25 nov. 2018

"Lee el libro que te lee" y "(Auto)biografías apócrifas" - FILBITA

Luego de visitar uno de los paneles del jueves del Filbita, el viernes 23 me acerqué para seguir escuchando y conociendo.

El primer panel fue "Lee el libro que te lee", en el que participaron Daniel Link, María Fernanda Maquieira y Nicolás Schuff, y que fue moderado por Lola Rubio. La idea: compartir y dialogar sobre el encuentro con los libros, con aquellas lecturas que definen, que cambian la vida, y pensar un poco sobre los caminos lectores. Y yo iba con ganas de escuchar a Daniel, porque uno de los mejores recuerdos que tengo de mi carrera son sus clases de Literatura del siglo XX, y me interesaba ver qué tenía para decir (¡y en el marco de un Filbita!).

Entre idas y venidas, fueron surgiendo miradas interesantes y experiencias particulares en relación a la lectura. Por ejemplo, los participantes coincidieron en que la lectura viene a cerrar las heridas, que ella es "una de las formas de la felicidad y un refugio", según palabras de Fernanda.

En la lectura pasan cosas también con el cuerpo, y Nicolás recordó la vez que había visto a una persona sonreír mientras leía en una feria del libro como un momento de descubrimiento impactante. En este sentido, Fernanda se sumó y agregó que sí, que en la quietud de la lectura pueden pasar un montón de cosas físicas que atraviesan el cuerpo, y todo gracias a las palabras.

De izq. a der.: Lola Rubio, Daniel Link,
Ma. Fernanda Maquieira y Nicolás Schuff.



Cuando llegó la pregunta sobre los libros que más habían marcado o impactado, Fernanda nombró Mujercitas (y su fuerte identificación con Jo March) y Las aventuras de Huckleberry Finn, y comentó que podía percibir ahí un gusto por los personajes que rompen con la convención. Por su parte, Nicolás explicó que su llegada a la literatura se produjo en la adolescencia y mencionó que leyó mucha poesía (y Daniel señaló que ella tiene una "potencia de captura" que siempre anima a seguir leyendo) y mucho Saer. Sin embargo, fue Rayuela el libro que llevaba a todas partes, que adoptó como amuleto, incluso cuando salió sorteado para la colimba. Era la literatura quien debía salvarlo (y quien lo hizo, en cierto modo). Daniel, por otro lado, explicó que sus padres no leían buenos libros pero que, como leían por placer, de allí fue aprendiendo. Además, fueron ellos quienes le compraron la biblioteca entera a su primo, que se iba al sur, y así Daniel consiguió una cantidad de libros canónicos que le permitieron iniciar otro camino en la literatura. Él también mencionó Rayuela y sumó Sobre héroes y tumbas.


Los caminos lectores, entonces, son muy particulares. Daniel explicó que no tuvo, ni tampoco había antes, "sistemas lectores". Uno leía porque le recomendaban algo o porque se lo prestaban. "Lo recibible", según Barthes, son aquellos libros que llegan con una lógica azarosa, que alguien presta casi "de prepo" y que uno recibe. Muchas veces "lo recibible" trae sorpresas. Fernanda agregó que muchas veces hay libros que recomiendan otros, y que por ese camino también se pueden descubrir un montón de lecturas.

En este sentido, Daniel señaló también que es el azar el que trae felicidad, no el método. Por eso, en la escuela lo que se enseña es a pensar críticamente, no a ser feliz, no a disfrutar de la lectura. Eso sucede en otro lado, y el azar juega un rol importante allí: uno revisa un libro, ve una frase que le gusta, pesca que los personajes tienen nombres interesantes, escucha, le presta atención a su intuición y desde ahí ve a dónde sopla el viento de la lectura.

Cuando llegó el final, Lola Rubio les pidió a los participantes que resumieran lo conversado en la mesa y, claro, fue Daniel quien agarró el micrófono y sólo citó a Osvaldo Lamborghini:
"¡Lean, che!".
Así, y con aplausos y saludos, terminó este original panel. Y luego llegó el último, del día y del festival, "(Auto)biografías apócrifas". Subieron al escenario Ana Méndez, Cristian Palacios, Eduardo Abel Gimenez, Félix Bruzzone, Laura Ávila, Raúl Guridi, y María Luján Picabea, la moderadora, quien dio inicio a la mesa de lectura.

¿La propuesta? Que cada escritor/ilustrador/guionista/dramaturgo leyera un texto en el que contara sobre su propia vida pero como una biografía (autobiografía) apócrifa.

De izq. a der.: Ma. Luján Picabea, Raúl Guridi, Laura Ávila,
Eduardo Abel Gimenez, Ana Méndez, Cristian Palacios y Félix Bruzzone.
El primero fue Eduardo, que primero aclaró que tenía que explicar ciertas cosas sobre su familia antes de poder leer su biografía, y nos introdujo en el mundo de unos padres, tíos, primos, abuelos y familiares lejanos aventureros y expedicionarios, que se habían visto involucrados en los sucesos más importantes de la historia de la humanidad. Y ahí nos contó cómo él había crecido leyendo sobre sus aventuras, cultivando la tradición familiar de venerar esas hazañas, hasta que él mismo se animó a lanzarse a lo desconocido. Y explicó que en eso estaba, que por eso no estaba en esta mesa del Filbita (Eduardo subió completa su auto-biografía en su blog y pueden leerla por acá).

Luego siguió Ana, que leyó su "wiki-biografía" de los diferentes momentos de su vida (infancia, adolescencia, etc.) y reveló cierta condición vampiresa en su crianza y su estilo de vida. Félix, por su parte, leyó un relato en el que describió su paso por diferentes dimensiones alternas: una en la que estaba prohibido tirarse pedos (sí, eso), otra en la que había una enorme cantidad de mutantes en guerra, otra en la que lo único que se podía decir era "te amo" y otra en la que lo único que se podía hacer era extrañar y estar triste.


Cristian reveló que era un superhéroe extraterrestre, y que sospechaba que esa mesa en la que lo estaban obligando a revelar su verdadera identidad era una trampa. Nos contó sobre su planeta de origen, sobre sus archienemigos y sobre cómo, viviendo en la tierra, se había contagiado de dos enfermedades propias de los humanos: la rabia y la tristeza. Contó también sobre cómo el es hijo de alguien y, ahora, padre de alguien, y que eso le da vuelta la cabeza y lo hace nacer una y otra vez, todo el tiempo.

Laura nos hizo un recorrido por todas sus vidas pasadas: orillera y circense en el 1800, trabajadora de radio en el siglo XX y de televisión más adelante, así hasta llegar a ser guionista. Y finalmente, luego de reírse mucho con todas las biografías leídas, Raúl narró la suya, la biografía de "Guridi", quien descubrió que con un lápiz y ganas de dibujar se podía cambiar el mundo y convocar a otros a lo mismo.

Nuevamente hubo muchos aplausos y saludos con agradecimientos (que continuamos en el bellísimo brindis posterior, donde todos los escritores, ilustradores y participantes del festival pudimos compartir un rato), porque realmente fue una mesa deliciosa, muy variada y original, que trajo el placer de la invención, la lectura y la escucha al Filbita.

Qué maravillosa posibilidad el Filbita, para conocer, encontrarse, escuchar, para hacer todo eso con cercanía y calidez, con profundo amor por la literatura y las historias. Qué espacio para seguir construyendo y sosteniendo. Y qué ganas ya de conocer las aventuras que traerá el festival del año que viene.


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