viernes, 21 de diciembre de 2012

Camino a Aletheia

Camino a Aletheia, Victoria Bayona, 2011. Norma.

La capitana Marion perdió el rastro de su barco años atrás, cuando Petro Landas la abandonó de forma misteriosa y sin demasiadas explicaciones. Desde entonces, Marion ha ido perdiendo cada vez más las esperanzas de volver a recuperar su antigua vida. Sin embargo, un día, un hombre extraño, en unas circunstancias aún más extrañas, le ofrece el mando de su antiguo barco y le confirma unas noticias perturbadoras: Petro está desaparecido desde hace ya un par de meses.
Pero eso no es todo. Este mismo extraño le ofrece la posibilidad de embarcarse en una gran aventura, que la involucrará en los conflictos políticos de Knur y la enfrentará con su propio pasado, todas sus creencias y sus habilidades como capitana.

Camino a Aletheia propone una variante muy interesante dentro de los tópicos usuales del género infantil/juvenil. Una capitana, una historia que gira alrededor del mar, barcos y viajes, y una trama política que se va desentrañando con paso lento, dejando lugar a otro tipo de aventuras y revelaciones. 

La novela es Marion y, sin ella, la historia no existiría. Victoria Bayona demuestra una destreza excepcional a la hora de delinear un personaje tan complejo e interesante que, en ningún momento, pierde su cuota de realismo. 
La capitana prueba ser un personaje único. Su determinación, su famoso "corazón de piedra" y, sobre todo, su resiliencia y perseverancia la constituyen como un personaje innovador dentro del espectro de personajes femeninos que tradicionalmente habitan las historias fantásticas. Es una mujer que se propone metas, avanza hacia lo que desea, y rompe moldes. Es prácticamente el único personaje femenino en medio de una amplia constelación de hombres, y en ningún momento pierde protagonismo o potencia. Es fuerte, sabe pelear, es sagaz y puede controlar a su tripulación. Marion propone un modelo femenino muy real y capaz y es ella, sin duda alguna, una de las cosas que más disfruté de este libro. Sus diálogos están cargados de un humor muy sutil e inteligente que no sólo hacen disfrutar sus interacciones con los demás personajes sino que, además, invitan a pensar que Marion debe ser alguien muy interesante con quien pasar el rato.

Me resultó interesante, además, el tipo de relaciones que ella establece con quienes la acompañan en sus viajes. Algunos miembros de la tripulación le temen, otros la valoran a una distancia segura, e incluso se mencionan a otros que desconfían de su capacidad. Todas las posturas ante una mujer capitana son exploradas de forma sutil y Marion se alza digna de su título dados sus esfuerzos y luchas por llegar hasta allí. La relación que establece con Augur es también digna de mención porque logran establecer un vínculo de igualdad y respeto más allá de las diferencias de creencia y carácter. Marion se abre paso sin ningún tipo de dificultad en este mundo que la quiere presa y que la dejó sin nada.

Quizás me hubiese gustado leer un poco más sobre la Papisa, la gran antagonista de esta historia, dado que sus descripciones delineaban a un personaje muy interesante y complejo. Ella trae consigo la perturbadora propuesta de la manipulación de todo un pueblo mediante el manejo del pasado y esto, y todo lo que implica esta noción (cómo lo logró, qué atrocidades tuvo que llevar a cabo, cómo una mujer alcanzó semejante poder) me hubiese gustado saberlo.

La historia está plagada de intrigas y encuentros sobrenaturales. El ritmo de la acción no se detiene nunca y escala a medida que Marion y sus acompañantes se acercan al desenlace de su gran viaje. Es difícil aburrirse cuando el mundo se abre como insólito y nuevo ante los ojos de Marion y cuando, poco a poco, se va descubriendo una línea política que subyace toda la historia. A esto se le suma el camino de autodescubrimiento que Marion inicia sin querer cuando acepta sumarse a esta aventura, y que explora aún más al personaje y la explica, a ella, a su carácter y a sus acciones. Los capítulos que relatan la vida previa de Marion significan un complemento muy interesante, dado que hablan de una Marion muy distinta, que recién comenzaba a descubrir qué quería de la vida.

Victoria Bayona también hace un uso muy acertado de las descripciones de las ciudades que visitan los viajeros, los lugares inexplorados y los animales (que, en esta historia, tienen un lugar muy preeminente) que se van cruzando. Las imágenes visuales y olfativas generan un clima muy real y completan las imágenes que acompañan, generando una sensación de realidad que resulta muy importante dada la cantidad de veces que los personajes cambian de ciudad o habitaciones.

Camino a Aletheia es una apuesta nueva dentro del género fantástico en Argentina, que propone personajes y tópicos fuera de los lugares comunes hacia los que suele dirigirse el género. Con un buen ritmo pero, sobre todo, con un personaje sólido e único, la historia entretiene y triunfa, y deja deseos de volver a embarcarse en el Ketterpilar y seguir acompañando a Marion en nuevas aventuras.

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