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16 jun 2021

Siempre nos estamos yendo

La nueva novela de Verónica Sukaczer se llama Siempre nos estamos yendo (publicada por Nube de Tinta, de Penguin Random House) y es una historia que también corrió y le escapó con vida a la pandemia hasta poder transformarse en el libro que es hoy.


Tuve el inmenso privilegio de leerla cuando todavía era sólo un archivo digital y, regresar a ella ahora, en papel, con sus páginas marcadas por el paso de Zinnia y Jaz, me hizo burbujas en la memoria y me trajo las mismas sensaciones de hace años, cuando por primera vez conocí a estos personajes. Su historia permanece viva, vibrante.

12 dic 2019

Un latido a la vez

Con este título maravilloso, Un latido a la vez, Sharon Creech presenta la historia de Annie, una niña de doce años atravesada por las circunstancias de su vida: un abuelo que se va quedando sin memoria, una madre embarazada, una familia que crece, la vida escolar y sus trabajos, un amigo que corre.

¿Qué es lo mejor? La novela está escrita en verso. Toda, entera, de principio a fin.

Así, cada capítulo es un poema en sí mismo, de verso libre (pero de esa "libertad condicional" que mencionaba María Teresa Andruetto), que tiene toda una lógica interna y que construye una estructura y un ritmo para toda la novela.

10 may 2019

Retratos adolescentes: Radiografía del instante

La adolescencia es puro presente y preocupación, también puro disfrute. Los relatos que trae Radiografía del instante, de Melina Pogorelsky (publicado por SM, en la colección Gran Angular), ponen la mirada en esa etapa de la vida y en lo vertiginosa que puede volverse de un momento a otro.

Son diez relatos, diez fotografías de diferentes instantes, más o menos largos pero igual de impactantes que, además, ofrecen una mirada a diversas realidades de vida y situaciones: escenas en el colegio, encuentros furtivos, amores y desamores, angustia, tristeza; los caminos de los protagonistas de estas historias se abren para todas partes y, así y todo, resuenan con familiaridad porque toda adolescencia tiene un poco de todo eso.

Estos relatos dejan preguntas abiertas y las mías se las acerqué a Melina, para seguir conversando y pensando.

13 feb 2019

Te veo en la Luna

“Si ves la Luna, es que todo está bien”
La Luna, las estrellas, los primeros viajes del hombre al espacio, Estados Unidos y la Unión Soviética, y también Argentina, la dictadura, su turbulencia social y política. Y en el medio de todo eso, dos hermanos, que se quieren y se pelean, como buenos hermanos, y que se pierden.

Te veo en la Luna, escrita por Verónica Sukaczer e ilustrada por Poly Bernatene, es una novela que cuenta una historia pequeña en medio de un escenario enorme, de una época del mundo y de Argentina en la que sucedía de todo. Y así, con todo, el foco está puesto en Martín, un niño que, mientras busca a su hermano, nos ofrece su mirada sobre todos esos sucesos históricos que atraviesan su tiempo.

Repleta de referencias a la vida en el campo y de finales de los ’60 (maravillosas, más aún, para todo aquel que haya vivido en ese entonces), la narración de Martín es vivaracha, fresca e irreverente. Sus ideas van, vienen, se entrelazan y van construyendo los sucesos a partir de toda la información que recibe de su entorno: las noticias en la radio sobre los sucesos en Argentina y también en Estados Unidos, las opiniones e ideas de la gente sobre lo que ocurría y, sobre todo, las ideas de su hermano Juan y toda la información que él le cuenta sobre la Luna y la carrera espacial. Así, de un modo muy fluido, la novela ofrece un montón de datos muy interesantes sobre lo ocurrido entre Estados Unidos y la URSS, sobre los animales que enviaron al espacio, sobre las primeras pruebas y los primeros hombres en acercarse a la Luna.

“Nunca hay que olvidarse de los segundos ni de los terceros ni de los que vienen después”, eso le dice Juan a Martín, refiriéndose a los astronautas que acompañan “al primero”: al primero que sale al espacio, al primero que pisa la Luna. Y es también una frase que marca la novela. Es un tiempo histórico enorme, clave para la humanidad, y es un tiempo también para no olvidarse de los segundos ni de los terceros, de las pequeñas historias que construyen ese momento, de los eventos que permiten que la historia avance como lo hizo (y lo sigue haciendo), de las historias mínimas, como la de Juan y Martín, que son parte de todo lo que sucedió y que, de algún modo, y dentro de sus propias búsquedas, llegan también a la Luna. Tal vez no como Armstrong, Aldrin o Collins pero sí de la forma en que ellos necesitan.

Te veo en la Luna es una novela para este año, que se cumplen 50 años del primer alunizaje del hombre. Es también una novela para otros años. Porque es una historia dentro de la Historia y permite contar lo grande desde lo particular, poniendo el foco en un niño, en su mundo y en el vínculo con su hermano. La llegada del hombre a la Luna emociona, pero lo que conmueve en esta historia es la relación entre Martín y Juan, Juan y Martín. Lo que parece pequeño en medio de tanto que sucede termina siendo, claro, lo más importante.

3 feb 2019

Cuerda floja

Lygia Bojunga es una escritora de literatura infantil y juvenil brasileña muy conocida (en 1982 recibió el premio Hans Christian Andersen —¡la primera latinoamericana en recibirlo!— y en 2004 recibió el premio Memorial Astrid Lindgren) especialmente porque en sus historias siempre se anima a tocar temas "peliagudos" con claridad, sencillez, y como parte de la historia que está contando.

Resultado de imagen para lygia bojunga cuerda flojaLygia es una autora sumamente interesante que conocí hace poco (principalmente porque sus libros no se consiguen con tanta sencillez) y a la que empecé a seguirle la pista. Uno de sus libros llegó hasta mis manos gracias a un regalo y, luego de leerlo, se me quedó atravesado adentro. Déjenme contarles sobre esta novela, sobre lo que me pasó leyéndola y sobre cómo el verano que aún permanece puede ser un gran momento para leerla.

Cuerda floja es una novela de 1981 que cuenta la historia de María, una niña que de pronto se ve apartada de Barbuda y Foguiño, dos personas con quienes ha vivido durante mucho tiempo y que la han acompañado en la pasión de su vida: el equilibrio en la cuerda floja.

La novela inicia con esa separación y con un enorme choque: María está regresando después de muchos años a la casa de su abuela, una señora de clase alta, de dinero y caprichos, que ya ha tenido unos cuantos esposos. La transición es brutal, porque del circo y su libertad María debe comenzar a vivir en una casa de muñecas.

Este shock y el proceso de adaptación (y todo lo que nunca logra adaptarse) se ven acompañados por una serie de recuerdos que María empieza a tener sobre su pasado (que es un misterio) y sobre sus padres, de los que el lector no conoce ni sabe nada.

Toda esta historia, que mezcla la introspección de los momentos de recuerdo con la acción del avance de la trama, está maravillosamente narrada. No sé si puedo describir el estilo de Lygia pero parece sumamente despreocupado (a veces empieza con escenas anecdóticas, que parecen ofrecer sólo datos de color; otras veces está lleno de diálogos entrecruzados, que se confunden, que se repiten) hasta que de pronto revela que a través del humor, de los episodios disparatados y hasta mágicos que se presentan y de las situaciones cotidianas está narrando una historia desgarradora. 

Como si la liviandad, el humor y la imaginación desbocada fuesen los únicos modos de narrar lo que es imposible de decir de otro modo.

Cuerda floja se desenvuelve como un recorrido en el que el lector no sabe qué le depara pero entiende que hay una lógica narrativa que no puede entender, que hay muchas cosas de la historia que tampoco puede entender cuando quiere. ¿El secreto, entonces? Dejarse llevar. Y así, a la deriva del mar de esta historia, el lector se encuentra con un relato profundamente conmovedor, que toca fibras interiores difíciles de nombrar pero que están ahí, siempre a la espera de un relato como este, que las vuelva a mover.

A mí la novela me dejo con una sonrisa medio llorosa. Y con un gusto delicioso, porque la lectura fue puro disfrute.

Así que Cuerda floja es una novela para no perderse, para buscarla hasta encontrarla porque lo vale. Y Lygia Bojunga es una escritora para conocer, para leer, ¡para editar en Argentina también! Seguiré en la búsqueda de su obra, pequeños tesoros que ojalá aparezcan por acá.

11 dic 2017

Nada

Me recomendaron esta novela, Nada, de Janne Teller, una danesa sobre quien jamás había escuchado hablar. Y me contaron que había sido censurada, que era muy controversial y, sobre todo, que leerla cortaba la respiración.
No necesitaba saber más.

Nada cuenta la historia de un grupo de casi adolescentes que, cuando uno de sus compañeros se da cuenta de que la vida no tiene sentido y se trepa a un árbol, abandonándolo todo, deciden entregar cosas que para ellos sí tienen sentido, y armar una pila para tratar de hacerlo cambiar de opinión.

Dónde está la falta de aire: en que esos sacrificios se vuelven cada vez más extremos; en que la búsqueda de sentido cada vez se hace más desesperada.

Efectivamente la lectura es terriblemente incómoda. Es seca, fría, y ofrece un tono calmo en escenas donde la brutalidad se roba el escenario. Sin embargo, la narración es en absoluto morbosa ni escabrosa o sensacionalista. Para nada. Janne Teller logra una primera voz narradora asombrosa, que ofrece las preguntas y búsquedas propias de un niño que avanza hacia la adolescencia sin exagerar, valiéndose de sus silencios para dejarle al lector los detalles de cada escena suspendidos en el misterio. Así, mediante elipsis y descripciones casi superficiales, aéreas, la novela adquiere una atmósfera pesadísima.

Me ocurrió que más de una vez tuve que dejar de leer, pero no porque lo que se contara fuese tremendo o escandaloso sino porque la narración me terminaba ahogando. Y es una maravilla, porque el ahogo se logra con un estilo breve, directo. 

La narración está estructurada, en varias ocasiones, con adelantos de información que, sorpresivamente, no aflojan la tensión ni alivian al lector. Por el contrario, sólo inflan la desolación que va marcando la búsqueda de estos jóvenes y las cosas que deciden hacer.

Como dato extra, me pareció muy interesante el rol ausente de las figuras adultas en esta novela (sólo el maestro tiene nombre, por ejemplo, justo el maestro) y cómo, cuando aparecen, en realidad solo profundizan más la sensación ominosa que marca el relato.

Nada es una novela fuerte, pesada en su clima y desesperante en su tema, que desacraliza la infancia, la noción de amistad infantil y, sobre todo, la idea de una vida con sentido. No alivia, no cede y no deja un buen gusto y es por todo eso que se vuelve una lectura que deja huella, una dolorosa, pero huella al fin.

19 mar 2017

Solo tres segundos

Solo tres segundos, de Paula Bombara (Norma, 2011), es una de esas novelas a las que conviene entrar sin referencias ni pistas sobre por dónde irá la trama. Será desafío para mí, entonces, poder escribir una reseña que no adelante ni eche luces confusas sobre esta historia. 

Puedo comenzar, por ejemplo, señalando que de todas las novelas de Paula que leí hasta ahora, esta es la que más me conmovió. No en un sentido lacrimógeno sino más bien estructural: mientras leía, di vuelta una página, convencida de por dónde avanzaría la historia, a la espera de otro capítulo que me trajera las mismas voces y, de pronto, toda certeza y sensación de previsión se me estrellaron contra aquel nuevo capítulo. Mi horizonte de expectativas acababa de quebrarse por completo.

Y la novela continuó y yo tuve que adaptarme a ella. No, reformulo, quise desesperadamente adaptarme a ella porque ahora necesitaba encontrar el orden y las voces nuevas, y construir con todo eso otra idea sobre esta historia.

Cuando la terminé, me di cuenta del lío: seguir la novela me había llevado a un proceso inesperado (en la identificación con los personajes, en las expectativas y las ideas que me había hecho de la historia en desarrollo) y lo había logrado gracias a —vamos a llamarlo de este modo— una grieta increíble en el medio de la trama. Y no sé si ese me resultaba un recurso bien limpio. No sé si estaba de acuerdo con ese manejo de la historia, que me llevaba a preguntarme cuál era la intención, el conflicto; si esa vuelta de tuerca no era un capricho, un "porque sí".

Y quizás esa grieta es todo eso.

Pero la verdad es también que gracias a ella tuve una lectura inesperada y sorprendente, que me llevó a reevaluar cómo venía considerando la historia y qué era lo que había ubicado como el conflicto. Porque, quizás, el conflicto era este en realidad: que los personajes y yo, lectora, nos cruzáramos con la grieta y, de pronto, todo tuviera que volverse a revisar, a calcular. Que en un cambio de página, de capítulo, en una distracción, en solo tres segundos, tuviésemos de pronto que volver a pensar en lo que ya creíamos haber entendido y comprender qué no, que todo está aún por verse, incluso la literatura y sus modos.

4 feb 2017

The Female of the Species

The Female of the Species (Mindy McGinnis, 2016) cuenta la historia de Alex, una chica que hace tres años se encargó de matar al asesino y violador de su hermana mayor porque la justicia no hizo nada.
"You see it in all animals - the female of the species is more deadly than the male".
La novela es hija de estos tiempos: hay un cuestionamiento bien elaborado de la cultura de la violación, del machismo instalado y de la denigración de la mujer que no se vuelve un discurso teórico insulso o fanático. No, por el contrario, la historia plantea preguntas y desacuerdos a partir de pequeños eventos, situaciones cotidianas e “inofensivas”, pero bien explícitas.

"Boys will be boys" es una de las frases que nadie dice en voz alta pero que sí cita la protagonista para indicar cuál es el justificativo social para todas las atrocidades y vulgaridades que suceden y nadie cuestiona.

Y si bien es cierto que la estructuración de Alex, la protagonista, no es tan creíble, incluso cuando luego de la mitad de la novela la autora comienza a trabajar con ella de otro modo, explorando su costado “más humano” (y ahí aparecen algunos clichés ya muy leídos en la literatura juvenil), es real que el trabajo con los personajes femeninos es muy sólido y profundo.

Hay una búsqueda importante por entender y hacer visibles las motivaciones e impulsos que llevan a las chicas adolescentes a mostrarse y buscar aprobación, a pelearse y odiarse, pero también a ayudarse y defenderse. Los tres personajes femeninos secundarios se desarrollan con vitalidad y mucho realismo, quizás a veces exagerando ciertas actitudes, pero siempre mostrando el peso que las imposiciones sociales tienen sobre ellas. Es quizás el trabajo con los personajes masculinos el que no avanza demasiado y pierde fuerza, sobre todo al final. 

La novela es interesante y está escrita de un modo sencillo, llevadero y que invita al lector a entrar en diálogo con las preguntas que propone sobre la cultura sexual, lo "socialmente aceptado", la violencia física y verbal, la culpa y el castigo. Sin embargo, su fuerza radica en las ideas y no tanto en la historia. El final, de hecho, es insulso y desarma el desarrollo para que sólo queden como recuerdo de la lectura los cuestionamientos propuestos y nada más. Pero es una lectura para estos tiempos y las culturas de hoy, en las que ya no todo se acepta en silencio, y no puedo evitar preguntarme qué pensará un adolescente al leer semejante novela.



17 sept 2016

Como una película en pausa

Ayer tuve la oportunidad de participar un rato de la presentación de Como una película en pausa, novela de Melina Pogorelsky editada por Edelvives este año.

Fue en una librería/espacio cultural precioso, que invitaba a quedarse a tomar algo mientras se miraban los libros y se escuchaba hablar a los autores, editores y familiares que habían ido a acompañar y alegrarse con la autora.

En la presentación participaron Natalia Méndez, la editora valiente de este libro, Mario Méndez, escritor que ya se había cruzado con la novela cuando aún no estaba terminada, Claudio Bidegain, un especialista en estudios de género que se encargó de darle un contexto sociopolítico a la publicación de esta novela y, claro, Melina.

De izquierda a derecha: Natalia, Melina, Mario y Claudio.
La presentación fue sencilla y amena. Siempre es precioso ver la cara de alegría del autor y participar del ambiente con olor a sueño cumplido que supone la presentación en sociedad de una novela que se gestó adentro durante tanto tiempo. Más esta, que, luego de su escritura, según contaron, tuvo idas y venidas a la hora de publicarse.

Sobre eso conversaron un poco quienes acompañaban a la autora, sobre lo que significa que una editorial tenga que animarse a publicar una novela que presenta el descubrimiento y afianzamiento de la identidad sexual de un adolescente. Y cómo la posibilidad de leer textos así abre puertas y desmitifica fantasmas. 

Porque Como una película en pausa es, ante todo, un relato sobre la adolescencia y las confusiones e incertidumbres de descubrirse como persona. El corazón de la novela radica en la posibilidad de que los personajes se cuestionen sobre qué es lo que quieren y quiénes son ellos en relación con los otros y con ellos mismos.

Las preguntas se abren y estiran en el relato con mucha naturalidad y siempre a través de la voz de los personajes, que ilustran con claridad el lío de emociones e ideas que se dan en ese tiempo de desarrollo y construcción de la propia vida. Los descubrimientos que hacen Lucho, Dami y Flora se desenvuelven con sencillez y sutileza, y en ningún momento aparecen escenas clichés (palabra que Mario Méndez también retomó, señalando algo similar) ni armadas o teatrales. En la novela hay espacios de diálogo y de preguntas interiores que no tienen el dramatismo o el juicio del ojo ajeno sino la incertidumbre propia del que está atravesando ese momento.

En la presentación se leyeron algunos fragmentos que fueron acompañados por una puesta visual muy bonita a cargo de Natalia Méndez. Las escenas elegidas para leer fueron algunas de las que más me gustaron de la novela por el peso emocional que presentan a través de diálogos sencillos. Por ejemplo:
"Se pelean como dos hermanitos, loco. No da. La estábamos pasando bien. Sigamos. ¿Dale? Cambien las caras. ¿Preguntás, Lucho? ¿No? Bueno, entonces yo. Me pregunto y me contesto sola. A ver... Flora, ¿es verdad que tenés ganas de llorar? Sí. Porque mis amigos, que son lo más importante que tengo, se portan como dos nabos. Bien. Ahora les toca a ustedes. ¿Ninguno? Ok, yo de nuevo".

Hay una palabra que no puedo dejar de repetir, tanto para hablar de la presentación como de la novela: la sencillez. Porque así, apelando a los movimientos propios de la vida de los adolescentes, situándose justo en el medio del torbellino de emociones e ideas que giran alrededor de los personajes, y todo sin aplicar una mirada exterior, con ideas ya armadas sobre la sexualidad y la adolescencia, Melina ofrece con fuerza descomunal un retrato de la intensidad que supone ser adolescente.

Qué ganas de leer más sobre estos personajes.

25 may 2016

Arcilla

Arcilla, David Almond. Ediciones Castillo, 2010.
Un chico extraño ha llegado al pueblo de Davie. Su nombre es Stephen Rose y se rumorea que fue expulsado del seminario. En un inicio, Davie sólo ve un chico pálido y maloliente, pero pronto descubre que Stephen tiene un talento extraordinario para modelar figuras de barro. Stephen convence a Davie de que ambos tienen el poder de darles vida y juntos crean a Arcilla, un ser de barro dispuesto a seguir sus órdenes...
El glorioso -vayamos con ese adjetivo que le agrega espesura al asunto- regreso de las reseñas se inicia con esta rareza de David Almond, Arcilla. Nunca había escuchado hablar de él, me la prestaron sin demasiados anuncios y opté por no leer la sinopsis (en perspectiva, creo que eso vino muy bien).

Es una lectura vertiginosa: capítulos breves y centrados en el avance de la acción, y una trama que tiene como eje central una pregunta abismal sobre el bien y el mal. No hay demasiadas respuestas, de hecho creo que Almond entiende que, en realidad, no tiene que preocuparse por responder nada. Parte del horror que comienza a desenvolverse tiene que ver con eso, con incógnitas abstractas y universales (sobre Dios, el demonio, la presencia del mal en la tierra, la existencia del paraíso, etc.) que no se pueden responder porque, básicamente, los personajes (y nosotros) son/somos humanos.

La escritura seca y al punto deja que el malestar de los personajes y la extrañeza de sus acciones se transformen en el carozo del asunto. No importan demasiado las descripciones, importa cómo se siente Davie, el protagonista, y qué percibe sobre todo lo que va sucediendo.

La fuerza de la novela radica en esta presencia constante y silenciosa de lo ominoso, que le respira en la nuca a los personajes y, por consiguiente, también a los lectores, gestando un clima de horror mudo que se hace difícil de tolerar (y que obliga a leer rápido, para ver qué pasa, para desarmar ese malestar). 

Eso es lo que me llevo, con lo que me quedo, de Arcilla: una sensación (que, si lo pienso bien, es todo lo que espero que una novela me haga experimentar).



17 dic 2015

Los nombres prestados

Con la lentitud propia de un diciembre pegajoso, recién ahora llega: el viernes 4/12 fui a la presentación de Los nombres prestados, la última novela de Verónica Sukaczer, y la primera novela de un autor argentino publicada en el sello Nube de tinta (nada más ni nada menos), y tengo cosas para decir (no surprise).

El evento fue en Librería Gandhi, que es preciosa, tiene estanterías por todas partes y la escalera más hermosa y bibliófila que jamás haya visto (¿cómo-yo-no-había-ido-nunca-antes-a-ese-lugar? Ya se me tranquilizó la conciencia porque volví a ir y a comprar más libros).

La presentación fue tan bonita como la librería: amena, cercana, con un gusto fuerte a charla entre amigos. A Verónica la acompañaron Franco Vaccarini y Maridé Minor con preguntas, comentarios y disparadores que después terminaron entre nosotros, los que escuchábamos y también teníamos preguntas.

Maridé, Verónica y Franco, sobre el final de la presentación, en el momento de los agradecimientos.

Hay algo mágico en escuchar el proceso de gestación de una historia, porque cada uno es único y está lleno de anécdotas e imágenes que no se repiten, ni en otra historia, ni en otro autor. A mí, en particular, me vuelve loca. ¿Cómo apareció la idea? ¿Qué cosas ya se sabían, qué otras cosas fueron apareciendo a medida que nacía la historia? ¿Qué personaje está dando vueltas hace más tiempo?

Así que escuchar todas esas curiosidades, junto a gente que había sido testigo de ese proceso, fue una alegría (la monja con nombre judío, el abuelo que escribía y anotaba todos los artículos de los diarios, las voces de los personajes, que no se callaban nunca, magia que se cocina en el detrás de escena y después ilumina toda una novela).

Más aún sobre Los nombres prestados (y el nombre ya es toda una pregunta).

La novela la leí hace tiempo, pero algunas cosas todavía no se me escapan. Como la sencillez con la que se cuenta una historia situada en un tiempo histórico difícil y ya escrito muchas veces. O las voces de los personajes, cada una con una marca particular en la escritura (y se me aparece una y otra vez el "es decir" de Nina, que me hace acordar al "so it goes" de Vonnegut).

Este libro acompaña al lector en la travesía de la historia. Es amable en medio de la desesperación que narra. Y juega con una estructura redonda, que se va revelando de a poco, con sutileza, y que es casi como la Historia misma: pura suerte, pura casualidad.

Podría ser una primera recomendación de lectura de verano. Que después puede acompañarse por los libros y autores que tuvieron algo que ver con esta historia (como Spiegelman, Levi o Berg) y que podrían completar y ampliar el panorama que ya todos conocemos pero que en esta novela se muestra desde la intimidad más profunda y humana.




1 nov 2015

El pacto

El pacto, Sebastián Vargas y Florencia Gattari. Ediciones SM, 2015.
Cada vez que le dicen “nos mudamos” Petra ya sabe lo que se viene… Esta vez debe dejar el único lugar del que se siente parte para irse a la Capital, al cuarto año de un colegio donde todo empieza mal. Pero en medio de la furia del ambiente aparece Alejo, el de quinto, que necesita hablarle afuera, lejos del colegio. Para proponerle un pacto ultrasecreto que no pueda olvidarse nunca.
El pacto es una novela con una propuesta muy particular: dos chicos, Alejo y Petra, dos voces y dos miradas que se plasman por separado. Cada uno con su lado de la historia, con lo que vio y entendió. Y todo narrado a través de cartas, reescrituras de cartas, mails...

Ahí reside la magia. La historia se desenvuelve a partir de narraciones, de discursos individuales, y nunca se puede acceder a ella de forma directa. El lector recibe una construcción con una impronta bien marcada.

Está Petra, con su nombre de ciudad perdida y su cerrazón. Su escritura es prolija y cuadrada, calculada. Y después está Alejo, que escribe mails como si fuera un poeta: juega con las palabras, las estira, las recorta, la hace rimar. Su escritura se mueve a la par de lo que piensa y entonces divaga, entrelaza ideas. La contraposición entre un estilo de escritura y el otro es muy marcada, y juega con la definición de los personajes a partir de la forma en que escriben y a través de lo que dicen sobre ellos mismos y el otro.

Es una novela muy amena (y fácil de leer, porque lo que se lee es como lo que escribe un amigo, sin demasiado orden, sin demasiada complejidad), que presenta el enlace entre el desarrollo de la trama y la presentación a través de la codificación y la escritura con mucha astucia.

7 jun 2015

Me and Earl and the Dying Girl

Me and Earl and the Dying Girl, Jesse Andrews, 2012. Amulet Books.

Greg Gaines es el mejor maestro de espionaje del secundario, capaz de desaparecer a voluntad en medio de cualquier entorno social. Sólo tiene un amigo, Earl, y juntos hacen películas, versiones incomprensibles de cultos clásicos como los de Coppola o Herzog. 
Hasta que la mamá de Greg lo obliga a retomar una amistad infantil con Rachel.
A Rachel le diagnosticaron leucemia - pura incomodidad adolescente - pero el mandato materno ha sido expresado y debe ser obedecido. Cuando Rachel detiene el tratamiento, Greg y Earl deciden que lo que hay que hacer es filmar una película para ella, que pronto se convierte en La Peor Película Jamás Hecha y se vuelve un punto de inflexión cada una de sus vidas.
De pronto, Greg debe abandonar su invisibilidad y pararse bajo las luces.

"¿Qué es este libro?", se preguntarán. "¿Es otra versión de Bajo la misma estrella?", puede ser otra pregunta. Y la respuesta en ambos casos podría ser la misma: este libro es un misterio.

Me and Earl and the Dying Girl tiene los mismos elementos que la novela de John Green (¿y fueron escritos en el mismo año? Qué sospechoso), pero hasta ahí llegan las similitudes. Porque mientras la novela de Green desarrolla un romance amoroso teñido de frases irónicas protagonizado por adolescentes (que a veces no lo parecen), Andrews construye un relato dolorosamente adolescente.

La novela sigue el desarrollo de la vida de Greg, su vínculo con Earl y sus tardes filmando, la amistad forzada con Rachel y su enfermedad, pero lo hace desde un foco muy peculiar: Greg, un adolescente bien adolescente, que narra apelando constantemente al narrador.

Su pasión por el cine tiñe los capítulos y muchas veces la narración se transforma en un guión de cine, porque así percibe él el mundo. Greg es gracioso, irónico, desconsiderado, preocupado, pero su fortaleza es que logra erigirse como un personaje que realmente está atravesando una edad intensa. No sabe qué quiere, qué no quiere, cómo hacer para evitar vincularse, cómo hacer para lograr no salir de su pieza. Es muy autocrítico y vive enroscándose en sus propias palabras, tratando de explicar cosas que todavía ni él entiende. Muchas veces, por ejemplo, la única forma que encuentra para lidiar con un problema es quejándose: "UUUUGGGHHHH". Ese puede llegar a ser el contenido de un capítulo.

Me and Earl and the Dying Girl entreteje esta historia de juventud, enfermedad, amistad y muerte con hilos deliberadamente imperfectos: Greg, Earl, Rachel, sus familias, sus compañeros, sus profesores; y logra mostrar que la vida a veces es la vida, y que so it goes. Pero lo hace con la alegría de saber que, para que la vida sea la vida, hay que estar vivo y vivir.

No será una novela perfecta, pero Me and Earl and the Dying Girl es una foto perfecta de la adolescencia y sus avatares. Quizás más aún que la novela de Green.

15 may 2015

El hombre de los pies-murciélago

El hombre de los pies-murciélago, Sandra Siemens, 2009. Editorial Norma.
Desde chico Esper había aprendido a no hacerse notar. Muchas veces le había confesado al Hombre de los pies-murciélagos que él era un camaleón. Que podía ser banco, pared, pasto, ventana. Sobre todo en la escuela. Era invisible en la escuela. Era un artista en el oficio de pasar desapercibido. Nunca una opinión. Jamás una risa. Nada de movimientos bruscos. Nada. Sin embargo, lo veían. Muchas veces lo veían. Porque querían verlo. Lo buscaban. Había también buscadores de camaleones, era cierto. Tenía que estar alerta nada más.
Me prestaron este libro días antes de que anunciaran que Tatuajes, otra novela de Sandra Siemens, había recibido el premio de Destacado de ALIJA. Ahora muero por conseguir ese libro, porque este fue impactante.

El hombre de los pies-murciélago funciona tan bien como una piedra que alguien tira con buena puntería a una ventana. Rompe el vidrio. Expone. Es brutal y contundente.

Combinando diferentes perspectivas y personajes, la novela se centra en la organización de una broma pesada que tiene como blanco a Esper, un chico que justamente lo que quiere es que nadie se dé cuenta de que existe. Es esta estructura múltiple la que enriquece la historia: se pueden experimentar en primera persona las sensaciones, ideas, inseguridades y deseos de cada uno de los adolescentes involucrados.

Y así, la novela despliega un abanico de experiencias propias de la juventud y del madurar que deja sin aliento. La crueldad, el cumplimiento de expectativas, los conflictos con la imagen, las familias complejas, el abandono, la superficialidad y, sobre todo, la confusión, todo está presente, señalando con crudeza que atravesar la adolescencia no es pan comido.

No puedo dejar de repetir que la historia es muy contundente: despierta sensaciones viscerales y puede llevar a tomar partido por algunos personajes. A mí, incluso, una noche me hizo soñar (REAL. Me quedé leyendo hasta tarde, y aparentemente me quedé con la historia dando vueltas porque
después soñé con el libro; hacía tiempo que no me pasaba eso). La novela marca, abre surcos, porque expresa con veracidad experiencias sobre las que muchas veces se habla sin decir nada.

Hoy visité con mis alumnos la feria del libro del colegio y, cuando encontré este, se los recomendé. Porque El hombre de los pies-murciélago es un libro para leer y dejar que te atraviese. Es un libro para sentir con crudeza. Y para pensar, y conversar.


5 abr 2015

Las carpetas

Las carpetas, Márgara Averbach, 2010. Edelvives.
En la base aérea se gestaba una guerra, pero no todos estaban preparados para ella: un soldado desertaba y un piloto desviaba su avión para evitar un bombardeo. Sin embargo, la guerra era inminente y rozaba la cuadra donde vivía Lara. Allí había once casas y cuatro nombres: Héctor; Catalina, la loca de los gatos; Pablo, el okupa y Amanda. Al tiempo, llegó un quinto que, con un caballete y un par de pinceles, hizo dibujos de cada casa y los guardó en una carpeta oscura. Pero un día, los aviones sí sobrevolaron la cuadra de Lara acunando bombas, y ya nada volvió a ser como antes.
Compré esta novela un día de paseo por Yenny. Fue de esas compras impensadas y no demasiado analizadas. Agarré el libro y me dio miedo que se lo llevara otra persona, así que lo compré. 

Las carpetas es breve (me lo leí en una mañana, mientras esperaba a que me llamara el médico), pero con un nivel de profundidad hermoso. Porque narra la historia de un bombardeo que también es la historia de una chica con pocos amigos, de una familia olvidada, de un pintor optimista y de unos soldados confundidos.

La historia es sencilla, pero presenta con trazos muy suaves historias desgarradas y desgarradoras, y un impulso de vida que mueve a los personajes más allá del bombardeo. Esa sencillez, compacta y directa, como el ataque de un avión, me impactó e hizo que esta historia se me grabara.

Hay algo en Las carpetas que hace que esta no sea una novela bélica sino una novela de los detalles, de las historias mínimas, de Lara y Héctor, de la búsqueda, de los colores, de las pinceladas que dibujan esas once casas. Una novela que me gustaría leer con mis alumnos.

18 feb 2015

Algo que domina el mundo

Algo que domina el mundo, Franco Vaccarini, 2009. Editorial Norma.
La puerta se abrió y enseguida llegó el golpe y el tirón de pelos.Y una patada que me empujó al piso. Sangre en la nariz y Vilma que comenzó a gritar, a defenderme como una fiera.Y que algo recibió, también. No sé dónde estaba mamá, pero estaba lejos, petrificada. Desde esa noche, mamá no pudo dormir en paz nunca más.
Cosas que uno se entera más tarde.
Doy inicio al regreso del blog a las reseñas con este libro, un libro con una sinopsis misteriosa y completamente extraña, que, la verdad, no dice nada. Pero me lo prestaron y me habían dicho que era muy bueno.

Gente que sabe recomendar libros. Este libro fue un espectáculo.

Lo empecé a leer en un viaje en micro hacia la costa. Era de noche, apagaron las luces pronto. Un señor roncaba bajito, una pareja miraba una película en el celular. Yo pensé que iba a leer unas hojas y dejar el resto para la playa. Pero el libro me abrazó de tal forma que tuve que obligarme a apagar la luz cuando los ronquidos se hicieron insoportables y me di cuenta de que era muy tarde.

Algo que domina el mundo es una novela rara. Y rara en el mejor y más maravilloso de los sentidos. Narra la historia de Rodolfo, un adolescente en plena adolescencia que se comporta como un verdadero adolescente. ¿Cuántas veces dije la palabra adolescencia? NO LO SUFICIENTE.

Porque es eso lo que hizo que la novela fuese mágica: retrata de forma muy interesante cómo es vivir la juventud en medio de circunstancias complicadas. Y cómo se lidia con las preguntas sin respuesta, las familias rotas, las familias nuevas, el amor, el dolor y la tristeza, el arte de reírse, de aprender cosas nuevas, de animarse, de soltar.

La prosa es deliciosa y está llena de frases y expresiones sencillas y profundas. Me la pasé subrayando oraciones y marcando párrafos enteros. Por ejemplo:
"Soy re-superficial, gracias a eso no estoy con la nariz pegada a un solo tema; puedo ver más, aunque, claro, desde arriba, desde abajo, desde afuera; nunca desde adentro. Porque al elegir la superficialidad, elijo quedarme afuera de muchas cosas, yo qué sé. Me parece"
Este tipo de frases marcan toda la novela. Reflexiones sobre lo que se es, lo que se sabe, lo que se sueña, lo que se siente, lo que se va viviendo, las nuevas experiencias, y después palabras y más palabras que dan vueltas, se oponen a lo que se dijo, lo mezclan, lo confunden, lo reafirman.

Fue una lectura de un tirón, y me hizo recordar mucho a mis alumnos adolescentes-perdidos-en-el-tiempo-y-el-espacio-de-la-adolescencia. Me quedo con unas ganas enormes de leerlo en clase con ellos.

No puedo explicarlo mucho más, este libro es todo lo que me gusta de la literatura juvenil local y más también.

22 jul 2014

Si decido quedarme

If I stay (If I stay, #1), Gayle Forman, 2009. Dutton Juvenile.
Elecciones. Mia, de diecisiete años, tiene algunas difíciles por delante: ser fiel a su primer amor - la música - incluso si eso significa perder a su novio y dejar a su familia y amigo atrás. Entonces, una mañana de febrero, Mia sale de pasea con su familia y en un instante, todo cambia. De pronto, todas las elecciones desaparecen, excepto una. Y esa que queda es la única que realmente importa.
En la eterna cruzada por alcanzar a leer los libros antes de que salgan sus versiones cinematográficas, avancé con Si decido quedarme, de Gayle Forman, una novela que ya me había cruzado antes en otras reseñas y menciones. Conocía la premisa y había visto muy buenas reseñas sobre esta novela breve, pero nunca me había decidido a leerlo. Hace poco (ahora ya no tan poco) salió el trailer de la película y, entonces, supe que había llegado la hora.

La historia de este libro es bastante lineal y no guarda grandes sorpresas: accidente de auto, drama, horrores, sufrimiento y mucho llanto. Mia es una chica que está terminando el secundario, a punto de elegir universidad, con un novio bastante diferente y una familia muy original, y de pronto todo se le viene en banda cuando un borracho los choca. La historia entonces gira en torno a la decisión que propone el título: ¿Mia -en coma, medio muerta- decide quedarse o no?

Si bien tiene ingredientes leídos y re vueltos a leer (chica especial, talento especial, novio especial, familia especial; demasiado hincapié en la particularidad de todo, en mi humilde opinión), la novela logra un juego muy interesante en la organización de la historia. Todo se sucede en una serie de flashbacks intercalados con fragmentos que narran qué hace Mia en el hospital mientras decide todo. Mia revisa su vida, casi de forma involuntaria, mientras se cruza con sus parientes, algunos amigos y el novio, en el hospital, de forma espectral. La combinación es atrayente y logra construir el mosaico de esa vida rota sin caer en demasiadas escenas repetidas o previsibles.

Las vueltas en la trama son sutiles y pequeñas pero logran incluso hacer dudar sobre la decisión de Mia. Hay un buen manejo del drama: no cae en el llanto desconsolado y logra centrarse más en el dolor de lo que vendrá, sea lo que sea que elija.

Es un libro tranquilo, de esos que se pueden leer sin desesperación, pero da la posibilidad de disfrutar las pequeñas escenas que presenta. El punto más alto es, sin duda, el final, que no sorprende tanto pero que está bien escrito y bien sellado. Una lectura amena, sin mucho compromiso, pero que termina dejando un buen gusto.


20 dic 2013

Fangirl

Fangirl, Rainbow Rowell, 2013. St. Martin's Press.
Cath es fan de Simon Snow. Bueno, todo el mundo es fan de Simon Snow. Pero para Cath, ser fan es su vida -y es muy buena en lo que hace. Ella y su hermana gemela, Wren, se sumergieron en la serie de Simon Snow cuando eran chicas y eso las ayudó a superar el abandono de su madre. 
Leer. Releer. Navegar por foros de Simon Snow, escribir fanfics de Simon Snow, disfrazarse como los personajes para las premieres de las película. 
La hermana de Cath ya lo fue dejando atrás, pero Cath no puede. No quiere.
Ahora empiezan la facultad, y Wren le dijo a Cath que no quiere que compartan habitación. Cath está sola, totalmente afuera de su zona de confort. Tiene una compañera de habitación ácida con un novio que está siempre dando vueltas, una profesora que cree que los fanfics son el fin del mundo civilizado, un compañero que sólo quiere hablar de palabras... Y ella no puede dejar de preocuparse por su papá, que es amoroso y frágil, y que nunca estuvo realmente solo. 
Para Cath la pregunta es: ¿Puede con esto? ¿Puede sobrevivir sin que Wren esté con ella todo el tiempo? ¿Está lista para empezar a vivir su propia vida? ¿Y para escribir sus propias historias? ¿Es capaz de avanzar si eso significa dejar a Simon Snow atrás?

La sinopsis de la novela no me terminaba de cerrar. Hay algo que dice que esta historia va a ser una más, pasajera, obvia y previsible. En cierto modo, Fangirl es eso, pero, la verdad es que en otras cosas, esta novela supera las expectativas.

Las partes obvias y previsibles son las típicas. Todos sabemos que todo termina bien. Pero Rainbow (¡qué nombre!) logra darle una vuelta de tuerca a las situaciones y a los personajes que los transforma en algo real. Realmente real. Terriblemente real.

Cath es tímida, introvertida, una rata de biblioteca, fanática hasta la médula, rara. Cath es real. Su gran obstáculo es empezar a vivir ella, su vida, y no hay obstáculo más cierto y grande que éste cuando se empieza la facultad. Cath no sabe cómo comportarse y se muere de vergüenza. No puede preguntar cosas, no puede transitar lugares con demasiada gente. Cath lleva su computadora a todas partes porque lo único que puede hacer, lo único que saber hacer, y lo único que la tranquiliza es escribir.

Cath es un gran personaje, porque plasma todas las dificultades con las que tiene que lidiar un introvertido en la vida en general. Su gran crisis de confianza está tan bien descrita y detallada que no deja espacio para la incompresión. Los problemas de Cath parecen absurdos a primera vista y, sin embargo, a medida que avanza la novela, es posible comprender su profunda angustia. Quizás sea yo nomás, porque en Cath encontré un reflejo muy fuerte de situaciones que se me cruzan constantemente.

La novela conjuga de forma increíble dos relatos paralelos, el de la vida de Cath y el de la vida de Cath como fan, y sumerge al lector en la experiencia de lo que es un fandom y lo que es ser un fan acérrimo. Rainbow sabe sobre lo que escribe y eso se percibe en cada página.

La historia es previsible, pero las escenas cotidianas y crudas le dan a la historia un vuelco y la transforman en una experiencia agradable y, sobre todo, verdadera (¿cuántas veces puedo usar la palabra real sin gastarla?). Mi única crítica se la doy al final de la novela, que, en mi opinión, podría haber sido un poco más extenso y desarrollado, y no tan brusco (da la impresión de que se solucionaron todas las tramas y subtramas y que es hora de cerrar todo y pasar a los agradecimientos).

De todas formas, Fangirl es una novela llevadera, e ideal para fangirls e introvertidos: los personajes, las escenas y las situaciones logran captar de forma fiel y concisa la esencia del fanatismo y retrata con crudeza la angustia que generan las dificultades sociales. Una buena lectura de verano.

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