miércoles, 30 de octubre de 2013

La adscripción

Es hora de una historia, júntense alrededor del fogón!

Resulta que hace aproximadamente un mes la facultad abrió el llamado a adscripciones. ¿Qué son las adscripciones? Son arreglos con algunas materias que permiten que uno, como estudiante o graduado, ingrese a un proyecto de investigación y trabajos varios para una materia específica.

O sea, experiencia para dar y regalar.

Hace un mes, entonces, decidí que podía ser divertido probar esto de las "adscripciones" y busqué la lista de requisitos para presentarse. Pedía un par de cosas que no tenía y pedía, especialmente, el plan de un proyecto de investigación.

Me acuerdo que miré el reloj, vi que tenía exactamente tres horas antes de que cerrara la convocatoria y pensé "esto puede ser divertido". Computadora adelante y un plato con papas fritas al alcance de la mano, me lancé a escribir el plan de un proyecto que todavía no tenía. Y me divertí. Elegí los libros más disímiles e interesantes, y los investigadores y especialistas en literatura que me interesaban leer, y los volqué sobre el documento en blanco.

Esa tarde llevé toda la documentación y suspiré: obvio, obvio que no tenía chances de nada. El proyecto no era lo que pedía la materia y yo no siquiera cumplía con otros requisitos más burocráticos.

Un mes después, me llega un mail invitándome a una primera reunión de adscriptos.

Mi confusión fue suprema, y fui a la reunión lista para salir corriendo. Me recibieron y, antes de explicar nada, abrieron un espacio de consultas. Por supuesto, mi primera pregunta, en medio de balbuceos nerviosos, fue qué onda todo, porque yo técnicamente no podía sumarme, porque no cumplía con ciertos requisitos. Me dijeron que no importaba, que esta vez me sumaban.

Evidencia fotográfica de mi emoción/confusión.

Así que ahora estoy embarcada en un proyecto de investigación de dos años sobre la representación infantil en la literatura inglesa de la época victoriana. Jamás lo hubiera imaginado; jamás me lo hubiese esperado.

Cosas que pasan porque uno se anima a escribir algo que le interesa mientras come papas fritas.

(Y el blog se llenará con cosas sobre esta investigación, espero!)

domingo, 27 de octubre de 2013

Encuentro con la ladrona de libros

Me regalaron La Ladrona de Libros, de Markus Zusak para mi cumpleaños. Hacía tiempo que lo quería: escuchar críticas tan dadivosas me intrigó, y el puntaje global que recibía en Goodreads me impactó. Aparentemente este era uno de esos libros (esos que cambian la vida). Por supuesto que a la par de las ganas de leerlo estaba el miedo: ¿qué pasa si no me gusta? ¿Qué pasa si ahora mis expectativas son tan altas que el libro queda por debajo? ¿Qué pasa si...?

Pero lo empecé, y ahora aspiro a terminarlo antes de que salga la película (y voy por la página cincuenta y ya me resulta incierto pensar cómo pueden lograr una película de este libro).

Así que investigué un poco sobre los actores, la producción y las fechas de la película, y me encontré con una campaña de marketing muy interesante: el 22 de octubre, el New York Times publicó dos páginas enteras en blanco, sin una palabra, y sólo una dirección: wordsarelife.com, promoviendo la película.


Esto generó especulaciones y, cuando finalmente se develó que era una publicidad de La Ladrona de Libros, representantes de Fox salieron a explicar la idea:

"En el mundo de la publicidad de hoy, tenemos esta actitud de dar, dar y dar. Hacé click acá, llamá a este número, conseguí más contenido... Pero con esto, lo que queríamos era sacar algo, para hacer sentir a la gente cómo es vivir en un mundo sin palabras, aunque sea por un instante. Así es como existe Liesel, la protagonista, cuando la conocemos por primera vez en la película"

La publicidad generó muchas reacciones pero, a fin de cuentas, logró su cometido y llamó la atención.

Cada vez me entusiasma más el libro y las cosas que produce, y esta extraña campaña publicitaria es una prueba más de que La Ladrona de Libros, al menos, es algo distinto.

jueves, 24 de octubre de 2013

Allegiant

Allegiant, (Divergente, #3), Veronica Roth, 2013. Katherine Tegen Books.

Esta reseña no contiene spoilers sobre este libro, pero sobre Divergente e Insurgente. Han sido avisados.

La sociedad basada en facciones en la que creyó alguna vez Tris Prior se ha roto: fracturada por la violencia y las luchas de poder y marcada por las pérdidas y las traiciones. Cuando a ella le ofrecen la posibilidad de explorar el mundo más allá de los límites que siempre conoció, Tris está lista. Quizás más allá de valla ella y Tobías puedan encontrar una vida nueva simple, juntos, libre de mentiras complicadas, lealtades mezcladas y recuerdos dolorosos. 
Pero la nueva realidad de Tris es más alarmante que la que dejó atrás. Algunos descubrimientos viejos pierden su sentido rápidamente y verdades explosivas cambian el corazón de personas que ella ama. Y, una vez más, Tris deberá luchar para comprender las complejidades de la naturaleza humana -y de ella misma- mientras se enfrenta a decisiones imposibles sobre el coraje, la lealtad, el sacrificio y el amor.

El último libro de la saga Divergente se hizo esperar con ganas, más en medio de la filmación de la primera película. Eran muy pocos los datos certeros que se tenían sobre la trama del libro, con lo cual no había material para especular. Dos días después de su publicación puedo decir que, en mi humilde opinión, Allegiant es un libro común, el más débil de la trilogía, con un final demoledor.

No sé si habrá sido la distancia temporal entre la lectura de Insurgente y la publicación de este libro, pero empezar a leer me resultó extraño. Los personajes sonaban ajenos, la realidad que atravesaban, distante. Me costó un par de capítulos volver a encontrarme y dejar de lado esa sensación de que todo era demasiado cuadrado, esperable.

Allegiant marca un punto de inflexión respecto de los dos primeros porque, por primera vez, la historia no ocurre entre facciones. Los personajes principales se trasladan a otro lugar y, después de tantas vueltas y tanto sufrimiento, logran enterarse de qué es lo que está pasando, quiénes son, qué es su ciudad y por qué fueron aislados. Y el momento, las explicaciones, las revelaciones, quedan a medio camino. Lo que podría haber sido una gran explosión de nuevas posibilidades queda estancada en tópicos previsibles y unas consecuencias aún más previsibles. Quizás todo sea un problema de exceso de jerga científica, quizás no. La cuestión es que el momento de revelación que esperaba desde hacía dos libros, no fue espectacular. Fue normal, común, incluso esperable.

Los eventos que siguen después están, en mi opinión, simplificados en exceso -lo cual dibuja unos personajes nuevo demasiado crédulos y unidimensionales- dadas las circunstancias políticas y sociales que plantea la realidad fuera de la valla. La trama se debilita de manera exponencial. Con otro tipo de desarrollo de eventos y de personajes, todo esto podría haber sido mucho más atrapante, satisfactorio y complejo (que es lo que alcanzaron Divergente e Insurgente, un mundo complejo y lleno de líos ideológicos: Allegiant cae porque quiere hacer demasiado en poco tiempo).

Uno de los grandes logros de Allegiant es el gran desarrollo que alcanza el personaje de Tris. Después de haberle seguido los pasos durante dos libros, Tris logra una madurez particular en esta tercer entrega. Sus ideas sobre el coraje, las facciones, los que no tienen facciones, su madre, y la realidad que encuentra afuera alcanzan un punto sólido y verídico, acorde a su personalidad. Tris se solidifica y sus acciones pasan a tener una base firme.

Sin embargo, todo esto se esfuma en los otros personajes. Algunos personajes secundarios reciben parte de lo que merecen: Cara, Caleb, Peter y, un poco, Christina, se expanden y crecen un poco. Otros, como los personajes de afuera de la valla y el importantísimo Tobías, se desarman. Qué terrible, Tobías. No sé si esto se deberá pura y exclusivamente a que esta vez había capítulos narrados desde su punto de vista o si Veronica decidió torturarlo, pero Tobías se pierde, se transforma en un nene. Todo lo que sabíamos y conocíamos de él se transforma en una sombra del chico que nos muestra Allegiant. Tobías se derrumba y, si bien hay crisis y caos en su vida que tienen una clara explicación y que el libro muestra sin dudar, otras cosas suenan demasiado impuestas. Me confundió mucho perder al chico que un tiempo atrás era una máquina y pura eficiencia y solidez.

Allegiant explica y cierra ciclos, pero hace agua cuando intenta maximizar la revolución y la distopía. Hay muchas idas y venidas que a medida que avanza el libro empiezan a cansar, y algunos personajes reinciden en exceso en patrones de comportamiento. Sin embargo, la trilogía cierra, y cierra con una explosión. No voy a dar datos que puedan arruinar lecturas, pero Veronica se anima a dar un paso más en el género y a cerrar con fuerza.

Quizás cuando el libro salga en español pueda compartir mis impresiones sobre el final, que son muchas y variadas. Mientras tanto, digo esto: Allegiant sirve como cierre de ciclo, aunque es muy flojo si se consideran los libros anteriores. No es lo que esperaba ni lo que me hubiese gustado leer. Tris es, en mi opinión, el único gran regalo que hace Veronica.




lunes, 21 de octubre de 2013

La campana de cristal (+ cita)

Esta semana me encontré con una cita de La Campana de Cristal, un libro muy famoso de Sylvia Plath y, revisando mi lista de reseñas, me di cuenta de que nunca alcancé a reseñarlo. Creo que es porque este es uno de esos libros que da miedo reseñarlos. ¿Miedo a hacerlo mal? No, creo que es, sencillamente, miedo a no poder dar cuenta de la totalidad del alcance de esta historia. Porque es, a primera vista, la historia de Esther. Pero es también la historia del lector, y la historia de la vida misma. Es uno de esos libros que resuenan en lo profundo y dejan un vacío lleno de reflexiones y preguntas. 

Puede que mi reseña sea eso, decir que no puedo decir nada porque no me salen las palabras de la forma correcta para decirlo todo. Y puedo reponer algo de lo que escribí en Goodreads, en un intento por hacer una mini reseña: La Campana de Cristal es una historia terrible, inteligente y extraña sobre el descubrimiento del propio carácter y anhelos en medio de circunstancias sociales muy definidas y estrictas, que logra inquietar y conquistar. Como figuras en un intrincado juego de tetris, cada capítulo deja caer una nueva pieza sobre la vida de Esther que, personaje y lector, van descubriendo juntos. Sylvia Plath arma esta metáfora de la vida con una prosa que rezuma frases deliciosas y desespera, todo al mismo tiempo.

Y, para que se den una idea del tipo de libro que es La Campana de Cristal, esta es la cita (bellamente ilustrada) con la que me crucé:





"Vi mi vida extendiendo sus ramas frente a mí como la higuera verde del cuento. De la punta de cada rama, como si se tratara de un grueso higo morado, pendía un maravilloso futuro, señalado y rutilante. Un higo era un marido y un hogar feliz e hijos, y otro higo era una poeta famosa, y otro higo era una profesora brillante, y otro era Ee Gee, la increíble editora, y otro higo era Europa y África y Sudamérica, y otro higo era Constantino y Sócrates y Atila y un montón de otros amantes con nombres raros y profesiones poco usuales, y otro higo era una campeona del equipo olímpico de atletismo, y más allá, por encima de aquellos higos, había muchos más que no podía identificar claramente.
Me vi a mí misma sentada en la bifurcación de ese árbol de higos, muriéndome de hambre sólo porque no podía decidir cuál de los higos escoger. Quería todos y cada uno de ellos, pero elegir uno significaba perder el resto. Y, mientras estaba ahí sentada, incapaz de decidirme, los higos empezaron a arrugarse y a ponerse negros y, uno por uno, cayeron al suelo, a mis pies."

Repito, hermoso y terrible. Ojalá algún día pueda elaborar mejor mi reseña. Mientras tanto, esto es todo y nada.


jueves, 17 de octubre de 2013

La habitación de los reptiles

La habitación de los reptiles (Una serie de eventos desafortunados, #2), Lemony Snicket, 2000. Scholastic.

Después de escapar las garras amenazantes del Conde Olaf, los tres huérfanos Baudelaire son recibidos por un amable herpertólogo con quien viven felices por muy poco tiempo.


La continuación de las desdichadas aventuras de los Baudelaire lleva a otro episodio también retratado por la película que en el libro se despliega con mayor potencia y que renueva la dosis de este mundo macabro y desgraciado.

Las aventuras continúan la línea del libro anterior, enfocando la mirada en las desgracias que caen sobre los hermanos y las ingeniosas soluciones que logran encontrar. Los niños vuelven a quedar ubicados en un rol superior al del adulto: ellos ven, escuchan, perciben y entienden mucho más. Los Baudelaires tienen una visión del mundo más completa y abarcativa que la de Mr. Poe o el Dr. Montgomery, con lo cual ellos son los únicos que pueden hacer una lectura profunda de la realidad que les toca (de, por ejemplo, la sospechosa presencia de Stephano). Es interesante porque los únicos que pueden acompañar a los niños en esto son el propio narrador (el único que posee una mirada totalmente omnisciente) y el Conde Olaf, que, si bien no es tan inteligente como ellos, ve mucho más allá de lo que pueden ver los "adultos buenos".

Los Baudelaires quedan nuevamente a merced del destino y de los planes maquiavélicos de Olaf y el narrador llora por ellos. La presencia del narrador es poderosa y constante. Sus intervenciones oscilan desde sencillos comentarios sobre algún objeto o alguna característica, hasta reflexiones literarias (hay un pasaje en el que se dedica a explicar qué es la ironía dramática que es impagable). Otras intervenciones son desconcertantes y alimentan el horror: mientras anuncia con poco preámbulo que los Baudelaires seguirán sufriendo porque su tío no va a terminar bien, hace un excursus increíble sobre los peligros de manejar elementos eléctricos y el hecho de que no hay que usarlos nunca, que ocupa toda una hoja:

La cita completa: "We all know of course, that we should never ever [...] ever fiddle around in any way with electrical equipement. NEVER."

La atmósfera siniestra se infla más en este libro y los Baudelaires crecen como contrapartida de ese horror que los rodea. Lemony Snicket continúa perfeccionando a un narrador que sostiene y carga con la historia de estos huérfanos y, al contrario de lo que dice constantemente, invita a seguir leyendo y a seguir enterándose de qué pasa con estos niños.



viernes, 11 de octubre de 2013

Citas II

Hoy la cita es más larga pero resuena más fuerte.



"Cuando los dioses mueren, mueren con fuerza. No es que desaparecen, o envejecen, o se duermen. Se mueren en medio de llamas y dolor, y cuando salen de adentro tuyo, te dejan el interior quemado. Duele más que cualquier otra cosa de la que puedas hablar. Y quizás lo peor es que no estás seguro de que vaya a haber otro dios que pueda llenar su lugar. Tampoco estás seguro de querer siquiera que algún otro dios llene su lugar. No querés que el fuego se apague adentro tuyo dos veces."
-- Gary D. Schmidt


Pertenece a un libro que se llama The Wednesday Wars (sería Las Guerras del Miércoles, aunque no sé si está traducido al español), libro del que jamás había escuchado hablar hasta que me crucé con esta cita. Tiene muchas críticas a favor y ganó varios premios, pero, si el resto del libro tiene la potencia de esta cita, eso es más que suficiente para mí.

Gary D. Schmidt es un escritor norteamericano que se dedica a la literatura infantil y juvenil y tiene ya varios libros en su haber.

miércoles, 9 de octubre de 2013

La Casa de Hades

La Casa de Hades (Héroes del Olimpo, #4), Rick Riordan, 2013. Hyperion Books.

Esta reseña contiene algunos spoilers de los libros anteriores de la saga pero NO tiene spoilers sobre este libro (o sea, si todavía no lo leíste, podés avanzar con la reseña pero, si no leíste los libros anteriores de la saga, dejá acá por las dudas).

Al final de La Marca de Atenea, Annabeth y Percy caen por un pozo que los lleva directo al Inframundo. Los otros cinco semidioses tienen que dejar de lado la tristeza y seguir las instrucciones de Percy para encontrar el lado mortal de las Puertas de la Muerte. Si puede abrirse paso a través de las fuerzas de Gaea y Percy y Annabeth sobreviven a la Casa de Hades, entonces los siete podrán sellar las puertas de la Muerte de ambos lados y evitar que los gigantes despierten a Gaea. Pero Leo se pregunta: si las puertas se cierran, ¿cómo van a hacer Percy y Annabeth para escapar? 
No tienen opción. Si los semidioses no triunfan, los ejércitos de Gaea nunca van a morir. No tienen tiempo. En un mes los romanos marcharán sobre el Campamento Mestizo. Los riesgos son más altos que nunca en esta aventura que se sumerge hasta las profundidades del Tártaro.

Un año de espera después de uno de los finales más desesperantes de la historia de la literatura juvenil (que Rick se encarga de recordar con mucho amor en la dedicatoria de este libro). Y el libro sobrevive las expectativas.

La Casa de Hades tiene todo lo que un fan del género puede esperar: rebosa en escenas de acción, luchas encarnizadas con dioses, titanes, gigantes (todo, absolutamente todo, pasa por las armas en este tomo), escenas en las que la magia es la protagonista, leyendas que cobran vida, más profecías, y un elenco de semidioses que se alza a la altura de la misión. No falla.

El libro es como el Tártaro: absorbe. Ese es, quizás, el don más grande de Rick. Porque, desde un punto de vista objetivo, las escenas tienen siempre la misma estructura (y, después de tantos libros, ¿qué cosas todavía no vimos, de cuántas heridas vimos sobrevivir a los protagonistas?) y el final es previsible. Pero la lectura se hace adictiva.

Probablemente mucho de eso se deba a que los siete protagonistas siguen expandiéndose. Riordan sigue trabajando el desarrollo de los personajes: retoma sus historias, sus misiones previas, sus fallas y sus anhelos, y continúa construyéndolos como adolescentes en medio de un caos absoluto. Hazel y Nico, pero también Leo, Jason y Frank son puestos a prueba, al límite de sus capacidades, y crecen, y mucho. Hay un capítulo en especial en que el personaje de Nico despliega una carga emocional muy fuerte. Percy y Annabeth tienen un viaje muy particular y, como a ellos ya los conocemos mucho, la historia se centra más en su relación que en repetir cosas que ya sabemos. Piper es la única que queda al margen, en mi opinión.

Lo que rescato de este libro -y le agradezco a Riordan- son las múltiples menciones a sucesos anteriores en la saga e, incluso, en la saga de Percy. Los personajes recuerdan muchos eventos de aventuras previas (y las menciones a batallas y encuentros durante la misión para derrotar a Kronos me encantaron) y se reencuentran con varios personajes de esas épocas. Dan una sensación de cohesión que solidifica más la historia en general.

La Casa de Hades es un buen cuarto libro. Responde algunas preguntas y plantea otras, resuelve la caída de Percy y Annabeth, y trae lo que todos esperaban: una lectura que no permite tomarse un respiro. El final queda dispuesto para el próximo y último tomo (sin ningún cliffhanger terrible, gracias a los cielos): La Sangre del Olimpo, la batalla final, el cierre, para el que hay que esperar, de vuelta, otro año más.

martes, 8 de octubre de 2013

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