jueves, 31 de diciembre de 2015

Lo mejor del 2015

Otro año, otro desafío de Goodreads alcanzado con éxito:

2015 Reading Challenge

2015 Reading Challenge
Maru has completed her goal of reading 80 books in 2015!
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El plan era leer 80 libros y llegué a los 82 (lo que, según Goodreads, da un total de 20.053 páginas, que es una locura). Avancé con muchas de las lecturas que estaba esperando desde el año pasado: algunas cumplieron con sus promesas de grandes aventuras y personajes fascinantes, y otras me dejaron con gusto a poco. 
Y, revisando los 82 libros, descubro que hubo seis libros que alcanzaron la exigente puntuación de cinco estrellas totales. Estos son, sin orden de importancia, los mejores libros de este año:

1) Boy: Tales of childhood y Going solo, de Roald Dahl.
Si alguien alguna vez leyó algo de Dahl sabrá sin problemas por qué estos libros tiene cinco estrellas cada uno. Boy (cuya reseña está por acá) es un relato hermoso de su infancia, cargado del estilo crudo y lleno de humor de Dahl, y Going solo continúa en el mismo tono, logrando transformar su vida en una gran aventura literaria.

2) Persépolis (#1-4), de Marjane Satrapi.
Esta espectacular novela gráfica traslada a Irán a través de los ojos de una niña, luego adolescente, y presenta con agudeza los conflictos políticos y sociales del país. Es, en mi opinión, una saga tan relevante y reveladora como Maus.

3) Algo que domina el mundo, de Franco Vaccarini.
Qué gran sorpresa fue este libro: un relato acertado y profundo (pero muy sencillo a la vez) sobre la adolescencia y sus vueltas, que me dejó encantada y con ganas de cruzarme con más lecturas argentinas como esta. Acá está la reseña completa.

4) Station eleven, de Emily St John Mandel.
Una novela rara, que aparentemente no tuvo mucha trascendencia, pero que juega con las historias corales, con una propuesta apocalíptica muy atípica y que, en medio de todo eso, teje con simpleza un abanico de personajes complejos.

5) El hombre ilustrado, de Ray Bradbury.
Tenía grandes expectativas para este libro y cumplió con todas. Cada cuento es un mundo en sí mismo y en todos la ciencia ficción funciona como escenario para el drama humano de turno. Espectacular.


Extra: Una serie de eventos desafortunados, de Lemony Snicket.
Siempre hay un extra, mis listas jamás están completas. Este año leí los libros 5 a 13 de esta saga, que ya había empezado en 2013. Son muchos libros y es mucho lo que tengo para decir, pero, en principio, menciono que es una maquinaria literaria perfecta y que presenta todos los tópicos que me vuelven loca: niños protagonistas inteligentes, un universo extraño, imágenes góticas, un narrador-personaje misterioso y un juego literario de palabras y recursos que deslumbra. Acá hay un primer post analizando algunas de todas estas cosas.



Adiós, 2015, ojalá que el 2016 traiga más libros merecedores de cinco estrellas y, sobre todo, historias y personajes que sigan abriendo los horizontes.


lunes, 28 de diciembre de 2015

Una serie de eventos desafortunados: el mundo

Después de mucho tiempo, terminé de leer Una serie de eventos desafortunados.

Completa. Los trece libros. Los ciento setenta capítulos. Y la única forma en la que sé cómo hacer duelo es a través de más palabras.

Es una saga brillante, voy a empezar por ahí. Los temas que elige, la construcción de los personajes, la figura del narrador, la originalidad. Todo. Esto pone en jaque mi objetividad, así que eso queda admitido. Con estas cuestiones fuera del medio, me interesa detallar los aspectos que, en mi opinión, hacen que esta historia sea una maravilla. Así que esta serie de posts de cantidad indeterminada funcionarán a la vez como reseña infinita y análisis de todas las novelas juntas.

Hoy, apenas un principio: la construcción del mundo.

El autor (de quien hablaré otro día, cuando hable también del narrador) explicó en una entrevista que estos libros intentaban sumarse al género gótico.

Las novelas cuadran dentro de la descripción de la narrativa gótica (ambientación romántica, cargada de castillos medievales y tumbas con esqueletos; personajes extraños e insólitos y grandes peligros), pero también se encargan de estirar los límites de esa categorización hasta difuminarlos.

De hecho gran parte de la maravilla del mundo de los Baudelaires radica en la imposibilidad de identificar el espacio geográfico o temporal en el que transcurre la historia, en la pura ambigüedad que rodea los espacios en los que se mueven. Porque la historia abre oscilando entre la mansión destruida de los Baudelaires y el pseudo-castillo de Olaf, tomando elementos bastante góticos (que luego se recuperarán en otros espacios, como el Lago Lacrimoso o el "Grotto" Gorgoniano), pero luego se abre, dejando de lado los rasgos puramente góticos: la ciudad se despliega con lugares comunes, como el Café Salmonella o el 667 de la Avenida Oscura, o con espacios delirantes, como el Hospital Heimlich, la Preparatoria Prufrock o el Carnaval Caligari.

Ninguno de estos lugares presenta referencias que ayuden a una construcción de mundo lógica. Por el contrario, uno de los grandes juegos que presentan las novelas es la dificultad para imaginar todo en un mismo mundo.

Algo similar ocurre con la temporalidad o, en este caso, la atemporalidad, dado que resulta casi imposible determinar en qué punto de la historia de la humanidad tiene lugar el drama de los Baudelaires por la variedad de elementos que presenta. Algunos sugieren que la historia tiene lugar en el siglo XIX (como la comunicación vía telégrafo) mientras que otros la desplazan hasta avanzado el 1900, y todo siempre está acompañado por marcas científicas y tecnológicas anacrónicas y extrañas (hay sistemas de cierre de puertas que involucran un teclado de máquina de escribir mientras que en otros tomos aparecen computadoras avanzadas, que sigue siendo antiguas).


Esta libertad en el tiempo y espacio de la historia generan una constante sensación de extrañamiento y ajenidad que profundiza aún más el efecto gótico. Resulta difícil encuadrar la acción, y las descripciones de los espacios, las vestimentas y los elementos con los que interactúan los personajes son, a veces, tan inverosímiles o desfasados con el escenario que se está proponiendo, que se genera una grieta por donde se filtra una profunda sensación de vértigo extraño (una suerte de siniestro, de horror que entra a través de imágenes familiares, conocidas, comunes pero retorcidas).

Así, sin dar un salto hasta lo puramente fantástico o maravilloso, la saga logra romper con la lógica realista y abrir un vacío indeterminado donde todo es posible (desde la existencia de una serpiente amigable hasta una lucha de espadas con un bebé), donde los límites usuales no existen (lo que colaborará con el drama de la historia) y donde el lector descubre que la única constante es el desconcierto.








jueves, 17 de diciembre de 2015

Los nombres prestados

Con la lentitud propia de un diciembre pegajoso, recién ahora llega: el viernes 4/12 fui a la presentación de Los nombres prestados, la última novela de Verónica Sukaczer, y la primera novela de un autor argentino publicada en el sello Nube de tinta (nada más ni nada menos), y tengo cosas para decir (no surprise).

El evento fue en Librería Gandhi, que es preciosa, tiene estanterías por todas partes y la escalera más hermosa y bibliófila que jamás haya visto (¿cómo-yo-no-había-ido-nunca-antes-a-ese-lugar? Ya se me tranquilizó la conciencia porque volví a ir y a comprar más libros).

La presentación fue tan bonita como la librería: amena, cercana, con un gusto fuerte a charla entre amigos. A Verónica la acompañaron Franco Vaccarini y Maridé Minor con preguntas, comentarios y disparadores que después terminaron entre nosotros, los que escuchábamos y también teníamos preguntas.

Maridé, Verónica y Franco, sobre el final de la presentación, en el momento de los agradecimientos.

Hay algo mágico en escuchar el proceso de gestación de una historia, porque cada uno es único y está lleno de anécdotas e imágenes que no se repiten, ni en otra historia, ni en otro autor. A mí, en particular, me vuelve loca. ¿Cómo apareció la idea? ¿Qué cosas ya se sabían, qué otras cosas fueron apareciendo a medida que nacía la historia? ¿Qué personaje está dando vueltas hace más tiempo?

Así que escuchar todas esas curiosidades, junto a gente que había sido testigo de ese proceso, fue una alegría (la monja con nombre judío, el abuelo que escribía y anotaba todos los artículos de los diarios, las voces de los personajes, que no se callaban nunca, magia que se cocina en el detrás de escena y después ilumina toda una novela).

Más aún sobre Los nombres prestados (y el nombre ya es toda una pregunta).

La novela la leí hace tiempo, pero algunas cosas todavía no se me escapan. Como la sencillez con la que se cuenta una historia situada en un tiempo histórico difícil y ya escrito muchas veces. O las voces de los personajes, cada una con una marca particular en la escritura (y se me aparece una y otra vez el "es decir" de Nina, que me hace acordar al "so it goes" de Vonnegut).

Este libro acompaña al lector en la travesía de la historia. Es amable en medio de la desesperación que narra. Y juega con una estructura redonda, que se va revelando de a poco, con sutileza, y que es casi como la Historia misma: pura suerte, pura casualidad.

Podría ser una primera recomendación de lectura de verano. Que después puede acompañarse por los libros y autores que tuvieron algo que ver con esta historia (como Spiegelman, Levi o Berg) y que podrían completar y ampliar el panorama que ya todos conocemos pero que en esta novela se muestra desde la intimidad más profunda y humana.




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