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21 mar 2021

LIJ de verano: Desde los ojos de una mujer

La sexta entrega del newsletter nos encuentra en el mes de la mujer, con ganas de investigar autoras y protagonistas femeninas. Por eso, en esta ocasión, miramos de cerca dos novelas, una escrita por una autora argentina y otra, por una norteamericana, que nos acercan a dos narradoras niñas, atravesadas por historias y circunstancias difíciles (y muy diferentes) y tensionadas por el vínculo con sus madres.

Para leer la entrega completa (con sus recomendaciones y novedades), seguí leyendo. Y si querés suscribirte para recibir la próxima (¡y última!) entrega del newsletter, es por acá.

9 jun 2017

Pequeña crónica de una visita

Estoy participando, hace ya dos meses, del seminario de narrativa juvenil que está dictando Lidia Blanco en La Nube. El objetivo, si es que hay uno solo, es abrir el diálogo, la reflexión y el análisis de los textos escritos para adolescentes en Argentina. Así que nos dedicamos a leer, a conversar, a pensar y a recomendar lecturas.

En el marco de estas clases, el día de ayer vino Paula Bombara, una de las autoras sobre la que hemos trabajado, a conversar y merendar.

Todos sabemos que siempre es hermoso y revelador conversar con autores.

Paula estuvo toda la clase con nosotras y, con mates y cosas dulces dando vueltas, nos hizo un recorrido a través de todas sus novelas juveniles, contándonos sus búsquedas, sus decisiones, su trabajo de investigación y escritura, y pequeñas anécdotas llenas de color, entre otras cosas.

Paula y Lidia, al comienzo de la tarde.
Nos contó, por ejemplo, que para escribir El mar y la serpiente, su primera novela, hizo un trabajo intenso de mucha búsqueda para lograr el registro infantil del personaje. Y que se pasó tardes en el arenero de una plaza, haciendo que leía para escuchar cómo hablaban los niños. Que fue buscando ese lugar de incomodidad para narrar como una niña que está entrando al lenguaje. 

O que La chica pájaro nació cuando nació Mara, personaje que se le apareció luego de presenciar desde afuera una escena de violencia. Y que Mara le fue contando su historia y ella tuvo que optar por contarla desde esa misma perspectiva, con la intensidad y la destrucción que le ofrecía esa mirada, dejando de lado los grises y las vueltas de la trama.

Y también que Una casa de secretos empezó a gestarse a partir de la pregunta "¿qué hace la industria del arte con el arte?", una pregunta que le surgió luego de mirar una subasta. Y que desde ahí empezaron a crecer las ideas, las imágenes sobre la vida de Van Gogh, la idea de una Odile que sí supiera apreciar el arte... Y todo el trabajo de historia y de búsqueda de voces que vino después.

Nos contó sobre algunos de sus encuentros con lectores, sobre los comentarios, críticas e impresiones que ha recibido, y sobre las impresiones que le fueron quedando a ella después de estos encuentros. Y nos dijo que ella también busca salir transformada de la escritura de cada novela, que quiere aprender de cada historia y de cada personaje.

La tarde se pasó rápido y, si la noche no se nos hubiera venido encima, seguramente habríamos hecho más preguntas y Paula nos hubiera contado más cosas.

Esto ocurre en los encuentros entre un escritor y sus lectores: compartir los lugares que fueron cruzados y marcados por la historia leída/escrita altera el tiempo y siempre, siempre, deja con ganas de más, de otra anécdota, de otro testimonio, de nuevas historias.

Y eso pasó ayer. Gracias, Paula.

19 mar 2017

Solo tres segundos

Solo tres segundos, de Paula Bombara (Norma, 2011), es una de esas novelas a las que conviene entrar sin referencias ni pistas sobre por dónde irá la trama. Será desafío para mí, entonces, poder escribir una reseña que no adelante ni eche luces confusas sobre esta historia. 

Puedo comenzar, por ejemplo, señalando que de todas las novelas de Paula que leí hasta ahora, esta es la que más me conmovió. No en un sentido lacrimógeno sino más bien estructural: mientras leía, di vuelta una página, convencida de por dónde avanzaría la historia, a la espera de otro capítulo que me trajera las mismas voces y, de pronto, toda certeza y sensación de previsión se me estrellaron contra aquel nuevo capítulo. Mi horizonte de expectativas acababa de quebrarse por completo.

Y la novela continuó y yo tuve que adaptarme a ella. No, reformulo, quise desesperadamente adaptarme a ella porque ahora necesitaba encontrar el orden y las voces nuevas, y construir con todo eso otra idea sobre esta historia.

Cuando la terminé, me di cuenta del lío: seguir la novela me había llevado a un proceso inesperado (en la identificación con los personajes, en las expectativas y las ideas que me había hecho de la historia en desarrollo) y lo había logrado gracias a —vamos a llamarlo de este modo— una grieta increíble en el medio de la trama. Y no sé si ese me resultaba un recurso bien limpio. No sé si estaba de acuerdo con ese manejo de la historia, que me llevaba a preguntarme cuál era la intención, el conflicto; si esa vuelta de tuerca no era un capricho, un "porque sí".

Y quizás esa grieta es todo eso.

Pero la verdad es también que gracias a ella tuve una lectura inesperada y sorprendente, que me llevó a reevaluar cómo venía considerando la historia y qué era lo que había ubicado como el conflicto. Porque, quizás, el conflicto era este en realidad: que los personajes y yo, lectora, nos cruzáramos con la grieta y, de pronto, todo tuviera que volverse a revisar, a calcular. Que en un cambio de página, de capítulo, en una distracción, en solo tres segundos, tuviésemos de pronto que volver a pensar en lo que ya creíamos haber entendido y comprender qué no, que todo está aún por verse, incluso la literatura y sus modos.
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