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2 jul 2019

XIX Jornadas La Literatura y la Escuela de Jitanjáfora

Invierno en Mar del Plata, pero hay sol, hay gente, hay literatura. Este 28 y 29 de junio fueron las XIX Jornadas La Literatura y La Escuela organizadas por Jitanjáfora (¡ya diecinueve!) y, por suerte, pude sumarme, ser parte y disfrutar de charlas y diálogos con autores, ilustradores, mediadores.


El viernes 28 todo comenzó con un encuentro magistral entre Mila Cañón (Jitanjáfora), Patricia Bustamante (UNSA) y Fabiola Etchemaite (UNCo), quienes conversaron sobre el rol de los mediadores y su formación lectora. Por supuesto, entre experiencias y opiniones, las tres coincidieron en que la pasión por la lectura y la transmisión de esa pasión es el corazón de la mediación. Si el docente mediador acerca la lectura como el deber que siempre está pero para el cual nunca hay tiempo, eso mismo es lo que aprenderán los alumnos. Pasión y disfrute por la lectura (¡y mucha lectura!).

La noche la cerró Pablo Bernasconi con la presentación de su nuevo libro, El infinito, de Sudamericana. Si se mira en detalle, no fue tanto una presentación del libro sino de la idea del infinito: Pablo se dedicó a desarrollar el origen de la idea del infinito y las diversas teorías que fueron ampliando el concepto, cuestionándolo, pensándolo. Nos habló del uróboros, de la espiral de Fibonacci, de las teorías de Einstein y de Everett, de los fractales, de las opiniones de Edgar Allan Poe, en fin, un recorrido maravilloso que deja con ganas de sentarse a pensar y charlar más sobre el infinito. Y recién, después, nos mostró algunas de sus ilustraciones, de qué era para él el infinito, y cómo había surgido la idea del libro: responderse a sí mismo, cuando era chico, y por primera vez en la escuela había aparecido la idea de infinito. Una suerte de respuesta para esa angustia existencial infantil.
Pablo y una de las ilustraciones de El infinito acompañada por una frase de Hamlet.
El sábado 29 se nos escapó a toda velocidad entre charlas, exposiciones, firmas de autores y diálogos.

En la primera ronda de exposiciones, tuve la oportunidad de presentar un trabajo de investigación sobre la presencia de lo perturbador y "lo siniestro" en dos novelas de Sergio Aguirre, acompañada por otros especialistas que presentaron trabajos con propuestas similares en relación a las transgresiones en la LIJ. Un gustazo y una experiencia muy cálida.

Hubo feria de libros, como siempre, que es un rincón anhelado de las jornadas. Mesas y mesas de libros y la posibilidad de conseguir las historias de los autores que andaban de visita. Así, después, vino la oportunidad de que los autores e ilustradores firmaran sus obras: María Wernicke y Pablo Bernasconi se pasaron horas recibiendo a los lectores, ilustrando, firmando y conversando.


Los talleres fueron otro momento importante en las jornadas: dos propuestas, por la mañana y la tarde, de diversos talleres de creación, lectura y exploración. Tuve la posibilidad de participar de un taller poético, donde nos invitaron a leer poemas y nos acercaron libros para lanzarnos a la divertida tarea de pensar nuevas versiones posibles de esos poemas. 

Y hubo más: la tarde se llenó de diálogos con autores porque, además de una conversación entre María Wenicke y Pablo Bernasconi, se sumaron Sergio Aguirre, Ana María Shua y Florencia Gattari.

En la charla entre Sergio Aguirre y Ana María Shua surgieron diferentes temas en relación a sus historias y su escritura. Ana María explicó que para ella gran parte de la esencia de sus microrrelatos es el juego con los límites y su transgresión (romper con la lógica, poner todo patas para arriba) y Sergio dijo que busca que en sus novelas aparezca lo inesperado. 

Frente a la pregunta por sus procesos de escritura, Ana María Shua dijo que siempre decide el género antes de empezar y si va a ser para un público infantil o adulto. En su opinión, uno siempre escribe ese libro que le gustaría leer si hoy fuese chico. Además, contó que escribe en una habitación de su casa, con agua caliente, café instantáneo y leche al lado, para que unos cortaditos la acompañen todo el tiempo. Sergio, por su parte, contó que para escribir su primera novela juvenil, La venganza de la vaca, partió de la premisa de que la esencia de las novelas juveniles era presentar "personajes jóvenes, nada de sexo y un mensaje". Después, se fue acomodando y se animó a experimentar.
Además, reveló que hacia el final de la escritura de El misterio de Crantock se trabó y sólo logró volver a avanzar cuando una amiga se ofreció a que él le dictara la historia para que ella la tipeara. Dice que eso funcionó tan bien y que lo disfrutaron tanto que ahora se volvió un trabajo en conjunto. "La escritura solitaria se transformó en un trabajo con una interlocutora", explicó.

Ambos autores conversan con el público.
Luego, Florencia Gattari compartió y conversó con los asistentes sobre sus historias y su propio proceso de escritura. Todo comenzó con una bellísima narración de Mariela Kogan inspirada en Historia de un pulóver azul, de Florencia, ilustrado por Marina Zanollo y publicado por Edelvives. Luego, la mesa se transformó en un diálogo entre la autora y los presentes.

Florencia nos contó que escribir, para ella, es una actividad de escucha, como el baile, que pide escuchar la música y el cuerpo del que baila con uno, o su trabajo como psicóloga, que pide escuchar al otro. Esas tres actividades le activan un mismo centro en el cuerpo.
Escribir, entonces, es escuchar, es un ejercicio de disponibilidad para lo que haga vibrar el cuerpo.

Conversamos y debatimos también sobre los libros políticamente correctos y la presencia de valores o enseñanzas demasiado obvias, y Florencia dijo: "Si el criterio de escritura fuera el de la corrección política no tendríamos a muchos de los grandes escritores, como Roald Dahl".
Nos hizo algunos comentarios sobre sus escritos en Facebook (pequeñas narraciones, aguasfuertes, de la vida cotidiana que no pueden perderse) y nos explicó que para ella esa es la forma más orgánica de escribir. Como hay libertad en el formato, la escritura fluye de otro modo.
Por último, habló un poco sobre Historia de un pulóver azul y nos dijo que a veces, como con ese libro, uno escribe para sobrevivir, porque lo que uno tiene adentro no es una certeza sino un lío, y nos leyó enterito Vestido nuevo, ilustrado por Sabina Schürmann y editado por Pípala (Adriana Hidalgo).

En diálogo con Florencia Gattari.
Experiencias lectoras compartidas, ideas sobre la lectura y la escritura, mucha poesía (como siempre) y la invaluable posibilidad de compartir charlas y encuentros con autores e ilustradores. Una vez más, las jornadas de Jitanjáfora fueron cálidas y enriquecedoras. Sólo queda imaginar qué podrá suceder el año próximo, que se vienen las números veinte. Hasta tanto, esperamos las actas, nos encontramos en las redes y en Catalejos. Revista sobre lectura, formación de lectores y literatura para niños.

10 may 2019

Retratos adolescentes: Radiografía del instante

La adolescencia es puro presente y preocupación, también puro disfrute. Los relatos que trae Radiografía del instante, de Melina Pogorelsky (publicado por SM, en la colección Gran Angular), ponen la mirada en esa etapa de la vida y en lo vertiginosa que puede volverse de un momento a otro.

Son diez relatos, diez fotografías de diferentes instantes, más o menos largos pero igual de impactantes que, además, ofrecen una mirada a diversas realidades de vida y situaciones: escenas en el colegio, encuentros furtivos, amores y desamores, angustia, tristeza; los caminos de los protagonistas de estas historias se abren para todas partes y, así y todo, resuenan con familiaridad porque toda adolescencia tiene un poco de todo eso.

Estos relatos dejan preguntas abiertas y las mías se las acerqué a Melina, para seguir conversando y pensando.

13 feb 2019

Te veo en la Luna

“Si ves la Luna, es que todo está bien”
La Luna, las estrellas, los primeros viajes del hombre al espacio, Estados Unidos y la Unión Soviética, y también Argentina, la dictadura, su turbulencia social y política. Y en el medio de todo eso, dos hermanos, que se quieren y se pelean, como buenos hermanos, y que se pierden.

Te veo en la Luna, escrita por Verónica Sukaczer e ilustrada por Poly Bernatene, es una novela que cuenta una historia pequeña en medio de un escenario enorme, de una época del mundo y de Argentina en la que sucedía de todo. Y así, con todo, el foco está puesto en Martín, un niño que, mientras busca a su hermano, nos ofrece su mirada sobre todos esos sucesos históricos que atraviesan su tiempo.

Repleta de referencias a la vida en el campo y de finales de los ’60 (maravillosas, más aún, para todo aquel que haya vivido en ese entonces), la narración de Martín es vivaracha, fresca e irreverente. Sus ideas van, vienen, se entrelazan y van construyendo los sucesos a partir de toda la información que recibe de su entorno: las noticias en la radio sobre los sucesos en Argentina y también en Estados Unidos, las opiniones e ideas de la gente sobre lo que ocurría y, sobre todo, las ideas de su hermano Juan y toda la información que él le cuenta sobre la Luna y la carrera espacial. Así, de un modo muy fluido, la novela ofrece un montón de datos muy interesantes sobre lo ocurrido entre Estados Unidos y la URSS, sobre los animales que enviaron al espacio, sobre las primeras pruebas y los primeros hombres en acercarse a la Luna.

“Nunca hay que olvidarse de los segundos ni de los terceros ni de los que vienen después”, eso le dice Juan a Martín, refiriéndose a los astronautas que acompañan “al primero”: al primero que sale al espacio, al primero que pisa la Luna. Y es también una frase que marca la novela. Es un tiempo histórico enorme, clave para la humanidad, y es un tiempo también para no olvidarse de los segundos ni de los terceros, de las pequeñas historias que construyen ese momento, de los eventos que permiten que la historia avance como lo hizo (y lo sigue haciendo), de las historias mínimas, como la de Juan y Martín, que son parte de todo lo que sucedió y que, de algún modo, y dentro de sus propias búsquedas, llegan también a la Luna. Tal vez no como Armstrong, Aldrin o Collins pero sí de la forma en que ellos necesitan.

Te veo en la Luna es una novela para este año, que se cumplen 50 años del primer alunizaje del hombre. Es también una novela para otros años. Porque es una historia dentro de la Historia y permite contar lo grande desde lo particular, poniendo el foco en un niño, en su mundo y en el vínculo con su hermano. La llegada del hombre a la Luna emociona, pero lo que conmueve en esta historia es la relación entre Martín y Juan, Juan y Martín. Lo que parece pequeño en medio de tanto que sucede termina siendo, claro, lo más importante.

10 abr 2018

Jornadas poéticas en Jitanjáfora


El viernes y sábado pasado tuve la enorme oportunidad de participar de las XVIII Jornadas La literatura y la escuela, organizadas por la Asociación Civil Jitanjáfora en Mar del Plata.
En esta ocasión, el punto de encuentro fue la poesía y fue así como comenzaron las jornadas, llenas de poesía.

"Para escribir poesía hay que vivir poéticamente", dijo Juan Lima en la mesa de apertura de las jornadas. Junto a él, Laura Escudero e Iris Rivera asentían con entusiasmo. 

Esta primera charla entre ellos tres abrió puertas a la poesía y a todas las preguntas que trae (ninguna con respuesta clara, pragmática, racional, por suerte). Laura contó que a ella le sale escribir "con el oído", escuchando cómo suena la historia, y que así la escribe. Hasta nos detalló cómo cuando Encuentro con Flo ganó el premio SM, la editora la llamó para preguntarle por qué la novela estaba escrita de modo entrecortado ("escandido", dijo Laura, si mal no recuerdo). Y la respuesta de ella fue que así había escuchado la historia y, entonces, así la había escrito.
Iris aprovechó para cantar. Sí, para cantar. Así nos presentó una de los primeros versos en rima que la habían convocado y otro que le gustaba mucho a su nieto. 

De izq. a der.: Laura Escudero, María José Troglia (coord.), Iris Rivera, Elena Stapchi (coord.) y Juan Lima.
Fue un diálogo muy ameno, divertido y rebosante de pasión por la poesía. Nos recomendaron lecturas y autores y, al final, leyeron algunos de sus poemas (uno del nuevo Astronomía poética, de Juan Lima; otro de Ema y el silencio, de Laura Escudero, y Lo que escuchó un pajarito, también cantado, de Iris Rivera).

El día siguiente estuvo marcado por los talleres que ofrecían los profesionales y las mesas de ponencias. Tuve la gran oportunidad de presentar en una de ellas un trabajo teórico de análisis de dos novelas, que surgió de la tesis que estoy escribiendo para el Máster. Además, incluso me ofrecieron participar también como comentarista. Compartir la mesa con otros profesionales, escuchar sus experiencias de trabajo en clase, de inquietudes teóricas y de anhelo por contagiar la pasión por la lectura y escritura a los más jóvenes fue un placer. Lo mismo encontré en las otras mesas en las que participé y en las conferencistas y sus trabajos. Esfuerzo, dedicación, literatura.

Los dos días estuvieron marcados por un clima muy familiar y entusiasta, acompañados, desde el principio, por un homenaje sencillo y sincero a Liliana Bodoc, que habló de cuánto la extrañamos.
Se percibía el aroma casero de las jornadas, hechas de modo artesanal, cuidado, pensado, y fue una maravilla descubrir que muchos veníamos de un poco más lejos (o de muy lejos) para nuclearnos alrededor de este encuentro. Como si fuese la cena navideña que junta anualmente a la familia.

Me quedo con unas ganas enormes de regresar, de volver a colaborar, de participar, escuchar, saludar gente y volver a pasarnos libros entre nosotros. Con ganas de conocer más autores y especialistas (¡qué invitados!), de poder conversar con ellos, compartir experiencias, amor por la literatura.

Porque es eso lo que en el fondo movió todas las jornadas, un profundo amor por la literatura, en todas sus formas, colores y versos.

Nos volveremos a ver, Jitanjáfora.


6 abr 2017

La trilogía del nuevo Sherlock

El camino de Sherlock, No es fácil ser Watson y No me digas Bond son los libros de Andrea Ferrari (todos de editorial Santillana/Loqueleo) que conforman la trilogía de Francisco Méndez, un chico de apenas 14 años que es fanático hasta la médula de Sherlock Holmes y sus historias.

Cada novela se centra en un período de vida distinto del protagonista y tiene como eje central la resolución de un crimen o misterio, respetando los rasgos propios del género policial. Francisco Méndez, por supuesto, se pone en la piel del detective y es el encargado principal de resolver cada caso.

Las tres novelas son entretenidas en cuanto a la trama y al misterio que presenta cada una, pero lo más interesante de la trilogía radica, esencialmente, en la reactualización del personaje de Holmes. Andrea Ferrari logra acercar los rasgos clásicos del personaje y presentarlos en un estudiante de secundaria con fluidez y naturalidad. Es el primer libro, en este sentido, el que mejor ilustra al personaje con todas sus peculiaridades, dado que, además de presentarlo, está narrado por él mismo. Francisco Méndez es astuto, inteligente, solitario y tímido, y experimenta todas las dificultades sociales propias de un adolescente que, en esencia —y en el fondo—, también quiere ser parte, sentirse uno más, ser incluido. 

La narración, tanto en el primer libro como en los siguientes, en los que el punto de vista varía, está salpicada con frases textuales de diálogos de Holmes provenientes de las novelas de Conan Doyle, que ilustran a la perfección las situaciones que atraviesan los chicos. Este recurso permite introducir de manera divertida el carácter del Holmes original y hacer referencia a los textos clásicos.

A Francisco lo acompaña la nueva versión de Watson, otro chico que tiene una personalidad mucho menos marcada pero que logra hacer de contrapeso para la seriedad y la erudición de su amigo (y que ofrece el componente más desafiante para Sherlock: el interés por el género femenino). La segunda novela, fiel también a la narración de Doyle, ya sí aparece narrada por él. De este modo, como cierre de las aventuras, la tercera ofrece una narración alternada: algunos capítulos quedan a cargo de Holmes y, otros, de Watson.

Con tramas policiales verosímiles y entretenidas, estas novelas logran actualizar de modo original y entretenido a Holmes y Watson, sumergiéndolos en la realidad adolescente y permitiéndoles moverse con naturalidad en ese ambiente.

19 mar 2017

Solo tres segundos

Solo tres segundos, de Paula Bombara (Norma, 2011), es una de esas novelas a las que conviene entrar sin referencias ni pistas sobre por dónde irá la trama. Será desafío para mí, entonces, poder escribir una reseña que no adelante ni eche luces confusas sobre esta historia. 

Puedo comenzar, por ejemplo, señalando que de todas las novelas de Paula que leí hasta ahora, esta es la que más me conmovió. No en un sentido lacrimógeno sino más bien estructural: mientras leía, di vuelta una página, convencida de por dónde avanzaría la historia, a la espera de otro capítulo que me trajera las mismas voces y, de pronto, toda certeza y sensación de previsión se me estrellaron contra aquel nuevo capítulo. Mi horizonte de expectativas acababa de quebrarse por completo.

Y la novela continuó y yo tuve que adaptarme a ella. No, reformulo, quise desesperadamente adaptarme a ella porque ahora necesitaba encontrar el orden y las voces nuevas, y construir con todo eso otra idea sobre esta historia.

Cuando la terminé, me di cuenta del lío: seguir la novela me había llevado a un proceso inesperado (en la identificación con los personajes, en las expectativas y las ideas que me había hecho de la historia en desarrollo) y lo había logrado gracias a —vamos a llamarlo de este modo— una grieta increíble en el medio de la trama. Y no sé si ese me resultaba un recurso bien limpio. No sé si estaba de acuerdo con ese manejo de la historia, que me llevaba a preguntarme cuál era la intención, el conflicto; si esa vuelta de tuerca no era un capricho, un "porque sí".

Y quizás esa grieta es todo eso.

Pero la verdad es también que gracias a ella tuve una lectura inesperada y sorprendente, que me llevó a reevaluar cómo venía considerando la historia y qué era lo que había ubicado como el conflicto. Porque, quizás, el conflicto era este en realidad: que los personajes y yo, lectora, nos cruzáramos con la grieta y, de pronto, todo tuviera que volverse a revisar, a calcular. Que en un cambio de página, de capítulo, en una distracción, en solo tres segundos, tuviésemos de pronto que volver a pensar en lo que ya creíamos haber entendido y comprender qué no, que todo está aún por verse, incluso la literatura y sus modos.

17 sept 2016

Como una película en pausa

Ayer tuve la oportunidad de participar un rato de la presentación de Como una película en pausa, novela de Melina Pogorelsky editada por Edelvives este año.

Fue en una librería/espacio cultural precioso, que invitaba a quedarse a tomar algo mientras se miraban los libros y se escuchaba hablar a los autores, editores y familiares que habían ido a acompañar y alegrarse con la autora.

En la presentación participaron Natalia Méndez, la editora valiente de este libro, Mario Méndez, escritor que ya se había cruzado con la novela cuando aún no estaba terminada, Claudio Bidegain, un especialista en estudios de género que se encargó de darle un contexto sociopolítico a la publicación de esta novela y, claro, Melina.

De izquierda a derecha: Natalia, Melina, Mario y Claudio.
La presentación fue sencilla y amena. Siempre es precioso ver la cara de alegría del autor y participar del ambiente con olor a sueño cumplido que supone la presentación en sociedad de una novela que se gestó adentro durante tanto tiempo. Más esta, que, luego de su escritura, según contaron, tuvo idas y venidas a la hora de publicarse.

Sobre eso conversaron un poco quienes acompañaban a la autora, sobre lo que significa que una editorial tenga que animarse a publicar una novela que presenta el descubrimiento y afianzamiento de la identidad sexual de un adolescente. Y cómo la posibilidad de leer textos así abre puertas y desmitifica fantasmas. 

Porque Como una película en pausa es, ante todo, un relato sobre la adolescencia y las confusiones e incertidumbres de descubrirse como persona. El corazón de la novela radica en la posibilidad de que los personajes se cuestionen sobre qué es lo que quieren y quiénes son ellos en relación con los otros y con ellos mismos.

Las preguntas se abren y estiran en el relato con mucha naturalidad y siempre a través de la voz de los personajes, que ilustran con claridad el lío de emociones e ideas que se dan en ese tiempo de desarrollo y construcción de la propia vida. Los descubrimientos que hacen Lucho, Dami y Flora se desenvuelven con sencillez y sutileza, y en ningún momento aparecen escenas clichés (palabra que Mario Méndez también retomó, señalando algo similar) ni armadas o teatrales. En la novela hay espacios de diálogo y de preguntas interiores que no tienen el dramatismo o el juicio del ojo ajeno sino la incertidumbre propia del que está atravesando ese momento.

En la presentación se leyeron algunos fragmentos que fueron acompañados por una puesta visual muy bonita a cargo de Natalia Méndez. Las escenas elegidas para leer fueron algunas de las que más me gustaron de la novela por el peso emocional que presentan a través de diálogos sencillos. Por ejemplo:
"Se pelean como dos hermanitos, loco. No da. La estábamos pasando bien. Sigamos. ¿Dale? Cambien las caras. ¿Preguntás, Lucho? ¿No? Bueno, entonces yo. Me pregunto y me contesto sola. A ver... Flora, ¿es verdad que tenés ganas de llorar? Sí. Porque mis amigos, que son lo más importante que tengo, se portan como dos nabos. Bien. Ahora les toca a ustedes. ¿Ninguno? Ok, yo de nuevo".

Hay una palabra que no puedo dejar de repetir, tanto para hablar de la presentación como de la novela: la sencillez. Porque así, apelando a los movimientos propios de la vida de los adolescentes, situándose justo en el medio del torbellino de emociones e ideas que giran alrededor de los personajes, y todo sin aplicar una mirada exterior, con ideas ya armadas sobre la sexualidad y la adolescencia, Melina ofrece con fuerza descomunal un retrato de la intensidad que supone ser adolescente.

Qué ganas de leer más sobre estos personajes.

15 jun 2016

Cartoneros al espacio

Cartoneros al espacio, Hernán Galdames. SM, 2016.
Por su inteligencia, simpatía y voluntad para lograr lo que se propone, Talito no es un chico más. Rolo, su inseparable compañero, lo sigue en cada uno de sus temerarios planes. Un día, mientras recolectan cartones, encuentran un extraño objeto que llevará a los dos amigos a emprender una aventura a pie, en tren y hasta en avión, por caminos inesperados de la Tierra. ¿O aún más lejos? 
Esta novela ganó el último Premio El Barco de Vapor y, como siempre, fue una de las compras obligadas de la Feria del Libro, donde es más fácil y rápido conseguir las novelas premiadas.

La historia se centra en esos dos personajes, Rolo y Talito, y en el encuentro fortuito de un objeto que, de entrada, abre la posibilidad a una aventura que los saca de sus vidas habituales. A medida que se desarrolla y los personajes se van desplegando, hay varios temas que toman relevancia y se entrelazan con la trama más ligada a la aventura.

Como muchas de estas cuestiones me generaron curiosidad, me contacté con Hernán quien, muy amablemente, respondió algunas preguntas.

Por ejemplo, la familia es un tema central, especialmente si se considera al personaje de Talito, que adquiere aún más espesura hacia el final de la novela. Así que le pregunté a Hernán, ¿cómo fue adquiriendo este rol la familia en la novela?
Hernán Galdames: Si bien Rolo y Talito son chicos que no han nacido en el mejor medio posible y las costumbres de ese medio los empuja a andar bastante solos por la vida, ambos parecen tener una buena relación con sus familias. De todas formas ambos tienen ciertas carencias en este aspecto: Rolo no conoce a su padre y Talito pierde a su madre, lo que desmorona toda su estructura familiar y le hace perder algo tan importante como su relación con el padre. 
Hay cosas de la novela que ni yo mismo sé. Por ejemplo: al parecer Talito siempre creyó la versión inicial que le transmitió el padre respecto al tema del proyecto espacial. Pero, al final, ¿sigue pensando igual? No lo sé. Lo que es una pena, pienso, es que no sé si Talito se dio cuenta (dado su estado de entusiasmo) de que todo el accionar del padre (que él padeció y lo llevó al enojo) fue súper loable.
En cuanto a Rolo, a lo largo de toda la historia siempre está presente la madre como una figura de referencia y como un súper yo bastante fuerte que le causa cierto sentimiento de culpa y delirio de persecución. Tal vez ese súper yo lo hace más prudente y, dependiendo de como quiera mirarse, lo coarta en cierta forma en cuanto a sus deseos interiores. 
Me resulta mágico escuchar que hay cosas de las historias que ni los propios autores conocen (¡historias con vida propia y misterios aún sin resolver!). Es, además, muy interesante pensar que el vínculo con su mamá (o la figura materna en realidad) a Rolo le pesa tanto que luego tiene efecto concreto en el final de la historia.

Otra cuestión que me llamó la atención fue, justamente, el final. Me pareció osado y que abría una búsqueda interesante, porque yo esperaba otra cosa totalmente diferente. Así que le pregunté: ¿cómo encaraste el momento de escribir el desenlace de la historia? (¡y saqué todos los posibles spoilers de la respuesta!)
HG: Para mí, el final funciona como metáfora referida a qué les espera a estos chicos: son muchos los factores que los expulsan de este mundo. Rolo buscó refugio en la escuela y tal vez esto lo salvó. Por eso en el epílogo podemos leer ciertas cosas que nos regresan al tema de la familia.
Finalmente, un elemento que brilla en la novela es la voz de cada uno de los personajes. Sus expresiones, sus estilos, las palabras que usan, todo es verosímil, cercano y muy llevadero. Por lo tanto, mi siguiente pregunta fue: ¿Cómo te resultó buscar sus voces y pensar los personajes, más aún considerando el contexto en el que viven?
HG: Fue lo que más me divirtió al escribir la novela. No podían hablar como chicos de clase media, pero tampoco podía ser fiel al habla villera, porque hubiese sido muy denso. Me di cuenta de que tenía que dotarlos de un argot propio, algo callejero pero también algo lírico. Fueron varias leídas en las que fui cambiando esta palabra, luego otra y otra. Dependía de que en el momento se me ocurriese una palabra que se ajustara al sistema, que fuera divertida y que sonara bien y diera la pauta de a qué se refería. Fue súper interesante.
Cartoneros al espacio es una novela de ciencia ficción cercana. Esto no lo escribo pensando en los temas de ciencia que toca; por el contrario, es cercana porque sus protagonistas son sencillos y cercanos, listos para la aventura y para dejarse maravillar por las sorpresas del viaje que emprenden. Hay algo de esa maravilla que tiñe todo el relato y carga de trascendencia la búsqueda de respuestas. Así esta búsqueda se vuelve un período crucial en la vida de los personajes, de descubrimiento del universo (y sus secretos) y, más aún, de descubrimiento de ellos mismos y de sus historias.

Ágil y fuertemente sostenida por las voces de los personajes, la novela entretiene y, al mismo tiempo, narra sufrimientos, carencias, entusiasmo, pasión y mucha aventura.

1 nov 2015

El pacto

El pacto, Sebastián Vargas y Florencia Gattari. Ediciones SM, 2015.
Cada vez que le dicen “nos mudamos” Petra ya sabe lo que se viene… Esta vez debe dejar el único lugar del que se siente parte para irse a la Capital, al cuarto año de un colegio donde todo empieza mal. Pero en medio de la furia del ambiente aparece Alejo, el de quinto, que necesita hablarle afuera, lejos del colegio. Para proponerle un pacto ultrasecreto que no pueda olvidarse nunca.
El pacto es una novela con una propuesta muy particular: dos chicos, Alejo y Petra, dos voces y dos miradas que se plasman por separado. Cada uno con su lado de la historia, con lo que vio y entendió. Y todo narrado a través de cartas, reescrituras de cartas, mails...

Ahí reside la magia. La historia se desenvuelve a partir de narraciones, de discursos individuales, y nunca se puede acceder a ella de forma directa. El lector recibe una construcción con una impronta bien marcada.

Está Petra, con su nombre de ciudad perdida y su cerrazón. Su escritura es prolija y cuadrada, calculada. Y después está Alejo, que escribe mails como si fuera un poeta: juega con las palabras, las estira, las recorta, la hace rimar. Su escritura se mueve a la par de lo que piensa y entonces divaga, entrelaza ideas. La contraposición entre un estilo de escritura y el otro es muy marcada, y juega con la definición de los personajes a partir de la forma en que escriben y a través de lo que dicen sobre ellos mismos y el otro.

Es una novela muy amena (y fácil de leer, porque lo que se lee es como lo que escribe un amigo, sin demasiado orden, sin demasiada complejidad), que presenta el enlace entre el desarrollo de la trama y la presentación a través de la codificación y la escritura con mucha astucia.

15 may 2015

El hombre de los pies-murciélago

El hombre de los pies-murciélago, Sandra Siemens, 2009. Editorial Norma.
Desde chico Esper había aprendido a no hacerse notar. Muchas veces le había confesado al Hombre de los pies-murciélagos que él era un camaleón. Que podía ser banco, pared, pasto, ventana. Sobre todo en la escuela. Era invisible en la escuela. Era un artista en el oficio de pasar desapercibido. Nunca una opinión. Jamás una risa. Nada de movimientos bruscos. Nada. Sin embargo, lo veían. Muchas veces lo veían. Porque querían verlo. Lo buscaban. Había también buscadores de camaleones, era cierto. Tenía que estar alerta nada más.
Me prestaron este libro días antes de que anunciaran que Tatuajes, otra novela de Sandra Siemens, había recibido el premio de Destacado de ALIJA. Ahora muero por conseguir ese libro, porque este fue impactante.

El hombre de los pies-murciélago funciona tan bien como una piedra que alguien tira con buena puntería a una ventana. Rompe el vidrio. Expone. Es brutal y contundente.

Combinando diferentes perspectivas y personajes, la novela se centra en la organización de una broma pesada que tiene como blanco a Esper, un chico que justamente lo que quiere es que nadie se dé cuenta de que existe. Es esta estructura múltiple la que enriquece la historia: se pueden experimentar en primera persona las sensaciones, ideas, inseguridades y deseos de cada uno de los adolescentes involucrados.

Y así, la novela despliega un abanico de experiencias propias de la juventud y del madurar que deja sin aliento. La crueldad, el cumplimiento de expectativas, los conflictos con la imagen, las familias complejas, el abandono, la superficialidad y, sobre todo, la confusión, todo está presente, señalando con crudeza que atravesar la adolescencia no es pan comido.

No puedo dejar de repetir que la historia es muy contundente: despierta sensaciones viscerales y puede llevar a tomar partido por algunos personajes. A mí, incluso, una noche me hizo soñar (REAL. Me quedé leyendo hasta tarde, y aparentemente me quedé con la historia dando vueltas porque
después soñé con el libro; hacía tiempo que no me pasaba eso). La novela marca, abre surcos, porque expresa con veracidad experiencias sobre las que muchas veces se habla sin decir nada.

Hoy visité con mis alumnos la feria del libro del colegio y, cuando encontré este, se los recomendé. Porque El hombre de los pies-murciélago es un libro para leer y dejar que te atraviese. Es un libro para sentir con crudeza. Y para pensar, y conversar.


27 abr 2015

Día de feria

Ayer fui a la Feria del Libro, para hacer un reconocimiento del terreno y empezar a localizar las compras que me gustaría hacer (spoiler: quiero todo).

La feria es una perdición, como todos los años, pero logré limitar mis adquisiciones a las dos únicas cosas que andaba buscando:


Después, cuando vuelva a ir, voy a dejar que otros libros me encuentren a mí y ahí sí me iré con bolsas repletas de páginas con historias.

De todas formas ayer aproveché y pasé por otra presentación a la que también me habían invitado. Amauta presentaba Pesadilla y Cacería, los dos libros nuevos (y muy pintorescos) de Mario Méndez.

Por supuesto, tampoco sabía qué esperar.

Pero la sorpresa fue nuevamente grata cuando la presentación se transformó en una narración de las historias. De pronto, había un grupo de chicos sentados en el piso escuchando absortos el relato de los horrores vividos por un vampiro y de los tormentos de un niño perseguido por criaturas de la noche.


Los nenes especulaban, hacían preguntas, hacían afirmaciones rotundas ("¡es un hombre lobo!", "¡esos colmillos son de vampiro!") y la narradora invitaba y mostraba las ilustraciones.

Me resultó refrescante volver a una experiencia tan despojada de lectura. Ahí sólo importaban la historia y los dibujos escalofriantes.

Mis copias tienen dedicatorias muy especiales.
¡Aparece el nombre del blog!

Las historias son ingeniosas. Y tienen seres sobrenaturales, que para mí siempre es un mega plus. Pero lo que más disfruté fue ver el pasaje de historias que se presentaban como relatos horroríficos a anécdotas cómicas y familiares. Probablemente se las preste a alguna de mis amigas maestras.

La Feria del Libro sigue linda. Y cada vez tiene más. Ya voy a volver, y ojalá me pueda cruzar con más cosas como esta.



22 abr 2015

Autores, escritura y la LIJ argentina.

Ayer fui a la presentación del libro Entrelíneas. 20 conversaciones con autores de la literatura infantil y juvenil de la Argentina

Nunca había ido a la presentación de un libro (por lo general no me entero y, más por lo general aún, suelen ser en otro país). Pero cuando supe de la pronta existencia de Entrelíneas y de la presentación del libro, no tuve que pensarlo demasiado.

Porque, ¿qué oportunidades hay de escuchar a algunos de los mejores escritores de literatura infantil y juvenil del país hablando sobre literatura? Más todavía, ¿qué chances hay de leer un libro dedicado a hablar sobre eso y sobre la LIJ del país?

Sin mucha experiencia previa, hacia allá fui. 

Primer pico de emoción: Cuando estaba parada esperando para entrar y me di cuenta de que efectivamente estaba rodeada de una cantidad increíble de autores muy genios de la literatura infantil. Ahí me agarró un lapso de parálisis temporal.

Segundo pico de emoción: Cuando dichos autores hablaron.
Mario Méndez dando inicio a la presentación.
Porque cuando la presentación comenzó de forma más oficial, Mario Méndez, el coordinador del libro, cedió el micrófono y les permitió a los autores presentarse y hacernos un breve recuento de cómo habían llegado a la literatura infantil y de qué lecturas los habían marcado. Y para mí fue ver en vivo cosas sobre las que sólo había leído: la locura por la lectura y la escritura, la pasión desmedida por las historias que pueden cambiarnos la vida.

"Quiero escribir para divertir a otros", decía Liliana Cinetto recordando cuánto se había divertido ella leyendo y jugando a lo que leía. "La literatura es una forma de la realidad más profunda; permite ver todo", reflexionaba Franco Vaccarini, (aunque después Adela Basch, muy divertida, aclarara que ella igual no entendía nada de la realidad). "Lo más revolucionario que leí en mi vida fue el humor. Me mostró que hay otras formas, otros caminos", contó Graciela Repún."¿Cómo puede ser que alguien llore tanto por alguien que no existe, que no es más que palabras?", se preguntó Silvia Schujer después de contarnos cómo la había afectado una de las muertes de Mujercitas. "¿Y cómo se puede enamorar uno de un personaje?", retrucó Ángeles Durini.

Verónica Sukaczer leyendo uno de los primeros poemas que escribió cuando era chica.

Las presentaciones breves fueron un viaje a través experiencias crudas y puras de encuentro con la literatura. Se nombraron autores que dejaron huellas, libros y personajes que abrieron puertas nuevas, familiares que regalaron libros y otros que los sacaron. Pero todo giraba en torno a lo mismo: una lectura que había echado raíces y que había revelado que ahí había algo para cuestionar, para tironear, para narrar.

"Los libros surgen de un deseo". Así empezó la presentación. Y así terminó. Autores hablando de sus pasiones, de sus deseos, de sus ganas de contar, de transportar, de divertir, de emocionar, de jugar a imitar, de crear.


Todavía no empecé a leer Entrelíneas. Pero me entusiasma mucho imaginar que me voy a encontrar con palabras de gente de acá que entiende la literatura por donde de verdad importa: en el deseo y en la posibilidad de disfrutar.


Extra:
Esta presentación me volvió a conectar con otros libros y otros autores que hablan con la misma emoción sobre la escritura y que pueden hacer constelación con el entusiasmo de estos autores: la pasión y la locura de escribir, Anne Lammot, Mario Vargas Llosa y Stephen King.


5 abr 2015

Las carpetas

Las carpetas, Márgara Averbach, 2010. Edelvives.
En la base aérea se gestaba una guerra, pero no todos estaban preparados para ella: un soldado desertaba y un piloto desviaba su avión para evitar un bombardeo. Sin embargo, la guerra era inminente y rozaba la cuadra donde vivía Lara. Allí había once casas y cuatro nombres: Héctor; Catalina, la loca de los gatos; Pablo, el okupa y Amanda. Al tiempo, llegó un quinto que, con un caballete y un par de pinceles, hizo dibujos de cada casa y los guardó en una carpeta oscura. Pero un día, los aviones sí sobrevolaron la cuadra de Lara acunando bombas, y ya nada volvió a ser como antes.
Compré esta novela un día de paseo por Yenny. Fue de esas compras impensadas y no demasiado analizadas. Agarré el libro y me dio miedo que se lo llevara otra persona, así que lo compré. 

Las carpetas es breve (me lo leí en una mañana, mientras esperaba a que me llamara el médico), pero con un nivel de profundidad hermoso. Porque narra la historia de un bombardeo que también es la historia de una chica con pocos amigos, de una familia olvidada, de un pintor optimista y de unos soldados confundidos.

La historia es sencilla, pero presenta con trazos muy suaves historias desgarradas y desgarradoras, y un impulso de vida que mueve a los personajes más allá del bombardeo. Esa sencillez, compacta y directa, como el ataque de un avión, me impactó e hizo que esta historia se me grabara.

Hay algo en Las carpetas que hace que esta no sea una novela bélica sino una novela de los detalles, de las historias mínimas, de Lara y Héctor, de la búsqueda, de los colores, de las pinceladas que dibujan esas once casas. Una novela que me gustaría leer con mis alumnos.

18 feb 2015

Algo que domina el mundo

Algo que domina el mundo, Franco Vaccarini, 2009. Editorial Norma.
La puerta se abrió y enseguida llegó el golpe y el tirón de pelos.Y una patada que me empujó al piso. Sangre en la nariz y Vilma que comenzó a gritar, a defenderme como una fiera.Y que algo recibió, también. No sé dónde estaba mamá, pero estaba lejos, petrificada. Desde esa noche, mamá no pudo dormir en paz nunca más.
Cosas que uno se entera más tarde.
Doy inicio al regreso del blog a las reseñas con este libro, un libro con una sinopsis misteriosa y completamente extraña, que, la verdad, no dice nada. Pero me lo prestaron y me habían dicho que era muy bueno.

Gente que sabe recomendar libros. Este libro fue un espectáculo.

Lo empecé a leer en un viaje en micro hacia la costa. Era de noche, apagaron las luces pronto. Un señor roncaba bajito, una pareja miraba una película en el celular. Yo pensé que iba a leer unas hojas y dejar el resto para la playa. Pero el libro me abrazó de tal forma que tuve que obligarme a apagar la luz cuando los ronquidos se hicieron insoportables y me di cuenta de que era muy tarde.

Algo que domina el mundo es una novela rara. Y rara en el mejor y más maravilloso de los sentidos. Narra la historia de Rodolfo, un adolescente en plena adolescencia que se comporta como un verdadero adolescente. ¿Cuántas veces dije la palabra adolescencia? NO LO SUFICIENTE.

Porque es eso lo que hizo que la novela fuese mágica: retrata de forma muy interesante cómo es vivir la juventud en medio de circunstancias complicadas. Y cómo se lidia con las preguntas sin respuesta, las familias rotas, las familias nuevas, el amor, el dolor y la tristeza, el arte de reírse, de aprender cosas nuevas, de animarse, de soltar.

La prosa es deliciosa y está llena de frases y expresiones sencillas y profundas. Me la pasé subrayando oraciones y marcando párrafos enteros. Por ejemplo:
"Soy re-superficial, gracias a eso no estoy con la nariz pegada a un solo tema; puedo ver más, aunque, claro, desde arriba, desde abajo, desde afuera; nunca desde adentro. Porque al elegir la superficialidad, elijo quedarme afuera de muchas cosas, yo qué sé. Me parece"
Este tipo de frases marcan toda la novela. Reflexiones sobre lo que se es, lo que se sabe, lo que se sueña, lo que se siente, lo que se va viviendo, las nuevas experiencias, y después palabras y más palabras que dan vueltas, se oponen a lo que se dijo, lo mezclan, lo confunden, lo reafirman.

Fue una lectura de un tirón, y me hizo recordar mucho a mis alumnos adolescentes-perdidos-en-el-tiempo-y-el-espacio-de-la-adolescencia. Me quedo con unas ganas enormes de leerlo en clase con ellos.

No puedo explicarlo mucho más, este libro es todo lo que me gusta de la literatura juvenil local y más también.

17 dic 2014

Cinco libros que marcaron mi infancia

Mientras leo y preparo y organizo (con una lentitud asombrosa, como siempre) las próximas reseñas que quiero publicar, y en vistas de que se viene Navidad y la nostalgia está a flor de piel, se me ocurrió concretar un post que venía pensando desde hace tiempo:

¿Qué pasa si me pregunto qué cinco libros que haya leído durante mi infancia me marcaron?

Me echo al piso a llorar porque de primeras me parece imposible. ¡¿Sólo cinco?! ¿Y a qué se refiere con "marcar"?

Pero después me di cuenta de que algunos libros se habían quedado dando vueltas más tiempo que otros (y que quizás eso era "marcar": haberse ganado un lugar en el corazón y en la memoria) y me pareció que esto podía ser una gran aventura.

Empecé a leer cuando era muy chica y mirar para atrás revela una lista infinita de títulos de libros. Así que me voy a limitar: ¿qué libros marcaron mis años de primaria, de primero a séptimo? Las respuestas son muy variadas y las voy a enumerar a partir de lo que recuerdo hoy, que tengo 24 años, qué me generaron estos libros cuando los leí.

1. Más chiquito que una arveja, más grande que una ballena, Graciela Montes
El primer libro oficial que recuerdo haber leído en mi vida. Era la "bibliografía obligatoria" de primer grado (¡para todo el año!). Una mañana mamá me pasó a buscar por el colegio y cuando salí, me dio el libro. "Esto es lo que van a leer con la seño", aclaró. Y nos subimos al colectivo, que iba desde Flores hasta Floresta (o sea, un suspiro) y yo, parada, porque no había donde sentarse, me leí el libro entero. Entero. "Me gustó, ma, ¿qué más hay para leer?". Y creo que ahí mamá se dio cuenta de que iba a tener que empezar a rellenar la biblioteca con libros para una nueva lectora.

2. Marisa que borra, Canela
Ay, no sabía que era de Canela, me acabo de enterar. Este libro lo compró mamá en una feria del libro del cole (dato importante dentro de esta sección: mi colegio organizaba una feria del libro en el salón de actos; invitaba editoriales de libros infantiles y por toda una gloriosa semana el salón de actos se llenaba de stands con libros, muñecos y muchas páginas por revisar). Qué extraño y qué emocionante: Marisa borraba las cosas que no le gustaban y atravesaba la ciudad dejando una huella muy particular. Me encontré con una versión nueva, divertida y muy cercana de algo que en ese momento decidí que era una bruja.


3. Socorro diez, Elsa Bornemann
Algunos de estos cuentos los leí con una amiga, otros, sola. Sólo me acuerdo que fue la primera vez que sentí miedo, miedo puro y real, leyendo un libro, objeto que no debería tener la posibilidad de generar semejante cosa. Ahí, creo que a los 11 años, me di cuenta que leer libros no era chiste. Los libros hacían cosas. Y mi teoría se confirmó cuando llegué al último cuento, "Socorro diez", y conocí el horror. Todavía hoy recuerdo con escalofríos lo mal que me sentí (y lo bien que la pasé: ¡un libro me estaba dando un miedo paranoico impresionante!).

4. Los hijos del vidriero, María Gripe
Creo que este fue un regalo. De Navidad, de cumpleaños. Pero lo recuerdo adentro de mi casa, nunca en la escuela. Y me pasó hace muy poco que mamá quiso hacer limpieza profunda y trató de regalar este libro y yo le salté al cuello como un animal herido. "¡No, ese no que me encanta!". Pero ese "me encanta" venía de muchos años antes. Este libro abrió otra posibilidad: ¿y si una historia te hace sentir lejos, triste, melancólico? Quizás fueron las descripciones hermosas del arte de moldear vidrios, los nombres extraños de sus personajes, la bruja y su cuervo merodeando en la feria, todavía no lo sé. Pero esta novela le hizo lugar a otra dimensión porque descubrí que la lectura también podía hacerme extrañar lugares y gente que todavía no conocía.

5. Frin, Luis M. Pescetti
Este libro fue una aventura. Como no teníamos plata ni podíamos pedirles a mamá y papá, con una amiga, en sexto grado, empezamos a leer Frin en el primer recreo del lunes de la semana de la feria del libro en el cole. Religiosamente bajamos todos los recreos de toda la semana para leer juntas esta novela. Recuerdo que cada vez que tocaba el timbre nos mirábamos con complicidad, dejábamos el libro casi intacto en el stand, subíamos al aula y yo anotaba en una hoja en que página nos habíamos quedado. Así, en una semana, en recreos de diez y quince minutos, nos leímos la novela entera.
Yo ya era más grande y ya sabía, o empezaba a sospechar, que la literatura me podía hacer moños en el corazón. Y Frin me trajo la primera historia de amor de verdad, entre chicos, sencilla, en medio de la vida y de las cosas comunes que le pasan a cualquiera, y algo de todo eso se me quedó adentro. Frin y Alma se me quedaron adentro.


Ahora tengo unas ganas terribles de releer todos estos libros que no creo que pueda resistir. Y también de releer todos esos otros que se me fueron ocurriendo pero que no pude incluir en esta lista (quizás otro día llegue otra).

Ojalá hayan leído alguno, ojalá se animen a leerlos. Si después de tantos años estos libros siguen despertándome emociones tan viscerales es porque merecen un lugar en la biblioteca de todos los niños-jóvenes-adultos-señoras-señores-brujas.

8 dic 2014

Diez en un barco

Diez en un barco, Liliana Bodoc, Paula Bombara, Diana Briones, Laura Escudero, Mariana Furiasse, Florencia Gattari, Norma Huidobro, Sandra Siemens, Franco Vaccarini, Sebastián Vargas; 2014. Ediciones SM.
Leer puede ser un modo de afrontar el mundo, de atravesar distancias, de descifrar mensajes ocultos en las olas. Escribir puede ser la diferencia entre la vida y la muerte, entre el amor y la soledad, entre la comprensión y la desgracia, la última frontera contra el olvido o la injusticia. En este libro, el lector navegará por mares calmos y tempestuosos en donde los textos conversan, con diferentes voces, sobre un mismo tema: la lectura y la escritura.
Esta antología reúne cuentos escritos por los diez primeros ganadores del premio El Barco de Vapor de acá, de Argentina, y todas las historias tienen como hilo conductor estos dos temas, la lectura y la escritura. Los autores son variados, todos tientan, y a mí siempre me resulta maravillosa la posibilidad de leer cuentos (de los buenos, más todavía si son para un público joven). Así que Diez en un barco resultó ser una compra obvia.

Y mejor aún, resultó ser una lectura hermosa.

Estos cuentos (de los que no quiero adelantar demasiado, porque algo de la magia de los cuentos está en leerlos sin saber de qué tratan) toman como eje, algunos más, otros menos, el tema de la escritura y la lectura, pero lo que resulta fantástico es que se animan a hablar de los efectos que pueden tener, de todo lo que puede construir la palabra, de los caminos que abre, de las emociones que dispara.

Así que puedo hablar de qué me dijeron a mí, sin decir nada de lo que cuentan, para ver si eso anima a otros a encontrarse con estas historias.

En "Hilaria suspendida" me encontré con palabras que sirven de escudo para defenderse del mundo, de todo lo que supera, excede y da miedo, y con otras más suaves, que vienen a romper la coraza y cantar al oído. En "Piedritas del río" las palabras pisaban con fuerza, construían miradas del mundo y, al mismo tiempo, personas y amistades. Todo el último fragmento de este cuento me resultó cercano, lleno de añoranza y ganas de vivir, porque estuvo todo cruzado por unas ganas de terribles de animarse a decir algo sobre la vida, de escribir qué le dice el mundo a uno.

Otros cuentos tenían palabras que dibujaban misterios (muy distintos, muy oscuros, muy divertidos), como "Carta a Joaquín, diez años después" o "El señor quería morir". Y "La mentirosa" arrastró al misterio un paso más allá y abrió preguntas con respuestas incómodas: ¿Las palabras mienten? ¿Las historias que arman las palabras son verdades o mentiras? ¿Quién se anima a creerlas? ¿Quién no?

Y "La oportunidad de Emma", "Futuro" y "En el asiento de tu silla..." presentaron palabras que pesan y transforman la vida. Cartas que definen un rescate, premoniciones que cambian el cuerpo pero sobre todo las ideas, palabras que se enroscan y parecen no tener ni pies ni cabeza, hasta que se entienden, como por arte de magia.

"El último viernes" me estrujó el corazón y me lo ensanchó, todo al mismo tiempo. En este cuento la lectura es un camino, es el camino, y es la salida de la tristeza y la entrada a nuevas posibilidades y nuevas amistades. De forma semejante (en el estrujamiento y ensanchamiento de corazones, digo), "Escrito en las olas" le da a la lectura un lugar importante en la ciencia pero, sobre todo, hace que sea como acariciar a alguien: es la vía de contacto, es la forma de conocer a otro y de entenderlo.

Me parece que no estoy alcanzando a decir todo lo que quisiera. Hay algo en la forma en que estos cuentos proponen que tanto la lectura como la escritura son caminos, formas de abrir el corazón y la cabeza a cosas nuevas, a sensaciones nuevas que sólo se entiende cuando se lee. Y cuando uno se anima a que la palabra entre y haga lo que quiera. Como en un barco, estos cuentos son un ir y venir agradable en el arte de la palabra.

Me gustaría poner este libro en algún estante alto para reencontrarlo en un par de años y leerlo de vuelta. Para ver si las palabras se dan vuelta y me dicen algo nuevo. Porque este libro tiene la fuerza que sólo viene de aquellos que alguna vez se encontraron con la lectura y se dejaron transformar algo adentro para después salir corriendo a escribirlo.


(Y con mi hermana, antes de leerlo, nos divertimos adivinando quién era quién en la portada, porque esa ilustración roba los ojos)

3 dic 2014

Vuelta al sur

Vuelta al sur, Mario Méndez, 2013. Edelvives.
Pablo es de la Patagonia, pero fue a Buenos Aires a estudiar y a trabajar. Sin embargo, las cosas no le resultaron bien y antes de volverse, decide buscar algo más: a su abuela. Una vieja historia familiar la separó hace años de sus hijos y por lo tanto Pablo solo escuchó algunas cosas de ella, pero nunca la conoció. Y está decidido a no volver al sur sin escuchar la otra versión de la historia. Y tal vez, hasta llevarla también a ella de regreso.
Este libro está dando vueltas en casa desde la feria, cuando lo encontramos en el puesto de Edelvives (tan pintoresco y tentador como siempre) y mi hermana decidió comprarlo. Ahora lo reencontré y me lancé a la lectura.

Vuelta al sur es la historia de un regreso. Es el regreso al sur, sí, pero es también el regreso de la narración, las idas y vueltas, los viajes de la palabra y, sobre todo, de las historias y anécdotas que se cuentan en las familias y entre amigos.

No sé qué idea me había hecho de esta historia, pero imaginé que sería más infantil. Encontrarme con un protagonista de 23, perdido en la vida, confundido con lo que quiere y ahogado por una profunda sensación de fracaso amplió el horizonte. Y fue también una de las cosas que más me resonó porque este protagonista, en medio de la incertidumbre, de las dificultades del inicio de la adultez intensificadas por el abandono de la ciudad de origen, se embarca en un viaje que cree que dignificará su vuelta fracasada a casa pero que termina convirtiéndose en mucho más que eso. Su viaje lo lleva a remover y reconstruir.

Y la novela, a partir de una revisión del pasado y de la pregunta por las voces y miradas que lo construyen, lleva a una resignificación del presente y de la mirada que, en este caso, tiene Pablo sobre lo que vivió, lo que está viviendo, lo que espera (o no) de la vida. Es significativo cruzarse con pequeños pasajes donde él hace algún comentario sobre la porquería (vamos a hacerlo bien exagerado) que es su vida y su abuela contesta con algo semejante a "¡Seguro que no fue tan malo! ¡Qué decís, si seguro sos muy bueno en eso! ¡Tenés toda la vida por delante!".

Removiendo y rebuscando miradas sobre el pasado, a Pablo se le empiezan a abrir nuevos caminos (y, por supuesto) nuevas miradas sobre el presente. Lo que había comenzado como un último manotazo de ahogado se convierte en el camino para empezar de otra vez, para volver a poner las cosas en marcha (de forma literal en el auto que se mueve hacia el sur, y de forma metafórica, cuando Pablo pasa de nuevo por Mar del Plata y se despiertan amistades) y recomenzar una vida que había quedado medio adormecida.

Vuelta al sur es un libro que encierra mucho más que la historia de un viaje y que muestra que en el animarse a dar un paso (e incluso en el animarse a mirar el pasado con otros ojos), las cosas que parecían estancadas (la vocación, los vínculos, los anhelos y los sueños) vuelven a cobrar vida.



6 feb 2014

Puente

Puente, Márgara Averbach, 2008. Comunicarte.

Sin historias, no hay ningún mundo. Y esta historia es sobre dos mundos diferentes, separados por una grieta. 
En los días en que empezó la historia, el pueblo se alzaba a espaldas del Pozo Largo, como si el Pozo no estuviera ahí, como si no existiera. Se decía que, una vez, alguien había bajado hasta el fondo, pero era solamente una leyenda y, en la leyenda, nadie había vuelto a subir. No parecía una leyenda importante. En ese pueblo, hasta la noche del espanto, la vida de los nuevos parecía buena.

Ya había leído otros libros de Márgara y, después de tenerla de profesora en un seminario muy interesante, empecé a sospechar que cualquier cosa que escribiera me iba a gustar. Entonces, este año, dando vueltas en la feria del libro, me crucé con esta novela y, sin leer la contratapa, lo compré, porque sabía que de alguna forma el libro me iba a gustar.

Sí, me gustó (¡menos mal!). Puente toma los tópicos que sé que le interesan a Márgara (por sus otros libros, por sus clases, por sus exposiciones en congresos) y los pinta con otros colores y les da otros personajes.

Vientos de cambio, pueblos con historias y rondas, amores de miradas, naturaleza (abundante, viva, compañera), crecimientos, lenguajes, y vida, mucha vida.

Puente narra la historia de un pueblo azotado por una noche de acontecimientos terribles que se ve obligado a escapar. Los nuevos, los más jóvenes, desarrollan todo un plan que puede salvarlos pero que también implica muchos cambios y pasos nuevos.

La historia del puente se teje sobre otras historias y otras inquietudes que descubren los personajes a lo largo de la novela y que están llenas de sentimientos profundos, sencillez y claridad. Nuevamente, Márgara escribe con palabras que parecen latir y moverse como las hojas de los árboles. Su prosa es clara, directa y envuelta en verdes y tierra, todo al mismo tiempo.

La naturaleza es otro de los personajes principales, y posee un lugar muy especial en esta novela (como en todas las de Márgara). Hay algo muy particular en la forma en que la naturaleza cobra vida en las novelas de Márgara, y en Puente vuelve a funcionar.

Puente es una historia sobre una vida (la del pueblo) y muchas vidas (la de los jóvenes, los ancianos, los acarreadores) que se animan a mirar a otro lado, a lanzarse, a construir y conocer y a, finalmente, escribir nuevas historias, sus propias historias.

22 nov 2013

En la línea recta

En la línea recta, Martín Blasco, 2007. Norma.

¿Las cosas pasan sin sentido, sin tener una que ver con la otra? ¿La vida es una sucesión de puntos sueltos? ¿O esos puntos sueltos forman una línea? ¿O existe una extraña línea recta que une a mi padre, con la música, con el Kung fu, con el trencito de la alegría, con la lluvia que está por caer y con todas las cosas del universo?

La premisa de la novela es desconcertante, porque no adelanta absolutamente nada de lo que ocurrirá y nombra eventos y situaciones disimiles que luego aparecerán en la historia, así que no hay que dejarse llevar por lo poco que dice.

En la línea recta narra la historia de una pérdida y la depresión y desorden subsiguientes. Es una premisa que, en apariencia, señala que todo va a ser triste y desgarrador. Sin embargo, Martín Blasco plaga a los personajes de situaciones y salidas completamente disparatadas que enfocan la depresión hacia la locura.

Sin perder en ningún momento el tono cómico y liviano, la novela recorre el camino que hacen los personajes para aceptar que la vida cambió y que ahora tienen que reajustarse. Mediante decisiones delirantes que llevan a acontecimientos muy divertidos (como una pieza llena de paquetes de arroz o un disfraz de la pantera rosa), Martín Blasco habla del sufrimiento y de seguir con la vida.

La novela es llevadera (la leí en dos viajes en colectivo, ninguno particularmente largo) y el tono resulta innovador y muy cercano. Esto es lo que más me gustó, sin duda alguna, porque es lo que hace que el relato sea original y muy ameno (hay algunos capítulos, como los de las agendas y las listas, que son geniales). Quizás hay algunas expresiones que, por no responder directamente al estilo que ordena gran parte de la novela, podrían ajustarse para no sonar tan extrañas.

Pero, en general, En la línea recta es una novela breve muy agradable sobre la tristeza y la vida que sigue, y que se va enganchado en sucesos inverosímiles y extraños, que hace que la vida valga la pena ser vivida.
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