Así como existen libros originales por las historias que cuentan, otros resultan novedosos por la estructura que sostiene la trama o por cómo está organizado el texto. Otros, tal vez unos pocos, como Cuando el mundo era joven todavía, son únicos en su estilo porque se encargan de romper con todo horizonte y expectativa de lectura, tanto desde la trama como desde la estructura.
Cuando el mundo era joven todavía fue escrito por Jürg Schubiger (autor suizo que en 2008 recibió el Premio Hans Christian Andersen), ilustrado por Rotraut Susanne Berner y publicado en Anaya. Además, obtuvo el Premio al mejor libro juvenil de Suiza y el Premio de literatura infantil y juvenil alemana en 1996.
Nunca había escuchado hablar ni del libro ni de su autor y fue en el marco de una materia de la maestría que nos lo presentaron. La propuesta fue (de la mano de nada menos que Luis Pescetti, que guiaba los diálogos) conversar sobre la lectura del libro y poder descubrir cómo estaba armado, porque se trataba de una lectura peculiar y muy interesante.
Cuando el mundo era joven todavía no es una novela ni tampoco una colección de cuentos. Es más bien un compendio de relatos que están organizados por tópicos. Por ejemplo, el apartado "Cielo y Tierra" reúne las historias de "La niña y la muerte" y "La estrella", mientras que el apartado "Animales" junta narraciones como "El rugido del león" y "Un animal blanco", entre otros.
En primer lugar, estos relatos están marcados por una no-linealidad: rompen con el horizonte de expectativas de lectura a partir de acontecimientos y secuencias temporales inesperadas, de personajes pertenecientes a diferentes mundos en un mismo relato, y de una yuxtaposición de eventos y elementos que desconciertan. Lo "esperable" en estos relatos no suele suceder y esto arma un clima casi onírico, que recuerda al sinsentido propio de Alicia en el país de las maravillas, donde también jamás sucede lo "esperable", lo lógico, lo coherente.