el lector, como sucede en el desarrollo de la temporada de una serie de televisión. 

La trama, entonces, se desarrolla a través de estas dos historias y poco a poco une los sucesos actuales con los del pasado, revelando quiénes son estos niños, por qué habían sido secuestrados y recibido nombres de colores, quién es J. F. Andrew, por qué Alejandro ha sido incluido en la resolución de este caso y cuál es su rol en él. Así, el final de la novela ofrece un giro inesperado y fuerte en la trama que surge como fruto del trabajo con la historia a través de estas dos perspectivas.

Los vínculos que establece Alejandro con los dos niños que han reaparecido y, más tarde, con un hipnotista a quien pide ayuda, lo van cuestionando y transformando. Su punto de vista y su visión del mundo comienzan a ponerse en duda en los intercambios con estos personajes y con el hallazgo de pistas hasta que, finalmente, su propia vida e historia son alteradas por completo con ese final impactante, que revela verdades sobre él ocultas por largo tiempo. Podría decirse que este crecimiento del protagonista acerca la historia a la tradición de las Bildungsroman y su estructura: la novela presenta, en medio de la trama de la resolución del caso, la historia de Alejandro y su padre, y las transformaciones que sufre ese vínculo a medida que la historia avanza, tanto que, hacia el final, el lector es testigo de una ruptura y un avance del protagonista hacia una forma más adulta y consciente de vida. En este sentido, el personaje de Alejandro, que en gran medida funciona más como una figura de detective que como un personaje tridimensional, no siempre suscita suficiente empatía como para volverse memorable. Sin embargo, esto se equilibra con los cambios que va sufriendo y el proceso de crecimiento que atraviesa, dado que permiten que el personaje sea más accesible y comprensible.

Que la historia esté ubicada en Buenos Aires, en 1910, es una novedad y ofrece todo un espectro de referencias de época (una mención al negocio Gath y Chaves, otra al estado de las calles de tierra, al rol de los diarios en ese entonces, a la hipnosis como “ciencia” novedosa, etc.) y un espacio original para el desarrollo de la trama. La presencia de los conventillos y las referencias a las olas de inmigrantes y a los problemas que tenían cuando llegaban a Buenos Aires son parte de la historia y permiten que este contexto histórico, poco común en la literatura juvenil argentina, se entrelace con el misterio a resolver.

Se puede decir que esta novela es parte de la literatura juvenil homologada, dado que pertenece a una colección pensada para adolescentes. Sin embargo, La oscuridad de los colores cumple con muy pocas de las características propias de esta categoría. Esta novela no presenta un protagonista de edad parecida a la de los lectores adolescentes ni tampoco temas próximos a sus problemáticas o un uso de un lenguaje semejante al que usan los jóvenes. Sin embargo, la historia sí cumple con los criterios de aceptación que propone Colomer: ha tenido muy buena aceptación en el público juvenil y adulto, de modo que la novela ha comenzado a encontrar lugar en los colegios y en las bibliotecas personales de los adolescentes, y fue escrita por un autor con trayectoria en el campo de la narrativa infantil y juvenil, quien ha recibido premios y ha publicado varios libros en editoriales prestigiosas. 

La oscuridad de los colores propone una trama que ofrece, con mucha sencillez, rasgos propios de los relatos policiales negros clásicos: un protagonista que ocupa el rol del detective y se involucra mental y físicamente en el caso, poniendo en riesgo su vida, una serie de víctimas (los cinco niños secuestrados y un par de víctimas de asesinatos imprevistos) y sospechosos moralmente ambiguos, que dificultan la separación entre buenos y malos, el uso de la ciudad como escenario del crimen y de circulación del protagonista, y una serie de revelaciones que denuncian fragilidades sociales e institucionales de aquella época. Además, por el misterio que elige el autor como centro de la trama (el secuestro de cinco bebés que serán sometidos a una serie de crueles experimentos), la atmósfera se vuelve inquietante y se construye la sensación de que la vida del protagonista corre peligro constantemente porque se ha involucrado en un misterio siniestro y peligroso.

Entonces, esta novela retoma la tradición de las series detectivescas clásicas sin demandar lectores que ya hayan leído libros de este subgénero o que conozcan sus rasgos, y ofrece una historia donde el suspenso está trabajado de forma tal que la necesidad de leer para saber qué pasa con los personajes es imperante. Así, la lectura de La oscuridad de los colores resulta entretenida y ávida: muchos de los jóvenes que han reseñado la novela mencionan la imposibilidad de “soltar el libro” y de haberse leído las 240 páginas que presenta la obra en pocos días o, incluso, horas.

Esto puede vincularse con lo propuesto por Jordi Rovira en “La enojosa lentitud de los libros” en relación al “ritmo trepidante” que buscan los jóvenes en sus vidas y en sus modos de entretenimiento, acostumbrados a estar hiperestimulados por los medios y las nuevas tecnologías. La oscuridad de los colores responde a la búsqueda de los jóvenes de estos tiempos: es una novela que construye un ritmo rápido, que convoca y atrapa, que no da respiro en el desarrollo de la trama y en las amenazas constantes que sufre su protagonista, y que presenta capítulos breves, de pocas páginas, que permiten que el lector no se distraiga o aburra ni pierda el interés. Y, al mismo tiempo, la historia no pierde complejidad en la trama y en los vínculos cambiantes entre los personajes, ni se vuelve superficial en su resolución. 

De este modo, la combinación del trabajo con la tradición policial y con la época histórica, sumado al ritmo de lectura convocante, vuelven a La oscuridad de los colores una novela atrayente para ser trabajada en el ámbito educativo, porque ofrece un punto medio entre los intereses de los jóvenes y del docente y los programas escolares.

En lo personal, la lectura de esta novela me sorprendió enormemente: hacía tiempo que no leía una novela juvenil argentina nueva con una estructura tan sólida y una premisa tan poco común. Por un lado, el manejo de la información aportada a través de las perspectivas de los dos personajes y el modo en que ella se va entrelazando para crear el tejido global de la historia me resultaron convincentes y me llevaron hasta la revelación final sin cuestionar ni dudar nada de lo que estaba leyendo. Así y todo, el final igual me resultó una sorpresa, aunque creo que tal vez, para un lector más atento y menos sorprendido, la revelación final puede ser intuida tiempo antes del cierre de la novela. Por otro lado, la época histórica y la rareza del misterio propuesto crearon una atmósfera tensa y perturbadora que le dio un tono ideal a la historia para mantener vigente el suspenso.

Considero que esta novela ofrece con éxito la posibilidad de tomar los intereses no sólo temáticos (muertes, misterios a resolver, casos morbosos y escandalosos, protagonistas que maduran, descubren verdades y se defienden y definen a sí mismos, y el uso del suspenso y de la inquietud como recursos recurrentes) sino también estructurales (capítulos breves, que requieren lapsos reducidos de atención, una trama atrapante que aviva la curiosidad de forma constante y el despliegue de una estructura que complejiza la historia y, eventualmente, revela que su alcance era mucho más grande de lo imaginado al comienzo de la lectura) de los jóvenes actuales y construye una historia compleja, abierta a diferentes enfoques en la lectura, y no tan común en las colecciones juveniles. Me parece que por sus características es una buena opción para trabajar en los ámbitos escolares: sirve como un escalón intermedio entre las series de televisión y los libros que ellos acostumbran ver y leer, y las obras clásicas que se pretende que lean en los últimos años de la educación secundaria.

Creo también que, siguiendo la clasificación de Mireia Manresa en “Lecturas juveniles: el hábito lector dentro y fuera de las aulas”, esta es una novela que puede ser trabajada tanto con lectores encasillados (y así ofrecerles un acercamiento al subgénero policial, que no es actualmente tan popular como en otros tiempos, y, a aquellos acostumbrados a leer solo sagas, una novela stand-alone igual de adictiva), lectores equilibrados y diversificados, así como también con jóvenes sin un hábito lector desarrollado, por la brevedad y sencillez de los capítulos, que sostienen la complejidad de la trama de un modo accesible.

La oscuridad de los colores, en mi opinión, es una historia interesante, bien pensada y estructurada de modo inteligente y efectivo, que ofrece contacto con un subgénero y una época no tan comunes en la literatura juvenil argentina actual, y que por su solidez en la construcción puede ser disfrutada tanto por jóvenes como por un público adulto. 




Referencias bibliográficas
BLASCO, M. (2015). La oscuridad de los colores. Buenos Aires: Norma.
LLUCH, G. (2008): “Un nuevo lector juvenil”. CLIJ, n. 221, diciembre , p. 7-22.
MANRESA, M. (2009) “Lecturas juveniles: el hábito lector dentro y fuera de las aulas”. Textos, 51, julio, agosto septiembre, p. 44-54.
ROVIRA, J. (2007): “La enojosa lentitud de los libros”. Culturas. La Vanguardia, n. 262, p. 2-5.

Anexos (algunas críticas de la novela, tanto por jóvenes como por adultos y especialistas)
- “El caso de los niños robados” (2015, 15 de agosto). Recuperado de https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/11-36362-2015-08-15.html
- AGUSTINA (2017). Universe of books: “Reseña: La oscuridad de los colores de Martín Blasco”. Recuperado de https://universeofbooksblog.blogspot.com.ar/2017/08/resena-la-oscuridad-de-los-colores-de.html
- CORBETTO, M. (2016). Lee, sueña, vuela: “La oscuridad de los colores”. Recuperado de https://leyendo-vuelo.blogspot.com.ar/2016/08/la-oscuridad-de-los-colores.html
- LLUCH, G. (2017). Gemma Lluch: “La oscuridad de los colores”. Recuperado de http://www.gemmalluch.com/esp/la-oscuridad-de-los-colores/
Suárez, Micaela (2015). Aroma a palabras: “Reseña: La oscuridad de los colores, Martín Blasco”. Recuperado en https://www.youtube.com/watch?v=BkrEFQy_vus

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Este trabajo fue realizado como trabajo de una materia del Máster en Libros y Literatura Infantil organizado por la Universitat Autònoma de Barcelona y el Banco del Libro de Venezuela.

1 feb 2018

LIJ chilena: tres novelas

Estas vacaciones pude visitar el sur de Chile, unas ciudades con paisajes bellísimos, con una amiga y, por supuesto, aprovechamos la oportunidad para, como siempre, visitar librerías.

En la ciudad de Puerto Varas nos encontramos con la hermosa librería Mackay y ahí una idea me surgió de pronto, como lamparita que se prende: le pregunté a una de las vendedoras si no podía recomendarme los libros más representativos de la LIJ chilena (o, en su defecto, los que más le gustaran a ella), porque yo no conocía prácticamente nada de la historia de la LIJ chilena. Era mi oportunidad para llevarme algunos libros que luego en Argentina no necesariamente podría conseguir.

Así que fue maravilloso ver que la mujer armaba pilas y pilas de libros de todos los tamaños y grosores y me iba contando un poco de cada uno. 

Finalmente, luego de mucho mirar y pensar, de la enorme cantidad y variedad de libros que me acercó opté por elegir tres de la editorial SM:

1. Los increíbles poderes del señor Tanaka, de Sergio Gómez.
Lo elegí porque ganó el premio El Barco de Vapor y porque la trayectoria del señor Gómez se leía interesante. Esta novela cuenta la historia del señor Tanaka, un extranjero que llega a caleta Recaredo e intriga a todos los habitantes.

Me resultó muy interesante, en primer lugar, leer una historia que sucediera en Chile y tuviera referencias geográficas concretas. Luego, me llamó la atención la precisión y la claridad de la prosa de Sergio Gómez. Le otorgaba a la historia un halo de seriedad que se correspondía con el personaje del señor Tanaka.

Además, fue muy interesante el juego de los saltos temporales que se propone en el desarrollo de la trama, que se sostuvo con mucha fluidez (y misterio). 

Sin embargo, lo que más me quedó dando vueltas (que es algo que repetiré con la próxima novela) fue el clima nostálgico que rodeaba la historia. Era esa nostalgia que se siente cuando uno piensa en las vacaciones de su infancia: dulce, que trae una sonrisa, pero que no deja de ser también un poco amarga.

2. La bicicleta mágica de Sergio Krumm, de Marcelo Guajardo.

Nuevamente, elegí esta novela porque también ganó el premio El Barco de Vapor. Narra la historia de unos amigos del barrio que descubren la historia del ciclista Sergio Krumm y el mito de su bicicleta, y que, por supuesto, se lanzan a revivir esos "poderes" ciclistas que se mantienen latentes.

Tal y como dije antes, esta novela también tiene referencias geográficas chilenas concretas (y me encantó poder comprender aquellas que referían al sur del país) pero, también, referencias históricas, al tiempo de la dictadura.

Y, nuevamente, el clima de nostalgia que acompaña la historia es palpable y queda luego de la lectura. En este caso, la combinación de una historia de amigos, en la década de los '70, y el desarrollo de una aventura con bicicletas me hizo recordar un poco a la experiencia de The Body, de Stephen King, o de Stranger Things (sin el componente sobrenatural, claro está).

3. Papelucho, de Marcela Paz.
Este último libro lo llevé porque la vendedora no podía creer que no conociera a Papelucho, lo más famoso, clásico e icónico de la literatura infantil chilena. Así que tenía que conocerlo. Este es el primer libro de una saga de doce pero que, aparentemente, se puede leer con mucha libertad en cualquier orden (una vez de vuelta, mi madre me dijo que ella de chiquita tuvo y leyó Papelucho misionero, el número ocho, y que era muy popular en los '70. Pero, ya no se consiguen estos libros en Argentina, ¿no?).

Este último libro me resultó muy curioso, en primer lugar, porque se nota que el niño protagonista corresponde a otra época (hay un internado, por ejemplo, o una serie de bromas y travesuras muy pesadas y exageradas, que tal vez se correspondan con otra época) pero, al mismo tiempo, los modos y comportamientos no solo del niño sino también de los padres me dieron la sensación de que podrían ser actuales.

Es decir, la novela es un registro exhaustivo de las travesuras que realiza Papelucho y del modo ausente y castigador con el que se manejan sus padres (y otros adultos), y si bien las figuras paternas de la LIJ actual son representadas de otras maneras (más presentes, en general, con más diálogo con sus hijos), no deja de ser una representación que sí se puede percibir en la vida real. Así que esta novela me dejó con una curiosidad que tal vez deba saciar leyendo algún otro libro de esta saga.

Disfruté mucho leyendo estas novelas y me queda la inquietud por leer más. Sé que apenas arañé la superficie y tengo ganas de poder incursionar un poco más en la LIJ chilena. Tal vez julio traiga otra visita a Chile así que, si hay recomendaciones de gente más versada en el tema, las recibo con alegría.




11 dic 2017

Nada

Me recomendaron esta novela, Nada, de Janne Teller, una danesa sobre quien jamás había escuchado hablar. Y me contaron que había sido censurada, que era muy controversial y, sobre todo, que leerla cortaba la respiración.
No necesitaba saber más.

Nada cuenta la historia de un grupo de casi adolescentes que, cuando uno de sus compañeros se da cuenta de que la vida no tiene sentido y se trepa a un árbol, abandonándolo todo, deciden entregar cosas que para ellos sí tienen sentido, y armar una pila para tratar de hacerlo cambiar de opinión.

Dónde está la falta de aire: en que esos sacrificios se vuelven cada vez más extremos; en que la búsqueda de sentido cada vez se hace más desesperada.

Efectivamente la lectura es terriblemente incómoda. Es seca, fría, y ofrece un tono calmo en escenas donde la brutalidad se roba el escenario. Sin embargo, la narración es en absoluto morbosa ni escabrosa o sensacionalista. Para nada. Janne Teller logra una primera voz narradora asombrosa, que ofrece las preguntas y búsquedas propias de un niño que avanza hacia la adolescencia sin exagerar, valiéndose de sus silencios para dejarle al lector los detalles de cada escena suspendidos en el misterio. Así, mediante elipsis y descripciones casi superficiales, aéreas, la novela adquiere una atmósfera pesadísima.

Me ocurrió que más de una vez tuve que dejar de leer, pero no porque lo que se contara fuese tremendo o escandaloso sino porque la narración me terminaba ahogando. Y es una maravilla, porque el ahogo se logra con un estilo breve, directo. 

La narración está estructurada, en varias ocasiones, con adelantos de información que, sorpresivamente, no aflojan la tensión ni alivian al lector. Por el contrario, sólo inflan la desolación que va marcando la búsqueda de estos jóvenes y las cosas que deciden hacer.

Como dato extra, me pareció muy interesante el rol ausente de las figuras adultas en esta novela (sólo el maestro tiene nombre, por ejemplo, justo el maestro) y cómo, cuando aparecen, en realidad solo profundizan más la sensación ominosa que marca el relato.

Nada es una novela fuerte, pesada en su clima y desesperante en su tema, que desacraliza la infancia, la noción de amistad infantil y, sobre todo, la idea de una vida con sentido. No alivia, no cede y no deja un buen gusto y es por todo eso que se vuelve una lectura que deja huella, una dolorosa, pero huella al fin.

18 sept 2017

Siempre hemos vivido en el castillo

Una pequeña reseña, casi una estela de palabras, en medio del silencio de estos meses. Y el libro que lo consiguió fue Siempre hemos vivido en el castillo, de Shirley Jackson. Es una novela breve, pequeña, con una fuerza inesperada.

La trama, tal vez, puede intuirse, hasta incluso, en algún momento, preverse. Pero Shirley Jackson hace un trabajo magistral con su narradora, Mary Katherine "Merricat" Blackwood. Inocente y terriblemente perversa al mismo tiempo, Mary es capaz de pensar a la vez en cuánto le gustaría vivir en la luna y en cuánto desearía que la gente del pueblo se ahogara con sus propias lenguas y muriera. Y es a través de ella que al lector le llega la historia de los Blackwood, la familia condenada al aislamiento.

El registro se mantiene en un límite perfecto, que logra atrapar al lector y convencerlo de confiar en Mary Katherine, pero sin perder nunca de vista el borde filoso del personaje. 

Otro gran logro de la autora es el manejo de las relaciones de poder entre los personajes. Al comienzo de la novela, la construcción de los vínculos entre los Blackwood se presenta de un modo sólido, establecido y determinado y, con mucha sutileza y sin perder la verosimilitud, Shirley Jackson los hace mutar e invertirse. El cambio es muy suave y la transformación final se vuelve como la revelación de un tejido que siempre había estado presente en la historia y que los lectores no habíamos podido ver realmente sino hasta ese momento.

Una familia rota, el odio de un pueblo, una mansión gótica y llena de tazas de té y una narradora dulce y preciosa como un espejo quebrado. Siempre hemos vivido en el castillo es una historia en la que da placer ser el lector. 

6 abr 2017

La trilogía del nuevo Sherlock

El camino de Sherlock, No es fácil ser Watson y No me digas Bond son los libros de Andrea Ferrari (todos de editorial Santillana/Loqueleo) que conforman la trilogía de Francisco Méndez, un chico de apenas 14 años que es fanático hasta la médula de Sherlock Holmes y sus historias.

Cada novela se centra en un período de vida distinto del protagonista y tiene como eje central la resolución de un crimen o misterio, respetando los rasgos propios del género policial. Francisco Méndez, por supuesto, se pone en la piel del detective y es el encargado principal de resolver cada caso.

Las tres novelas son entretenidas en cuanto a la trama y al misterio que presenta cada una, pero lo más interesante de la trilogía radica, esencialmente, en la reactualización del personaje de Holmes. Andrea Ferrari logra acercar los rasgos clásicos del personaje y presentarlos en un estudiante de secundaria con fluidez y naturalidad. Es el primer libro, en este sentido, el que mejor ilustra al personaje con todas sus peculiaridades, dado que, además de presentarlo, está narrado por él mismo. Francisco Méndez es astuto, inteligente, solitario y tímido, y experimenta todas las dificultades sociales propias de un adolescente que, en esencia —y en el fondo—, también quiere ser parte, sentirse uno más, ser incluido. 

La narración, tanto en el primer libro como en los siguientes, en los que el punto de vista varía, está salpicada con frases textuales de diálogos de Holmes provenientes de las novelas de Conan Doyle, que ilustran a la perfección las situaciones que atraviesan los chicos. Este recurso permite introducir de manera divertida el carácter del Holmes original y hacer referencia a los textos clásicos.

A Francisco lo acompaña la nueva versión de Watson, otro chico que tiene una personalidad mucho menos marcada pero que logra hacer de contrapeso para la seriedad y la erudición de su amigo (y que ofrece el componente más desafiante para Sherlock: el interés por el género femenino). La segunda novela, fiel también a la narración de Doyle, ya sí aparece narrada por él. De este modo, como cierre de las aventuras, la tercera ofrece una narración alternada: algunos capítulos quedan a cargo de Holmes y, otros, de Watson.

Con tramas policiales verosímiles y entretenidas, estas novelas logran actualizar de modo original y entretenido a Holmes y Watson, sumergiéndolos en la realidad adolescente y permitiéndoles moverse con naturalidad en ese ambiente.

19 mar 2017

Solo tres segundos

Solo tres segundos, de Paula Bombara (Norma, 2011), es una de esas novelas a las que conviene entrar sin referencias ni pistas sobre por dónde irá la trama. Será desafío para mí, entonces, poder escribir una reseña que no adelante ni eche luces confusas sobre esta historia. 

Puedo comenzar, por ejemplo, señalando que de todas las novelas de Paula que leí hasta ahora, esta es la que más me conmovió. No en un sentido lacrimógeno sino más bien estructural: mientras leía, di vuelta una página, convencida de por dónde avanzaría la historia, a la espera de otro capítulo que me trajera las mismas voces y, de pronto, toda certeza y sensación de previsión se me estrellaron contra aquel nuevo capítulo. Mi horizonte de expectativas acababa de quebrarse por completo.

Y la novela continuó y yo tuve que adaptarme a ella. No, reformulo, quise desesperadamente adaptarme a ella porque ahora necesitaba encontrar el orden y las voces nuevas, y construir con todo eso otra idea sobre esta historia.

Cuando la terminé, me di cuenta del lío: seguir la novela me había llevado a un proceso inesperado (en la identificación con los personajes, en las expectativas y las ideas que me había hecho de la historia en desarrollo) y lo había logrado gracias a —vamos a llamarlo de este modo— una grieta increíble en el medio de la trama. Y no sé si ese me resultaba un recurso bien limpio. No sé si estaba de acuerdo con ese manejo de la historia, que me llevaba a preguntarme cuál era la intención, el conflicto; si esa vuelta de tuerca no era un capricho, un "porque sí".

Y quizás esa grieta es todo eso.

Pero la verdad es también que gracias a ella tuve una lectura inesperada y sorprendente, que me llevó a reevaluar cómo venía considerando la historia y qué era lo que había ubicado como el conflicto. Porque, quizás, el conflicto era este en realidad: que los personajes y yo, lectora, nos cruzáramos con la grieta y, de pronto, todo tuviera que volverse a revisar, a calcular. Que en un cambio de página, de capítulo, en una distracción, en solo tres segundos, tuviésemos de pronto que volver a pensar en lo que ya creíamos haber entendido y comprender qué no, que todo está aún por verse, incluso la literatura y sus modos.
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