martes, 29 de julio de 2014

¿Por qué Buenos Presagios es una novela tan buena?

Esto no es una reseña. Bueno, quizás sí, pero ya el título anuncia una conclusión y no puedo prometer objetividad. Tal vez haya incongruencias, o escenas cuestionables, o errores infiltrados en esta novela pero yo hoy acá no voy a poder detectarlos. No creo que nunca vaya a poder.

Leí Buenos Presagios hace más de un año y hay cosas que todavía me dan vueltas en la cabeza como si acabara de dar vuelta la última página. Mi pregunta, entonces, es: ¿Por qué todavía me acuerdo de cosas de esta novela? ¿Para qué uso mi memoria? ¿Por qué no puedo recordar teléfonos y sí los nombres de estos personajes? ¿Por qué Buenos Presagios es un libro tan bueno? 

Empecemos con una sinopsis para orientar a quienes no sepan (!) de qué libro estamos hablando:
Según Las buenas y acertadas profecías de Agnes Nutter, bruja (el único libro de profecías completamente acertado del mundo, escrito en 1655, antes que ella explotara), el mundo terminará un sábado. El próximo sábado de hecho. Justo antes de la cena. 
Así que los ejércitos del Bien y el Mal se están juntando, Atlantis está emergiendo, las ranas están cayendo, los ánimos se están prendiendo fuego. Todo parece ir de acuerdo al Plan Divino. Excepto un ángel un poco quisquilloso y un demonio de vida ligera - ambos han vivido entre los mortales de la Tierra desde El Principio y se acostumbraron a sus modos de vida -, que no están esperando con tantas ansias el Apocalipsis inminente. 
Y alguien parece haber confundido al Anticristo...
Buenos Presagios es la historia del Apocalipsis, un niño anticristo, un ángel y un demonio que se alían para detener todo y el caos que inevitablemente se desata por todas partes. Sus autores, nada menos que Neil Gaiman y Terry Pratchett, presentan una sátira exquisita sobre el fin del mundo, el mal en la tierra y la locura de los hombres.

Muy bien, ¿qué es lo que me enloqueció tanto de este libro?

Dejando de lado la respuesta fácil y poco amable (¡¡todo!!), señalo en primer lugar a los personajes, que van desde un bebé - El Adversario, Destructor de Reyes, Vástago de Satán, Señor de las Tinieblas - hasta la propia voz de Dios - un Metatrón un poco confundido. Gaiman y Pratchett no dejan títere con cabeza y se divierten diseñando personajes atípicos, con gustos muy particulares y marcados, que se mueven por deseos fuertes. 

El libro presenta un arco iris de criaturas humanas y celestiales muy complejas que, sin embargo, son completamente accesibles: Crowley, el demonio protagonista, es la serpiente que tentó a Eva y, sin embargo, es presentado como "An Angel who did not so much Fall as Saunter Vaguely Downwards" (en un intento desesperado por traducir esto siendo fiel a la sátira: "un ángel que no cayó sino que más bien paseó vagamente hacia abajo"); los cuatro jinetes del Apocalipsis, Guerra, Hambre, Polución y Muerte, se transforman no en unos espectros incorpóreos y horrorosos sino en un grupo de rarezas que buscan al Anticristo y tienen más de un problema en el camino. Por ejemplo, hay una confusión de nombres y varios cambios y se suma a ellos un personaje con crisis de identidad:
"Muerte, Hambre, Guerra y Polución continuaron pedaleando hacia Tadfield. Y Lesiones Corporales Graves, Crueldad Hacia los Animales, Cosas que no Funcionan Bien Incluso Después de Golpearlas, pero secretamente Cerveza sin Alcohol y Gente Muy Cool viajaba con ellos."
Y Muerte habla en mayúsculas, como si sus diálogos fueran puros gritos, o puros pensamientos:
"NO LO VEAS COMO 'MORIRSE', dijo Muerte, PENSALO COMO UN IRSE TEMPRANO PARA EVITAR EL TRÁFICO."
La escritura es otra maravilla. Gaiman y Pratchett abarcan los temas más disímiles y más trascendentales de la historia de la humanidad y de las dudas existenciales con sencillez y, sobre todo, humor. La muerte, el sentido de la vida, las preocupaciones y los sueños y deseos tienen su lugar y tienen su tratamiento desfachatado e, increíblemente, acertado:
"Puede ayudar a entender los asuntos humanos dejar en claro que la gran mayoría de los triunfos y tragedias de la historia son causados no por la gente que es fundamentalmente buena o fundamentalmente mala sino por la gente que es fundamentalmente gente."
"Potencialmente malo. Potencialmente bueno también, supongo. Sólo esta enorme potencialidad poderosa esperando tomar forma."
"El futuro vino y se fue de la misma forma levemente desalentadora en que lo hacen los futuros."
El libro es un festín de miradas particulares sobre temas universales, de interpretaciones libres de frases y dichos inalterables y de personajes que, en medio de la debacle del mundo, encuentran lugar para cuidar libros, escuchar un casette de Queen o jugar con sus amigos.

Hay mucho para decir de Buenos Presagios y las cosas se me agolpan en la cabeza y me da ganas de escribir otra lista infinita de citas geniales. Pero, lo que realmente hace que este libro sea tan bueno, es que todas estas cosas juntas funcionan -y funcionan perfecto- y presentan una historia poco convencional, que apunta a romper con estereotipos y miradas dramáticas, y muy particular de un suceso que, en realidad, suele ser ser encarado con otro tono.

No sé si esto sirve como reseña (quizás en un par de meses o años vuelva a armar una entrada sobre "¿por qué Buenos Presagios es una novela tan buena?, volumen 2" y acá estemos todos de vuelta leyendo citas sobre el Anticristo), pero lo que sí espero es que sirva para entusiasmar y señalar que este libro definitivamente merece ser hojeado.



Nota: Leí el libro en inglés y todas las citas son traducciones mías (espero que no demasiado infieles a la naturaleza del libro). Agnes Nutter aparece traducida en el oficial como Agnes la Chalada, pero yo no puedo con eso y opté por dejarle el nombre en inglés (sí, "nutter" en inglés significa chiflado, pero sigue sonando mejor en inglés porque sugiere que, no sé, se le saltaron las nueces de la cabeza).





lunes, 28 de julio de 2014

Mientras leo y otros escriben

Hay algo mágico en la lectura. Eso es obvio, acá estamos, si no, no tendría un blog. Pero hay algo doblemente mágico cuando una lectura despierta instintos escritores.

Nada me gusta más que leer cosas que escriben los autores sobre sus procesos de escritura. Hace un par de años lo hacía porque necesitaba saber cómo se hacía, cuales eran los secretos ocultos, qué tipos de animales sacrificaban para tentar a las musas y qué tipo de cuadernos compraban (¿rayados o lisos?).

Buscaba desesperadamente la receta para la escritura y esperaba encontrarme con cosas lineales y puntuales: "Siéntese, abra el cuaderno porque las computadoras distraen y en el tiempo que tarda en abrirse el Word ya estará cargando el capítulo de alguna serie. Abra la lapicera (si es de tinta la escritura fluirá mejor) y en tres oraciones simples defina a su personaje principal. Ahora, invéntele un miedo. Ahora, un hobby. Piense si está enamorado o si quiere que en el transcurso de su novela se enamore. Póngale unos padres desastrosos (o nada de padres, los huérfanos lucran más). Determine qué es lo que quiere y cuál va a ser el obstáculo. Escriba eso en un párrafo. Piense el final y definalo en una oración. Ahora rellene todo con descripciones, datos de color, personajes secundarios graciosos, algún villano oscuro que sea alegoría de algún mal de esta sociedad y, ¡voilá!, llegue a las trescientas páginas, consiga editorial, publique y nade en un mar del merchandising que se haga cuando una productora de cine le compre los derechos de su novela"

Eso esperaba, ¡no!, eso quería encontrar en esos textos.

Por supuesto, nada de eso llegó a mis manos y mi frustración fue suprema. ¿Cómo que no dicen cómo hicieron? ¿Cómo que no cuentan de dónde sacan las ideas brillantes? ¡¿Cómo que no hay sistema fijo que dé como resultado una novela gordita y buena?!

Consejos de Neil para escritores jóvenes.

Fue una frustración de muchos meses (que quizás se convirtieron en años). Pero, a medida que fui logrando superarla, me encontré con otras cosas en esos libros.

Los autores (según puedo opinar después de varias novelas y artículos sobre escritura de diversos escritores), cuando escriben sobre cómo escriben o sobre lo que opinan de la escritura, derivan, por lo general en dos cosas o instancias (que pueden mezclarse, y de hecho así lo hacen):

a. El "desorden"
De pronto, todos los escritores que siempre admiramos se transforman en seres humanos comunes y corrientes a los que las cosas les salen solamente porque hubo suerte y mucho, muuucho esfuerzo. Y es hermoso. Hablan sobre lo mucho que les costó escribir tal cosa, cuánto tiempo tuvieron guardada en un cajón una novela que después fue una genialidad; describen las circunstancias adversas que no los dejaron escribir durante meses; mencionan los trabajos aburridos que tuvieron durante mucho tiempo; escriben ensayos sobre lo mucho que los angustiaba la hoja en blanco y la imposibilidad de escribir siquiera una oración. Se traban, se anulan, desconfían de lo que hacen y desconfían de los gatos que se sientan sobre los manuscritos. Se cansan, están horas tipeando y se acaban el café de la casa. Es casi como leer el propio proceso de escritura, torpe y a los golpes. Y estos escritores dicen: el único sistema es seguir, como se pueda, cuando se pueda. Y siguen, y esto me lleva a la segunda instancia...

b. La pasión
En medio de tantos líos, en medio de muchos "no, la verdad es que mi sistema es sentarme y obligarme a escribir", o muchos "escribo en cualquier momento, en cualquier lugar, porque si no las ideas se me escapan", aparece otra cosa, una emoción incontenible que se contagia. Por todas partes se filtra una pasión que hace que todo valga la pena: no dormir, no comer, trabajar de cualquier cosa, pasar años buscando un sistema ordenado, tratar de romper las reglas de los géneros, lidiar con la falta de voluntad, superar los comentarios negativos. Y hablan de libros que leyeron, de cosas que los inspiraron, de historias que los marcaron para siempre...

Llegar a esa instancia de estos libros donde casi lo único que se puede leer es una pasión desmedida y descontrolada por la escritura y las historias que dan vueltas y piden ser escritas, se transforma en un momento muy especial. Ahí veo que estos autores son gente común, normal y totalmente especial, porque hacen lo que les gusta, y lo único que pueden y quieren transmitir es lo mucho que los apasiona escribir (y, sí, por supuesto, leer): no hay reglas, no hay sistemas, no hay fórmulas secretas o musas pequeñas escondidas en la ropa que susurrran ideas geniales. Sólo hay ganas, ganas profundas por escribir y contagiar esa pasión, y muchos, muchos intentos.

No sé si esto se aplicará a todos los escritores, pero algo de esto me fui encontrando en los libros que leí sobre cómo escribir:
- Bird by bird, de Anne Lammot
- Cartas a un joven novelista, de Mario Vargas Llosa
- Mientras escribo, de Stephen King
- Cartas a un joven poeta, de Rainer Maria Rilke
- Reflections: On the magic of writing, de Diana Wynne Jones (en proceso de lectura, por ahora)
- Make good art, de Neil Gaiman
- El blog de Neil Gaiman, completito (bueno, todo lo que llegué a leer)

Y quizás me olvido otros. Pero lo que no me olvido es esa alegría que me contagian, que sale de la pasión pura por la escritura.


martes, 22 de julio de 2014

Si decido quedarme

If I stay (If I stay, #1), Gayle Forman, 2009. Dutton Juvenile.
Elecciones. Mia, de diecisiete años, tiene algunas difíciles por delante: ser fiel a su primer amor - la música - incluso si eso significa perder a su novio y dejar a su familia y amigo atrás. Entonces, una mañana de febrero, Mia sale de pasea con su familia y en un instante, todo cambia. De pronto, todas las elecciones desaparecen, excepto una. Y esa que queda es la única que realmente importa.
En la eterna cruzada por alcanzar a leer los libros antes de que salgan sus versiones cinematográficas, avancé con Si decido quedarme, de Gayle Forman, una novela que ya me había cruzado antes en otras reseñas y menciones. Conocía la premisa y había visto muy buenas reseñas sobre esta novela breve, pero nunca me había decidido a leerlo. Hace poco (ahora ya no tan poco) salió el trailer de la película y, entonces, supe que había llegado la hora.

La historia de este libro es bastante lineal y no guarda grandes sorpresas: accidente de auto, drama, horrores, sufrimiento y mucho llanto. Mia es una chica que está terminando el secundario, a punto de elegir universidad, con un novio bastante diferente y una familia muy original, y de pronto todo se le viene en banda cuando un borracho los choca. La historia entonces gira en torno a la decisión que propone el título: ¿Mia -en coma, medio muerta- decide quedarse o no?

Si bien tiene ingredientes leídos y re vueltos a leer (chica especial, talento especial, novio especial, familia especial; demasiado hincapié en la particularidad de todo, en mi humilde opinión), la novela logra un juego muy interesante en la organización de la historia. Todo se sucede en una serie de flashbacks intercalados con fragmentos que narran qué hace Mia en el hospital mientras decide todo. Mia revisa su vida, casi de forma involuntaria, mientras se cruza con sus parientes, algunos amigos y el novio, en el hospital, de forma espectral. La combinación es atrayente y logra construir el mosaico de esa vida rota sin caer en demasiadas escenas repetidas o previsibles.

Las vueltas en la trama son sutiles y pequeñas pero logran incluso hacer dudar sobre la decisión de Mia. Hay un buen manejo del drama: no cae en el llanto desconsolado y logra centrarse más en el dolor de lo que vendrá, sea lo que sea que elija.

Es un libro tranquilo, de esos que se pueden leer sin desesperación, pero da la posibilidad de disfrutar las pequeñas escenas que presenta. El punto más alto es, sin duda, el final, que no sorprende tanto pero que está bien escrito y bien sellado. Una lectura amena, sin mucho compromiso, pero que termina dejando un buen gusto.


martes, 8 de julio de 2014

Rowling nos cuenta algo más de Harry

Los fans de Harry Potter tocamos el cielo, nos llenamos de nostalgia y sonreímos con indulgencia cuando Pottermore sorprendió hoy con un artículo de Rita Skeeter escrito por Rowling.

En el contexto de la Copa Mundial de Quidditch que está teniendo lugar acá en Argentina (un momento de silencio para nuestros corazones que acaban de entrar en paro), y que Ginny Potter estuvo cubriendo estos últimos meses, el artículo de Rita Skeeter apareció para dar una nota de color: "¡El Ejército de Dumbledore se reúne para la final de la copa mundial de Quidditch!".


El breve artículo se dedica a detallar la velada presencia de los miembros más importantes del Ejército de Dumbledore en la copa del mundo desde la mirada de Skeeter: especulando, elucubrando y, sobre todo, imaginando historias turbias y engaños donde, en apariencia, no habría nada para leer entre líneas.

El artículo permite reencontrarse con Harry, Ron, Hermione, Ginny, Neville y Luna, sus familias y sus vidas actuales, y descubrir algunos pequeños indicios de cómo son sus vidas ahora, después de tantos años y sabiendo tan poco de ellos en sus años post Hogwarts. Leerlo, es, además, como volver a casa porque el estilo de Rita se mantiene fiel a su capacidad para irritar y hacer enojar y uno se siente sosteniendo el libro cuatro de nuevo.

Una hermosa sorpresa por parte de Rowling que le da un plus a Pottermore y que, por lo menos a mí, me hace preguntarme por qué no se arman más cosas como esta en esa página.

El artículo, por acá.

¡Que lo disfruten!



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