miércoles, 19 de septiembre de 2012

Adultos que leen literatura juvenil

Hace poco me enviaron una nota titulada "Más de la mitad de los libros para adolescentes los leen adultos", en la cual se analizan los resultados de un estudio a cargo de Bowker Market Research que revelan justamente esto: "el 55 por ciento de los consumidores de obras destinadas a niños entre 12 y 17 años tiene 18 años o más, y el segmento más importante es el constituido por compradores entre 30 y 44 años"

El artículo analiza el perfil de los lectores adultos, entre otras cosas, y señala que esto es una tendencia muy buena para los editores (¿lectores fieles que son capaces de leer más libros de un mismo autor? ¡Punto para los adultos!). Sin embargo, a mí me interesa otro punto del artículo.

A mitad del artículo se señala que esta tendencia se vio impulsada a partir del éxito de la saga Los Juegos del Hambre y que de allí se expandió a otras sagas y novelas juveniles. ¿Por qué el público adulto encuentra un nicho de lectura en la literatura juvenil a partir de esta saga? ¿De qué forma Los Juegos del Hambre inaugura una nueva línea en la literatura juvenil que atrae un público tan amplio?

Justo recordé que hace un par de semanas, un amigo "adulto" quiso charlar conmigo sobre Los Juegos del Hambre. Me contó que había visto la película, que le había gustado, y que quería saber exactamente en qué se diferenciaba del libro (me preguntó en particular por la escena final que en la película es bastante abrupta y abierta mientras que en el libro se define más y abre un camino mucho más concreto para la continuación). Después de un rato de charla inesperado y sumamente interesante, este amigo me pidió En Llamas. Me dijo que quería seguir leyendo, ver qué pasaba, y que ciertamente no podía esperar hasta la próxima película.

Quizás la clave resida no tanto en la historia y, quizás, no tanto en los personajes. Los Juegos del Hambre, con su ubicación distópica, inaugura una línea literaria de fuerte crítica social. Allí donde las primeras historias fantásticas hacían simples alusiones a ciertos problemas sociales (y lo hacían de forma fantástica, claro está, es decir, sin referentes reales a los que los adultos pudiesen aferrarse), Los Juegos del Hambre y las subsiguientes distopías señalaron de forma clara y concreta las falencias de los gobiernos y la potencialidad de estas historias que relataban.

Estas distopías no ocurren en una montaña mágica, en un mundo detrás de una cortina o en una tierra con dragones y un rey despótico (elementos que sirven de forma perfecta para un público infantil y juvenil). Estas historias tienen lugar en ciudades conocidas, países decadentes y futuros muy cercanos. Hay un referente real muy tangible. Además toman elementos de la realidad (reality shows, pobreza, hambre, dictaduras, genocidios y una cultura exacerbada de la belleza, entre otras) y las resaltan y exageran de forma tal que el futuro se vuelve indeseable pero posible.

Distopía, un género en auge.
Los Juegos del Hambre parte de una premisa muy real y muy posible, repleta de referentes concretos, cercanos, que no exigen un ejercicio de imaginación demasiado osado. Los únicos permisos que se toma están relacionados con un mega-desarrollo de la tecnología - desarrollo que, nuevamente, no resulta inverosímil dadas las circunstancias de la sociedad actual. La crítica social es un elemento muy poderoso y central en la historia, que trasciende personajes e historias de amor, tomando la trilogía por las astas y llevándola a retratar los terribles resultados de una dictadura.

Literatura juvenil que abarca temas que no son exclusivos del mundo juvenil y que no apelan al distanciamiento de los referentes reales. Quizás acá resida su éxito multigeneracional.

Para dar un último ejemplo, luego de ver la película de Los Juegos del Hambre, también me encontré reflexionando con mi propia madre (mujer que no aprecia las historias juveniles, menos aún si contienen algún elemento fantástico o de ciencia ficción) sobre las preguntas que plantea la historia y el final irresoluto, y ella también amenazó: "Tendré que leer el segundo libro para ver cómo sigue".

Hay algo que introduce Los Juegos del Hambre a la literatura juvenil que seduce tanto a adultos como a jóvenes y niños y que no reside en un solo libro sino que se extiende a otras novelas y sagas. Quizás sea algo de todo esto. Quizás sea otra cosa. Pero es un fenómeno interesante y, sobre todo, ventajoso, dado que el público de estas novelas y sagas se amplía de forma considerable y hacia esferas imprevistas. Es una gran oportunidad para que la crítica revea el lugar que le da a estas historias a la luz de la cantidad de público que convoca y se anime a profundizar en análisis.




(Por supuesto que esta lectura no incluye a los adultos que leen literatura juvenil - fantástica, realista o distópica - desde hace tiempo o que se dedican a eso. Esto se dirige a mirar el fenómeno creciente de los adultos que comienzan a introducirse a la literatura juvenil ahora y a raíz de estas sagas).




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