viernes, 31 de agosto de 2012

Paper Towns

Paper Towns, John Green, 2008. Dutton Juvenile.

Todos aman a John Green, ¿verdad? Al menos eso es lo que se lee en prácticamente todas las redes sociales. Su última novela, The Fault in our Stars (traducida en español como Bajo la misma estrella), fue un éxito instantáneo. Decidí, entonces, comenzar por los primeros libros de Green antes de llegar a ésta última novela.

Paper Towns (aún no traducido, aunque el título en español podría ser Ciudades de Papel o Pueblos de Papel), narra el último año de secundaria de Quentin Jacobsen, un muchacho no muy popular y sencillo. Quentin (o Q, como le dicen sus amigos) ha vivido toda su vida enamorado de su vecina, Margo Roth Spiegelman, una joven muy aventurera y temeraria, y, cuando una noche ella aparece en su ventana y le propone la mejor aventura de su vida, él la sigue.
Después de mucha diversión y un encuentro que Quentin deseaba hacía tiempo, la mañana siguiente regresa al colegio para descubrir que Margo ha desaparecido. Ella, que siempre fue un desafío, un rompecabezas a resolver, ahora se ha vuelto un misterio. Pero Q descubre que Margo ha dejado pistas y que se las ha dejado a él. Así comienza entonces una aventura que Q jamás hubiera imaginado y que da vuelta todo lo que él creía saber de Margo y de sí mismo.

Así, con una premisa tan sencilla y compleja como ésta, comienza el libro. La historia no parecería esconder demasiado y, sin embargo, se despliega de forma inesperada por caminos imprevistos. A partir de una desaparición y una búsqueda, Green plantea toda una serie de preguntas sobre cómo vemos a otras personas, cómo podemos hacer para entenderlas y si realmente es posible ponerse en el lugar de otro. Quentin va descubriendo cuál es su imagen de Margo, quién es ella para él y comienza a preguntarse si, en realidad, no está enamorado de una idea.

La novela plantea un camino de autoconocimiento a través de la percepción que se tiene de los otros. Y Green conjuga todo esto de forma monumental con el período de finalización de la secundaria. Fiestas, bailes, la noche de promoción y el día de la graduación se insertan dentro de este proceso de forma magistral, señalando que un adolescente puede cuestionar su vida y su futuro y seguir compartiendo experiencias con sus amigos.

Otra joya de este libro son los personajes. Quentin es un protagonista con el cual es muy fácil identificarse y simpatizar. Un muchacho sencillo, con padres amorosos -y también muy graciosos- y una vida bastante encaminada, que de pronto se ve arrojado a un torbellino de dudas y preguntas y que, desde allí, comienza a reafirmar sus opciones de vida. A Q lo acompañan constantemente sus dos mejores amigos: Radar y Ben, otros dos personajes entrañables y completamente reales. Ellos aportan una cuota de humor muy significativa que reconecta todo lo que van viviendo con la realidad del mundo adolescente. La historia y el mismo Q no serían los mismos sin estos dos personajes. 
Quizás es Margo el único personaje que no terminó de conquistarme por completo, pero eso puede deberse al poco tiempo que está presente en la historia. Realmente ella es una idea que vive a través de los recuerdos de otros.

Finalmente, otro gran logro de esta novela es su capacidad para crear clima. John Green sabe manejar los humores de los personajes y juega con maestría con las descripciones de los lugares. Hay, en particular, un momento en la novela en donde el cambio de clima se produce en un giro tan dramático que, realmente, me puso la piel de gallina (escena que no quiero arruinar para quienes no hayan leído el libro y que, entonces, no voy a mencionar).

El libro me atrapó por completo y hubo capítulos en donde no pude dejar de leer hasta terminarlos.  El libro propone reflexiones y lecciones de vidas sin caer en clichés o momentos absurdos. Historias sencillas que encierran desarrollos mucho más complejos, pero siempre ligados de forma real a la vida cotidiana, y personajes tridimensionales y complejos otorgan a este libro todos los ingredientes para una novela muy entretenida. Si todos los demás libros de John Green siguen esta línea, sé que no me voy a decepcionar.


lunes, 27 de agosto de 2012

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, Philip K. Dick, 2012, Edhasa.

Escuché por primera vez sobre Philip K. Dick este año, en las jornadas de ciencia ficción. Me avergoncé un poco al descubrir que era una eminencia en el género y que yo no sabía absolutamente nada de él. Así que, luego, al volver a casa, abrí google y me puse a investigar. Ahí descubrí que su novela más conocida era ésta, y que había inspirado la famosa película de culto Blade Runner (que por supuesto tampoco vi, y decidí ver luego de leer el libro). No hace falta decir que salí inmediatamente a conseguirlo.

Ubicada en un futuro distópico - y ya esa premisa me atrapó por completo -, la novela sigue la vida de Rick Deckard, un cazarrecompensas que trabaja para la policía local retirando "andys"  (androides) rebeldes. La historia suena simple y parece anunciar una clásica historia de aventuras y nuevas tecnologías fascinantes. Sin embargo, Rick Deckard se ve enfrentado a un nuevo tipo de androide, el Nexus-6, que posee características especiales, que lo asemeja de forma convincente a los seres humanos. Allí la historia se torna en pesadilla y la acción pasa a un segundo plano: los planteos morales, éticos, e incluso religiosos ingresan a la novela robándose el protagonismo.

La experiencia de lectura es así. La premisa inicial convoca: un mundo devastado, lleno de desechos materiales y humanos, cubierto por un polvo que todo lo destruye y mata, habitado solamente por quienes saben que morirán, y mega tecnologizado. La acción no se hace esperar y, cuando resulta evidente cómo será el final, la novela da un giro inesperado y el lector queda perdido en el suspenso y la incógnita. Y necesita saber cómo seguirá, qué le ocurrirá a Deckard, cuáles son las respuestas a los interrogantes que se comienzan a plantear.

La pregunta por la vida, por los límites entre lo humano y lo artificial, es el centro alrededor del cual gravita la acción. La historia se desdobla en dos planos que corren paralelos y experimentan choques imprevistos: el mental, que engloba las preguntas, reflexiones y diálogos interiores de Deckard y otros personajes a quienes Dick también les otorga la voz; y el físico, plano donde ocurre la acción, y desde donde se disparan los sucesos del plano mental. El avance del relato los imbrica de tal forma que, como lector, se llega a un punto donde no se sabe si quien se hace las preguntas es el personaje o uno mismo. 

¿Sienten los androides? ¿Se puede sentir pena por un androide? ¿Y amor? ¿Y deseo? ¿Cuál es el precio que se paga por asesinar a uno de ellos? ¿Realmente la palabra adecuada es "asesinar"? ¿Cómo se puede saber a ciencia cierta quién es un androide? ¿Quiénes son androides? ¿Y si hay un error y se asesina a un humano?

La paranoia es palpable y Dick hace un trabajo supremo en la construcción de Rick Deckard. Encarna el espíritu de un sobreviviente que sabe que, eventualmente, morirá a manos de la contaminación. Es un personaje enigmático, a ratos conforme con su trabajo, luego, completamente fastidiado. Sus capacidades - una de sus únicas seguridades - se ven puestas en tela de juicio a medida que avanza la novela, y eso lo enloquece. El lector es testigo del proceso de degradación del personaje - no física, sino mental. Así como el mundo camina rumbo a una aniquilación total, el caos inherente a esta distopía alcanza a Deckard y lo destruye, lenta y tortuosamente, desde adentro.

A todo esto se le suma una construcción viable y creíble de una sociedad desmembrada - luego de la catástrofe que deja el mundo destruido, muchos emigran y forman colonias en Marte. Adelantos tecnológicos que abarcan desde androides cuasi humanos y animales eléctricos - que ocupan, también, un rol central en la historia, como símbolo de la vida, de status y seguridad, y del pasado - hasta programas de televisión que nunca terminan, y un sistema religioso que estremece.

Una lectura que se disfruta de principio a fin y que no solo trae una historia interesante y compleja sino que, además, plantea preguntas filosóficas y existenciales en el marco de un futuro que también podría ser una posibilidad.

martes, 21 de agosto de 2012

La Madre de Todas las Aguas

La Madre de Todas las Aguas (Historia de los Cuatro Rumbos, #2), Márgara Averbach, 2006. Ediciones SM.

La aventura continúa y los magos de Alera deben emprender un viaje hacia las islas del Collar de Perlas, luchando contra la incertidumbre, los mitos y leyendas que han llegado hasta sus oídos y los miedos que comienzan a surgir. Allí se encuentran con nuevas amistades y problemas, y descubren que la misión que los había llevado hasta allí es más grande e involucra a muchas más personas de las que creían.

Si el primer episodio de esta saga me pareció entretenido, complejo y atrapante, las palabras no me alcanzan para expresar cuánto disfruté de esta segunda parte.

En primer lugar, el trabajo con las palabras y el lenguaje sigue sosteniendo la trama, los personajes y los mundos. Cada frase despierta mil sensaciones y hace experimentar en carne propia lo que vive cada de uno de los magos, los animales, las plantas. El mundo que se presenta ahora es otro y el lenguaje acompaña esta transición, alternando la cosmovisión propia de los habitantes de Alera con las ideas y creencias de los habitantes del Collar.

El Collar de Perlas expande la complejidad en las relaciones porque representa un nuevo orden social, con reglas, costumbres y hábitos muy diferentes a los de Alera. La construcción que hace Márgara de una sociedad jerarquizada y separada es sólida y muy ilustrativa, y vuelve a poner al lector en una posición desafiante, dado que lo invita a volver a abrir la cabeza a una nueva realidad. Es fácil seguir a los personajes - a los viajeros y a los propios habitantes de la ciudad - en las preguntas que se hacen sobre las costumbres - propias y ajenas - y en la forma en que revisan cuáles son sus valores y descubren cuáles les fueron impuestos y a cuáles responden por convicción. La pregunta por el otro y la otredad también ocupa un lugar central y enfrenta a los personajes con sus propias ideas sobre quiénes son y las cosas en las que creen.

En este sentido, esta primera presentación de los personajes que tomaba lugar en el primer libro cobra otro significado en este libro. Los personajes se conocen en el encuentro con el otro y hay una historia muy particular y muy fuerte sobre quién se es cuando la historia familiar no son más que preguntas y silencios.

Los personajes crecen, toman sus propias decisiones, y el lector crece con ellos. Los conflictos adquieren dimensiones mucho más grandes y peligrosas y ellos responden. La dinámica entre los personajes se hace un lugar central en la historia y representa, creo yo, el lugar de mayor riqueza - sin duda alguna fue lo que más disfruté. Los magos se encuentran con nuevos amigos - y enemigos, por supuesto - y la relación que van estableciendo a lo largo de todo el libro es profunda, cercana, determinante, y marca el ritmo de la historia.

La historia atrapa y no deja escapar, y se vuelve una tarea imposible apoyar el libro en la mesa y dejar de leer. Las aventuras se multiplican, los personajes toman caminos separados que se dirigen hacia una misma dirección, y el lector descubre que la misión que han asumido los magos es mucho, mucho más grande de lo que se podía imaginar y que va a cambiar muchas vidas. Y surge una alianza que abre las puertas al próximo libro y que no puedo esperar a leer.



Por acá está la reseña del primer libro de la saga, Los Cuatro de Alera.

lunes, 13 de agosto de 2012

Los jóvenes y la escritura

Hoy hice una suplencia de literatura en un colegio secundario, a chicos de 4to y 5to año, es decir, adolescentes de entre 16 y 18 años, más o menos.
Dado que las actividades que estaban pautadas me parecían aburridas (literatura española antigua con unos, literatura argentina gauchesca con otros) y demasiado pesadas para una suplencia tan corta, investigué y armé una tarea de escritura.

A los más chicos les preparé una exposición sobre el género utopía y su opuesto, la distopía. Charlamos sobre las películas que habían visto de este último género y de libros que conocieran que se centraran en esta idea. Por suerte encontré a algún niño que había leído Los Juegos del Hambre y pude exponer las características del género a partir de esa historia. Pero en cuanto comencé a nombrar libros como 1984, Un mundo feliz o Farenheit 415, el aula se sumió en un silencio desinteresado. No tenían mucha idea de lo que les hablaba, y recién cuando les hablé del Gran Hermano o la quema de libros en la obra de Bradbury parecieron ubicar de qué les estaba hablando.

Sí, no esperaba que los hubieran leído pero imaginé que quizás los conocían, habían escuchado de qué trataban o, no sé, habían visto las películas. Tampoco ninguno habló de otros libros que hubiesen leído fuera del colegio. Algo incluso admitió no haber leído siquiera las cosas del colegio.

Una chica identificó El Eternauta como una distopía que, además,  buscaba hablar sobre la represión durante la época de su publicación. Fue un comentario sumamente interesante.

Los insté a que se animarán a inventar una distopía propia, con un mundo o sociedad que a ellos se les ocurriese y que tuviera las características que más les gustara. Y acá si que no se imaginan las dificultades que tuvieron. Les resultó sumamente complejo que la propuesta fuese "imaginar", y hasta que no aclaré que todo valía (enfermedades biológicas, desastres naturales, viajes en el tiempo, gobiernos totalitarios, viajes en el espacio), ninguno se animó a salir de ideas convencionales. Otros ni siquiera así pudieron armar un mundo propio.

Finalmente la actividad salió de forma maravillosa y ahora tengo una pila de trabajos para corregir. Los chicos se entusiasmaron de forma gradual y escribieron un cuento en donde, a partir de un personaje, dieran cuenta de esa sociedad que habían diseñado. Sin embargo, la pregunta por la creatividad quedó rondando en mi cabeza.

Me pregunté entonces, ¿acá se está dejando ver la falta de lectura de los jóvenes? ¿acaso no se les ocurren ideas descabelladas, ingeniosas o desafiantes porque su espectro de lectura está limitado a estados en twitter o mensajes de texto?
¿O es que quizás todo aquello que se aleje de la realidad concreta los asusta? ¿llegó y se instaló en ellos también el menosprecio general que suele haber por los géneros como la ciencia ficción? ¿o simple y llanamente no les interesa?

Me pregunto qué les habrá generado esta actividad y si les habrá gustado (¡espero!), porque yo me fui muy contenta del colegio y con ganas de leer sus creaciones. Pero me quedo con esta pregunta, qué ocurre con la imaginación en ellos, en los jóvenes en general, y el rol que ocupa (o ha perdido) la lectura en sus vidas.

¿Qué opinan?

viernes, 10 de agosto de 2012

The Perks of Being a Wallflower

The Perks of Being a Wallflower, Stephen Chbosky, 1999. MTV Books.

La traducción del título de esta novela en español sería algo como "Las ventajas de ser un marginado", pero aún no hay una edición en este idioma, con lo cual sólo podemos especular sobre su título.

El libro sigue a Charlie, un adolescente de quince años que escribe letras a un amigo anónimo relatándole su tránsito hacia la escuela secundaria luego de un suceso trágico. Allí plasma las anécdotas e historias de su vida familiar, las amistades que encuentra y las dificultades que descubre en su modo de vincularse, los traumas que revive y la vasta complejidad de la vida adolescente.

Había escuchado varias críticas positivas sobre éste libro - que lo calificaban como uno de esos libros que cambian la vida o que marcan un antes y un después - , y, una vez que supe que pronto saldría la versión cinematográfica, me decidí a leerlo.  No estoy muy segura de compartir éstas opiniones por completo.

En primer lugar, la estructura epistolar marca un vínculo bastante particular con el lector, dado que lo involucra de forma estrecha con Charlie, quien solamente encabeza sus cartas con un "Dear friend" (querido amigo), una alusión a la que el lector puede responder. Las cartas son sencillas, de oraciones cortas y registran reflexiones o sucesos puntuales, lo cual hace que la lectura sea muy llevadera y ágil, y que la historia en sí se vuelva mucho más atractiva.

Charlie es un muchacho muy inocente - quizás demasiado: llaman la atención ciertas preguntas y dudas que tiene sobre temas que, quizás, deberían resultarle medianamente conocidos -, y la mayoría de sus reflexiones giran en torno a temas bastante delicados. El suicidio, el uso de drogas y el abuso del alcohol, el sexo, la complejidad de los vínculos familiares, el amor y la amistad son ejes que atraviesan cada una de las cartas y que mueven las interacciones de los personajes. La sensación que se va instalando a medida que avanza la lectura es la de una juventud rota, incapaz de encontrarse, desesperada por hacerse un lugar en el mundo. Estremece la fatalidad de los eventos que marcan a los personajes, que están entrelazados de forma sutil en la historia y en la forma en que están escritas las cartas, y la degradación en ciertas instancias es tal que a mí me resultó difícil de aceptar. Quizás sea, sencillamente, que las situaciones que presenta Chbosky son tan crudas que a mí me duele leerlas.

De todas formas comprendo dónde está el atractivo en esta novela. En medio de los sucesos y los diálogos que transcribe Charlie se encuentran ciertas reflexiones o frases sobre lo que significa ser adolescente y estar transitando la etapa de la secundaria que realmente aciertan a capturar la incertidumbre y soledad de esos años. Detrás de los traumas, los eventos espeluznantes y trágicos que rodean a los personajes, se va tejiendo una red de palabras de aliento, reflexiones sobre cómo conocerse, ser uno mismo y, sobre todo, sobre cómo vivir buscando la felicidad en medio de la tristeza y la propia historia familiar.

A esto se le suma un entramado de libros, música y películas que rodean a los personajes y establecen una base ideológica. Libros como El guardián entre el centeno, Matar a un ruiseñor e incluso Walden, de Thoreau, son leídos y nombrados por los personajes, junto con música de Los Beatles, The Smiths, y películas como The Rocky Horror Picture Show. Referencias culturales que enmarcan de forma acertada esta búsqueda por la propia identidad y esta sensación de ajenidad que aísla a los protagonistas.

Con un final realmente estremecedor, The Perks of Being a Wallflower retrata una adolescencia con la cual no puedo identificarme por completo - o que quizás me cuesta leer sin sufrir, porque realmente asusta - pero que habla de las luchas internas y sociales que todo adolescente debe transitar. Con preguntas sobre qué es lo normal y qué es ser raro, cómo lidiar con una historia familiar turbia, cómo comenzar el secundario y hacer amigos, qué es ser un amigo y cómo se hace para vivir la vida y no ser simplemente un espectador, esta primera novela de Stephen Chbosky habla a toda una generación y se hace un lugar dentro de la literatura juvenil más leída de los últimos tiempos.

lunes, 6 de agosto de 2012

Las aventuras de Huckleberry Finn

The Adventures of Huckleberry Finn, Mark Twain, 1966. Penguin Books.

Después de escuchar - y leer - durante mucho tiempo que ésta era la gran novela, un clásico entre clásicos, y que superaba con creces a Las Aventuras de Tom Sawyer, cabe decir que mis expectativas al comprar el libro eran muy altas. Y más altas aún al considerar que la ubicación geográfica de la historia y el tiempo en el que toma lugar podrían llegar a complicar la identificación y comprensión de los personajes.

Mi sorpresa no puede haber sido mayor. Éste es, efectivamente, un libro como pocos, y, como no quiero caer en obviedades y repetir elogios, me voy a limitar a señalar dónde radicó la magia al leer esta novela.

En primer lugar, siempre me resulta magnífico cuando un autor es capaz de relatar una historia a través del punto de vista de un niño logrando conservar la inocencia y curiosidad propias de su edad sin excederse y subestimar la capacidad de comprensión del niño - fenómeno que también encontré en Matar un Ruiseñor, de Harper Lee -. Huck Finn es un personaje completo y complejo, curioso y repleto de ideas originales sobre la vida. Es sencillo seguirlo y comprender su forma de actuar y pensar, y es fácil, también, comprender sus problemas y la forma en que justifica los sucesos que ocurren a su alrededor.

Es que esta novela no duda y se lanza de lleno dentro de temáticas tan diversas como complejas: esclavitud, libertad, racismo, moralidad, amistad, fidelidad y religión. Presenta profundas reflexiones desde las ideas de un niño sobre asuntos como éstos, y lo hace con una dosis de humor tan sutil y acertada que el tránsito por la historia es ágil y divertido. - nuevamente, muy similar a Matar un Ruiseñor.

Una lectura amena, divertida y fácil de seguir, que presenta costumbres sureñas y una gama de personajes entrañables - con Huck y Jim a la cabeza, sin duda -, que entretiene sin esfuerzo y deja la sensación de haber leído algo muy profundo al terminar la última página. Ahora comprendo por qué se dice lo que se dice sobre este libro, y ahora puedo decirlo yo también: es un clásico y, en mi opinión, muy superior a su antecesor, Las Aventuras de Tom Sawyer.
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