26 dic. 2018

Lo mejor del 2018

Se va otro año con todas sus lecturas. Se va otro desafío de Goodreads completo (para saber más sobre los casi 67 libros de este año, pasen por acá. Goodreads es una magia).

Y como el año ya se acaba, esta es una oportunidad ideal para revisar qué libros de todos los leídos durante estos meses fueron gratas sorpresas y encuentros que me cambiaron algo adentro. Así que, sin ningún orden especial, estos son los ocho libros que marcaron mi camino lector del 2018; los que merecieron cinco estrellas:

1. Quiere a ese perro, Sharon Creech.

Este libro cuenta, a través de poemas, la historia de un niño que debe escribir poesía para el colegio y no entiende cómo ni quiere hacerlo. La historia es un juego constante porque presenta la resistencia del protagonista y sus quejas a través de su propia escritura que, claro, es poesía.

Es un libro que retrata con perfecta claridad cómo la magia de los versos y las estrofas, del juego con el lenguaje y las imágenes, termina siempre filtrándose y encontrándose con la persona. Y, además, cómo siempre se puede descubrir que uno tiene cosas para decir y que la poesía es un camino muy posible para hacerlo.

2. El libro de todas las cosas, Guus Kujier.

Esta novela me partió un poco el corazón y otro poco la cabeza. Cuenta la historia de Tomás, un niño que anota todo lo que ve en su Libro de todas las cosas. Y lo que ve y lo que piensa no es chiste. Con un trabajo impecable en la narración, que es clara, sencilla, llena de humor y también ojo crítico, Kujier aborda temas como la violencia familiar, la religión, el fundamentalismo, la mirada de los otros y hasta la magia con una cintura increíble.

Esta es, realmente, una de las mejores novelas infantiles que leí en mi vida. Para no perdérsela.

12 dic. 2018

Once libros para regalar

Se acercan las fiestas y siempre es una buena idea regalar y compartir libros. Este año las lecturas que llegaron hasta mis manos fueron variadas y coloridas, así que, ¿por qué no armar una lista con recomendaciones?

Estos son diez (bueno, once) libros que pueden tenerse en cuenta para regalar y leer en estas fiestas. Hay de todo: libros-álbum, poesía, novelas, cuentos, una variedad para todos los gustos y, también, para todas las edades, porque algunos de estos libros están pensados para los más chicos y, otros, para jóvenes lectores.

Acá están, diez (once) libros que pueden regalarse en estas fiestas:


1. A mi lado
Escrito por Anne Mulpas e ilustrado por Marjorie Pourchet.
Adriana Hidalgo Editora, colección Pípala.

Este libro álbum nos presenta a una niña que, un día, cansada de mirar siempre hacia adelante y de hacer lo que le piden los mayores, elige mirar a su lado y descubrir todo lo que el mundo tiene para ofrecerle.

La sencillez (y complejidad) de la trama en conjunto con las bellísimas ilustraciones crean un ambiente mágico y muy reconfortante que hacen de esta historia un rato de lectura encantador.



2. Alina, maga del mandarino
Escrito por Laura Escudero e ilustrado por Viviana Bilotti.
Editorial SM, colección El Barco de Vapor.

Alina, aburrida de ser siempre la misma, comienza a buscar cómo ser diferente y así se lanza a explorar observando los cambios de su jardín y la naturaleza. Con una hermosa y mágica prosa poética, acompañada por las ilustraciones, la historia de Alina se vuelve una canción, una melodía, que invita a ser parte del secreto, del misterio de la transformación.




8 dic. 2018

Otro año de docencia

Se acabó el ciclo lectivo 2018 y es tiempo de revisar cómo fue la búsqueda por ofrecerles a los alumnos modos nuevos de pensar y acercarse a la lectura y a la escritura. La tarea no fue sencilla, pero ciertas propuestas e invitaciones construyeron otra lógica, una un poquito más cercana al disfrute (a veces), que le dio lugar a los alumnos y a sus voces.

Una bella experiencia de este año fue el enorme trabajo con poesía que surgió a partir de los libros Tus ojos, de Eduardo Abel Gimenez, y Anti-recetario. Reflexiones y talleres para el aula de Literatura, coordinado por María Florencia Ortíz. Pueden leer un post bien detallado de la propuesta y el paso a paso (y ver algunas de las producciones) por acá.

También hubo juegos e ideas para repensar ciertas lecturas. Por ejemplo, con los alumnos de tercer año leímos El señor de las moscas, de William Golding, y luego de conversar y trabajar sobre los tópicos presentes en la historia (la oposición entre salvajismo y civilización, la tensión entre infancia y adultez y la figura del propio señor de las moscas, por ejemplo), surgió la idea de plasmar el análisis de cada grupo de alumnos de una forma original.

Así aparecieron las actuaciones: grupos de alumnos que interpretaron en clave actual el surgimiento de conductas salvajes en medio de un contexto civilizado (algunos incluyeron escenas con sangre falsa, todo un despliegue). También hubo maquetas, como la de la foto de abajo, por ejemplo, en la que se buscó representar el modo en que el personaje de Simon funciona como vínculo entre "el señor de las moscas" y la bestia imaginaria que persigue a los chicos:

3 dic. 2018

Cuando el mundo era joven todavía

Así como existen libros originales por las historias que cuentan, otros resultan novedosos por la estructura que sostiene la trama o por cómo está organizado el texto. Otros, tal vez unos pocos, como Cuando el mundo era joven todavía, son únicos en su estilo porque se encargan de romper con todo horizonte y expectativa de lectura, tanto desde la trama como desde la estructura.

Cuando el mundo era joven todavía fue escrito por Jürg Schubiger (autor suizo que en 2008 recibió el Premio Hans Christian Andersen), ilustrado por Rotraut Susanne Berner y publicado en Anaya. Además, obtuvo el Premio al mejor libro juvenil de Suiza y el Premio de literatura infantil y juvenil alemana en 1996.

Nunca había escuchado hablar ni del libro ni de su autor y fue en el marco de una materia de la maestría que nos lo presentaron. La propuesta fue (de la mano de nada menos que Luis Pescetti, que guiaba los diálogos) conversar sobre la lectura del libro y poder descubrir cómo estaba armado, porque se trataba de una lectura peculiar y muy interesante.

Cuando el mundo era joven todavía no es una novela ni tampoco una colección de cuentos. Es más bien un compendio de relatos que están organizados por tópicos. Por ejemplo, el apartado "Cielo y Tierra" reúne las historias de "La niña y la muerte" y "La estrella", mientras que el apartado "Animales" junta narraciones como "El rugido del león" y "Un animal blanco", entre otros.

En primer lugar, estos relatos están marcados por una no-linealidad: rompen con el horizonte de expectativas de lectura a partir de acontecimientos y secuencias temporales inesperadas, de personajes pertenecientes a diferentes mundos en un mismo relato, y de una yuxtaposición de eventos y elementos que desconciertan. Lo "esperable" en estos relatos no suele suceder y esto arma un clima casi onírico, que recuerda al sinsentido propio de Alicia en el país de las maravillas, donde también jamás sucede lo "esperable", lo lógico, lo coherente.

25 nov. 2018

"Lee el libro que te lee" y "(Auto)biografías apócrifas" - FILBITA

Luego de visitar uno de los paneles del jueves del Filbita, el viernes 23 me acerqué para seguir escuchando y conociendo.

El primer panel fue "Lee el libro que te lee", en el que participaron Daniel Link, María Fernanda Maquieira y Nicolás Schuff, y que fue moderado por Lola Rubio. La idea: compartir y dialogar sobre el encuentro con los libros, con aquellas lecturas que definen, que cambian la vida, y pensar un poco sobre los caminos lectores. Y yo iba con ganas de escuchar a Daniel, porque uno de los mejores recuerdos que tengo de mi carrera son sus clases de Literatura del siglo XX, y me interesaba ver qué tenía para decir (¡y en el marco de un Filbita!).

Entre idas y venidas, fueron surgiendo miradas interesantes y experiencias particulares en relación a la lectura. Por ejemplo, los participantes coincidieron en que la lectura viene a cerrar las heridas, que ella es "una de las formas de la felicidad y un refugio", según palabras de Fernanda.

En la lectura pasan cosas también con el cuerpo, y Nicolás recordó la vez que había visto a una persona sonreír mientras leía en una feria del libro como un momento de descubrimiento impactante. En este sentido, Fernanda se sumó y agregó que sí, que en la quietud de la lectura pueden pasar un montón de cosas físicas que atraviesan el cuerpo, y todo gracias a las palabras.

De izq. a der.: Lola Rubio, Daniel Link,
Ma. Fernanda Maquieira y Nicolás Schuff.

24 nov. 2018

"Apuntes sobre narrativa visual" - FILBITA

La experiencia del año pasado en el Filbita fue especial y enriquecedora, así que esperaba con ganas esta edición.

Por eso, el jueves 22 me acerqué para participar del panel "Apuntes sobre narrativa visual", en el que participaron tres grandes ilustradores, Mariana Ruiz Johnson, Raúl Guridi y Marjorie Pourchet. Nunca me había cruzado con ellos y, hasta hacía muy poco, tampoco conocía sus libros ni sus trabajos, así que la posibilidad de escucharlos, y juntos, me entusiasmaba.

Entre sonrisas y rostros entusiasmados, el panel comenzó con la posibilidad de que cada uno se presentara y ofreciera una suerte de cronología sobre su camino como ilustrador. Raúl Guridi contó que como había sido "un desastre" en todo (especialmente en matemática) toda su vida y como sabía muy bien qué cosas no quería ser (economista, por ejemplo) se había quedado con un lápiz en la mano y se había dedicado al arte. Contó que para él las imágenes, los dibujos, llegan y pueden ser comprendidas por todo el mundo ("¡es el verdadero esperanto!") y así es como puede hablar con los demás.

Sobre su camino, Marjorie Pourchet contó que La cabeza en la bolsa fue su proyecto de licenciatura y que entonces pudo trabajar bastante en esa obra y prepararla bien. Explicó también que, para trabajar, ella suele remitirse a su propia infancia. Por su parte, Mariana hizo referencia a su formación en bellas artes y contó que son sus hijos quienes la ayudan a mirar el mundo con ojos frescos y que, como Marjorie, ella también, a la hora de ilustrar, evoca la mirada de su infancia todo el tiempo porque tiene los recuerdos a flor de piel.

14 nov. 2018

"Tus manos": la poesía de la antireceta

El tercer trimestre es uno muy loco en la vida de los docentes y de los alumnos, porque todos tenemos que lidiar con la locura de todos. Por eso es el trimestre que elijo para trabajar poesía con los segundos años. Para ver si nos calmamos un poco todos, claro.

El recorrido siempre es divertido: encontrar a los chicos con un poema, ver qué les pasa, leer otros, ver qué piensan, conversar sobre qué es la poesía, por qué nos rompe la cabeza y el corazón (y nos los vuelve a armar), y qué pasa con los recursos que a veces se usan para escribirla.

Este año, no obstante, en la búsqueda por probar más y como resultado de los caminos de este año, el libro Anti-recetario. Reflexiones y talleres para el aula de Literatura, coordinado por María Florencia Ortíz, y Tus ojos, ese bello libro de poemas de Eduardo Abel Gimenez que reseñé por acá, me acercaron una nueva pista.

Anti-recetario se presentó en septiembre, en el VI Simposio de Literatura Infantil y Juvenil del Mercosur, y fue ahí donde, luego de escuchar a Florencia Ortíz hablar del trabajo volcado en este libro y las búsquedas de todo su equipo, lo conseguí. Tal y como indica su nombre, este libro ofrece reflexiones sobre la lectura y la escritura en el aula y una segunda parte de taller de escritura, con diversas propuestas sencillas y originales para animarse a experimentar con alumnos y valientes. 

Ahí encontré la pista, cuando pasando las páginas me crucé una propuesta orientada hacia la poesía que partía de la lectura de Tus ojos.

4 nov. 2018

El Filbita y sus invitados

El Filbita, el festival de literatura infantil en su octava edición este año, se desarrollará entre el 22 y 25 de noviembre en Buenos Aires. Su programa de este año incluye, como siempre, invitados internacionales más que interesantes.
Bajo la premisa de la literatura, la identidad y, además, la ilustración, ellos son quienes nos visitarán este año:

Paloma en su visita a Espantapájaros [2]

• Paloma Valdivia
"En eso quiero poner énfasis, en la importancia que tienen estas imágenes, porque las que uno le muestra a los niños desde chiquititos son las primeras ventanas a este mundo y a estos museos que no conocen" [1]

Nació en Chile y es autora e ilustradora. Estudió Diseño en la Pontificia Universidad Católica Chile y realizó el posgrado de Ilustración Creativa en la Escuela de Arte y Diseño Eina, Barcelona, España.
Se ha dedicado, principalmente, a los libros ilustrados para niños.


Algunos de sus libros más destacados son, por ejemplo, Los de arriba y los de abajo (Kalandraka), un libro que desde la narrativa e ilustración juega con las diferencias entre unos y otros, las simetrías y los colores vibrantes, y que apela, claro, al descubrimiento de que en la diferencia está nuestra semejanza; Es así (Fondo de Cultura Económica), un libro sobre la muerte, la vida, los ciclos, que complementa imagen y palabras para armar un libro poético, y Nosotros (Editorial Amanuta), un libro sobre la relación madre-hijo, sus formas y posibilidades.

29 oct. 2018

Huckleberry Finn y las voces

Las aventuras de Huckleberry Finn es una novela que se puede leer, releer y repensar. Además de la reseña hecha en el blog, y un primer post que se dedicaba a analizar la imagen y el espacio del circo en la novela, se puede pensar también, en cómo, por ejemplo, esta historia presenta una enorme riqueza en las voces de sus personajes.

Leí y trabajé con este relato en inglés, y siempre me resultó muy impactante la variación de registros en las voces. Es, evidentemente, una novela muy difícil de traducir, pero, incluso con esto presente, intentaré hablar un poco sobre la construcción de las voces en esta historia citando algunos pasajes y ofreciendo una traducción para aclararlos.

La novela comienza con esta aclaración del autor que resulta muy relevante para el tema:
“In this book a number of dialects are used, to wit: the Missouri negro dialect; the extremest form of the backwoods South-Western dialect; the ordinary "Pike-County" dialect; and four modified varieties of this last. The shadings have not been done in a hap-hazard fashion, or by guess-work; but painstakingly, and with the trustworthy guidance and support of personal familiarity with these several forms of speech.
I make this explanation for the reason that without it many readers would suppose that all these characters were trying to talk alike and not succeeding. The Author”
Que, en el inicio, dice algo así: “En este libro, se usan varios dialectos, a saber: el dialecto negro de Missouri; la forma más extrema del dialecto del sudoeste de las regiones remotas; el dialecto ordinario del “Condado de Pike”; y cuatro variedades modificadas de esta última”, y que luego aclara que el autor mismo se ha tomado el trabajo de informarse sobre todas estas formas de habla. Es una nota, dice el autor, para que el lector no se confunda y no crea que todos los personajes están tratando de hablar igual y fracasando.

Es una nota curiosa (y bien propia de un Twain mordaz), que muestra la preocupación presente en toda la historia por el trabajo con las voces. Hay un trabajo exhaustivo de parte del autor por construcción los diferentes dialectos y sociolectos con una precisión que bien podría permitir que con sólo escuchar cada diálogo pudiésemos identificar de qué personaje se trata.

22 oct. 2018

Huckleberry Finn y el circo: pasiones dobles

Las aventuras de Huckleberry Finn es una novela muy famosa y conocida, leída, analizada y conversada por todo lector entusiasta que se la haya cruzado. Me tocó leerla hace ya un par de años, para la facultad, y en ese momento escribí una reseña acá, en el blog, con algunos primeros comentarios sobre qué me había gustado de ella.

Por suerte, el año pasado tuve la oportunidad de releerla y volver a trabajar con ella. En esa revisión de la historia, el capítulo en el que Huck visita el circo me llamó mucho la atención, por su escritura, por cómo es presentado el espacio del circo y lo que pasa ahí.

Esto sucede en el capítulo 22 donde hay una escena con muchas descripciones que resulta impactante, más aún por el contexto en el que se presenta. La descripción del circo que visita Huck aparece luego de la escena en la que Sherburn ha dado su discurso para evitar que la turba enardecida lo mate. Este antecedente, en mi opinión, ubica al lector en un lugar más cauteloso, atento a esa población de doble cara (que puede llegar a ser violenta), que hace que lo que sucede en el circo cobre otra densidad.

Allí, en cuanto llega, Huck destaca la grandeza y el asombro que le genera lo que ve: “Y cada dama tan fina y todas tan guapas como una pandilla de reinas de verdad, con unos vestidos que costaban millones de dólares y todos llenos de diamantes”. Sus ojos se detienen en las riquezas, en la cantidad innumerable de gente, en la proliferación de elementos: “llegaban todos a caballo de dos en dos, caballeros y damas al lado, los hombres en calzoncillos y camisetas, sin zapatos ni estribos y con las manos apoyadas en los muslos, tan tranquilos y tan cómodos, por lo menos veinte de ellos”.

15 oct. 2018

Las Indias

Las Indias, escrito por Juan Lima e ilustrado por Christian Montenegro (Comunicarte, 2018), es una versión poética y gráfica del Diario de a bordo, de Cristobal Colón.

El libro combina cada poema con una página cubierta por ilustraciones en negro, rojo y blanco, hechas en trazos gruesos, de lápiz o crayón o cera, que dan la sensación de que se van a borronear si uno le pasa la mano por encima. Hay algo tosco en esos dibujos que permiten creer por un momento que fueron dibujados por el propio Colón. Estas ilustraciones acompañan armónicamente lo narrado y descrito por cada poema.

Los poemas retoman el corazón del Diario de a bordo de Colón (escrito por Bartolomé de las Casas, en realidad, quien se encargó de resumir el cuaderno de bitácora del explorador), el encuentro entre las dos culturas, los dos mundos, desde la perspectiva del español. Y lo hacen sin perder tampoco el estilo literario de De Las Casas.

En su versión del diario, De Las Casas utilizaba o mantenía una serie de tópicos que aparecían una y otra vez en el relato. Por ejemplo, el tópico de la abundancia: Colón había ido a América a buscar oro y no lo encontró, entonces puso toda su atención en la riqueza de la naturaleza americana. Árboles frondosos, frutos jugosos y coloridos, tierras fértiles y aguas dulces y vivificantes, América se describía como un paraíso en tierra. A falta de oro, que hubiese riquezas de otro tipo.

5 oct. 2018

De voces y daemonios

La lectura y discusión de Luces del norte, de Philip Pullman, con otros compañeros de la maestría que cursé este año me permitió prestarle una nueva atención a esta novela que, cuando la leí por primera vez en mi adolescencia, no resultó interesante.

¿Qué recuerdo de esa primera lectura? 

En primer lugar, la incomodidad de la traducción. Venía de la maravillosa experiencia de leer Harry Potter y el misterio del príncipe en inglés (primera gran lectura de un libro en su idioma original) y cruzarme otra vez con ciertos... ¿vicios? de la traducción del inglés me incomodó.

Lo segundo que recuerdo es la lentitud, el aburrimiento. Me había parecido, en aquel entonces, una novela aburrida, con poca acción, poco movimiento. Bueno, venía de Harry Potter.

No obstante, si bien la novela tiene avances y escenas aventureras, su foco no está allí, creo, o por lo menos, su fuerza no radica en eso. Con esta nueva lectura, pude rever cómo Pullman elige presentar el mundo creado y cómo construye los personajes, algo en lo que no me había detenido antes. 

Con mucha claridad, el autor muestra las particularidades de este mundo sin interrumpir la historia con largas explicaciones (por ejemplo, enseña la existencia y rol de los “daemonios” a medida que se desarrolla la historia, sin abrir paréntesis explicativos que detengan la acción) y revela la complejidad y ambigüedad de personajes como Marisa Coulter y Lord Asriel a partir de sus acciones y sus diálogos. Asimismo, pude volver a revisar el personaje de Lyra desde su construcción y su presentación: es una niña temeraria pero astuta, que en su primera escena ya desafía las reglas de los adultos, que juega con otros, es solidaria y, al mismo tiempo, osada y valiente. Es decir, una sólida protagonista de la historia y líder de la búsqueda que se despliega en la historia.

29 sept. 2018

Perfil: la poesía de Eduardo Abel Gimenez

Cuando la poesía ofrece la posibilidad de desenganchar la cabeza pero para enganchar el cuerpo, las sensaciones y los modos de percibir que no tienen que ver con entender las cosas, algo nuevo, bastante mágico sucede.

Es eso, justamente, lo que me pasa cuando leo la poesía de Eduardo Abel Gimenez, argentino, escritor, especialista en juegos de ingenio, (gran) tallerista, y, claro, poeta. Sus libros son sencillos, delicados, llenos de imágenes cercanas y, se nota, de mucho disfrute. Por eso, para el que no ha tenido la suerte de cruzarse con sus versos, acá sus libros de poemas:

1. El hilo
Ilustrado por Claudia Degliuomini. Libros Del Eclipse, 2011.
"La lluvia
suena como una ola
que nunca termina de romper"
Pequeños episodios, como ese, acompañados por diferentes ilustraciones en acuarelas, que podrían en sí mismos abrir cada uno una historia diferente pero que no, que se suceden unos a otros, que disparan la imaginación y la dejan latiendo.

Y, en el medio, en otra tipografía, un hilo que atraviesa todo el libro, cada episodio, y que arma otra lectura en medio de la trama que construye la poesía. Para leer, releer, pensar, imaginar, hilar.

2. Justo cuando
Ilustrado por Cecilia Afonso Esteves. Comunicarte, 2016.
"Cuando estás por cruzar la calle
y empieza el otoño. 
Cuando sale el sol
al otro lado de los párpados cerrados. 
Cuando la mancha de luz
te llega a la punta de los pies"
Con frases que se repiten pero que no se vuelven repetitivas, estos poemas rescatan momentos, pequeños, impensados, comunes y muy especiales. Son siempre tres, ubicados en páginas con diferentes colores sólidos, y acompañados del otro lado por una ilustración delicada y geométrica sobre una hoja cuadriculada.

Los colores son parte de esos momentos y colaboran con el clima evocado por cada poema. Hay una propuesta lúdica con la "fe de erratas" final y los stickers (¡sí, stickers!) que trae el libro: tal vez nosotros, lectores, también podemos construir poemas a partir de momentos y formas geométricas.

3. Como agua
Ilustrado por Cecilia Afonso Esteves. Libros Del Eclipse, 2009.

"Como ponerse zapatos,
ponerse nervioso,
ponerse sombrero,
ponerse a resguardo.

Como ponerse de pie
y dejar que una lágrima
lo cambie todo"

Este libro pequeño es prácticamente una manualidad en sí mismo. Inicia y termina con dos páginas transparentes, que, claro, recuerdan la experiencia del agua. Y las ilustraciones, compuestas por una serie de collages hechos con papeles delicados, formando imágenes casi como un juego infantil, completan la sensación de tener en las manos un libro casero, hecho especialmente para uno.

Los poemas, cargados de metáforas, fluyen a lo largo del libro y se derraman a través de unos asteriscos que amplían el juego poético. Nuevamente, se construyen imágenes cercanas y cotidianas, pero llenas de esa sensación que surge cuando alguien puede nombrar algo que nosotros no. Eso me pasó, por ejemplo, con estos versos: "Como la memoria [...] / cuando se tropieza / y te mezcla los sueños".

María Teresa Andruetto escribió una reseña preciosa sobre este libro acá.

4. Tus ojos
Ilustrado por Cecilia Afonso Esteves. Calibroscopio, 2014.
"Tus ojos son
como el dolor de una sonrisa
a destiempo,
como un adiós,
como las hojas secas
que caen hacia el agua"
Tal vez mi favorito, y el favorito de muchos. Con una fórmula sencilla que se repite a lo largo de todo el libro ("tus ojos son como...") las imágenes que se construyen son deliciosas, llenas de color y vida, sumamente cotidianas y cercanas y, al mismo tiempo, extraordinarias.

Las imágenes juegan a la vez con modos diferentes de pensar e imaginar los ojos, en una secuencia de fotografías y pequeñas ilustraciones que alimenta ese juego de las palabras.
"Tus ojos son
como comos,
como comas,
como comienzos,
como cometas"
Es un libro que, en mi experiencia, despierta las ganas de hacer poesía, de también dejar sueltas mano y cabeza para que las palabras salgan y armen nuevas versiones, nuevas ideas sobre cómo son "tus ojos". Es bello de leer, bello de mirar y bello para animar (y animarse) a escribir.


La poesía de Eduardo es para encontrarla, mirarla, leerla, disfrutarla, y volverla a encontrar. También es una poesía para dejar que nos encuentre, porque tiene algo (una honestidad, una humildad, una sencillez) que permite que se nos filtre, y que llegue ahí, justito ahí, donde la poesía puede anidar en nosotros y hacernos olvidar de la cabeza y del entender, y dejarnos sólo disfrutar.

23 sept. 2018

Una vuelta por el VI Simposio de LIJ del Mercosur

Estos días, 19, 20 y 21 de septiembre, en la Universidad Nacional de Córdoba se realizó el VI Simposio de Literatura Infantil y Juvenil del Mercosur, organizado por el Propale y diversas facultades, cátedras y seminarios de la UNC. Tuve la enorme oportunidad de participar, visitar, escuchar y encontrarme con la LIJ en todas sus formas y expresiones.

La primera maravillosa sorpresa fue el Herbario. Álbum de figuritas que nos entregaron junto con la bolsa del Simposio. Un libro pequeño y precioso hecho con mucha delicadeza por ilustradores cordobeses de LIJ que nos dio la oportunidad de volvernos niños durante esos tres días e intercambiar figuritas hasta completar el álbum. "El álbum resultó de la conversación sobre la posibilidad de dar a conocer el trabajo de la ilustración cordobesa", escribieron los organizadores del Simposio. Sobre el trabajo que hicieron, sobre todo Cecilia Afonso Esteves, con este álbum, pueden encontrar un texto muy interesante por acá.

Una figurita del Herbario, ilustrada por Cecilia AE.

El Simposio se organizó en diferentes grupos de trabajo por día, que permitieron compartir, escuchar y debatir con otros especialistas, entusiastas, docentes y estudiantes sobre diferentes temas de la LIJ. El grupo con el que pude compartir mi trabajo trajo una variada cantidad de temas en relación a la ilustración y a los temas presentes en diversos libros, y hasta una ponencia en portugués, de una especialista que venía de Brasil.

En el medio, durante los días, tuvimos la oportunidad de asistir a las presentaciones de diferentes libros. Dos, en particular, me quedaron dando vueltas: Como por encanto: La obstinada presencia de lo maravilloso en la literatura infantil y juvenil, compilado por Mirta Gloria Fernández (Buenos Aires: Santiago Arcos), por los temas que presenta su equipo de investigación, y Anti-recetario. Reflexiones y talleres para el aula de Literatura, coordinado por Florencia Ortiz (Córdoba: Comunicarte), porque ofrece unas reflexiones muy interesantes sobre el trabajo en el aula con la escritura (y sobre cómo "evaluar" esos trabajos) y unas "anti-recetas" de trabajos de escritura para probar y jugar. 

En la presentación: Cecilia Tejón, Beatriz Vottero y, al micrófono, Florencia Ortiz.

Además de todo este trabajo y de los diálogos y conversaciones, el Simposio estuvo acompañado a lo largo de los tres días por propuestas artísticas muy interesantes. El teatro, la poesía y las intervenciones se hicieron presentes de un modo que más de una vez nos dejaron cautivados. En particular, las intervenciones poéticas, de poesía activa, y las narraciones de Rubén López (¡imperdible!) me dejaron encantada, como una niña con ganas de hacer más y escuchar más.

Pequeños poemas sobre los ojos, inspirados por el libro de Eduardo Abel Giménez.
Poesía al paso.

Hubo oportunidades de compartir con otros, de encontrarse con gente, de escuchar a grandes especialistas y de conocer lecturas y miradas provenientes de otros países. También de comprar libros, de encontrarse con novedades y visitar librerías (y hasta la feria del libro de Córdoba).

Feria de libros, con editorial Comunicarte a la cabeza.

¿Cómo leemos, cómo escribimos? ¿Cómo pensamos y nos encontramos con la LIJ? ¿Qué posibilidades tenemos de analizarla, sumergirnos en ella, dejarnos maravillar por ella? ¿Cómo podemos, juntos, en equipo, abrir nuevos caminos? Como se dijo en la presentación del libro de Florencia Ortiz, nadie tiene recetas pero queremos compartir lo que buscamos. Esa fue la experiencia del Simposio: la alegría de buscar juntos y encontrarse.

(Para ver más fotos y videos del Simposio, se puede pasar por acá).

13 sept. 2018

Recorridos: lo siniestro

La primera vez que me crucé con la teoría de lo siniestro de Freud quedé muy impactada. Él hablaba sobre la inquietud, la falta de certeza intelectual, la experiencia de un abismo interior que no podía resolverse. "Puede ser verdad que lo unheimlich, lo siniestro, sea lo [..] 'íntimo-hogareño' que ha sido reprimido y ha retornado de la represión", explica. Todas esas ideas y sensaciones me daban vueltas adentro; lo que estaba ahí escrito me resonaba de modos que todavía no comprendía y me dejó pensando, a la espera de algo. 

Esa teoría, luego, me sirvió de base para el análisis de un libro infantil, hace mucho tiempo, mientras cursaba un seminario en la facultad. Fue un trabajo pequeño, poco riguroso, pero iluminador, y la experiencia me dejó inquieta, claro: sentía que había encontrado la pista de algo más grande, que todavía no lograba comprender.

Con eso adentro y sin muchas posibilidades de investigar más o pensar sobre el tema, el año pasado empecé la maestría en literatura infantil de la Universidad de Barcelona. Y, entonces, cuando llegó el momento de pensar y presentar el proyecto para el trabajo final, entendí que eso que había guardado adentro durante tanto tiempo encontraba su oportunidad.

Así, con mucho trabajo, mucha paciencia y también mucho esfuerzo y ayuda de mis tutores, mi trabajo final se centró en analizar la presencia de lo siniestro freudiano en tres novelas juveniles argentinas. ¿Cómo aparece la inquietud en la literatura infantil y juvenil argentina? ¿A qué elementos  presentes en las narraciones responde esa inquietud? ¿De qué modo se presenta el extrañamiento de lo familiar que menciona Freud en esas lecturas?

Había muchas preguntas con las que trabajar y mucho para leer. Pero el esfuerzo dio frutos, y con todo lo que fui descubriendo pude visitar las XVIII Jornadas La literatura y la escuela organizadas por Jitanjáfora, este año, y presentar una primera parte de esta investigación. Esta fue otra experiencia alentadora y muy enriquecedora: hubo preguntas, comentarios y diálogos sobre el tema que trabajaba que me ayudaron.

Finalmente, el trabajo de la maestría estuvo completo, listo, leído y aprobado: “Inquietud e inestabilidad: la presencia de ‘lo siniestro’ en tres novelas juveniles argentinas”. Ese impacto de aquel primer encuentro había encontrado la traducción que hacía tanto tiempo necesitaba. Había logrado entender qué se me había movido adentro y qué respuesta necesitaba.

Y, por supuesto, descubrí que esto no terminaba ahí. 

El trabajo de la maestría fue sólo el puntapié inicial, porque me doy cuenta de que hay todavía más por leer y pensar. Por eso, la semana próxima visitaré el VI Simposio de Literatura Infantil y Juvenil del Mercosur para hablar de otra ruta, que sale de esta: "'Lo siniestro' a partir de la ilustración: una lectura de Los lobos de la pared, de Neil Gaiman y Dave McKean".

Así y todo, estoy segura de que esto sigue siendo el comienzo. Hay más, mucho más, todavía. Espero encontrarlo.

24 jun. 2018

La oscuridad de los colores

Dentro de una materia del Máster en Libros y Literatura Infantil y Juvenil nos pidieron que realizáramos una valoración crítica sobre un texto para adolescentes.
Aprovechando la libertad del trabajo y la posibilidad de hacer foco en alguna obra argentina, vi mi oportunidad para hacer una crítica de La oscuridad de los colores, de Martín Blasco. Es una novela que me sigue sorprendiendo (y a mis alumnos también) y que hacía tiempo que tenía ganas de revisar, reseñar y pensar.

Así que, acá, una adaptación de mi trabajo para el Máster, que me permitió sacarme el gusto de mirar bien de cerca esta novela:

La oscuridad de los colores es una novela de Martín Blasco, autor argentino, que fue publicada en 2015 por la editorial Norma, en Buenos Aires, dentro de la colección Zona Libre, que está destinada a un público juvenil.

La portada de la primera edición ofrece una imagen en tonos oscuros que presenta el ojo de una cerradura, marcado por huellas de manos, en un rojo que parece sangre, con un reloj de bolsillo también manchado de sangre y una mariposa. Es una portada sugerente, que rápidamente permite establecer asociaciones con los géneros marcados por el terror y el suspenso. 

La novela se sitúa en 1910, en Buenos Aires, fecha del centenario de la patria, y narra la historia de Alejandro, un periodista, hijo de inmigrantes judíos, que recibe el encargo de investigar la misteriosa reaparición de una mujer que había sido raptada 25 años antes, cuando sólo era una bebé. Ella es una de cinco niños desaparecidos, todos hijos de inmigrantes, en la misma noche de 1885, de quienes nunca se volvió a saber nada hasta ahora, que ella y otro de los niños han reaparecido, sin recordar nada de lo sucedido. Ellos dos se comportan de modo extraño (ella no recuerda nada y el otro no sabe hablar, ni escribir, y ni siquiera presenta un comportamiento humano), y entonces Alejandro es convocado por el padre de la muchacha para investigar y averiguar lo ocurrido.

La novela está estructurada en dos partes, que se intercalan entre sí: una se corresponde a la trama en la que Alejandro es protagonista. Está narrada en tercera persona, desde un punto de vista focalizado en Alejandro, que sigue sus pasos y descubrimientos en el caso y que ofrece una mirada sobre sus pensamientos y reflexiones. La otra parte está conformada por fragmentos del diario íntimo de un tal J. F. Andrew, datados 25 años atrás, que, a medida que la historia de Alejandro se despliega, explican lo sucedido con los cinco niños raptados en 1885, los experimentos a los que fueron sometidos y el rol del propio Andrew y de sus ayudantes en todo esto. 

Esta estructura resulta una novedad y, también, un desafío de lectura para los jóvenes, porque retarda la revelación del misterio mientras hace partícipe al lector de la explicación a la que el protagonista todavía no tiene acceso. Además, despliega la historia en dos momentos históricos (por un lado, un período de 1885 a 1900 y, por el otro, el año 1910) y desde dos perspectivas muy diferentes: la del doctor Andrew, científico con ideas progresistas y cuestionables, que verá el crecimiento y la destrucción de sus experimentos, y la de Alejandro, un periodista joven, con consciencia de clase, muy emprendedor y también un poco ingenuo, que crecerá a lo largo de la historia. El trabajo desde ambas perspectivas permite que el lector comprenda los motivos de uno y otro personaje, sus intereses y decisiones, y que pueda recuperar un panorama más grande no sólo del misterio sino también del clima de época que hubo hacia finales del 1800 en Buenos Aires, Argentina.

Podría decirse que esta estructura remite a lo propuesto por Gemma Luch en “Un nuevo lector juvenil. De Perdidos a Harry Potter, pasando por los foros y el Youtube” en relación a la incidencia de las series de televisión, que proponen estructuras con tramas cruzadas, cambios temporales y protagonismo compartido por varios personajes. La oscuridad de los colores presenta, como algunas de estas series, “una complejidad discursiva que a menudo no encontramos en algunas de las lecturas que se ofrecen en el circuito escolar” (Lluch, 2008:15). La estructura de la novela trabaja el manejo del suspenso porque permite que el lector sea parte de la aparición de las pistas y del descubrimiento de la verdad, y lo involucra y compromete con la historia. Además, el cambio de narrador capítulo a capítulo ralentiza la resolución pero sin perder la construcción de la curiosidad en el lector, como sucede en el desarrollo de la temporada de una serie de televisión. 

La trama, entonces, se desarrolla a través de estas dos historias y poco a poco une los sucesos actuales con los del pasado, revelando quiénes son estos niños, por qué habían sido secuestrados y recibido nombres de colores, quién es J. F. Andrew, por qué Alejandro ha sido incluido en la resolución de este caso y cuál es su rol en él. Así, el final de la novela ofrece un giro inesperado y fuerte en la trama que surge como fruto del trabajo con la historia a través de estas dos perspectivas.

Los vínculos que establece Alejandro con los dos niños que han reaparecido y, más tarde, con un hipnotista a quien pide ayuda, lo van cuestionando y transformando. Su punto de vista y su visión del mundo comienzan a ponerse en duda en los intercambios con estos personajes y con el hallazgo de pistas hasta que, finalmente, su propia vida e historia son alteradas por completo con ese final impactante, que revela verdades sobre él ocultas por largo tiempo. Podría decirse que este crecimiento del protagonista acerca la historia a la tradición de las Bildungsroman y su estructura: la novela presenta, en medio de la trama de la resolución del caso, la historia de Alejandro y su padre, y las transformaciones que sufre ese vínculo a medida que la historia avanza, tanto que, hacia el final, el lector es testigo de una ruptura y un avance del protagonista hacia una forma más adulta y consciente de vida. En este sentido, el personaje de Alejandro, que en gran medida funciona más como una figura de detective que como un personaje tridimensional, no siempre suscita suficiente empatía como para volverse memorable. Sin embargo, esto se equilibra con los cambios que va sufriendo y el proceso de crecimiento que atraviesa, dado que permiten que el personaje sea más accesible y comprensible.

Que la historia esté ubicada en Buenos Aires, en 1910, es una novedad y ofrece todo un espectro de referencias de época (una mención al negocio Gath y Chaves, otra al estado de las calles de tierra, al rol de los diarios en ese entonces, a la hipnosis como “ciencia” novedosa, etc.) y un espacio original para el desarrollo de la trama. La presencia de los conventillos y las referencias a las olas de inmigrantes y a los problemas que tenían cuando llegaban a Buenos Aires son parte de la historia y permiten que este contexto histórico, poco común en la literatura juvenil argentina, se entrelace con el misterio a resolver.

Se puede decir que esta novela es parte de la literatura juvenil homologada, dado que pertenece a una colección pensada para adolescentes. Sin embargo, La oscuridad de los colores cumple con muy pocas de las características propias de esta categoría. Esta novela no presenta un protagonista de edad parecida a la de los lectores adolescentes ni tampoco temas próximos a sus problemáticas o un uso de un lenguaje semejante al que usan los jóvenes. Sin embargo, la historia sí cumple con los criterios de aceptación que propone Colomer: ha tenido muy buena aceptación en el público juvenil y adulto, de modo que la novela ha comenzado a encontrar lugar en los colegios y en las bibliotecas personales de los adolescentes, y fue escrita por un autor con trayectoria en el campo de la narrativa infantil y juvenil, quien ha recibido premios y ha publicado varios libros en editoriales prestigiosas. 

La oscuridad de los colores propone una trama que ofrece, con mucha sencillez, rasgos propios de los relatos policiales negros clásicos: un protagonista que ocupa el rol del detective y se involucra mental y físicamente en el caso, poniendo en riesgo su vida, una serie de víctimas (los cinco niños secuestrados y un par de víctimas de asesinatos imprevistos) y sospechosos moralmente ambiguos, que dificultan la separación entre buenos y malos, el uso de la ciudad como escenario del crimen y de circulación del protagonista, y una serie de revelaciones que denuncian fragilidades sociales e institucionales de aquella época. Además, por el misterio que elige el autor como centro de la trama (el secuestro de cinco bebés que serán sometidos a una serie de crueles experimentos), la atmósfera se vuelve inquietante y se construye la sensación de que la vida del protagonista corre peligro constantemente porque se ha involucrado en un misterio siniestro y peligroso.

Entonces, esta novela retoma la tradición de las series detectivescas clásicas sin demandar lectores que ya hayan leído libros de este subgénero o que conozcan sus rasgos, y ofrece una historia donde el suspenso está trabajado de forma tal que la necesidad de leer para saber qué pasa con los personajes es imperante. Así, la lectura de La oscuridad de los colores resulta entretenida y ávida: muchos de los jóvenes que han reseñado la novela mencionan la imposibilidad de “soltar el libro” y de haberse leído las 240 páginas que presenta la obra en pocos días o, incluso, horas.

Esto puede vincularse con lo propuesto por Jordi Rovira en “La enojosa lentitud de los libros” en relación al “ritmo trepidante” que buscan los jóvenes en sus vidas y en sus modos de entretenimiento, acostumbrados a estar hiperestimulados por los medios y las nuevas tecnologías. La oscuridad de los colores responde a la búsqueda de los jóvenes de estos tiempos: es una novela que construye un ritmo rápido, que convoca y atrapa, que no da respiro en el desarrollo de la trama y en las amenazas constantes que sufre su protagonista, y que presenta capítulos breves, de pocas páginas, que permiten que el lector no se distraiga o aburra ni pierda el interés. Y, al mismo tiempo, la historia no pierde complejidad en la trama y en los vínculos cambiantes entre los personajes, ni se vuelve superficial en su resolución. 

De este modo, la combinación del trabajo con la tradición policial y con la época histórica, sumado al ritmo de lectura convocante, vuelven a La oscuridad de los colores una novela atrayente para ser trabajada en el ámbito educativo, porque ofrece un punto medio entre los intereses de los jóvenes y del docente y los programas escolares.

En lo personal, la lectura de esta novela me sorprendió enormemente: hacía tiempo que no leía una novela juvenil argentina nueva con una estructura tan sólida y una premisa tan poco común. Por un lado, el manejo de la información aportada a través de las perspectivas de los dos personajes y el modo en que ella se va entrelazando para crear el tejido global de la historia me resultaron convincentes y me llevaron hasta la revelación final sin cuestionar ni dudar nada de lo que estaba leyendo. Así y todo, el final igual me resultó una sorpresa, aunque creo que tal vez, para un lector más atento y menos sorprendido, la revelación final puede ser intuida tiempo antes del cierre de la novela. Por otro lado, la época histórica y la rareza del misterio propuesto crearon una atmósfera tensa y perturbadora que le dio un tono ideal a la historia para mantener vigente el suspenso.

Considero que esta novela ofrece con éxito la posibilidad de tomar los intereses no sólo temáticos (muertes, misterios a resolver, casos morbosos y escandalosos, protagonistas que maduran, descubren verdades y se defienden y definen a sí mismos, y el uso del suspenso y de la inquietud como recursos recurrentes) sino también estructurales (capítulos breves, que requieren lapsos reducidos de atención, una trama atrapante que aviva la curiosidad de forma constante y el despliegue de una estructura que complejiza la historia y, eventualmente, revela que su alcance era mucho más grande de lo imaginado al comienzo de la lectura) de los jóvenes actuales y construye una historia compleja, abierta a diferentes enfoques en la lectura, y no tan común en las colecciones juveniles. Me parece que por sus características es una buena opción para trabajar en los ámbitos escolares: sirve como un escalón intermedio entre las series de televisión y los libros que ellos acostumbran ver y leer, y las obras clásicas que se pretende que lean en los últimos años de la educación secundaria.

Creo también que, siguiendo la clasificación de Mireia Manresa en “Lecturas juveniles: el hábito lector dentro y fuera de las aulas”, esta es una novela que puede ser trabajada tanto con lectores encasillados (y así ofrecerles un acercamiento al subgénero policial, que no es actualmente tan popular como en otros tiempos, y, a aquellos acostumbrados a leer solo sagas, una novela stand-alone igual de adictiva), lectores equilibrados y diversificados, así como también con jóvenes sin un hábito lector desarrollado, por la brevedad y sencillez de los capítulos, que sostienen la complejidad de la trama de un modo accesible.

La oscuridad de los colores, en mi opinión, es una historia interesante, bien pensada y estructurada de modo inteligente y efectivo, que ofrece contacto con un subgénero y una época no tan comunes en la literatura juvenil argentina actual, y que por su solidez en la construcción puede ser disfrutada tanto por jóvenes como por un público adulto. 




Referencias bibliográficas
BLASCO, M. (2015). La oscuridad de los colores. Buenos Aires: Norma.
LLUCH, G. (2008): “Un nuevo lector juvenil”. CLIJ, n. 221, diciembre , p. 7-22.
MANRESA, M. (2009) “Lecturas juveniles: el hábito lector dentro y fuera de las aulas”. Textos, 51, julio, agosto septiembre, p. 44-54.
ROVIRA, J. (2007): “La enojosa lentitud de los libros”. Culturas. La Vanguardia, n. 262, p. 2-5.

Anexos (algunas críticas de la novela, tanto por jóvenes como por adultos y especialistas)
- “El caso de los niños robados” (2015, 15 de agosto). Recuperado de https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/11-36362-2015-08-15.html
- AGUSTINA (2017). Universe of books: “Reseña: La oscuridad de los colores de Martín Blasco”. Recuperado de https://universeofbooksblog.blogspot.com.ar/2017/08/resena-la-oscuridad-de-los-colores-de.html
- CORBETTO, M. (2016). Lee, sueña, vuela: “La oscuridad de los colores”. Recuperado de https://leyendo-vuelo.blogspot.com.ar/2016/08/la-oscuridad-de-los-colores.html
- LLUCH, G. (2017). Gemma Lluch: “La oscuridad de los colores”. Recuperado de http://www.gemmalluch.com/esp/la-oscuridad-de-los-colores/
Suárez, Micaela (2015). Aroma a palabras: “Reseña: La oscuridad de los colores, Martín Blasco”. Recuperado en https://www.youtube.com/watch?v=BkrEFQy_vus

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Este trabajo fue realizado como trabajo de una materia del Máster en Libros y Literatura Infantil organizado por la Universitat Autònoma de Barcelona y el Banco del Libro de Venezuela.

10 abr. 2018

Jornadas poéticas en Jitanjáfora


El viernes y sábado pasado tuve la enorme oportunidad de participar de las XVIII Jornadas La literatura y la escuela, organizadas por la Asociación Civil Jitanjáfora en Mar del Plata.
En esta ocasión, el punto de encuentro fue la poesía y fue así como comenzaron las jornadas, llenas de poesía.

"Para escribir poesía hay que vivir poéticamente", dijo Juan Lima en la mesa de apertura de las jornadas. Junto a él, Laura Escudero e Iris Rivera asentían con entusiasmo. 

Esta primera charla entre ellos tres abrió puertas a la poesía y a todas las preguntas que trae (ninguna con respuesta clara, pragmática, racional, por suerte). Laura contó que a ella le sale escribir "con el oído", escuchando cómo suena la historia, y que así la escribe. Hasta nos detalló cómo cuando Encuentro con Flo ganó el premio SM, la editora la llamó para preguntarle por qué la novela estaba escrita de modo entrecortado ("escandido", dijo Laura, si mal no recuerdo). Y la respuesta de ella fue que así había escuchado la historia y, entonces, así la había escrito.
Iris aprovechó para cantar. Sí, para cantar. Así nos presentó una de los primeros versos en rima que la habían convocado y otro que le gustaba mucho a su nieto. 

De izq. a der.: Laura Escudero, María José Troglia (coord.), Iris Rivera, Elena Stapchi (coord.) y Juan Lima.
Fue un diálogo muy ameno, divertido y rebosante de pasión por la poesía. Nos recomendaron lecturas y autores y, al final, leyeron algunos de sus poemas (uno del nuevo Astronomía poética, de Juan Lima; otro de Ema y el silencio, de Laura Escudero, y Lo que escuchó un pajarito, también cantado, de Iris Rivera).

El día siguiente estuvo marcado por los talleres que ofrecían los profesionales y las mesas de ponencias. Tuve la gran oportunidad de presentar en una de ellas un trabajo teórico de análisis de dos novelas, que surgió de la tesis que estoy escribiendo para el Máster. Además, incluso me ofrecieron participar también como comentarista. Compartir la mesa con otros profesionales, escuchar sus experiencias de trabajo en clase, de inquietudes teóricas y de anhelo por contagiar la pasión por la lectura y escritura a los más jóvenes fue un placer. Lo mismo encontré en las otras mesas en las que participé y en las conferencistas y sus trabajos. Esfuerzo, dedicación, literatura.

Los dos días estuvieron marcados por un clima muy familiar y entusiasta, acompañados, desde el principio, por un homenaje sencillo y sincero a Liliana Bodoc, que habló de cuánto la extrañamos.
Se percibía el aroma casero de las jornadas, hechas de modo artesanal, cuidado, pensado, y fue una maravilla descubrir que muchos veníamos de un poco más lejos (o de muy lejos) para nuclearnos alrededor de este encuentro. Como si fuese la cena navideña que junta anualmente a la familia.

Me quedo con unas ganas enormes de regresar, de volver a colaborar, de participar, escuchar, saludar gente y volver a pasarnos libros entre nosotros. Con ganas de conocer más autores y especialistas (¡qué invitados!), de poder conversar con ellos, compartir experiencias, amor por la literatura.

Porque es eso lo que en el fondo movió todas las jornadas, un profundo amor por la literatura, en todas sus formas, colores y versos.

Nos volveremos a ver, Jitanjáfora.


1 feb. 2018

LIJ chilena: tres novelas

Estas vacaciones pude visitar el sur de Chile, unas ciudades con paisajes bellísimos, con una amiga y, por supuesto, aprovechamos la oportunidad para, como siempre, visitar librerías.

En la ciudad de Puerto Varas nos encontramos con la hermosa librería Mackay y ahí una idea me surgió de pronto, como lamparita que se prende: le pregunté a una de las vendedoras si no podía recomendarme los libros más representativos de la LIJ chilena (o, en su defecto, los que más le gustaran a ella), porque yo no conocía prácticamente nada de la historia de la LIJ chilena. Era mi oportunidad para llevarme algunos libros que luego en Argentina no necesariamente podría conseguir.

Así que fue maravilloso ver que la mujer armaba pilas y pilas de libros de todos los tamaños y grosores y me iba contando un poco de cada uno. 

Finalmente, luego de mucho mirar y pensar, de la enorme cantidad y variedad de libros que me acercó opté por elegir tres de la editorial SM:

1. Los increíbles poderes del señor Tanaka, de Sergio Gómez.
Lo elegí porque ganó el premio El Barco de Vapor y porque la trayectoria del señor Gómez se leía interesante. Esta novela cuenta la historia del señor Tanaka, un extranjero que llega a caleta Recaredo e intriga a todos los habitantes.

Me resultó muy interesante, en primer lugar, leer una historia que sucediera en Chile y tuviera referencias geográficas concretas. Luego, me llamó la atención la precisión y la claridad de la prosa de Sergio Gómez. Le otorgaba a la historia un halo de seriedad que se correspondía con el personaje del señor Tanaka.

Además, fue muy interesante el juego de los saltos temporales que se propone en el desarrollo de la trama, que se sostuvo con mucha fluidez (y misterio). 

Sin embargo, lo que más me quedó dando vueltas (que es algo que repetiré con la próxima novela) fue el clima nostálgico que rodeaba la historia. Era esa nostalgia que se siente cuando uno piensa en las vacaciones de su infancia: dulce, que trae una sonrisa, pero que no deja de ser también un poco amarga.

2. La bicicleta mágica de Sergio Krumm, de Marcelo Guajardo.

Nuevamente, elegí esta novela porque también ganó el premio El Barco de Vapor. Narra la historia de unos amigos del barrio que descubren la historia del ciclista Sergio Krumm y el mito de su bicicleta, y que, por supuesto, se lanzan a revivir esos "poderes" ciclistas que se mantienen latentes.

Tal y como dije antes, esta novela también tiene referencias geográficas chilenas concretas (y me encantó poder comprender aquellas que referían al sur del país) pero, también, referencias históricas, al tiempo de la dictadura.

Y, nuevamente, el clima de nostalgia que acompaña la historia es palpable y queda luego de la lectura. En este caso, la combinación de una historia de amigos, en la década de los '70, y el desarrollo de una aventura con bicicletas me hizo recordar un poco a la experiencia de The Body, de Stephen King, o de Stranger Things (sin el componente sobrenatural, claro está).

3. Papelucho, de Marcela Paz.
Este último libro lo llevé porque la vendedora no podía creer que no conociera a Papelucho, lo más famoso, clásico e icónico de la literatura infantil chilena. Así que tenía que conocerlo. Este es el primer libro de una saga de doce pero que, aparentemente, se puede leer con mucha libertad en cualquier orden (una vez de vuelta, mi madre me dijo que ella de chiquita tuvo y leyó Papelucho misionero, el número ocho, y que era muy popular en los '70. Pero, ya no se consiguen estos libros en Argentina, ¿no?).

Este último libro me resultó muy curioso, en primer lugar, porque se nota que el niño protagonista corresponde a otra época (hay un internado, por ejemplo, o una serie de bromas y travesuras muy pesadas y exageradas, que tal vez se correspondan con otra época) pero, al mismo tiempo, los modos y comportamientos no solo del niño sino también de los padres me dieron la sensación de que podrían ser actuales.

Es decir, la novela es un registro exhaustivo de las travesuras que realiza Papelucho y del modo ausente y castigador con el que se manejan sus padres (y otros adultos), y si bien las figuras paternas de la LIJ actual son representadas de otras maneras (más presentes, en general, con más diálogo con sus hijos), no deja de ser una representación que sí se puede percibir en la vida real. Así que esta novela me dejó con una curiosidad que tal vez deba saciar leyendo algún otro libro de esta saga.

Disfruté mucho leyendo estas novelas y me queda la inquietud por leer más. Sé que apenas arañé la superficie y tengo ganas de poder incursionar un poco más en la LIJ chilena. Tal vez julio traiga otra visita a Chile así que, si hay recomendaciones de gente más versada en el tema, las recibo con alegría.




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