lunes, 21 de octubre de 2013

La campana de cristal (+ cita)

Esta semana me encontré con una cita de La Campana de Cristal, un libro muy famoso de Sylvia Plath y, revisando mi lista de reseñas, me di cuenta de que nunca alcancé a reseñarlo. Creo que es porque este es uno de esos libros que da miedo reseñarlos. ¿Miedo a hacerlo mal? No, creo que es, sencillamente, miedo a no poder dar cuenta de la totalidad del alcance de esta historia. Porque es, a primera vista, la historia de Esther. Pero es también la historia del lector, y la historia de la vida misma. Es uno de esos libros que resuenan en lo profundo y dejan un vacío lleno de reflexiones y preguntas. 

Puede que mi reseña sea eso, decir que no puedo decir nada porque no me salen las palabras de la forma correcta para decirlo todo. Y puedo reponer algo de lo que escribí en Goodreads, en un intento por hacer una mini reseña: La Campana de Cristal es una historia terrible, inteligente y extraña sobre el descubrimiento del propio carácter y anhelos en medio de circunstancias sociales muy definidas y estrictas, que logra inquietar y conquistar. Como figuras en un intrincado juego de tetris, cada capítulo deja caer una nueva pieza sobre la vida de Esther que, personaje y lector, van descubriendo juntos. Sylvia Plath arma esta metáfora de la vida con una prosa que rezuma frases deliciosas y desespera, todo al mismo tiempo.

Y, para que se den una idea del tipo de libro que es La Campana de Cristal, esta es la cita (bellamente ilustrada) con la que me crucé:





"Vi mi vida extendiendo sus ramas frente a mí como la higuera verde del cuento. De la punta de cada rama, como si se tratara de un grueso higo morado, pendía un maravilloso futuro, señalado y rutilante. Un higo era un marido y un hogar feliz e hijos, y otro higo era una poeta famosa, y otro higo era una profesora brillante, y otro era Ee Gee, la increíble editora, y otro higo era Europa y África y Sudamérica, y otro higo era Constantino y Sócrates y Atila y un montón de otros amantes con nombres raros y profesiones poco usuales, y otro higo era una campeona del equipo olímpico de atletismo, y más allá, por encima de aquellos higos, había muchos más que no podía identificar claramente.
Me vi a mí misma sentada en la bifurcación de ese árbol de higos, muriéndome de hambre sólo porque no podía decidir cuál de los higos escoger. Quería todos y cada uno de ellos, pero elegir uno significaba perder el resto. Y, mientras estaba ahí sentada, incapaz de decidirme, los higos empezaron a arrugarse y a ponerse negros y, uno por uno, cayeron al suelo, a mis pies."

Repito, hermoso y terrible. Ojalá algún día pueda elaborar mejor mi reseña. Mientras tanto, esto es todo y nada.


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