lunes, 27 de agosto de 2012

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, Philip K. Dick, 2012, Edhasa.

Escuché por primera vez sobre Philip K. Dick este año, en las jornadas de ciencia ficción. Me avergoncé un poco al descubrir que era una eminencia en el género y que yo no sabía absolutamente nada de él. Así que, luego, al volver a casa, abrí google y me puse a investigar. Ahí descubrí que su novela más conocida era ésta, y que había inspirado la famosa película de culto Blade Runner (que por supuesto tampoco vi, y decidí ver luego de leer el libro). No hace falta decir que salí inmediatamente a conseguirlo.

Ubicada en un futuro distópico - y ya esa premisa me atrapó por completo -, la novela sigue la vida de Rick Deckard, un cazarrecompensas que trabaja para la policía local retirando "andys"  (androides) rebeldes. La historia suena simple y parece anunciar una clásica historia de aventuras y nuevas tecnologías fascinantes. Sin embargo, Rick Deckard se ve enfrentado a un nuevo tipo de androide, el Nexus-6, que posee características especiales, que lo asemeja de forma convincente a los seres humanos. Allí la historia se torna en pesadilla y la acción pasa a un segundo plano: los planteos morales, éticos, e incluso religiosos ingresan a la novela robándose el protagonismo.

La experiencia de lectura es así. La premisa inicial convoca: un mundo devastado, lleno de desechos materiales y humanos, cubierto por un polvo que todo lo destruye y mata, habitado solamente por quienes saben que morirán, y mega tecnologizado. La acción no se hace esperar y, cuando resulta evidente cómo será el final, la novela da un giro inesperado y el lector queda perdido en el suspenso y la incógnita. Y necesita saber cómo seguirá, qué le ocurrirá a Deckard, cuáles son las respuestas a los interrogantes que se comienzan a plantear.

La pregunta por la vida, por los límites entre lo humano y lo artificial, es el centro alrededor del cual gravita la acción. La historia se desdobla en dos planos que corren paralelos y experimentan choques imprevistos: el mental, que engloba las preguntas, reflexiones y diálogos interiores de Deckard y otros personajes a quienes Dick también les otorga la voz; y el físico, plano donde ocurre la acción, y desde donde se disparan los sucesos del plano mental. El avance del relato los imbrica de tal forma que, como lector, se llega a un punto donde no se sabe si quien se hace las preguntas es el personaje o uno mismo. 

¿Sienten los androides? ¿Se puede sentir pena por un androide? ¿Y amor? ¿Y deseo? ¿Cuál es el precio que se paga por asesinar a uno de ellos? ¿Realmente la palabra adecuada es "asesinar"? ¿Cómo se puede saber a ciencia cierta quién es un androide? ¿Quiénes son androides? ¿Y si hay un error y se asesina a un humano?

La paranoia es palpable y Dick hace un trabajo supremo en la construcción de Rick Deckard. Encarna el espíritu de un sobreviviente que sabe que, eventualmente, morirá a manos de la contaminación. Es un personaje enigmático, a ratos conforme con su trabajo, luego, completamente fastidiado. Sus capacidades - una de sus únicas seguridades - se ven puestas en tela de juicio a medida que avanza la novela, y eso lo enloquece. El lector es testigo del proceso de degradación del personaje - no física, sino mental. Así como el mundo camina rumbo a una aniquilación total, el caos inherente a esta distopía alcanza a Deckard y lo destruye, lenta y tortuosamente, desde adentro.

A todo esto se le suma una construcción viable y creíble de una sociedad desmembrada - luego de la catástrofe que deja el mundo destruido, muchos emigran y forman colonias en Marte. Adelantos tecnológicos que abarcan desde androides cuasi humanos y animales eléctricos - que ocupan, también, un rol central en la historia, como símbolo de la vida, de status y seguridad, y del pasado - hasta programas de televisión que nunca terminan, y un sistema religioso que estremece.

Una lectura que se disfruta de principio a fin y que no solo trae una historia interesante y compleja sino que, además, plantea preguntas filosóficas y existenciales en el marco de un futuro que también podría ser una posibilidad.

2 comentarios:

  1. Lo tengo perdido por casa y nunca he decidido a leerlo, creo que ya va siendo hora.

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  2. No leí la novela, pero la película es impresionante!

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