domingo, 19 de marzo de 2017

Solo tres segundos

Solo tres segundos, de Paula Bombara (Norma, 2011), es una de esas novelas a las que conviene entrar sin referencias ni pistas sobre por dónde irá la trama. Será desafío para mí, entonces, poder escribir una reseña que no adelante ni eche luces confusas sobre esta historia. 

Puedo comenzar, por ejemplo, señalando que de todas las novelas de Paula que leí hasta ahora, esta es la que más me conmovió. No en un sentido lacrimógeno sino más bien estructural: mientras leía, di vuelta una página, convencida de por dónde avanzaría la historia, a la espera de otro capítulo que me trajera las mismas voces y, de pronto, toda certeza y sensación de previsión se me estrellaron contra aquel nuevo capítulo. Mi horizonte de expectativas acababa de quebrarse por completo.

Y la novela continuó y yo tuve que adaptarme a ella. No, reformulo, quise desesperadamente adaptarme a ella porque ahora necesitaba encontrar el orden y las voces nuevas, y construir con todo eso otra idea sobre esta historia.

Cuando la terminé, me di cuenta del lío: seguir la novela me había llevado a un proceso inesperado (en la identificación con los personajes, en las expectativas y las ideas que me había hecho de la historia en desarrollo) y lo había logrado gracias a —vamos a llamarlo de este modo— una grieta increíble en el medio de la trama. Y no sé si ese me resultaba un recurso bien limpio. No sé si estaba de acuerdo con ese manejo de la historia, que me llevaba a preguntarme cuál era la intención, el conflicto; si esa vuelta de tuerca no era un capricho, un "porque sí".

Y quizás esa grieta es todo eso.

Pero la verdad es también que gracias a ella tuve una lectura inesperada y sorprendente, que me llevó a reevaluar cómo venía considerando la historia y qué era lo que había ubicado como el conflicto. Porque, quizás, el conflicto era este en realidad: que los personajes y yo, lectora, nos cruzáramos con la grieta y, de pronto, todo tuviera que volverse a revisar, a calcular. Que en un cambio de página, de capítulo, en una distracción, en solo tres segundos, tuviésemos de pronto que volver a pensar en lo que ya creíamos haber entendido y comprender qué no, que todo está aún por verse, incluso la literatura y sus modos.

sábado, 4 de febrero de 2017

The Female of the Species

The Female of the Species (Mindy McGinnis, 2016) cuenta la historia de Alex, una chica que hace tres años se encargó de matar al asesino y violador de su hermana mayor porque la justicia no hizo nada.
"You see it in all animals - the female of the species is more deadly than the male".
La novela es hija de estos tiempos: hay un cuestionamiento bien elaborado de la cultura de la violación, del machismo instalado y de la denigración de la mujer que no se vuelve un discurso teórico insulso o fanático. No, por el contrario, la historia plantea preguntas y desacuerdos a partir de pequeños eventos, situaciones cotidianas e “inofensivas”, pero bien explícitas.

"Boys will be boys" es una de las frases que nadie dice en voz alta pero que sí cita la protagonista para indicar cuál es el justificativo social para todas las atrocidades y vulgaridades que suceden y nadie cuestiona.

Y si bien es cierto que la estructuración de Alex, la protagonista, no es tan creíble, incluso cuando luego de la mitad de la novela la autora comienza a trabajar con ella de otro modo, explorando su costado “más humano” (y ahí aparecen algunos clichés ya muy leídos en la literatura juvenil), es real que el trabajo con los personajes femeninos es muy sólido y profundo.

Hay una búsqueda importante por entender y hacer visibles las motivaciones e impulsos que llevan a las chicas adolescentes a mostrarse y buscar aprobación, a pelearse y odiarse, pero también a ayudarse y defenderse. Los tres personajes femeninos secundarios se desarrollan con vitalidad y mucho realismo, quizás a veces exagerando ciertas actitudes, pero siempre mostrando el peso que las imposiciones sociales tienen sobre ellas. Es quizás el trabajo con los personajes masculinos el que no avanza demasiado y pierde fuerza, sobre todo al final. 

La novela es interesante y está escrita de un modo sencillo, llevadero y que invita al lector a entrar en diálogo con las preguntas que propone sobre la cultura sexual, lo "socialmente aceptado", la violencia física y verbal, la culpa y el castigo. Sin embargo, su fuerza radica en las ideas y no tanto en la historia. El final, de hecho, es insulso y desarma el desarrollo para que sólo queden como recuerdo de la lectura los cuestionamientos propuestos y nada más. Pero es una lectura para estos tiempos y las culturas de hoy, en las que ya no todo se acepta en silencio, y no puedo evitar preguntarme qué pensará un adolescente al leer semejante novela.



viernes, 30 de diciembre de 2016

Lo mejor del 2016

Otro año se cierra y se acaba un nuevo desafío de lectura.
Este año, sobre un total de setenta libros propuestos a comienzo de año, logré leer setenta y uno. Y Goodreads me ofrece este balance:


Y, por supuesto, además del libro más corto y el más largo, entre todos eso hubo algunas lecturas realmente memorables. Estos son los tres libros del año que merecieron cinco estrellas:

1. La casa de papel, Carlos María Domínguez.

Una novela bien cortita y deliciosa, creada y pensada para amantes no sólo de la lectura sino del libro como objeto. La trama rodea el misterio que deja la muerte inesperada de una profesora y la llegada de un libro destinado a ella. Desde ahí, la historia se abre en la búsqueda de un hombre que construyó una casa con los libros de su biblioteca, y se sumerge en el misterio pero, sobre todo, en el amor por los libros y la manía por su cuidado.

La novela está repleta de frases fabulosas sobre el vínculo que los lectores establecen (establecemos) con los libros y cómo nos volvemos fanáticos delirantes cuando se trata de darles lugar en nuestra vida, planes e ideas. Un ejemplo:
"Los libros cambian el destino de las personas. Unos leyeron El tigre de la Malasia y se convirtieron en profesores de literatura en remotas universidades. Demian llevó al hinduismo a decenas de miles de jóvenes, Hemingway los convirtió en deportistas, Dumas trastornó la vida de miles de mujeres y no pocas fueron salvadas del suicidio por manuales de cocina. Bluma fue su víctima. 
Pero no la única. El viejo profesor de lenguas antiguas, Leonard Wood, quedó hemipléjico al recibir cinco tomos de la Enciclopedia Británica en la cabeza, desprendidos de un estante de su biblioteca; mi amigo Richard se quebró una pierna al intentar llegar hasta ¡Absalom, Absalom!, de William Faulkner, mal ubicado en un anaquel que lo llevó a caer de la escalera. Otro amigo de Buenos Aires enfermó de tuberculosis en los sótanos de un archivo público y conocí a un perro chileno que murió indigestado con Los hermanos Karamazov, después de devorar sus páginas en una tarde de furia".
Una novela que reflexiona sobre la bibliomanía y las múltiples alegrías y locuras que trae unidas.

2. Margot - La pequeña, pequeña historia de una casa en Alfa Centauri, Toño Malpica.

Esta novela fue un hallazgo, una maravilla de la literatura infantil que llegó hasta mis manos gracias a un préstamo. Narra la historia de Margot, una niña que vive y trabaja en un basurero pero, al mismo tiempo, es una superhéroe.

Es una historia cruda y, en ciertos momentos, hasta triste, que trae al centro cuestiones sobre los estilos de vida según los diferentes niveles adquisitivos y las diversas búsquedas y aspiraciones de vida. Sin embargo, nada esto se vuelve el eje de la historia. Margot es siempre su centro, Margot y su papá, sus amigos, sus mascotas, la gente con quien tiene contacto; Margot y su propia mirada sobre la vida, y todo lo que aprendió de su papá y de su familia en el basurero. Y todo, además, queda impregnado de una liviandad, de una alegría y una sencillez que muestran que la vida no depende de nada más que de uno mismo y de las ganas que se tengan de vivirla.

Es entretenida, agridulce y su escritura enlaza cada capítulo como eslabones en una cadena, haciendo que leer esta novela sea un paseo. Excelente.

3. Shouldn't you be in school? (¿No deberías estar en el colegio?), Lemony Snicket.

Este es el tercer título de la última saga de Lemony Snicket, llamada All the wrong questions (Todas las preguntas equivocadas). La primera novela es Who could that be at this hour? (¿Quién podría ser a esta hora?), la segunda, When did you see her last? (¿Cuándo la viste por última vez?) y, la cuarta y última, Why is this night different from all other nights? (¿Por qué esta noche es diferente a todas las otras noches?).

Como todo lo que sale de la mente de Snicket, esta saga es un delirio absoluto. Narra la historia del joven Snicket, que comienza a formarse dentro de una asociación ultra secreta llena de misterio e intriga. Las novelas siguen sus vueltas y aventuras en un pueblo lejano, con personajes tan extraños y misteriosos como el propio oficio del protagonista.

Con una escritura ácida y melancólica, irreverente y llena de giros ingeniosos, Snicket autor regresa con vivacidad a la literatura, en este caso dentro del género policial negro. Además, suma puntos porque también regresan algunos temas de Una serie de eventos desafortunados y siempre queremos leer más sobre eso.


Estas son las tres joyas que me llevo del 2016. Sin embargo, ningún balance de fin de año está completo sin alguna mención especial. En este caso las menciones les tocan a libros que, si bien no llegaron a la máxima calificación, sí me ofrecieron lecturas maravillosas. Los elegidos son:

- El perro del peregrino, Liliana Bodoc.
Es una novela de capítulos breves, que cuenta la historia de este perro que, si bien nunca se dice explícitamente, acompaña a Jesús durante algunos años de su vida. Gracias a la prosa delicada y bellísima de Liliana, esta historia es dulce, respetuosa y, además, amena.

- El cielo de los animales, David James Poissant.
Una colección de cuentos crudos, secos, con personajes mediocres y vidas truncas. Poissant tiene una escritura pertinente: todo lo que cuenta es importante, incluso aunque se trate de una digresión en el relato. Recomiendo especialmente "100% algodón", un cuento perfecto.

- Arcilla, David Almond.
Una novela bien extraña y vertiginosa, en la que las preguntas sobre el bien y el mal toman protagonismo y los personajes quedan inmersos en un ambiente ominoso, de amenaza constante. El malestar se extiende a medida que avanza la novela y eso la hace fabulosa. Por acá hay una reseña más completa.

EXTRA: Harry Potter y el legado maldito / Animales fantásticos y dónde encontrarlos (guión), ambos de J.K. Rowling.
Sabemos que no han sido grandes ejemplos de escritura y que, en algún punto, muchas cuestiones en ambas historias (sobre todo en la primera) están traídas de los pelos. Pero nunca deja de ser una maravilla leer sobre el mundo mágico, su crecimiento, sus costumbres y sus modos. Fueron una sorpresa del año y no sé si alguna vez podré realmente dejar de lado a Rowling en mi selección de las cosas que más me gustaron del año (y de la vida, para qué mentir).

¡Adiós, 2016!
Que el año que viene nos traiga más libros, nuevas sorpresas y, sobre todo, aventuras literarias.

domingo, 18 de diciembre de 2016

Ciencia ficción y más ciencia ficción

Con las primeras tardes de sol y gusto a tiempo libre, las ocasiones para leer y disfrutar (¡finalmente!), se multiplican. Y, en esta ocasión, volví a sumergirme en la ciencia ficción y en todas las alegrías y, sobre todo, tristezas que tiene para ofrecer.

Acá, entonces, una lista de recomendaciones de libros, películas y series para estas fiestas y para el verano que se acerca a toda velocidad.

1. Monstruos por el borde del mundo, Eduardo Abel Gimenez.
Hay un pueblo donde todos sueñan con monstruos y, horror de horrores, esos monstruos se hacen realidad al día siguiente. Pero el protagonista no, él sueña con Carmen. Y Carmen, evidentemente, no es un monstruo. 

La historia no regala mucha información al principio, y juega con la incertidumbre constante. De a poco, en capítulos breves y fáciles de seguir, se revela con sencillez  y en medio de las aventuras que deben atravesar, qué vínculo existe entre los dos protagonistas y, más importante aún, dónde vive cada uno y cómo están conectados esos lugares.

2. Solaris, Stanisław Lem.
La llegada de un psicólogo a Solaris, un planeta cubierto en su gran mayoría por una especie de océano negro, ubica al lector en el medio de un ecosistema extraño que aún no ofrece respuestas claras a los científicos.

La historia gira en torno a ciertas "apariciones" que ponen en tela de juicio la capacidad humana de discernir y, además, los valores de la vida y, en tal caso, del amor. Lo desconocido se presenta en primera instancia con la impronta del siniestro freudiano (lo familiar como algo extraño; lo conocido como algo alienado pero que conserva el aspecto usual) pero, a medida que avanza la historia, muta y se transforma con sutileza en lo conocido, desequilibrando las decisiones de los personajes y sus certezas.

Plagada de análisis científicos y monólogos interiores del protagonista, la novela presenta con fuerza la desolación propia del ser humano que se descubre pequeño y abrumado por el vasto universo.

3. Nunca confíes en una computadora, Verónica Sukaczer.
Una serie de cuentos muy atrapantes concentrados en ilustrar el modo en que la ciencia y la tecnología afectan negativamente a la humanidad. Un trabajo con el tópico del "hombre versus la máquina" en el que la máquina no siempre se rebela de modo súbito y notorio. 

Este libro se puede leer mientras se miran las tres temporadas que existen hasta ahora de...

4. Black mirror (serie).
Ídem al libro anterior, la temática que estructura esta serie antológica es el avance de la tecnología y su peso sobre la humanidad. Todos los capítulos presentan diferentes variedades de mundos futuros en los que la tecnología, especialmente aquella vinculada al uso de celulares, internet y redes sociales, han afectado a la humanidad alienándola y atándola. Para mirar de un tirón en Netflix y terminar con el corazón aplastado.

5. Arrival (La llegada, 2016), película de Denis Villeneuve.
Recién estrenada este jueves, la nueva película de Villeneuve, categorizada por él mismo como "dirty science fiction", es un canto no sólo al género sino a la esencia del mismo, el cuestionamiento de ideas y conceptos centrales para la humanidad como, en este caso, la cooperación universal, la unión entre lo individual y lo colectivo, la capacidad de escuchar y recibir a otros, la comprensión, la tolerancia y el lenguaje y sus alcances.

La dirección, la fotografía y la banda sonora acompañan con fuerza este guión basado en "The story of your life", un cuento de Ted Chiang (que no leí y me tocará hacerlo) que presenta la historia de una lingüística contratada por el ejército para descifrar el lenguaje de unos alienígenas recién llegados a la Tierra. La película despliega suspenso en medio de una trama que, a medida que se va desovillando, se descubre que está mucho más enmarañada de lo que se creía. 

Simplemente brillante.



domingo, 2 de octubre de 2016

Prosa que enamora

En mi perfil de Goodreads, lugar donde es posible armar y organizar los "estantes" de la propia biblioteca (etiquetas para organizar los libros leídos o por leer según temas, géneros, etc) como uno desea, hace ya un tiempo habilité uno que se llama "prosa que enamora".

En su momento, no pensé demasiado en el título que le estaba poniendo. Rimaba, se veía bien; listo, eso servía.

Sin embargo, a medida que me fui sumergiendo más en la literatura infantil y, sobre todo, juvenil, me di cuenta de que quizás esa estantería quedaba algo grande. O vacía.

No resultó tan sencillo encontrar libros con prosa que enamorara, con una escritura que resultara cautivante, llena de palabras vivas y vibrantes. La mayoría de los libros que leía estaban centrados en la trama, en el desarrollo de la historia y, sobre todo, en generar siempre suspenso, para seguir atrapando al lector. Si en el medio justo había una oración que sonaba mejor o traía una metáfora interesante, pura suerte.

Así que revisé cómo andaba esa estantería movida por la curiosidad y consideré que podía ofrecer, ahora, una primera selección de las novelas que leí en el último tiempo y que con sus frases me conquistaron los ojos (y gran parte del corazón).

1) La pendiente resbaladiza (Una serie de eventos desafortunados, #10), Lemony Snicket, y La cueva oscura (Una serie de eventos desafortunados, #11), Lemony Snicket.

Ya es de público conocimiento que el estilo de Lemony Snicket me vuelve loca. Toda la saga es una delicia por el trabajo cuidadoso y deliberado que hace el autor para presentar metáforas sencillas y para jugar con el lenguaje desde la figura del narrador. 

Estos dos libros, sin embargo, en su momento me resultaron increíbles. Las reflexiones del narrador y las descripciones de los espacios estaban llenas
de frases impresionantes y, siempre, bien sencillas. Debo recordar que los leí en inglés y que creo que hay algo de la magia de Snicket que a veces se pierde en las traducciones, pero acá acerco una frase de cada libro:
"Si sentís... que la gente leída es menos propensa a ser mala, y que un mundo lleno de gente sentada, tranquila, con buenos libros en sus manos es preferible a un mundo lleno de cismas y sirenas y otras cosas ruidosas y problemáticas, entonces cada vez que entres a una biblioteca podés decirte a vos mismo: 'El mundo es tranquilo acá', como una suerte de promesa que proclama que la lectura es un bien mayor".
"La gente no es ni mala ni noble. Son como las ensaladas del chef, con cosas buenas y malas cortadas y mezcladas juntas en una vinagreta de confusión y conflicto".

2) Los saqueadores de sueños (The Raven Boys, #2), Maggie Stiefvater.

También en su momento había hecho una reseña sobre lo impactante (y raro) que era el estilo de escritura de Maggie Stiefvater. El segundo libro de la saga me dejó con la impresión de que eran las palabras las que hacían respirar a los personajes. No sólo por el modo en el que se los describe sino, y sobre todo, por cómo se encastran sus acciones con frases atípicas y muy particulares, pensadas en detalle para cada personaje.

Un ejemplo (también extraído de su versión en ingles):
"Había muchas versiones de Gansey, pero esta había sido escasa desde la introducción de la presencia domadora de Adam. Era, además, la favorita de Ronan. Era la opuesta al rostro público de Gansey, que era puro control encerrado en una envoltura académica delgada como el papel. Pero esta versión de Gansey era Gansey el chico. Este era el Gansey que compró el Camaro, el Gansey que le pidió a Ronan que le enseñara a pelear, el Gansey que contenía todas las chispas salvajes para que no aparecieran en las otras versiones. ¿Lo había liberado el escudo que estaba en el lago? ¿La bikini naranja de Orla? ¿Los restos destruidos de su Henrietta reconstruida y las identificaciones falsas que habían encontrado? A Ronan no le interesaba. Todo lo que importaba era que algo había prendido el fósforo y Gansey estaba ardiendo". 
3) Algo que domina el mundo, Franco Vaccarini.

Cuando escribí la reseña de este libro, también lo aclaré: la novela tiene la capacidad y el arte para presentar el mundo adolescente y sus complejidades a través de oraciones y párrafos circulares que hablan de pensamientos y sensaciones cruzadas, confundidas, mezcladas y que, sin embargo, dibujan  con claridad el rostro de la juventud.

Una frase del comienzo:
"Odiaba la primavera, también; pero ya no. A veces tengo días buenos, días donde vivir es parecido a soñar; y en ese sueño soy de carne y hueso, puedo tocar las cosas y las cosas me tocan, existo de verdad. Eso es lo importante: ser real, entender que uno tiene el corazón fuerte, que late, late, late, resiste pulso a pulso, sístole a diástole, yo qué sé. Un corazón no es algo fácil de parar".


Hay más libros y hay más frases que eventualmente llegarán a otro post. Por ahora, estos, que valen la pena y que son un viaje fabuloso a mundos bien armados, a personajes autónomos, a ambientes que envuelven. Mientras tanto, la tarea de engrosar esta estantería seguirá presente y sedienta.

martes, 20 de septiembre de 2016

Donde viven los libros

Desde hace tiempo, el blog Donde viven los libros recomienda lecturas infantiles interesantes y no siempre tan comunes (también lo hace a través de sus otras redes sociales: FacebookTwitter e Instagram). Con lo cual, cuando supe que los artífices detrás del blog abrirían una librería, me puse en contacto y arreglé para ir a visitarla.

Así que, el sábado pasado por la mañana, conocí la librería Donde viven los libros.

Carola Martínez me recibió, junto a Ramón Paez, en una librería hermosa, muy sencilla y decorada con cuidado. Luego, ya en su oficina y entre cientos de libros y mates, me contaron un poco sobre esta idea.


La librería se presenta como un espacio donde aquellos cegados por amor a un libro infantil o juvenil, literario o de teoría, difícil de conseguir, pueden ir a cumplir sus sueños. Si bien tiene un espacio físico donde se pueden mirar los libros, la librería funciona principalmente a través de internet. Me explicaron toda la ciencia detrás del armado de la página y, sobre todo, me contaron que entienden que ahora las búsquedas de libros dan vueltas por internet en su mayoría.

Coincidí, mis últimas compras de libros fueron a través de webs de librerías.


Carola y Ramón conocen un montón y saben cómo funciona el mundo editorial y cómo son, en general, las necesidades del público lector, de los especialistas y de los maestros y profesores. La librería, entonces, es un espacio bien especializado. A mí, de hecho, me hicieron muchas recomendaciones, muy precisas (¡y con mucho entusiasmo!) sobre el género dentro del que ando buscando lecturas.


Fue una visita muy agradable e informativa (y me crucé con cientos de libros hermosos y varios realmente difíciles de encontrar) y, sobre todo, descubrí una vez más que hay gente apasionada por la lectura, por la formación y por dar a conocer joyas literarias, y que es posible seguir abriendo el campo de la literatura infantil y juvenil para que llegue a los sedientos de las palabras.

Así que, cuando se hayan enamorado de un libro que no saben cómo conseguir, Donde viven los libros puede tener la respuesta.

¡Gracias, Carola; gracias, Ramón!


sábado, 17 de septiembre de 2016

Como una película en pausa

Ayer tuve la oportunidad de participar un rato de la presentación de Como una película en pausa, novela de Melina Pogorelsky editada por Edelvives este año.

Fue en una librería/espacio cultural precioso, que invitaba a quedarse a tomar algo mientras se miraban los libros y se escuchaba hablar a los autores, editores y familiares que habían ido a acompañar y alegrarse con la autora.

En la presentación participaron Natalia Méndez, la editora valiente de este libro, Mario Méndez, escritor que ya se había cruzado con la novela cuando aún no estaba terminada, Claudio Bidegain, un especialista en estudios de género que se encargó de darle un contexto sociopolítico a la publicación de esta novela y, claro, Melina.

De izquierda a derecha: Natalia, Melina, Mario y Claudio.
La presentación fue sencilla y amena. Siempre es precioso ver la cara de alegría del autor y participar del ambiente con olor a sueño cumplido que supone la presentación en sociedad de una novela que se gestó adentro durante tanto tiempo. Más esta, que, luego de su escritura, según contaron, tuvo idas y venidas a la hora de publicarse.

Sobre eso conversaron un poco quienes acompañaban a la autora, sobre lo que significa que una editorial tenga que animarse a publicar una novela que presenta el descubrimiento y afianzamiento de la identidad sexual de un adolescente. Y cómo la posibilidad de leer textos así abre puertas y desmitifica fantasmas. 

Porque Como una película en pausa es, ante todo, un relato sobre la adolescencia y las confusiones e incertidumbres de descubrirse como persona. El corazón de la novela radica en la posibilidad de que los personajes se cuestionen sobre qué es lo que quieren y quiénes son ellos en relación con los otros y con ellos mismos.

Las preguntas se abren y estiran en el relato con mucha naturalidad y siempre a través de la voz de los personajes, que ilustran con claridad el lío de emociones e ideas que se dan en ese tiempo de desarrollo y construcción de la propia vida. Los descubrimientos que hacen Lucho, Dami y Flora se desenvuelven con sencillez y sutileza, y en ningún momento aparecen escenas clichés (palabra que Mario Méndez también retomó, señalando algo similar) ni armadas o teatrales. En la novela hay espacios de diálogo y de preguntas interiores que no tienen el dramatismo o el juicio del ojo ajeno sino la incertidumbre propia del que está atravesando ese momento.

En la presentación se leyeron algunos fragmentos que fueron acompañados por una puesta visual muy bonita a cargo de Natalia Méndez. Las escenas elegidas para leer fueron algunas de las que más me gustaron de la novela por el peso emocional que presentan a través de diálogos sencillos. Por ejemplo:
"Se pelean como dos hermanitos, loco. No da. La estábamos pasando bien. Sigamos. ¿Dale? Cambien las caras. ¿Preguntás, Lucho? ¿No? Bueno, entonces yo. Me pregunto y me contesto sola. A ver... Flora, ¿es verdad que tenés ganas de llorar? Sí. Porque mis amigos, que son lo más importante que tengo, se portan como dos nabos. Bien. Ahora les toca a ustedes. ¿Ninguno? Ok, yo de nuevo".

Hay una palabra que no puedo dejar de repetir, tanto para hablar de la presentación como de la novela: la sencillez. Porque así, apelando a los movimientos propios de la vida de los adolescentes, situándose justo en el medio del torbellino de emociones e ideas que giran alrededor de los personajes, y todo sin aplicar una mirada exterior, con ideas ya armadas sobre la sexualidad y la adolescencia, Melina ofrece con fuerza descomunal un retrato de la intensidad que supone ser adolescente.

Qué ganas de leer más sobre estos personajes.
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