miércoles, 2 de abril de 2014

Algunas notas sobre Correr o morir

Como no sé cómo armar una reseña completa y coherente sobre la trilogía (más precuela) de James Dashner, decidí hacer un post comprensivo con todo lo que se me fue ocurriendo mientras leía los cuatro libros. Si lo miran con cuidado, se va a transformar en una especie de reseña. Espero.

La historia, desde las primeras páginas donde nos encontramos con un Thomas que apenas recuerda su nombre hasta el último viaje del tercer libro, es un agujero negro: te atrapa y no te suelta hasta que te robó las últimas horas de la madrugada. Especialmente en el libro uno. La incertidumbre y la confusión son tales y le funcionan tan bien a Dashner que la necesidad de leer una página más para alcanzar alguna respuesta es intolerable. La fórmula de historia atrapante funciona de mil maravillas.

Sin embargo la escritura mató a la trilogía. 

A veces podía prestarle menos atención porque estaba en medio de un capítulo de revelaciones o escenas de acción que dejaban sin aliento. Otras veces -la mayoría de las veces- me resultaba insoportable.

Los libros están llenos de frases fosilizadas y usadas a lo largo de la historia de la escritura hasta el hartazgo. Son frases y expresiones que perdieron encanto y que ahora sólo sirven para enseñar qué cosas no escribir cuando uno elige escribir dentro de este género. "Se le heló la sangre", "se preguntó quién era ese chico, pero sacudió la cabeza y decidió dejar las preguntas para después", "preguntó qué estaba pasando pero nadie le respondió", etc, etc.

Estas frases me llevan a una segunda objeción: el autor no se esfuerza por mostrar sino que, constantemente, nos dice qué está pasando. ¿Qué quiere decir esto? Como muy bien dijo una vez Chéjov: "Don't tell me the moon is shining; show me the glint of light on broken glass." ("No me digas que la luna está brillando; mostrame el brillo de la luz sobre un vidrio roto"). Esa es la tarea del escritor y eso es, precisamente, lo que Dashner no supo hacer.

Esto resultó particularmente doloroso en las escenas donde los personajes estaban atravesando momentos de tristeza, ira o felicidad (aunque de estos últimos no hay muchos) y Dashner sólo lo decía: "Thomas estaba triste", "Minho estaba enojado". En ningún momento encontré preocupación por salir de lo conocido y aventurarse en las profundidades psicológicas de los personajes. Los personajes eran, simplemente, paletas donde se podían leer con facilidad los colores de las emociones que estaban experimentando en ese momento, nada más.

Los personajes son bastante llanos, y representan ideas más que personas: Minho es el que se enoja, Chuck es el bueno, Newt es el líder diplomático, Gally (¡Gally, pobre Gally!) es el "malo", Teresa es la chica (y no podemos decir mucho más sobre ella, y eso que aparece en los tres libros), el cocinero es el simpático...

Tres libros, una historia llena de misterio y con grandes posibilidades pero con una escritura sumamente débil y unos personajes sacrificados en aras de cumplir con la fórmula ideal de un "buen" libro juvenil. Tantos puntos en contra terminan hundiendo la trama y, finalmente, el tercer libro se transforma en una catástrofe con un final muy cuestionable.


(Y en una nota totalmente personal tengo que agregar que otra cosa que me molestó mucho fue el uso de palabras inventadas para solucionar el problema de los insultos en un libro que es para jóvenes. Algún día hablaré más y mejor sobre esto).


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