jueves, 19 de julio de 2012

Lenguaje y poder en 1984

Quizás cuando se habla de 1984 de George Orwell, la primera imagen que se presenta es la del Gran Hermano observando con gesto acusador, o la telepantalla controlando la vida de todos los habitantes y regulando sus emociones.

Sin embargo, a raíz del trabajo en un seminario, encontré la posibilidad de investigar una línea de la novela que siempre me resultó muy fascinante y perturbadora. Me refiero a la presencia del lenguaje en 1984.

El idioma oficial que se presenta es la "neolengua" o "newspeak", una lengua instaurada por el Partido cuya principal característica es la combinación de palabras y la simplificación de conceptos. Para el lector que está disfrutando de la historia y del mundo distópico, esto se presenta simplemente como otro ejemplo de la decadencia y corrupción de una sociedad que iba a ser perfecta. No obstante, revisar la neolengua en mayor profundidad descubre una dimensión del poder que horroriza y asusta por su potencialidad en la propia sociedad.

En primer lugar, y a raíz de cómo se va presentando esta lengua en el libro, salta a la vista la insistencia con la que el Partido recuerda y obliga, cada vez más, a sus habitantes a pensar en neolengua. ¿Esto que significa? Una mente que reduce su vocabulario, cercena significados y olvida palabras que caen en desuso descubre que es imposible pensar de forma distinta a la oficial, a la forma del Partido. Todo otro tipo de pensamiento e ideas se hace así imposible - y es por esto que el régimen totalitario de Partido encuentra en la neolengua una forma de control y, especialmente, una herramienta para lograr una fidelidad absoluta.

En uno de los pasajes más memorables del libro, Syme le relata a Winston cómo está resultando la conformación de la última edición del Diccionario de la Neolengua: 
"Creerás, seguramente, que nuestro principal trabajo consiste en inventar nuevas palabras. Nada de eso. Lo que hacemos es destruir palabras, centenares de palabras cada día. Estamos podando el idioma para dejarlo en los huesos [...] La destrucción de las palabras es algo de gran hermosura."
Y da uno de los ejemplos más icónicos: 
"¿Qué justificación tiene el empleo de una palabra sólo porque sea lo contrario de otra? Toda palabra contiene en sí misma su contraria. Por ejemplo, tenemos 'bueno'. Si tienes una palabra como 'bueno', ¿qué necesidad hay de la contraria, 'malo'? 'Nobueno' sirve exactamente igual, mejor todavía, porque es la palabra exactamente contraria a 'bueno' y la otra no."
Se anulan los opuestos, los sinónimos, los antónimos. Las palabras son sus opuestos, los contienen en sí mismas, y se cargan de un significado unívoco y no negativo. Esta idea aparece incluso en las consignas del Partido: La guerra es paz, la libertad es esclavitud, la ignorancia es fuerza. El significado de las palabras se cercena y amplía hasta que alcanza a cubrir a todas las otras palabras que derivan o tienen relación con su significado original: la guerra es paz - y la idea de guerra como algo negativo deja de existir, así como deja de existir el concepto de paz como tiempo de buenas relaciones y armonía. ¿Cómo pensar esto? Resulta prácticamente imposible.

La neolengua no tiene variantes, graduaciones ni posibilidades de elección. La complejidad en el pensamiento deja de existir. Sólo hay una palabra posible, con un único sentido, que se extiende hasta abarcar todo el concepto: la noción de velocidad (speed) es la única viable; dejan de existir las palabras "rapid" o "quickly" y se altera la palabra "speed" hasta borrarlas: "speedful" y "speedwise" se transforman en el adjetivo y adverbio del concepto de velocidad. Una misma palabra para todo.

La regularidad y la flexión idéntica son la norma - y esto habla por sí sólo de la mentalidad del Partido, de la mentalidad de los regímenes totalitarios: homogeneizar, borrar las anomalías -. Cualquier palabra que difiera, introduzca algún matiz o alguna graduación en el concepto, es erradicada. Los negativos serán construidos con el prefijo "un-", los adjetivos, con el sufijo "-ful", los adverbios, con el sufijo "-wise" y los verbos declinarán todos por igual con la terminación "-ed".

Esto genera un discurso mecánico, cerrado, que se vacía de todo pensamiento. Las palabras están armadas para que los personajes las pronuncien y no las piensen; el discurso es simplemente un fluir de sonidos, una actividad física, muscular, que queda desconectada de toda intervención mental.

La neolengua se conforma como el habla verdadera y clara. No existen en ella los matices, los dobles significados, las ironías o eufemismos. Se transforma en la única forma de hablar y todas las otras formas de expresión quedan reducidas a la categoría de falsedad y corrupción. El Partido se asegura así el control de los pensamientos mediante la imposibilidad de pensar diferente, y presiona en el consenso: el pueblo acepta el idioma, lo adopta y así corta todo vínculo con otras ideologías e, incluso, con el pasado mismo: no más literatura, no más canciones; miles de ideas quedarán anuladas y otras tantas desaparecerán para siempre.

La pregunta por el funcionamiento de la neolengua se abre y diversifica y sé que todavía me queda mucho por indagar y seguir investigando. Pero mientras tanto me quedo con una frase de Orwell en relación al idioma inglés de su época (¿y de la nuestra también?) y que inevitablemente remite a la neolengua: "A speaker who uses (this) kind of phraseology has gone some distance toward turning himself into a machine [...] (La forma de hablar) will construct sentences for you - even think your thoughts for you, to a certain extent - and at need they will perform the important service of partially concealing your meaning even from yourself".

1 comentario:

  1. mee estoy empezando leer este libro y guau me encanta , me lo voy a comprar que es mejor que tenerlo descargado en el ordenador
    te dejo el link de mi blog por si te interesahttp://giratiempodecolores.blogspot.com.es/

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