lunes, 20 de abril de 2015

La guía del autoestopista galáctico

The hitchhiker's guide to the galaxy (Hitchhiker's guide to the galaxy, #1), Douglas Adams, 1995. Del Rey Books.

Segundos antes de que la Tierra sea demolida para hacer espacio para una autopista galáctica, Arthur Dent es arrancado del planeta por su amigo Ford Prefect, un investigador que está trabajando en la nueva edición de La Guía del Autoestopista Galáctico y que, desde hace quince años, se hace pasar por un actor sin trabajo. 
Juntos comienzan una aventura a través del espacio ayudados por frases y consejos de la Guía del Autoestopista ("Una toalla es casi el elemento más importante y útil que un autoestopista interestelar puede tener encima") y una galaxia llena de viajeros: Zaphod Beeblebrox - el ex-hippie y ahora irresponsable presidente de la galaxia de dos cabezas y tres brazos -, Trillian - la novia de Zaphod -, a quien Arthur alguna vez trató de conquistar en una fiesta, Marvin - el robot paranoico, brillante y depresivo - y Veet Voojagig, un estudiante graduado obsesionado con la desaparición de todas las lapiceras que compró a lo largo de su vida.

Si esta sinopsis no hace que quieran leer el libro, espero que mi reseña desesperada-emocionada lo consiga. Porque La guía (así le diremos para abreviar) es una joya de la literatura.

¿Qué hace que sea una joya? La combinación perfecta que logra de dos géneros que parecen imposibles de asociar: la ciencia ficción y el humor (del bueno).

La guía se centra en el desarrollo de una historia que tiene como eje el sinsentido. Todas las situaciones son inverosímiles y completamente ridículas, y todos los avances de la narración presentan episodios improbables. Y sin embargo esto no espanta: la historia se transforma en una montaña rusa que, así y todo, mantiene una trama marcada por causas y efectos (absurdos hasta la médula).

Adams no maneja el sinsentido como un recurso que puede tirarse como una bombita de agua para que deje una mancha y listo. Él lo posiciona, acomoda, estira, manipula y retuerce para que hile una historia y rompa con la probabilidad, el tiempo y el espacio y se nutra de los recursos propios de la ciencia ficción.

Esta novela es un delirio que oscila constantemente entre el sentido y el sinsentido y que juega con nociones típicas de la ciencia ficción dándoles respuestas impensadas. El fin del mundo, el sentido de la vida, la raza más inteligente del universo, los viajes interestelares y las máquinas pensantes adquieren un sentido totalmente nuevo y marcado por el humor.

Y como si fuera poco a todo esto se le suma una capacidad innata de Adams para presentar las frases más espectaculares en los momentos más increíbles:

→ "Por ejemplo, en el planeta Tierra, el hombre siempre había asumido que era más inteligente que los delfines porque había logrado muchas cosas -la rueda, Nueva York, guerras, etc- mientras que lo único que habían hecho los delfines era dar vueltas en el agua y pasarla bien. Pero, al revés, los delfines siempre habían creído que eran mucho más inteligentes que el hombre por exactamente las mismas razones"

→ "Por un momento, no pasó nada. Después, un par de segundos, continuó sin ocurrir nada"

→ "Nada viaja a mayor velocidad que luz con la posible excepción de las malas noticias, las cuales obedecen a sus propias leyes."

→ "¡Demandamos áreas bien definidas de duda e incertidumbre!"

La guía es sin duda alguna uno de los mejores libros que leí en mi vida. Gracioso, sumamente original y decidido a burlarse de todo y todos (primero en la lista: la humanidad entera), esta novela marca un punto de quiebre en el género ciencia ficción y deja ganas de seguir leyendo y de atarse una toalla a la cintura.



(Y para el que esté interesado, por acá está el post sobre el trabajo de análisis comparativo que hice de este libro y de Alicia en el país de las maravillas)



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