martes, 20 de septiembre de 2016

Donde viven los libros

Desde hace tiempo, el blog Donde viven los libros recomienda lecturas infantiles interesantes y no siempre tan comunes (también lo hace a través de sus otras redes sociales: FacebookTwitter e Instagram). Con lo cual, cuando supe que los artífices detrás del blog abrirían una librería, me puse en contacto y arreglé para ir a visitarla.

Así que, el sábado pasado por la mañana, conocí la librería Donde viven los libros.

Carola Martínez me recibió, junto a Ramón Paez, en una librería hermosa, muy sencilla y decorada con cuidado. Luego, ya en su oficina y entre cientos de libros y mates, me contaron un poco sobre esta idea.


La librería se presenta como un espacio donde aquellos cegados por amor a un libro infantil o juvenil, literario o de teoría, difícil de conseguir, pueden ir a cumplir sus sueños. Si bien tiene un espacio físico donde se pueden mirar los libros, la librería funciona principalmente a través de internet. Me explicaron toda la ciencia detrás del armado de la página y, sobre todo, me contaron que entienden que ahora las búsquedas de libros dan vueltas por internet en su mayoría.

Coincidí, mis últimas compras de libros fueron a través de webs de librerías.


Carola y Ramón conocen un montón y saben cómo funciona el mundo editorial y cómo son, en general, las necesidades del público lector, de los especialistas y de los maestros y profesores. La librería, entonces, es un espacio bien especializado. A mí, de hecho, me hicieron muchas recomendaciones, muy precisas (¡y con mucho entusiasmo!) sobre el género dentro del que ando buscando lecturas.


Fue una visita muy agradable e informativa (y me crucé con cientos de libros hermosos y varios realmente difíciles de encontrar) y, sobre todo, descubrí una vez más que hay gente apasionada por la lectura, por la formación y por dar a conocer joyas literarias, y que es posible seguir abriendo el campo de la literatura infantil y juvenil para que llegue a los sedientos de las palabras.

Así que, cuando se hayan enamorado de un libro que no saben cómo conseguir, Donde viven los libros puede tener la respuesta.

¡Gracias, Carola; gracias, Ramón!


sábado, 17 de septiembre de 2016

Como una película en pausa

Ayer tuve la oportunidad de participar un rato de la presentación de Como una película en pausa, novela de Melina Pogorelsky editada por Edelvives este año.

Fue en una librería/espacio cultural precioso, que invitaba a quedarse a tomar algo mientras se miraban los libros y se escuchaba hablar a los autores, editores y familiares que habían ido a acompañar y alegrarse con la autora.

En la presentación participaron Natalia Méndez, la editora valiente de este libro, Mario Méndez, escritor que ya se había cruzado con la novela cuando aún no estaba terminada, Claudio Bidegain, un especialista en estudios de género que se encargó de darle un contexto sociopolítico a la publicación de esta novela y, claro, Melina.

De izquierda a derecha: Natalia, Melina, Mario y Claudio.
La presentación fue sencilla y amena. Siempre es precioso ver la cara de alegría del autor y participar del ambiente con olor a sueño cumplido que supone la presentación en sociedad de una novela que se gestó adentro durante tanto tiempo. Más esta, que, luego de su escritura, según contaron, tuvo idas y venidas a la hora de publicarse.

Sobre eso conversaron un poco quienes acompañaban a la autora, sobre lo que significa que una editorial tenga que animarse a publicar una novela que presenta el descubrimiento y afianzamiento de la identidad sexual de un adolescente. Y cómo la posibilidad de leer textos así abre puertas y desmitifica fantasmas. 

Porque Como una película en pausa es, ante todo, un relato sobre la adolescencia y las confusiones e incertidumbres de descubrirse como persona. El corazón de la novela radica en la posibilidad de que los personajes se cuestionen sobre qué es lo que quieren y quiénes son ellos en relación con los otros y con ellos mismos.

Las preguntas se abren y estiran en el relato con mucha naturalidad y siempre a través de la voz de los personajes, que ilustran con claridad el lío de emociones e ideas que se dan en ese tiempo de desarrollo y construcción de la propia vida. Los descubrimientos que hacen Lucho, Dami y Flora se desenvuelven con sencillez y sutileza, y en ningún momento aparecen escenas clichés (palabra que Mario Méndez también retomó, señalando algo similar) ni armadas o teatrales. En la novela hay espacios de diálogo y de preguntas interiores que no tienen el dramatismo o el juicio del ojo ajeno sino la incertidumbre propia del que está atravesando ese momento.

En la presentación se leyeron algunos fragmentos que fueron acompañados por una puesta visual muy bonita a cargo de Natalia Méndez. Las escenas elegidas para leer fueron algunas de las que más me gustaron de la novela por el peso emocional que presentan a través de diálogos sencillos. Por ejemplo:
"Se pelean como dos hermanitos, loco. No da. La estábamos pasando bien. Sigamos. ¿Dale? Cambien las caras. ¿Preguntás, Lucho? ¿No? Bueno, entonces yo. Me pregunto y me contesto sola. A ver... Flora, ¿es verdad que tenés ganas de llorar? Sí. Porque mis amigos, que son lo más importante que tengo, se portan como dos nabos. Bien. Ahora les toca a ustedes. ¿Ninguno? Ok, yo de nuevo".

Hay una palabra que no puedo dejar de repetir, tanto para hablar de la presentación como de la novela: la sencillez. Porque así, apelando a los movimientos propios de la vida de los adolescentes, situándose justo en el medio del torbellino de emociones e ideas que giran alrededor de los personajes, y todo sin aplicar una mirada exterior, con ideas ya armadas sobre la sexualidad y la adolescencia, Melina ofrece con fuerza descomunal un retrato de la intensidad que supone ser adolescente.

Qué ganas de leer más sobre estos personajes.
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