21 mar. 2019

Poesía y juego: 44 poemas para leer con niños

Hoy es el día mundial de la poesía y nada mejor que mirar, leer y conversar justo hoy sobre 44 poemas para leer con niños, una selección hecha por Mar Benegas y publicada por Litera.

Este es uno de esos libros que da ganas tenerlo en la biblioteca. La edición es preciosa, tapa dura y con diferentes colores de letras y páginas, pero siempre en la línea de un estilo sobrio y cuidado. Y la selección es bellísima.

En primer lugar, el libro tiene un decálogo: "Cómo no leer un poema", escrito por Mar Benegas. Es claro, divertido y muy pero muy certero:

1
Al poema no le gusta que lo interroguemos antes de leerlo. ¡Es tan agradable dejarse llevar por él! Un poema leído con prejuicios es un poema echado a perder. 
2
Al poema no le gusta el "no lo entiendo", ¿acaso intentamos entender la inmensidad del mar o los colores de un cielo encendido al atardecer?

Los diez puntos detallan pistas sobre cómo no leer poesía y ayudan a situarse como lector en un lugar lúdico, de disfrute y apertura. Imagino que trabajar esto con niños y adolescentes debe ser sumamente interesante (y me lo guardo para hacerlo en algún momento de este año con mis alumnos).

21 feb. 2019

Libros, escuela y búsqueda

Las clases comienzan en unas pocas semanas y para quienes trabajamos en secundaria, este es un tiempo de organización y armado de programas y planificaciones (entre otras mil cosas, claro, como siempre). Por supuesto, en las materias de Lengua y Literatura esto también significa pensar en las lecturas, los recorridos y las propuestas de trabajo que van a acompañar el camino del año. 

En los primeros años de docencia imaginaba que con sólo seguir el programa, elegir libros que fueran "buenos" y respondieran a los temas a enseñar, y tener alguna propuesta de trabajo era suficiente. Que eso alcanzaba para evaluar (porque sabemos bien que el sistema obliga) pero que también alcanzaba para que los alumnos se interesaran, leyeran, disfrutaran. Por supuesto, me fui dando cuenta de que el asunto no funcionaba tan así.

Entonces desde hace ya varios años busco cómo pensar de otro modo el armado de la materia y del recorrido de las lecturas. ¿A qué tengo que prestarle atención? ¿Qué cosas son esenciales y debo tener en cuenta? De a poco, fui encontrando un camino diferente, que sigue abierto y en construcción, pero que por ahora tiene las siguientes paradas o instancias:

13 feb. 2019

Te veo en la Luna

“Si ves la Luna, es que todo está bien”
La Luna, las estrellas, los primeros viajes del hombre al espacio, Estados Unidos y la Unión Soviética, y también Argentina, la dictadura, su turbulencia social y política. Y en el medio de todo eso, dos hermanos, que se quieren y se pelean, como buenos hermanos, y que se pierden.

Te veo en la Luna, escrita por Verónica Sukaczer e ilustrada por Poly Bernatene, es una novela que cuenta una historia pequeña en medio de un escenario enorme, de una época del mundo y de Argentina en la que sucedía de todo. Y así, con todo, el foco está puesto en Martín, un niño que, mientras busca a su hermano, nos ofrece su mirada sobre todos esos sucesos históricos que atraviesan su tiempo.

Repleta de referencias a la vida en el campo y de finales de los ’60 (maravillosas, más aún, para todo aquel que haya vivido en ese entonces), la narración de Martín es vivaracha, fresca e irreverente. Sus ideas van, vienen, se entrelazan y van construyendo los sucesos a partir de toda la información que recibe de su entorno: las noticias en la radio sobre los sucesos en Argentina y también en Estados Unidos, las opiniones e ideas de la gente sobre lo que ocurría y, sobre todo, las ideas de su hermano Juan y toda la información que él le cuenta sobre la Luna y la carrera espacial. Así, de un modo muy fluido, la novela ofrece un montón de datos muy interesantes sobre lo ocurrido entre Estados Unidos y la URSS, sobre los animales que enviaron al espacio, sobre las primeras pruebas y los primeros hombres en acercarse a la Luna.

“Nunca hay que olvidarse de los segundos ni de los terceros ni de los que vienen después”, eso le dice Juan a Martín, refiriéndose a los astronautas que acompañan “al primero”: al primero que sale al espacio, al primero que pisa la Luna. Y es también una frase que marca la novela. Es un tiempo histórico enorme, clave para la humanidad, y es un tiempo también para no olvidarse de los segundos ni de los terceros, de las pequeñas historias que construyen ese momento, de los eventos que permiten que la historia avance como lo hizo (y lo sigue haciendo), de las historias mínimas, como la de Juan y Martín, que son parte de todo lo que sucedió y que, de algún modo, y dentro de sus propias búsquedas, llegan también a la Luna. Tal vez no como Armstrong, Aldrin o Collins pero sí de la forma en que ellos necesitan.

Te veo en la Luna es una novela para este año, que se cumplen 50 años del primer alunizaje del hombre. Es también una novela para otros años. Porque es una historia dentro de la Historia y permite contar lo grande desde lo particular, poniendo el foco en un niño, en su mundo y en el vínculo con su hermano. La llegada del hombre a la Luna emociona, pero lo que conmueve en esta historia es la relación entre Martín y Juan, Juan y Martín. Lo que parece pequeño en medio de tanto que sucede termina siendo, claro, lo más importante.

3 feb. 2019

Cuerda floja

Lygia Bojunga es una escritora de literatura infantil y juvenil brasileña muy conocida (en 1982 recibió el premio Hans Christian Andersen —¡la primera latinoamericana en recibirlo!— y en 2004 recibió el premio Memorial Astrid Lindgren) especialmente porque en sus historias siempre se anima a tocar temas "peliagudos" con claridad, sencillez, y como parte de la historia que está contando.

Resultado de imagen para lygia bojunga cuerda flojaLygia es una autora sumamente interesante que conocí hace poco (principalmente porque sus libros no se consiguen con tanta sencillez) y a la que empecé a seguirle la pista. Uno de sus libros llegó hasta mis manos gracias a un regalo y, luego de leerlo, se me quedó atravesado adentro. Déjenme contarles sobre esta novela, sobre lo que me pasó leyéndola y sobre cómo el verano que aún permanece puede ser un gran momento para leerla.

Cuerda floja es una novela de 1981 que cuenta la historia de María, una niña que de pronto se ve apartada de Barbuda y Foguiño, dos personas con quienes ha vivido durante mucho tiempo y que la han acompañado en la pasión de su vida: el equilibrio en la cuerda floja.

La novela inicia con esa separación y con un enorme choque: María está regresando después de muchos años a la casa de su abuela, una señora de clase alta, de dinero y caprichos, que ya ha tenido unos cuantos esposos. La transición es brutal, porque del circo y su libertad María debe comenzar a vivir en una casa de muñecas.

Este shock y el proceso de adaptación (y todo lo que nunca logra adaptarse) se ven acompañados por una serie de recuerdos que María empieza a tener sobre su pasado (que es un misterio) y sobre sus padres, de los que el lector no conoce ni sabe nada.

Toda esta historia, que mezcla la introspección de los momentos de recuerdo con la acción del avance de la trama, está maravillosamente narrada. No sé si puedo describir el estilo de Lygia pero parece sumamente despreocupado (a veces empieza con escenas anecdóticas, que parecen ofrecer sólo datos de color; otras veces está lleno de diálogos entrecruzados, que se confunden, que se repiten) hasta que de pronto revela que a través del humor, de los episodios disparatados y hasta mágicos que se presentan y de las situaciones cotidianas está narrando una historia desgarradora. 

Como si la liviandad, el humor y la imaginación desbocada fuesen los únicos modos de narrar lo que es imposible de decir de otro modo.

Cuerda floja se desenvuelve como un recorrido en el que el lector no sabe qué le depara pero entiende que hay una lógica narrativa que no puede entender, que hay muchas cosas de la historia que tampoco puede entender cuando quiere. ¿El secreto, entonces? Dejarse llevar. Y así, a la deriva del mar de esta historia, el lector se encuentra con un relato profundamente conmovedor, que toca fibras interiores difíciles de nombrar pero que están ahí, siempre a la espera de un relato como este, que las vuelva a mover.

A mí la novela me dejo con una sonrisa medio llorosa. Y con un gusto delicioso, porque la lectura fue puro disfrute.

Así que Cuerda floja es una novela para no perderse, para buscarla hasta encontrarla porque lo vale. Y Lygia Bojunga es una escritora para conocer, para leer, ¡para editar en Argentina también! Seguiré en la búsqueda de su obra, pequeños tesoros que ojalá aparezcan por acá.

10 ene. 2019

Nöstlinger y los diarios de Susi y Paul

Siempre decimos que los mejores libros para niños no se venden.
Que autores como Nöstlinger, Sendak, Fine, Horvath, Creech salen de catálogo porque no entran en la escuela y casi no tienen circulación.
Mientras libros que consideremos horrendos se venden como pan caliente.
¿Qué es lo que vamos a hacer?

Así inicia el post del blog de Carola Martínez que lanzó la propuesta de leer a estos autores. Inspirada por los movimientos y retos de lectura de la Divina comedia del año pasado y de las obras de Homero y Joyce de este año, la idea en este caso es leer durante un mes entero (hasta el 4 de febrero) a Christine Nöstlinger, cualquiera de sus libros, todos sus libros, y compartir en las redes fotos, frases, reflexiones, lo que la lectura suscite (con su hashtag y todo, #LeeraNöstlinger). Para que se conozca y no se pierda. Para evitar que su creciente ausencia en los catálogos la haga desaparecer.
De la web oficial.

¿Quién es Christine Nöstlinger?

Fue una escritora austríaca, de las más reconocidas en el campo de la literatura infantil y juvenil. Nació en 1936 y murió hace poquito, el año pasado, y en el medio escribió unos cuantos libros. En 1984 ganó el Premio Hans Christian Andersen y en 2001, el Premio Memorial Astrid Lindgren.

¿Qué tiene la escritura de Christine? ¿Cómo son sus libros? ¿Y sus historias? Todas estas son preguntas para este mes. Para descubrir, conversar y disfrutar. Desde acá, me sumo a la propuesta. Y así comienzo:

Diario secreto de Susi, diario secreto de Paul es un libro muy peculiar porque cuenta una historia a través de dos puntos de vista, y para poder leer uno y otro, hay que dar vuelta el libro. Es decir, se puede comenzar por el diario de Susi o el de Paul, porque el libro tiene dos tapas. 

La historia, además, se va conformando a partir de las diversas entradas de ambos niños en sus diarios secretos, íntimos, en las que registran el modo en que los sucesos resuenan en ellos, en cómo se sienten, en lo que piensan.

Este es un libro que no pide permiso para nada y muestra las lecturas infantiles de diversas situaciones de la vida con mucha frescura. Familias complicadas, amistades y enojos, el incipiente aroma del amor y malos entendidos son parte de las experiencias que estos niños atraviesan y se configuran de modos diferentes a través de la escritura de cada uno de ellos.

"Jamás me hubiera imaginado que yo iba a escribir un diario. Pero ¿qué voy a hacer en una tonta casa donde todo está prohibido?", escribe Paul al comienzo, mientras Susi reflexiona en otro momento lo siguiente: "Mamá me dijo: 'Porque los niños tienen muy poco tacto y pueden comportarse de manera muy cruel'. ¡Por favor! Los niños nunca se comportan con tan poco tacto y tanta crueldad como muchos adultos. Porque no son tan autoritarios".

Así, con claridad infantil e irreverencia, inicia la lectura de Nöstlinger.


2 ene. 2019

Una imagen "espesa" en La composición de Skármeta

La composición de Antonio Skármeta es un libro-álbum maravilloso y muy claro que ojalá hayan tenido oportunidad de cruzarse (recomendadísimo por acá). Porque a través de Pedro y su historia, la narración ilustra una situación social y política difícil, el peso y extensión de una dictadura y sus efectos.

Si bien el libro cuenta con ilustraciones de Alfonso Ruano, la narración de Skármeta es fuerte y visual y permite que la historia cobre vida. Hay una imagen verbal en particular, una especialmente "densa" en su significado, que me quedó grabada luego de la lectura y que tuve que volver a revisar luego.

Se trata del momento en que los militares se llevan al padre de Daniel. Esta imagen está estructurada como una bisagra, con dos partes bien diferenciadas. En la primera, se arma un clima de alegría y emoción infantil gracias al partido de fútbol en el que Pedro hace un gol. Pero esa construcción se ve quebrada por el contraste entre el movimiento de Pedro y la quietud de sus compañeros: “corrió hacia el centro de la cancha esperando el abrazo de sus compañeros. Pero esta vez nadie se movió”. 

El clima entonces se rompe e irrumpe otro, cargado de temor, recelo y silencio, que marca el giro: “Algunas ventanas se abrieron. Se asomó gente con los ojos pendientes de la esquina. Otras puertas, sin embargo, se cerraron de golpe”. Con esta breve descripción de las acciones de los vecinos se enmarca el arresto del padre de Daniel y la situación social de impotencia y desentendimiento. 

A partir de ahí, el foco pasa al diálogo entre Daniel y su padre, y apenas lo acompañan algunas referencias breves y concisas a las acciones de los militares. Esta elección, sumada a lo pragmático y poco emotivo del diálogo (“Cuídame bien el negocio”; “Quería entregarle las llaves al niño”), crean una ilusión de objetividad que no solo impacta más en el lector, quien debe interpretar la escena por sí solo, sino que también obliga a Pedro, el protagonista, a pensar sobre lo que acaba de atestiguar. Esto lo lleva luego a preguntarle a Daniel qué ha pasado y a preguntar qué significa “estar contra la dictadura”, mostrando también el contraste que se produce en el personaje: de una pretensión más infantil de atención en el partido, a una postura más madura, de atención y reflexión, en esta escena.

El estilo aparentemente ascético de Skármeta, de breves descripciones y pocas explicaciones, construye aquí una imagen que parece liviana, una mera descripción de un evento, que, sin embargo, revela el peso de esa dictadura y habilita el desarrollo de la narración, impulsando al protagonista a averiguar y a decidir cómo se comportará él frente a estos sucesos.

Este trabajo narrativo, tan sutil y pensado, marca La composición en este escena y también a lo largo de toda la historia. Un motivo más por el cual este libro es una maravilla.

26 dic. 2018

Lo mejor del 2018

Se va otro año con todas sus lecturas. Se va otro desafío de Goodreads completo (para saber más sobre los casi 67 libros de este año, pasen por acá. Goodreads es una magia).

Y como el año ya se acaba, esta es una oportunidad ideal para revisar qué libros de todos los leídos durante estos meses fueron gratas sorpresas y encuentros que me cambiaron algo adentro. Así que, sin ningún orden especial, estos son los ocho libros que marcaron mi camino lector del 2018; los que merecieron cinco estrellas:

1. Quiere a ese perro, Sharon Creech.

Este libro cuenta, a través de poemas, la historia de un niño que debe escribir poesía para el colegio y no entiende cómo ni quiere hacerlo. La historia es un juego constante porque presenta la resistencia del protagonista y sus quejas a través de su propia escritura que, claro, es poesía.

Es un libro que retrata con perfecta claridad cómo la magia de los versos y las estrofas, del juego con el lenguaje y las imágenes, termina siempre filtrándose y encontrándose con la persona. Y, además, cómo siempre se puede descubrir que uno tiene cosas para decir y que la poesía es un camino muy posible para hacerlo.

2. El libro de todas las cosas, Guus Kujier.

Esta novela me partió un poco el corazón y otro poco la cabeza. Cuenta la historia de Tomás, un niño que anota todo lo que ve en su Libro de todas las cosas. Y lo que ve y lo que piensa no es chiste. Con un trabajo impecable en la narración, que es clara, sencilla, llena de humor y también ojo crítico, Kujier aborda temas como la violencia familiar, la religión, el fundamentalismo, la mirada de los otros y hasta la magia con una cintura increíble.

Esta es, realmente, una de las mejores novelas infantiles que leí en mi vida. Para no perdérsela.

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