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5 oct 2018

De voces y daemonios

La lectura y discusión de Luces del norte, de Philip Pullman, con otros compañeros de la maestría que cursé este año me permitió prestarle una nueva atención a esta novela que, cuando la leí por primera vez en mi adolescencia, no resultó interesante.

¿Qué recuerdo de esa primera lectura? 

En primer lugar, la incomodidad de la traducción. Venía de la maravillosa experiencia de leer Harry Potter y el misterio del príncipe en inglés (primera gran lectura de un libro en su idioma original) y cruzarme otra vez con ciertos... ¿vicios? de la traducción del inglés me incomodó.

Lo segundo que recuerdo es la lentitud, el aburrimiento. Me había parecido, en aquel entonces, una novela aburrida, con poca acción, poco movimiento. Bueno, venía de Harry Potter.

No obstante, si bien la novela tiene avances y escenas aventureras, su foco no está allí, creo, o por lo menos, su fuerza no radica en eso. Con esta nueva lectura, pude rever cómo Pullman elige presentar el mundo creado y cómo construye los personajes, algo en lo que no me había detenido antes. 

Con mucha claridad, el autor muestra las particularidades de este mundo sin interrumpir la historia con largas explicaciones (por ejemplo, enseña la existencia y rol de los “daemonios” a medida que se desarrolla la historia, sin abrir paréntesis explicativos que detengan la acción) y revela la complejidad y ambigüedad de personajes como Marisa Coulter y Lord Asriel a partir de sus acciones y sus diálogos. Asimismo, pude volver a revisar el personaje de Lyra desde su construcción y su presentación: es una niña temeraria pero astuta, que en su primera escena ya desafía las reglas de los adultos, que juega con otros, es solidaria y, al mismo tiempo, osada y valiente. Es decir, una sólida protagonista de la historia y líder de la búsqueda que se despliega en la historia.

11 dic 2017

Nada

Me recomendaron esta novela, Nada, de Janne Teller, una danesa sobre quien jamás había escuchado hablar. Y me contaron que había sido censurada, que era muy controversial y, sobre todo, que leerla cortaba la respiración.
No necesitaba saber más.

Nada cuenta la historia de un grupo de casi adolescentes que, cuando uno de sus compañeros se da cuenta de que la vida no tiene sentido y se trepa a un árbol, abandonándolo todo, deciden entregar cosas que para ellos sí tienen sentido, y armar una pila para tratar de hacerlo cambiar de opinión.

Dónde está la falta de aire: en que esos sacrificios se vuelven cada vez más extremos; en que la búsqueda de sentido cada vez se hace más desesperada.

Efectivamente la lectura es terriblemente incómoda. Es seca, fría, y ofrece un tono calmo en escenas donde la brutalidad se roba el escenario. Sin embargo, la narración es en absoluto morbosa ni escabrosa o sensacionalista. Para nada. Janne Teller logra una primera voz narradora asombrosa, que ofrece las preguntas y búsquedas propias de un niño que avanza hacia la adolescencia sin exagerar, valiéndose de sus silencios para dejarle al lector los detalles de cada escena suspendidos en el misterio. Así, mediante elipsis y descripciones casi superficiales, aéreas, la novela adquiere una atmósfera pesadísima.

Me ocurrió que más de una vez tuve que dejar de leer, pero no porque lo que se contara fuese tremendo o escandaloso sino porque la narración me terminaba ahogando. Y es una maravilla, porque el ahogo se logra con un estilo breve, directo. 

La narración está estructurada, en varias ocasiones, con adelantos de información que, sorpresivamente, no aflojan la tensión ni alivian al lector. Por el contrario, sólo inflan la desolación que va marcando la búsqueda de estos jóvenes y las cosas que deciden hacer.

Como dato extra, me pareció muy interesante el rol ausente de las figuras adultas en esta novela (sólo el maestro tiene nombre, por ejemplo, justo el maestro) y cómo, cuando aparecen, en realidad solo profundizan más la sensación ominosa que marca el relato.

Nada es una novela fuerte, pesada en su clima y desesperante en su tema, que desacraliza la infancia, la noción de amistad infantil y, sobre todo, la idea de una vida con sentido. No alivia, no cede y no deja un buen gusto y es por todo eso que se vuelve una lectura que deja huella, una dolorosa, pero huella al fin.

6 abr 2017

La trilogía del nuevo Sherlock

El camino de Sherlock, No es fácil ser Watson y No me digas Bond son los libros de Andrea Ferrari (todos de editorial Santillana/Loqueleo) que conforman la trilogía de Francisco Méndez, un chico de apenas 14 años que es fanático hasta la médula de Sherlock Holmes y sus historias.

Cada novela se centra en un período de vida distinto del protagonista y tiene como eje central la resolución de un crimen o misterio, respetando los rasgos propios del género policial. Francisco Méndez, por supuesto, se pone en la piel del detective y es el encargado principal de resolver cada caso.

Las tres novelas son entretenidas en cuanto a la trama y al misterio que presenta cada una, pero lo más interesante de la trilogía radica, esencialmente, en la reactualización del personaje de Holmes. Andrea Ferrari logra acercar los rasgos clásicos del personaje y presentarlos en un estudiante de secundaria con fluidez y naturalidad. Es el primer libro, en este sentido, el que mejor ilustra al personaje con todas sus peculiaridades, dado que, además de presentarlo, está narrado por él mismo. Francisco Méndez es astuto, inteligente, solitario y tímido, y experimenta todas las dificultades sociales propias de un adolescente que, en esencia —y en el fondo—, también quiere ser parte, sentirse uno más, ser incluido. 

La narración, tanto en el primer libro como en los siguientes, en los que el punto de vista varía, está salpicada con frases textuales de diálogos de Holmes provenientes de las novelas de Conan Doyle, que ilustran a la perfección las situaciones que atraviesan los chicos. Este recurso permite introducir de manera divertida el carácter del Holmes original y hacer referencia a los textos clásicos.

A Francisco lo acompaña la nueva versión de Watson, otro chico que tiene una personalidad mucho menos marcada pero que logra hacer de contrapeso para la seriedad y la erudición de su amigo (y que ofrece el componente más desafiante para Sherlock: el interés por el género femenino). La segunda novela, fiel también a la narración de Doyle, ya sí aparece narrada por él. De este modo, como cierre de las aventuras, la tercera ofrece una narración alternada: algunos capítulos quedan a cargo de Holmes y, otros, de Watson.

Con tramas policiales verosímiles y entretenidas, estas novelas logran actualizar de modo original y entretenido a Holmes y Watson, sumergiéndolos en la realidad adolescente y permitiéndoles moverse con naturalidad en ese ambiente.

19 mar 2017

Solo tres segundos

Solo tres segundos, de Paula Bombara (Norma, 2011), es una de esas novelas a las que conviene entrar sin referencias ni pistas sobre por dónde irá la trama. Será desafío para mí, entonces, poder escribir una reseña que no adelante ni eche luces confusas sobre esta historia. 

Puedo comenzar, por ejemplo, señalando que de todas las novelas de Paula que leí hasta ahora, esta es la que más me conmovió. No en un sentido lacrimógeno sino más bien estructural: mientras leía, di vuelta una página, convencida de por dónde avanzaría la historia, a la espera de otro capítulo que me trajera las mismas voces y, de pronto, toda certeza y sensación de previsión se me estrellaron contra aquel nuevo capítulo. Mi horizonte de expectativas acababa de quebrarse por completo.

Y la novela continuó y yo tuve que adaptarme a ella. No, reformulo, quise desesperadamente adaptarme a ella porque ahora necesitaba encontrar el orden y las voces nuevas, y construir con todo eso otra idea sobre esta historia.

Cuando la terminé, me di cuenta del lío: seguir la novela me había llevado a un proceso inesperado (en la identificación con los personajes, en las expectativas y las ideas que me había hecho de la historia en desarrollo) y lo había logrado gracias a —vamos a llamarlo de este modo— una grieta increíble en el medio de la trama. Y no sé si ese me resultaba un recurso bien limpio. No sé si estaba de acuerdo con ese manejo de la historia, que me llevaba a preguntarme cuál era la intención, el conflicto; si esa vuelta de tuerca no era un capricho, un "porque sí".

Y quizás esa grieta es todo eso.

Pero la verdad es también que gracias a ella tuve una lectura inesperada y sorprendente, que me llevó a reevaluar cómo venía considerando la historia y qué era lo que había ubicado como el conflicto. Porque, quizás, el conflicto era este en realidad: que los personajes y yo, lectora, nos cruzáramos con la grieta y, de pronto, todo tuviera que volverse a revisar, a calcular. Que en un cambio de página, de capítulo, en una distracción, en solo tres segundos, tuviésemos de pronto que volver a pensar en lo que ya creíamos haber entendido y comprender qué no, que todo está aún por verse, incluso la literatura y sus modos.

4 feb 2017

The Female of the Species

The Female of the Species (Mindy McGinnis, 2016) cuenta la historia de Alex, una chica que hace tres años se encargó de matar al asesino y violador de su hermana mayor porque la justicia no hizo nada.
"You see it in all animals - the female of the species is more deadly than the male".
La novela es hija de estos tiempos: hay un cuestionamiento bien elaborado de la cultura de la violación, del machismo instalado y de la denigración de la mujer que no se vuelve un discurso teórico insulso o fanático. No, por el contrario, la historia plantea preguntas y desacuerdos a partir de pequeños eventos, situaciones cotidianas e “inofensivas”, pero bien explícitas.

"Boys will be boys" es una de las frases que nadie dice en voz alta pero que sí cita la protagonista para indicar cuál es el justificativo social para todas las atrocidades y vulgaridades que suceden y nadie cuestiona.

Y si bien es cierto que la estructuración de Alex, la protagonista, no es tan creíble, incluso cuando luego de la mitad de la novela la autora comienza a trabajar con ella de otro modo, explorando su costado “más humano” (y ahí aparecen algunos clichés ya muy leídos en la literatura juvenil), es real que el trabajo con los personajes femeninos es muy sólido y profundo.

Hay una búsqueda importante por entender y hacer visibles las motivaciones e impulsos que llevan a las chicas adolescentes a mostrarse y buscar aprobación, a pelearse y odiarse, pero también a ayudarse y defenderse. Los tres personajes femeninos secundarios se desarrollan con vitalidad y mucho realismo, quizás a veces exagerando ciertas actitudes, pero siempre mostrando el peso que las imposiciones sociales tienen sobre ellas. Es quizás el trabajo con los personajes masculinos el que no avanza demasiado y pierde fuerza, sobre todo al final. 

La novela es interesante y está escrita de un modo sencillo, llevadero y que invita al lector a entrar en diálogo con las preguntas que propone sobre la cultura sexual, lo "socialmente aceptado", la violencia física y verbal, la culpa y el castigo. Sin embargo, su fuerza radica en las ideas y no tanto en la historia. El final, de hecho, es insulso y desarma el desarrollo para que sólo queden como recuerdo de la lectura los cuestionamientos propuestos y nada más. Pero es una lectura para estos tiempos y las culturas de hoy, en las que ya no todo se acepta en silencio, y no puedo evitar preguntarme qué pensará un adolescente al leer semejante novela.



17 sept 2016

Como una película en pausa

Ayer tuve la oportunidad de participar un rato de la presentación de Como una película en pausa, novela de Melina Pogorelsky editada por Edelvives este año.

Fue en una librería/espacio cultural precioso, que invitaba a quedarse a tomar algo mientras se miraban los libros y se escuchaba hablar a los autores, editores y familiares que habían ido a acompañar y alegrarse con la autora.

En la presentación participaron Natalia Méndez, la editora valiente de este libro, Mario Méndez, escritor que ya se había cruzado con la novela cuando aún no estaba terminada, Claudio Bidegain, un especialista en estudios de género que se encargó de darle un contexto sociopolítico a la publicación de esta novela y, claro, Melina.

De izquierda a derecha: Natalia, Melina, Mario y Claudio.
La presentación fue sencilla y amena. Siempre es precioso ver la cara de alegría del autor y participar del ambiente con olor a sueño cumplido que supone la presentación en sociedad de una novela que se gestó adentro durante tanto tiempo. Más esta, que, luego de su escritura, según contaron, tuvo idas y venidas a la hora de publicarse.

Sobre eso conversaron un poco quienes acompañaban a la autora, sobre lo que significa que una editorial tenga que animarse a publicar una novela que presenta el descubrimiento y afianzamiento de la identidad sexual de un adolescente. Y cómo la posibilidad de leer textos así abre puertas y desmitifica fantasmas. 

Porque Como una película en pausa es, ante todo, un relato sobre la adolescencia y las confusiones e incertidumbres de descubrirse como persona. El corazón de la novela radica en la posibilidad de que los personajes se cuestionen sobre qué es lo que quieren y quiénes son ellos en relación con los otros y con ellos mismos.

Las preguntas se abren y estiran en el relato con mucha naturalidad y siempre a través de la voz de los personajes, que ilustran con claridad el lío de emociones e ideas que se dan en ese tiempo de desarrollo y construcción de la propia vida. Los descubrimientos que hacen Lucho, Dami y Flora se desenvuelven con sencillez y sutileza, y en ningún momento aparecen escenas clichés (palabra que Mario Méndez también retomó, señalando algo similar) ni armadas o teatrales. En la novela hay espacios de diálogo y de preguntas interiores que no tienen el dramatismo o el juicio del ojo ajeno sino la incertidumbre propia del que está atravesando ese momento.

En la presentación se leyeron algunos fragmentos que fueron acompañados por una puesta visual muy bonita a cargo de Natalia Méndez. Las escenas elegidas para leer fueron algunas de las que más me gustaron de la novela por el peso emocional que presentan a través de diálogos sencillos. Por ejemplo:
"Se pelean como dos hermanitos, loco. No da. La estábamos pasando bien. Sigamos. ¿Dale? Cambien las caras. ¿Preguntás, Lucho? ¿No? Bueno, entonces yo. Me pregunto y me contesto sola. A ver... Flora, ¿es verdad que tenés ganas de llorar? Sí. Porque mis amigos, que son lo más importante que tengo, se portan como dos nabos. Bien. Ahora les toca a ustedes. ¿Ninguno? Ok, yo de nuevo".

Hay una palabra que no puedo dejar de repetir, tanto para hablar de la presentación como de la novela: la sencillez. Porque así, apelando a los movimientos propios de la vida de los adolescentes, situándose justo en el medio del torbellino de emociones e ideas que giran alrededor de los personajes, y todo sin aplicar una mirada exterior, con ideas ya armadas sobre la sexualidad y la adolescencia, Melina ofrece con fuerza descomunal un retrato de la intensidad que supone ser adolescente.

Qué ganas de leer más sobre estos personajes.

25 may 2016

Arcilla

Arcilla, David Almond. Ediciones Castillo, 2010.
Un chico extraño ha llegado al pueblo de Davie. Su nombre es Stephen Rose y se rumorea que fue expulsado del seminario. En un inicio, Davie sólo ve un chico pálido y maloliente, pero pronto descubre que Stephen tiene un talento extraordinario para modelar figuras de barro. Stephen convence a Davie de que ambos tienen el poder de darles vida y juntos crean a Arcilla, un ser de barro dispuesto a seguir sus órdenes...
El glorioso -vayamos con ese adjetivo que le agrega espesura al asunto- regreso de las reseñas se inicia con esta rareza de David Almond, Arcilla. Nunca había escuchado hablar de él, me la prestaron sin demasiados anuncios y opté por no leer la sinopsis (en perspectiva, creo que eso vino muy bien).

Es una lectura vertiginosa: capítulos breves y centrados en el avance de la acción, y una trama que tiene como eje central una pregunta abismal sobre el bien y el mal. No hay demasiadas respuestas, de hecho creo que Almond entiende que, en realidad, no tiene que preocuparse por responder nada. Parte del horror que comienza a desenvolverse tiene que ver con eso, con incógnitas abstractas y universales (sobre Dios, el demonio, la presencia del mal en la tierra, la existencia del paraíso, etc.) que no se pueden responder porque, básicamente, los personajes (y nosotros) son/somos humanos.

La escritura seca y al punto deja que el malestar de los personajes y la extrañeza de sus acciones se transformen en el carozo del asunto. No importan demasiado las descripciones, importa cómo se siente Davie, el protagonista, y qué percibe sobre todo lo que va sucediendo.

La fuerza de la novela radica en esta presencia constante y silenciosa de lo ominoso, que le respira en la nuca a los personajes y, por consiguiente, también a los lectores, gestando un clima de horror mudo que se hace difícil de tolerar (y que obliga a leer rápido, para ver qué pasa, para desarmar ese malestar). 

Eso es lo que me llevo, con lo que me quedo, de Arcilla: una sensación (que, si lo pienso bien, es todo lo que espero que una novela me haga experimentar).



17 dic 2015

Los nombres prestados

Con la lentitud propia de un diciembre pegajoso, recién ahora llega: el viernes 4/12 fui a la presentación de Los nombres prestados, la última novela de Verónica Sukaczer, y la primera novela de un autor argentino publicada en el sello Nube de tinta (nada más ni nada menos), y tengo cosas para decir (no surprise).

El evento fue en Librería Gandhi, que es preciosa, tiene estanterías por todas partes y la escalera más hermosa y bibliófila que jamás haya visto (¿cómo-yo-no-había-ido-nunca-antes-a-ese-lugar? Ya se me tranquilizó la conciencia porque volví a ir y a comprar más libros).

La presentación fue tan bonita como la librería: amena, cercana, con un gusto fuerte a charla entre amigos. A Verónica la acompañaron Franco Vaccarini y Maridé Minor con preguntas, comentarios y disparadores que después terminaron entre nosotros, los que escuchábamos y también teníamos preguntas.

Maridé, Verónica y Franco, sobre el final de la presentación, en el momento de los agradecimientos.

Hay algo mágico en escuchar el proceso de gestación de una historia, porque cada uno es único y está lleno de anécdotas e imágenes que no se repiten, ni en otra historia, ni en otro autor. A mí, en particular, me vuelve loca. ¿Cómo apareció la idea? ¿Qué cosas ya se sabían, qué otras cosas fueron apareciendo a medida que nacía la historia? ¿Qué personaje está dando vueltas hace más tiempo?

Así que escuchar todas esas curiosidades, junto a gente que había sido testigo de ese proceso, fue una alegría (la monja con nombre judío, el abuelo que escribía y anotaba todos los artículos de los diarios, las voces de los personajes, que no se callaban nunca, magia que se cocina en el detrás de escena y después ilumina toda una novela).

Más aún sobre Los nombres prestados (y el nombre ya es toda una pregunta).

La novela la leí hace tiempo, pero algunas cosas todavía no se me escapan. Como la sencillez con la que se cuenta una historia situada en un tiempo histórico difícil y ya escrito muchas veces. O las voces de los personajes, cada una con una marca particular en la escritura (y se me aparece una y otra vez el "es decir" de Nina, que me hace acordar al "so it goes" de Vonnegut).

Este libro acompaña al lector en la travesía de la historia. Es amable en medio de la desesperación que narra. Y juega con una estructura redonda, que se va revelando de a poco, con sutileza, y que es casi como la Historia misma: pura suerte, pura casualidad.

Podría ser una primera recomendación de lectura de verano. Que después puede acompañarse por los libros y autores que tuvieron algo que ver con esta historia (como Spiegelman, Levi o Berg) y que podrían completar y ampliar el panorama que ya todos conocemos pero que en esta novela se muestra desde la intimidad más profunda y humana.




1 nov 2015

El pacto

El pacto, Sebastián Vargas y Florencia Gattari. Ediciones SM, 2015.
Cada vez que le dicen “nos mudamos” Petra ya sabe lo que se viene… Esta vez debe dejar el único lugar del que se siente parte para irse a la Capital, al cuarto año de un colegio donde todo empieza mal. Pero en medio de la furia del ambiente aparece Alejo, el de quinto, que necesita hablarle afuera, lejos del colegio. Para proponerle un pacto ultrasecreto que no pueda olvidarse nunca.
El pacto es una novela con una propuesta muy particular: dos chicos, Alejo y Petra, dos voces y dos miradas que se plasman por separado. Cada uno con su lado de la historia, con lo que vio y entendió. Y todo narrado a través de cartas, reescrituras de cartas, mails...

Ahí reside la magia. La historia se desenvuelve a partir de narraciones, de discursos individuales, y nunca se puede acceder a ella de forma directa. El lector recibe una construcción con una impronta bien marcada.

Está Petra, con su nombre de ciudad perdida y su cerrazón. Su escritura es prolija y cuadrada, calculada. Y después está Alejo, que escribe mails como si fuera un poeta: juega con las palabras, las estira, las recorta, la hace rimar. Su escritura se mueve a la par de lo que piensa y entonces divaga, entrelaza ideas. La contraposición entre un estilo de escritura y el otro es muy marcada, y juega con la definición de los personajes a partir de la forma en que escriben y a través de lo que dicen sobre ellos mismos y el otro.

Es una novela muy amena (y fácil de leer, porque lo que se lee es como lo que escribe un amigo, sin demasiado orden, sin demasiada complejidad), que presenta el enlace entre el desarrollo de la trama y la presentación a través de la codificación y la escritura con mucha astucia.

22 jul 2015

Matar o morir: la supervivencia en la literatura juvenil

El ser humano está programado para vivir y perpetuarse. Cualquier alteración de ese orden dispara diversos mecanismos de defensa y auto-preservación que pueden alcanzar los extremos más insólitos y perturbadores.

La literatura juvenil, en su incursión hacia las distopías, se ha encargado de probar y experimentar con uno de esos extremos: ¿Qué ocurre cuando la posibilidad de sobrevivir depende de la muerte de otro ser vivo, de otro ser humano?

¿Qué ocurre en el hombre cuando las opciones son sólo dos: matar o morir?

Las respuestas son variadas, algunas más complejas, otras más simples, porque son muchos los libros que han experimentado con esto. Culpa, deshumanización, largas reflexiones sobre la pérdida del alma, animalización, etc. Voy a hacer referencia a tres sagas de ciencia ficción para ver esto, y quizás haya pequeños spoilers, así que, con cuidado.

El primero, el pionero, lo ilustró con crudeza y realismo: en Los juegos del hambre (así como también en Battle Royale) tenemos la perversión de la infancia a manos de una lógica cruel. Hay que matar a otros para sobrevivir y esas muertes tienen como objetivo entretener a otros. Suzanne Collins lleva al extremo el matar o morir y lo transforma en un "pan y circo" (de ahí el nombre Panem, de la expresión latina "panem et circenses"), en un teatro para adormecer a las masas.

Sus efectos en Katniss son devastadores porque el contexto en que todo esto ocurre es pura construcción política. No hay un peligro real. Ella no necesita matar a otros para sobrevivir, no en su vida cotidiana. Pero obligada a hacerlo, en el marco de los juegos, no sólo sufre de culpa por los asesinatos sino que, además, ella misma se vuelve una marioneta más en el circo político que despliega la trilogía. Los síntomas de estrés post traumático se apilan en Katniss, la desarman, y, de a poco, le hacen perder cierta capacidad de vinculación con la realidad.

En Divergente, por otro lado, hay todo un proceso de desarrollo muy interesante en el personaje de Tris. La guerra civil de su sociedad la obliga a matar para sobrevivir y en esa secuencia, ella termina asesinando a uno de sus amigos. Matar o morir: es ella o Will. La culpa se le instala como un agujero negro y se despliega en el personaje un mecanismo de defensa peligroso: alejar a todo el mundo, para que nadie más sufra ese tipo de consecuencias. Hasta que no admite el acto y lo expresar (a la fuerza) frente a sus otros amigos, Tris no puede siquiera pensar en superar ese asesinato. El matar a otro se presenta, para ella, como una vía directa, de la que no hay vuelta atrás, hacia la crueldad absoluta.

La quinta ola, de Rick Yancey, tiene como premisa la imposibilidad de confiar en los demás porque no se sabe quién es y quién no es alienígena. En este libro, el matar o morir es una realidad concreta e ineludible después de la invasión extraterrestre y plantea un resultado difícil: aquel que mata pierde su humanidad, se pierde de quién realmente era.
"¿Cómo se limpia la Tierra de humanos? Arrebatándoles su humanidad".
Así lo experimenta Cassie, la protagonista. Matar significa perder lo que se era, lo que se podía ser; significa transformarse en una cosa manchada de sangre, casi animal, totalmente insensibilizada. La culpa tampoco se registra, resulta imposible hacerlo en un mundo donde seguir respirando depende pura y exclusivamente de ser el primero en apretar el gatillo. Ese mundo ha transformado a los humanos en otra cosa. Los ha deshumanizado.
"A lo mejor el último humano  de la tierra no morirá de hambre ni de exposición a las condiciones climáticas, ni devorado por animales salvajes. A lo mejor el último en morir lo hará a manos del último sobreviviente".
Se arma así una búsqueda de sentido a lo largo del libro: ¿Qué significa ser humano en un mundo donde matar es la primera respuesta, donde la vida ajena no importa?

Matar o morir, una de las experiencias límites del ser humano, recibe respuestas diversas, siempre de la mano de realidades distópicas y extremas. Colapso emocional, culpa y deshumanización. Habrá que ver qué respuestas dan otros libros.



28 jun 2015

Sobre The Raven Cycle

No sé si es de público conocimiento que la saga de The Raven Cycle, una tetralogía de Maggie Stiefvater, tiene una fama impresionante en el mundo angloparlante. 

Eso era intrigante, porque a primeras, la saga no parece demasiada cosa. Atestigüen el resumen del primer libro, The Raven Boys:
"Sólo hay dos razones por las cuales una no vidente vería un espíritu en la noche de San Marcos", dijo Neeve. "O eres su amor verdadero... o lo mataste". 
Hace frío en el jardín de la iglesia, incluso antes de que lleguen los muertos.
Todos los años, Blue Sargent se para al lado de su madre vidente mientras los que pronto van a morir caminan por allí. Blue nunca los ve - no hasta ese año, cuando un muchacho emerge de la oscuridad y le habla directamente a ella.
Su nombre es Gansey, y Blue pronto descubre que es un estudiante rico de la academia Aglionby. Blue tiene una estricta política sobre mantenerse alejada de los muchachos de Aglionby. Conocidos como los Chicos Cuervo, ellos sólo significan problemas.
Pero Blue se ve atraída a Gansey en una forma que no puede explicar. Él tiene todo - familia, dinero, buen aspecto, buenos amigos - pero está buscando algo mucho más grande. Está en una misión que ha involucrado a otros tres Chicos Cuervo: Adam, el becado que resiente todo el privilegio que hay a su alrededor; Ronan, el rebelde que oscila entre la desesperación y la ira; y Noah, espectador taciturno de todos los demás, que registra muchas cosas pero dice poco. 
Desde que tiene memoria, Blue siempre recibió la misma advertencia: ella le traerá la muerte a su verdadero amor. Nunca pensó que eso fuese un problema. Pero ahora, mientras su vida se entrelaza con el mundo extraño y siniestro de los Chicos Cuervo, ya no está tan segura.
No es demasiado, ¿verdad? Muchas oraciones que sugieren caídas estrepitosas en clichés.

Pero los rumores sobre la posible publicación en español de esta saga acá (cortesía de SM) hicieron que finalmente cediera y lo leyera.

Podríamos resumir mis impresiones sobre este libro: ya terminé el tercero y espero con locura la publicación del cuarto.

¡Qué increíble! Tuve que retractarme de todas mis primeras impresiones (sobre todo de la impresión que deja la lectura de esa sinopsis). The Raven Cycle es una saga exuberante y compleja, con un despliegue piscológico impresionante. No voy a hacer referencia a cada uno de los libros en particular (el primero es The Raven Boys, seguido de The Dream Thieves y, por último sólo por ahora, Blue Lily, Lily Blue), sino que esta suerte de reseña va a apuntar a lo que destaca a toda la saga en general.

En primer lugar, los temas.

Quizás es que justo esta saga toca todos los temas que me interesan (¡¡hablan en latín!!). Quizás es que realmente los desarrolla con inteligencia y novedad. Maggie Stiefvater se ubica en los bordes borrosos de la magia y lo paranormal y entrelaza mito y realidad con mucho sustento histórico y hasta teórico: líneas ley, psíquicos, auras, mitología celta, viajes espectrales, ladrones de sueños, y una versión grunge de un mago.

La autora trata todos estos tópicos con fuerza y decisión, abriendo un espacio propio y construyendo un universo aparte, que logra diferenciarse de las demás historias que ya han hablado de todo esto. Maggie logra construir clima, ambiente, un color propio para estos temas.

Y esto está estrechamente vinculado con la escritura, la prosa de Maggie, que, hablando liso y claro, es preciosa. Observen:
- "Mis palabras son herramientas infalibles de destrucción y no he venido equipado con la capacidad de desarmarlas". 
- "Cuando Gansey era educado, se hacía poderoso. Cuando Adam era educado, cedía el poder". 
- "Él era hermano de un mentiroso y era hermano de un ángel; hijo de un sueño e hijo de un soñador". 
- "Deseo y temor yacían uno al lado del otro en su corazón, cada uno afilando al otro".
Maggie tiene un estilo circular: no atacan la idea o el concepto que quiere desarrollar de frente, sino que se toma el tiempo de rodearlo, analizarlo, degustarlo. E ilustra ese camino con oraciones inverosímiles, que incluso a veces pueden sonar hasta pretenciosas. Pero logra el objetivo, transmitir ese concepto, ese sentimiento o emoción con una violencia que retumba.

Es esta prosa, sumada a una sabia elección de un narrador en tercer persona, la que construye unos personajes espectaculares.

Blue, la no vidente, al margen de la vida, con sed de algo más; Gansey, el rey cuervo, desesperado por darle sentido a su vida; Ronan, el nervio descubierto, con una herida tan grande como su imaginación; Adam, el abusado, el abandonado, el resentido; Noah, el que une, el que está perdido. Y toda la familia de Blue, colorida y original, con una tristeza subyacente; la familia de Ronan, tan perdida como él; los otros chicos de Aglionby; los personajes que se van sumando en la misión que tiene Gansey.

Cada uno es un entrelazado complejo de emociones, búsquedas, ideas, decepciones, esperanzas. Maggie los trabaja con el cuidado de un escultor, puliendo y abriendo capas cada vez más profundas. Y nunca se nos dicen cómo son, sino que se nos muestran, se nos revelan. Los libros se toman el tiempo para hacer foco en cada uno de ellos y para desarrollarlos con la justicia que merecen. Nadie es en esta saga el personaje secundario. 

The Raven Cycle es realmente una rareza. Maggie Stiefvater evita deliberadamente las escenas trilladas o las vueltas de tuerca esperables y se concentra en la psicología de los personajes y en cómo la magia y lo paranormal van afectándolos y transformándolos. Tengo la sensación de que estos libros me dejaron astillas adentro: así como en la historia la magia necesita entrar en vínculo con los personajes para vivir, la prosa y el desarrollo de la historia necesita del lector para terminar de evocar las emociones que quiere transmitir. Y, después, deja esas evocaciones por largo rato.

No sé si esta reseña alcanza, pero lo que quiero decir es: qué saga poderosa.


7 jun 2015

Me and Earl and the Dying Girl

Me and Earl and the Dying Girl, Jesse Andrews, 2012. Amulet Books.

Greg Gaines es el mejor maestro de espionaje del secundario, capaz de desaparecer a voluntad en medio de cualquier entorno social. Sólo tiene un amigo, Earl, y juntos hacen películas, versiones incomprensibles de cultos clásicos como los de Coppola o Herzog. 
Hasta que la mamá de Greg lo obliga a retomar una amistad infantil con Rachel.
A Rachel le diagnosticaron leucemia - pura incomodidad adolescente - pero el mandato materno ha sido expresado y debe ser obedecido. Cuando Rachel detiene el tratamiento, Greg y Earl deciden que lo que hay que hacer es filmar una película para ella, que pronto se convierte en La Peor Película Jamás Hecha y se vuelve un punto de inflexión cada una de sus vidas.
De pronto, Greg debe abandonar su invisibilidad y pararse bajo las luces.

"¿Qué es este libro?", se preguntarán. "¿Es otra versión de Bajo la misma estrella?", puede ser otra pregunta. Y la respuesta en ambos casos podría ser la misma: este libro es un misterio.

Me and Earl and the Dying Girl tiene los mismos elementos que la novela de John Green (¿y fueron escritos en el mismo año? Qué sospechoso), pero hasta ahí llegan las similitudes. Porque mientras la novela de Green desarrolla un romance amoroso teñido de frases irónicas protagonizado por adolescentes (que a veces no lo parecen), Andrews construye un relato dolorosamente adolescente.

La novela sigue el desarrollo de la vida de Greg, su vínculo con Earl y sus tardes filmando, la amistad forzada con Rachel y su enfermedad, pero lo hace desde un foco muy peculiar: Greg, un adolescente bien adolescente, que narra apelando constantemente al narrador.

Su pasión por el cine tiñe los capítulos y muchas veces la narración se transforma en un guión de cine, porque así percibe él el mundo. Greg es gracioso, irónico, desconsiderado, preocupado, pero su fortaleza es que logra erigirse como un personaje que realmente está atravesando una edad intensa. No sabe qué quiere, qué no quiere, cómo hacer para evitar vincularse, cómo hacer para lograr no salir de su pieza. Es muy autocrítico y vive enroscándose en sus propias palabras, tratando de explicar cosas que todavía ni él entiende. Muchas veces, por ejemplo, la única forma que encuentra para lidiar con un problema es quejándose: "UUUUGGGHHHH". Ese puede llegar a ser el contenido de un capítulo.

Me and Earl and the Dying Girl entreteje esta historia de juventud, enfermedad, amistad y muerte con hilos deliberadamente imperfectos: Greg, Earl, Rachel, sus familias, sus compañeros, sus profesores; y logra mostrar que la vida a veces es la vida, y que so it goes. Pero lo hace con la alegría de saber que, para que la vida sea la vida, hay que estar vivo y vivir.

No será una novela perfecta, pero Me and Earl and the Dying Girl es una foto perfecta de la adolescencia y sus avatares. Quizás más aún que la novela de Green.

15 may 2015

El hombre de los pies-murciélago

El hombre de los pies-murciélago, Sandra Siemens, 2009. Editorial Norma.
Desde chico Esper había aprendido a no hacerse notar. Muchas veces le había confesado al Hombre de los pies-murciélagos que él era un camaleón. Que podía ser banco, pared, pasto, ventana. Sobre todo en la escuela. Era invisible en la escuela. Era un artista en el oficio de pasar desapercibido. Nunca una opinión. Jamás una risa. Nada de movimientos bruscos. Nada. Sin embargo, lo veían. Muchas veces lo veían. Porque querían verlo. Lo buscaban. Había también buscadores de camaleones, era cierto. Tenía que estar alerta nada más.
Me prestaron este libro días antes de que anunciaran que Tatuajes, otra novela de Sandra Siemens, había recibido el premio de Destacado de ALIJA. Ahora muero por conseguir ese libro, porque este fue impactante.

El hombre de los pies-murciélago funciona tan bien como una piedra que alguien tira con buena puntería a una ventana. Rompe el vidrio. Expone. Es brutal y contundente.

Combinando diferentes perspectivas y personajes, la novela se centra en la organización de una broma pesada que tiene como blanco a Esper, un chico que justamente lo que quiere es que nadie se dé cuenta de que existe. Es esta estructura múltiple la que enriquece la historia: se pueden experimentar en primera persona las sensaciones, ideas, inseguridades y deseos de cada uno de los adolescentes involucrados.

Y así, la novela despliega un abanico de experiencias propias de la juventud y del madurar que deja sin aliento. La crueldad, el cumplimiento de expectativas, los conflictos con la imagen, las familias complejas, el abandono, la superficialidad y, sobre todo, la confusión, todo está presente, señalando con crudeza que atravesar la adolescencia no es pan comido.

No puedo dejar de repetir que la historia es muy contundente: despierta sensaciones viscerales y puede llevar a tomar partido por algunos personajes. A mí, incluso, una noche me hizo soñar (REAL. Me quedé leyendo hasta tarde, y aparentemente me quedé con la historia dando vueltas porque
después soñé con el libro; hacía tiempo que no me pasaba eso). La novela marca, abre surcos, porque expresa con veracidad experiencias sobre las que muchas veces se habla sin decir nada.

Hoy visité con mis alumnos la feria del libro del colegio y, cuando encontré este, se los recomendé. Porque El hombre de los pies-murciélago es un libro para leer y dejar que te atraviese. Es un libro para sentir con crudeza. Y para pensar, y conversar.


6 may 2015

Reina roja

Red Queen (Red Queen, #1), Victoria Aveyard, 2015. Orion.
Los Rojos, gente común, afectados por la pobreza, viven bajo el dominio de los Plateados, guerreros de élite con poderes semejantes a los de los dioses.
Para Mare Barrow, una chica Roja, parece que nada va a cambiar. Sin embargo, un día se encuentra trabajando en el Palacio Plateado, en el centro mismo de aquellos que ella odia, y pronto descubre que, a pesar de su sangre roja, ella posee un poder mortal propio, uno que amenaza con destruir el control Plateado.
Pero el poder es un juego peligroso, y en este mundo dividido por la sangre, cualquiera puede ganar.
Red Queen era uno de los libros que quería leer desde principio de año. Le hacían publicidad diciendo cosas como "es X-Men pero en un mundo de fantasía" o "poderes telepáticos y Game of Thrones". Descripciones espectacularmente originales, sí. Pero, más allá de eso, el libro parecía tener resonancia (buena y mala, pronto se armó una lucha de bandos).

Es que Red Queen es eso, lo mejor y lo peor de la literatura juvenil extranjera de este género.

Porque por un lado presenta la Trama: una chica joven emerge de los márgenes de la sociedad y descubre que es diferente cuando conoce a un extraño que justo resulta ser el príncipe y él le da una Oportunidad. En su primer día de trabajo, en medio de un súper evento, esta chica descubre que tiene Poderes Únicos Increíbles y eso la transforma en Alguien Especial y Peligroso. 

Y no sólo eso. Tenemos a la Chica Popular y Enemiga en la corte. Al Segundo Interés Romántico. Al Aún-Amigo-Pero-Posible-Tercer-Interés-Romántico; al Mentor Misterioso; al Líder Temerario de la Inminente Rebelión; a un Malo Medio Psicópata; al Traidor Inesperado.

En fin, ¡todo!

Y el problema radica en que la novela no hace grandes esfuerzos por darles una nueva lectura, un nuevo orden a estos elementos. Toda la primera mitad del libro es un camino liso y llano, esperable y ya gastado por todos estos estereotipos. 

Sin embargo, así y todo, y como han comprobado los primeros libros juveniles que hicieron uso de estos elementos, Red Queen funciona. ¿Bien? No del todo. Pero lo suficiente para generar intriga e instigar a terminar el libro. Atrapa. En mi opinión, porque al menos introduce superpoderes copados a la mezcla adolescente y algo de manipulación en pos del poder.

Red Queen es un "ya vi esto en otra parte" constante. Nada sorprende, nada desconcierta demasiado. Sólo intriga lo suficiente para llevar al lector hasta el final (a veces con más entusiasmo, otras con menos). Una lectura pasajera que, ojalá, traiga algo más interesante en la continuación.




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