miércoles, 3 de diciembre de 2014

Vuelta al sur

Vuelta al sur, Mario Méndez, 2013. Edelvives.
Pablo es de la Patagonia, pero fue a Buenos Aires a estudiar y a trabajar. Sin embargo, las cosas no le resultaron bien y antes de volverse, decide buscar algo más: a su abuela. Una vieja historia familiar la separó hace años de sus hijos y por lo tanto Pablo solo escuchó algunas cosas de ella, pero nunca la conoció. Y está decidido a no volver al sur sin escuchar la otra versión de la historia. Y tal vez, hasta llevarla también a ella de regreso.
Este libro está dando vueltas en casa desde la feria, cuando lo encontramos en el puesto de Edelvives (tan pintoresco y tentador como siempre) y mi hermana decidió comprarlo. Ahora lo reencontré y me lancé a la lectura.

Vuelta al sur es la historia de un regreso. Es el regreso al sur, sí, pero es también el regreso de la narración, las idas y vueltas, los viajes de la palabra y, sobre todo, de las historias y anécdotas que se cuentan en las familias y entre amigos.

No sé qué idea me había hecho de esta historia, pero imaginé que sería más infantil. Encontrarme con un protagonista de 23, perdido en la vida, confundido con lo que quiere y ahogado por una profunda sensación de fracaso amplió el horizonte. Y fue también una de las cosas que más me resonó porque este protagonista, en medio de la incertidumbre, de las dificultades del inicio de la adultez intensificadas por el abandono de la ciudad de origen, se embarca en un viaje que cree que dignificará su vuelta fracasada a casa pero que termina convirtiéndose en mucho más que eso. Su viaje lo lleva a remover y reconstruir.

Y la novela, a partir de una revisión del pasado y de la pregunta por las voces y miradas que lo construyen, lleva a una resignificación del presente y de la mirada que, en este caso, tiene Pablo sobre lo que vivió, lo que está viviendo, lo que espera (o no) de la vida. Es significativo cruzarse con pequeños pasajes donde él hace algún comentario sobre la porquería (vamos a hacerlo bien exagerado) que es su vida y su abuela contesta con algo semejante a "¡Seguro que no fue tan malo! ¡Qué decís, si seguro sos muy bueno en eso! ¡Tenés toda la vida por delante!".

Removiendo y rebuscando miradas sobre el pasado, a Pablo se le empiezan a abrir nuevos caminos (y, por supuesto) nuevas miradas sobre el presente. Lo que había comenzado como un último manotazo de ahogado se convierte en el camino para empezar de otra vez, para volver a poner las cosas en marcha (de forma literal en el auto que se mueve hacia el sur, y de forma metafórica, cuando Pablo pasa de nuevo por Mar del Plata y se despiertan amistades) y recomenzar una vida que había quedado medio adormecida.

Vuelta al sur es un libro que encierra mucho más que la historia de un viaje y que muestra que en el animarse a dar un paso (e incluso en el animarse a mirar el pasado con otros ojos), las cosas que parecían estancadas (la vocación, los vínculos, los anhelos y los sueños) vuelven a cobrar vida.



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