viernes, 9 de enero de 2015

Boy: relatos de infancia

Boy: Tales of childhood, Roald Dahl, 2001. Puffin Books.
En este libro, Roald Dahl narra sus días como un niño en Inglaterra. Desde sus años como bromista en la escuela hasta su envidiable posición como probador de chocolates para Cadbury, la infancia de Roald Dahl está llena de emociones y vueltas inesperadas. Como sus libros. Lleno de anécdotas - algunas graciosas, otras dolorosas, todas interesantes y reales - este es un libro que encanta.
Como fan declarada de Roald Dahl este era un libro que tenía ganas de leer hacía tiempo. Pero como trae fotos y cartas escritas por él, me parecía necesario tener el libro y no leer una versión digital, así que esperé y ahora, en las vacaciones, llegó mi oportunidad.

Boy es un libro breve, y en el caso de mi edición, de tapa dura, lo que lo hace todavía más tierno. Dahl se ubica como un narrador con ganas de rememorar y un poco resignado (pero en el mejor de los sentidos) a contar sus travesuras de la infancia. Se arma un juego muy lindo entre él como adulto reflexivo que evalúa algunas de las cosas que le ocurrieron hace años y él como niño-personaje protagonista, inocente y, a veces, medio inconsciente.

El libro está lleno de anécdotas increíbles (algunas tan imposibles que hacen difícil creer que este Dahl niño fuese de verdad y no una versión alternativa de Matilda), graciosas y llenas de detalles coloridos. Otras son mucho más tristes y no pierden la oportunidad de señalar la crueldad con la que se trataba a los niños en las escuelas de esa época.

En todas ellas aparecen adultos pero retratados desde la óptica de Dahl niño y narrados por el Dahl adulto: son siempre personajes inverosímiles, con rasgos muy marcados y comportamientos que, para Dahl niño
, muchas veces no tienen sentido. Desde su madre amazona hasta los directores enormes y peludos de sus colegios, Dahl narra al adulto como un ser extraño y, a veces, digno de ser documentado y analizado.

Boy es breve, es sencillo y narra con profunda alegría una infancia muchas veces marcada por dolores y accidentes, pero siempre conducida por un espíritu infantil insaciable. Es una lectura hermosa y queda guardada adentro: me pasé todas las cenas de la primera semana de vacaciones contándole a mi familia de las travesuras que hacía Dahl cuando era chiquito. Si un libro logra eso, para mí es más que suficiente.



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