miércoles, 27 de junio de 2012

HP y un análisis familiar.

Harry Potter. ¿Qué decir que no se haya dicho ya? Podría hablar horas sobre esta saga y llorar miles de lágrimas por ella. Un ícono, un éxito, un fenómeno, la marca de toda una generación, Rowling triunfó y cambio la vida de millones de lectores y los parámetros editoriales, sentando así un suceso histórico en la literatura.

Sin embargo, considero que todavía hay mucho para analizar dentro de esta historia. Siete libros que presentan un viaje iniciático muy complejo y repleto de variados personajes deben tener algo más para  decir aparte de los nombres en latín de los hechizos.
Me gustaría abrir, entonces, un espacio de debate y análisis de esta historia, con toda la objetividad que me sea posible - que advierto que no será mucha, es probable que divague pronto sobre qué tanto  me marcó esta saga.

En primer lugar me interesa revisar el tema de las familias. Considero que la familia como entidad tiene una presencia particularmente fuerte en esta historia - y Rowling así lo ha afirmado varias veces -, y que se presenta en diferentes asociaciones.
Una primera instancia podría ser la dicotomía que se presenta entre la familia Weasley y los Malfoy, muy marcada desde el inicio de la Piedra Filosofal.

A lo largo de los siete libros se va descubriendo el funcionamiento de éstas dos familias gracias a las interacciones de Harry con Ron y Draco, con los otros miembros de sus familias e, incluso, con visitas - en circunstancias completamente diferentes - a ambas casas. Y lo que se puede ver es el funcionamiento opuesto de ambas familias y sus influencias sobre sus hijos, Ron y Draco.
Las primeras oposiciones son más visibles: los Malfoy son gente adinerada y pertenecen a la alta sociedad mágica - tienen un escudo de armas, prácticamente son nobleza - mientras que los Weasley son notablemente pobres y modernos, apoyando iniciativas muggles y proyectos innovadores. Los Malfoy, entonces, desdeñan a la chusma, los magos de medio pelo, squibs y, sobre todo, muggles devenidos en magos. Son familias que se ubican en polos opuestos dentro de la escala social y política, por decirlo de alguna manera. Derecha e izquierda; tradición y revolución.
De esto se desprenden sus alianzas durante la guerra: los Malfoy acompañan a Voldemort mientras que los Weasley se unen a Dumbledore y Harry. 

Pero las contrapartidas no se detienen acá. Draco, hijo único, vive con la presión de responder correctamente ante las exigencias de su padre. Su desarrollo en los libros sigue este patrón, tratar de no decepcionar al padre - y sabemos, de forma explicita gracias a las películas, que la exigencia paterna está; recuerden sino la escena en la Cámara de los Secretos donde Draco cae de su escoba y Lucius le dedica una mirada especialmente despectiva -

Amor paternal.
Del otro lado, los Weasley no ejercen ningún tipo de presión sobre Ron, por el contrario, es él mismo quien se exige: ante la abundancia de hermanos, Ron siente que debe hacer algo para sobresalir, algo que ningún otro haya hecho. Molly y Arthur no pretenden obligar a hacer a Ron o a cualquiera de sus otros hijos algo que éstos no deseen. Sin ir más lejos, no obligan a los gemelos a regresar al colegio una vez que lo abandonan. Ron aprende así quién es él, qué quiere y qué sabe hacer mejor. Sus padres lo acompañan, sí, son fuertes figuras paternas, pero no tiránicas, como Lucius Malfoy.

Otra notable diferencia es el rol de la autoridad. La familia Malfoy está dominada y conducida por Lucius, el patriarca, el hombre, y Narcissa queda relegada a un último plano, mera decoración en el cuadro familiar. Incluso, cuando Lucius cae en desgracia, toda la familia se hunde con él - y allí es recién cuando se le abre el camino a Narcissa para emerger como la madre dispuesta a arriesgarlo todo por su hijo -. Draco no presenta ningún respeto especial o admiración por los personajes femeninos, tratando con especial desdén a Hermione, una de las figuras femeninas más fuertes de la historia. Los Weasley, por el contrario, están ubicados como una constelación en igualdad de condiciones regenteada por Molly, la matriarca, la mujer. Arthur es un padre bonachón, no autoritario y Molly es una madre protectora y, sobre todo, afectiva, y entre ambos se establece una relación complementaria y equilibrada, en donde la autoridad punitiva, por así llamarla, la ejerce Molly, pero de una forma completamente distinta a la de Lucius. Así es como Ron y todos sus hermanos respetan a los personajes femeninos, especialmente a su hermana, otra figura fuerte en la familia.

Familia adoptiva.

Podría continuar nombrando oposiciones: una mansión monumental para una familia pequeña, retratada con colores fríos y oscuros contra una pequeña casa armada con retazos para una familia numerosa, representada con colores cálidos y brillantes; la sumisión de los Malfoy a otra figura de autoridad, y el desprecio que sienten hacia los personajes de otras clases y realidades, y la independencia y horizontalidad de las relaciones que establecen los Weasley con todos los personajes con los que se cruzan; el maltrato al que someten los Malfoy a Dobby en oposición con el cariño que sienten los Weasley por los animales - se nombran absolutamente todos los nombres de todas las mascotas de todos los hermanos además de las diversas mascotas que tiene Ron, mientras que en ninguno de los siete libros se menciona qué tipo de mascota tiene Draco -. Y podría seguir analizando situaciones, después de todo, hay siete largos libros.

Dos familias enfrentadas, dos chicos opuestos, y dos mundos que entran en choque. Los Malfoy encarnan un orden arcaico y una mentalidad medieval que se va agrietando hasta finalmente verse fracturada, mientras que los Weasley representan un orden mucho más moderno, igualitario y afectivo que emerge triunfador cuando la guerra promedia. Los nuevos valores triunfan sobre los antiguos, superándolos, incluso con todas las disfuncionalidades que presentan los Weasley como familia - y aceptándolas como posibles, probables y sanas.


jueves, 21 de junio de 2012

Heredero de las hadas

Heredero de las hadas (El último reino, #1), Leo Batic, 2011. Ediciones B.

Sofía es una típica adolescente quinceañera que vive en Buenos Aires, va al colegio, tiene amigas que le agradan, otras que no soporta y tiene una familia muy particular que, a veces, la irrita. Sin embargo, luego de tener un sueño muy extraño sobre unos dragones, Sofía comienza a descubrir que su familia, sus amistades e incluso su propia vida, no son tan comunes como creía. A partir de allí, se ve lanzada hacia una aventura que jamás hubiera imaginado, que le revela que ella no es tan ordinaria y simple como creía, y que existe un secreto, más grande que ella y su familia, que puede salvar al mundo o destruirlo.

Así inicia este libro, el primero de la trilogía El último reino y el primero de Leo Batic. Tomando la posta de Liliana Bodoc y abriéndose espacio en un género poco explotado en Argentina, Heredero de las hadas propone una premisa poco común: la magia no sólo existe sino que se presenta de forma real y visible en medio de Buenos Aires. Sofía, su protagonista, se ve embarcada en una aventura de aprendizaje y autoconocimiento que la lleva a redescubrir un vínculo con la magia y sus seres dormido hace años.

Contada desde múltiples perspectivas, esta historia combina de forma magistral el desarrollo de la historia de Sofía y el avance de la acción con la reposición de las aventuras anteriores y la historia del Último Reino y sus habitantes. El relato toma así una dimensión épica con cada cambio de locación y perspectiva, creando una visión global de la historia que anuncia que ésta es más grande todavía de lo que se deja entrever en las páginas de esta primera entrega. 

Con una prosa visualmente impactante, Leo Batic se abre las puertas al mundo de la escritura buscando acomodarse entre las palabras. A medida que avanza la historia, la prosa se va consolidando más y encontrando sus puntos fuertes. La propuesta de su locación en Buenos Aires trae aparejada, para algunos, una dificultad insalvable: el lenguaje porteño. De forma sorprendente, Leo Batic logra captar el diálogo y coloquialismos propios de Buenos Aires e insertarlos de forma verosímil en su relato, combinándolos con la geografía de la ciudad y creando un retrato fiel y veraz de Buenos Aires. Y logra, además, transiciones hacia el español neutro de una forma tan sutil que en ningún momento generan un quiebre o interrumpen la lectura. 

La acción no se detiene nunca y la historia avanza a grandes saltos. En el espacio limitado que tienen dentro de los giros inesperados y momentos de acción, los personajes logran ir configurándose de una forma muy humana y cercana - incluso las hadas y brujas. Personajes variados y coloridos junto a un argumento que atrapa hacen que la lectura sea veloz y amena.

Leo Batic incursiona en el género fantástico y se anima a algo completamente nuevo: escribir un Buenos Aires fantástico y real. Sin caer en clichés ni abrirse demasiado, acierta con magnífica puntería en el ojo del género y avanza con facilidad y sutileza entre mitos, leyendas, seres mitológicos, saltos temporales y espaciales, y personajes tan reales como los propios vecinos.

Una historia que abre espacios y sienta bases para el género fantástico en el país y para todos aquellos que aún no se han animado a probarlo, Heredero de las hadas logra su cometido y aún más: deja a los lectores ansiosos por su continuación.

miércoles, 20 de junio de 2012

El fenómeno fantástico (LJ)

Desde la aparición de Harry Potter en el mercado literario, la literatura juvenil nunca volvió a ser la misma. Con la llegada de semejante potencial de ventas, autores y editores redescubrieron el público juvenil dentro de la literatura. A esto se le sumó el relanzamiento de El Señor de los Anillos y Las Crónicas de Narnia, sagas vueltas a la vida gracias a sus adaptaciones cinematográficas.
Este fenómeno no hizo más que potenciarse. A Harry Potter le siguieron muchísimas otras sagas sobre seres mágicos y mitológicos. Llegó el fenómeno Crepúsculo y las editoriales se volvieron locas por las historias de vampiros, licántropos y romances melosos.
En los últimos años (alrededor de trece o catorce años, considerando la fecha de publicación original del primer Harry Potter), la literatura juvenil ha experimentado un despegue a manos de las historias de fantasía y magia. Millones de jóvenes - y no tan jóvenes - volvieron a despertar un vínculo dormido con la literatura.
¿Por qué la temática ha resultado tan poderosa? ¿Qué tienen las historias de magia, bestias fantásticas y seres mitológicos reinventados que han conquistado de forma tan masiva a multitudes de jóvenes?

Una posible respuesta, extraída exclusivamente de mi experiencia personal, es el poder de estas historias de tomar temáticas conocidas y contarlas de nuevo de una forma extraña, ajena a la vida cotidiana y a las lecturas más tradicionales. Temas como la amistad, el amor, la vida y la muerte, la ambición, el poder, los desafíos personales y la búsqueda por la verdad se vieron bajo una nueva luz con estas historias. Pintados con colores nuevos y brillantes, mérito de la magia, mundos alternos y personajes extravagantes que los rodeaban, estos temas sufrieron un proceso al mejor estilo del extrañamiento que propone el formalismo ruso. La distancia con la vida propia y el mundo conocido hizo que se pudieran ver y considerar de otra forma, tomando otro peso y otra dimensión. Así es también, considero, como se facilitó la identificación con los personajes: la atemporalidad y neutralidad espacial que presentan simplificó la conexión.

La Saga de los Confines, la apuesta argentina al fenómeno.

La pregunta queda abierta. Un hito literario de esta magnitud despierta preguntas y reflexiones acerca de sus causas. Quizás, si nos animamos a tomar en serio este fenómeno y no lo clasificamos como una mera casualidad o una simple éxito editorial, podamos responderlas y formular nuevas teorías. ¿Por qué no?

lunes, 18 de junio de 2012

LJ

Abro un nuevo capítulo en la discusión sobre la literatura juvenil. Me pasaron el link a una entrada en el blog de Maite Carranza sobre la Feria del Libro en Madrid y, leyendo distraídamente, me encontré con un fragmento que se resaltó por sí solo:
En el acto se charló  sobre la importancia de los blogs literarios, el proceso creativo, las últimas tendencias en literatura juvenil y las relaciones editor-escritor-crítica.
Muy interesante. Y sobretodo estimulante. Tal y como se dijo en voz alta y clara los blogs juveniles suplen ese vacío angustioso que había rodeado el fenómeno de la literatura juvenil ignorado por las instancias sesudas. Ya era hora.
En una simple y sencilla oración, Maite Carranza sabe resumir perfectamente esta situación: la literatura juvenil está fuera de consideración para los ambientes y espacios más "sesudos" y ha encontrado otro espacio, los blogs.
Estando dentro de lo que se podría considerar uno de esos espacios intelectualoides puedo dar fe de esto. La literatura juvenil es un híbrido comercial carente de valor literario que, como tal, no merece siquiera ser considerado digno de análisis. Eso dicen, esa es la premisa. Es ignorada, arrojada al depósito donde hace ya tiempo arrojaron también a la literatura infantil - que gracias a mentes más lúcidas y tiempos nuevos comenzó a ser recuperada.
La literatura juvenil queda así rodeada por el vacío de la crítica. No hay lecturas, análisis de personajes, comparaciones entre novelas o sagas. ¿Dónde está la pregunta por descubrir qué motiva las tendencias en las temáticas de los libros juveniles? ¿Qué disparó la transición de la magia y fantasía hacia las distopías en este último tiempo? Las respuestas comerciales no son suficientes, no valen nada.  Sería interesante, como lector, poder toparse con artículos que den cuenta de estas cosas, que apunten a un análisis, aunque sea tímido, de estos libros. 
¿Por qué serían menos importantes las historias que le ocurren a niñas adolescentes, jóvenes magos o bestias post-apocalípticas?

Por suerte los blogs le abrieron sus puertas a la literatura juvenil. Supongo que deseosos de compartir experiencias y emociones de estos libros, los primeros bloggeros buscaron un espacio donde poder hacerlo y encontraron que no había ninguno, viéndose obligados a crearlo ellos mismos. Ahora es posible encontrar reseñas, análisis de personajes e, incluso, revistas digitales dedicadas a esta literatura.

Nuevos modos de lectura suscitan nuevos modos de escritura, y aquí estamos, saciando nuestra sed de lecturas juveniles en blogs dedicados e interesantes, repletos de recomendaciones y desafíos de lectura. Sólo esperemos que de acá surja una avidez por complejizar los análisis y lecturas y así se pueda trascender hacia todavía más espacios.

miércoles, 13 de junio de 2012

Divergente

Divergente (Divergente, #1), Verónica Roth, 2011. Editorial Molino.

En un futuro distópico donde la guerra ha destruido el orden antiguo, la sociedad donde vive Beatrice Prior se organiza en cinco facciones diferentes en donde se dedican a cultivar una virtud en particular. Cuando finalmente llega el día de iniciación, día en que todos los jóvenes de 16 años deben elegir a qué facción quieren pertenecer de por vida, Beatrice hace una elección que cambia su vida y la de quienes la rodean, sorprendiendo a todos y a ella misma. Comienza así un nuevo camino donde se encontrará con nuevas amistades, peligrosas aventuras, y un secreto terrible que pondrá en peligro su vida.

Las distopías siguen al orden del día y Verónica Roth sorprende con un libro que logra mezclar de forma exitosa los ingredientes tradicionales de este tipo de historias. Con una premisa que conquista, la historia abre las puertas a una sociedad de estereotipos y aparentemente perfecta. Roth construye un sólido escenario distópico y desde allí despliega una interesante gama de personaje.

Beatrice, "Tris", comienza siendo una protagonista tradicional, que simplemente cumple con los requisitos para estar en una historia de este estilo. Sin embargo, una vez que se comienza a descubrir cómo funciona esta sociedad y Beatrice es sometida a una serie de situaciones extremas y decisivas, comienza a configurarse como algo más, como una protagonista con nombre propio, que no imita modelos de otras novelas. Su constante duda respecto de las decisiones que ha hecho y debe hacer le otorga una dimensión mental diferente, que se complementa de forma adecuada con su impulsividad. Si bien en algunos momentos resulta difícil conectarse por completo con ella, Beatrice crece a medida que crece la novela, y se acompleja a medida que se acompleja la situación de su sociedad, logrando generar un progreso global que, finalmente, facilita la identificación.

Un sólido espectro de personajes secundarios complementa de forma casi perfecta a la heroína. Los diálogos, suaves, naturales, se corresponden con la cultura de la sociedad y reflejan de forma fácil las relaciones que se establecen entre los diversos personajes. Roth los entiende y sabe lucirlos. A todo esto se le suma la capacidad de la autora para desarrollar poderosas escenas de acción y violencia que están al tono de la distopía y no se alejan de la realidad de ésta sociedad.

Si bien algunos cabos quedan sueltos y surgen preguntas a medida que avanza la historia que no reciben respuesta, la historia tiene la suficiente potencia para avanzar y hacer avanzar y crecer a sus personajes. De todas formas, es una triología, es natural que no todo se responda.

Divergente abre las puertas a una trilogía interesante y, sobre todo, muy entretenida, que hace que sea imposible dejar de leer una vez comenzado el libro. Solamente esperemos que se publique pronto en Argentina.

sábado, 9 de junio de 2012

Blancanieves y la película que no fue


Después de haber sido bombardeada con múltiples avances y cortos que lucían suculentos y prometedores, mi apetito por un cuento de hadas reinventado no podía estar más abierto y ansioso. El conjunto oscuro y osado a primera vista lograba, incluso, alivianar mi disgusto por la elección de Kristen Stewart como la heroína clásica.
Prometía.
Pero no cumplió.

Blancanieves y la leyenda del cazador (2012), una película que lo tenía todo para triunfar (excepto una buena actriz principal), fracasó rotundamente. Otra vez, una bomba que podría haber estallado en éxitos comerciales y críticos se hunde sobre sí misma y levanta la pregunta: "¿qué falló en esta magnífica ecuación hollywoodense?"

¿Fue el director? No del todo. Rupert Sanders debuta con esta película y demuestra que sabe componer imágenes y escenas que responden a las necesidades de la película. Combina la magia propia del cuento clásico, los animales mansos, los elementos fantásticos, y une todo con una visual descomunal y oscura, marca del giro en la historia, signo de la corrupción y perturbación en el relato. Si hay algo que en esta película merece ser celebrado es su poder visual. Sanders no deja escapar una toma y construye todo el tiempo, durante dos horas y pico, escenas visualmente deliciosas. Un lujo que se disfruta mejor en el cine y su gran pantalla.
Entonces, ¿fueron los actores? No del todo, tampoco. La película, por suerte, no recae de lleno en los hombros de la débil Kristen Stewart. Está siempre bien acompañada por alguno de los otros iconos de la historia o bien sus escenas individuales son interrumpidas por otras con otro personaje central. Ella no logra, en absoluto, transmitir la complejidad de las emociones que debería tener una princesa que pasó encerrada - y esto déjenme repetirlo porque en la película pasa sin pena ni gloria y es, en realidad, la base de todo: ENCERRADA en una torre sucia y solitaria - toda su vida. No existe. ¿Dónde está el trauma de la soledad? ¿La locura? ¿La sed por comerse el mundo con los ojos? Nada de nada, es una chica común y corriente que no rompe nada en busca de respuestas ni llora por los años perdidos. No hace nada.
Los otros dos actores centrales, Charlize Theron y Chris Hemsworth, logran trabajar sus personajes y darles una vuelta lo suficientemente acertada como para tallarles una cierta tridimensionalidad.

¿Dónde reside el problema, entonces?
En el guión. Señoras, señores, lectores, el guión puede ser trabajo invisible en una película pero, si no está bien hecho, logra hundirse y arrastrar con él al elenco, el director, los camarógrafos y sus familias y mascotas inclusive.
El guión está armado con hilos dentales. La historia quiere presentarse con una fuerza y complejidad política y social que queda destruida por la simplicidad de los personajes. ¿Culpa de los actores? No, nuevamente del guión. No se les da las escenas necesarias para construir un conflicto interior y exterior, ni posibilidades de diálogo dramático con los otros personajes. No tienen oportunidades para desarrollar relaciones creíbles y reales.

Tomas preciosas, guión desastroso.

¿Dónde están las escenas donde Blancanieves y el cazador discuten sus vidas, donde él habla sobre su pasado y su sufrimiento, donde ella pondera sobre su encierro y le pide ayuda? ¿Dónde están las escenas donde le enseñan a luchar? ¿Dónde están las escenas donde construyen una relación creíble que no sólo existe porque la película se titula así? Cuesta comprar la explicación mágica y sobrenatural del poder convocante de Blancanieves y, sobre todo, cuesta creer que un personaje como el del cazador pueda seguirla tan ciegamente sin fundamentos concretos.

Los diálogos son ridículos y vacíos, completamente forzados y llanos. Algunas escenas quedan así convertidas en una incomodidad que pide a gritos terminar. La película se desarma en escenas recortadas e inconexas. Incluso así pierde su poder la búsqueda por darle un pasado y humanidad a la villana, trabajo que Charlize Theron logra de forma impecable, pero que cae sordamente en la película. Llano, simplón, vacío.

Mis destacados: la cinematografía, sin duda alguna, el trabajo que logra hacer Chris Hemsworth con su pobre personaje, que lo hace creíble, el vestuario (un excelente trabajo de Colleen Atwood) y los enanos, una copia de los enanos que se vienen en El Hobbit, pero lo suficientemente bien ubicados - y bien actuados - para inyectar humor y ternura en la película.

Rotten le da un 46% a la película y, esta vez, debo coincidir.
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